Microcuento – La cacería

por Bufón loco

– No temas… No te haré nada – Dijo con tono socarrón el cazador al último krall que quedaba con vida.

El Krall asustado retrocedió hasta la linde del bosque, donde un muro infranqueable de árboles milenarios cerraba el paso a su ciclópeo cuerpo.

El cazador sonrió y desenvainó el acero. Pensó que la presa era suya, y por ende la cuantiosa recompensa por su cabeza que ofrecía una aldea cercana. Un último pensamiento y sonrisa, ya que no reparó en lo más importante. Un ser desesperado. Acorralado. Sólo. Último miembro de su especie. No moriría sin presentar batalla con la desesperación como aliado…

Con el tiempo la aldea que ofrecía la recompensa pudo descansar tranquila. No sé produjeron más ataques al ganado y los hechos se acabaron olvidando, incluso la visita de aquel bravucón cazador que jamás regresó para cobrar su recompensa.

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