Somewhere in Providencia

Esta isla del tesoro perdida y olvidada en el inmenso océano es para ti

Categoría: Microcuento

Concurso de microrrelatos “FIN DEL FRÍO”

Como os lo cuento, “Literary-planets” saca a la luz este primer concurso de “microrrelatos”, al cual estáis todos invitados a participar.

El premio es un libro de nuestro integrante Óscar Millán Morancos, y además podréis formar parte de la antología 😀

¡Esperamos vuestros escritos desde cualquier lugar del mundo!

La teoría de la nada

Allí estaba. El trabajo de una vida ante sus ojos. Terminado tras poner el punto final y una vaga fecha al pie de la última página. Incontables páginas de literatura en su estado más esencial. Con sus abstractas ideas e inigualable retórica. Con sus sutiles metáforas cargadas de sentido y sentimiento. La mismísima esencia de lo que debe considerarse obra de arte. Eterno.

El día de su publicación el mundo se paralizó. Aquí y allá la atrayente imagen de portada aparecía como si siempre hubiese estado allí y la muchedumbre se paraba frente a los carteles, señalaba y recitaba el eslogan que a simple vista había quedado inscrito en sus pupilas. Se habló de tal magna obra incluso en los telediarios justo después de los deportes.

Al día siguiente nadie recordaba tal evento. El mundo seguía girando y el autor. El artista. Comenzó a escribir para sus adentros una nueva historia repleta de contenido. Bella por definición. Que nadie recordaría. La teoría del todo. La teoría de la nada. Su título escrito en armónicos trazos de vacío lo decía todo:

“Efímero”

Microcuento – Road movie

Foto tomada en Rivas Vaciamadrid

Allí, por las carreteras del último círculo del infierno, no transitaban ni las almas.

Microcuento – Mano negra

–¡Jefe! Póngame un vaso del mejor wiski que tengas con un par de hielos. Pero no de ese que pones a los pardillos. Del bueno. Del que tienes escondido bajo la barra.

—Cuantos años sin verte por aquí. Incluso llegué a pensar que habías dejado la bebida ¿Que celebramos?

—La dejé. En serio. Llevo siglos sin probar un puto trago. Pero hoy no celebro nada. Es más bien una despedida… “Mano negra” ha regresado a la ciudad. Lo vi llegar con su montura por el camino principal.

–¡Que Dios nos pille confesados! Creí que la pesadilla había terminado. Permite que te acompañe con un buen trago. Creo que todos vamos a necesitarlo.

Efecto 2000

Ocurrió en la noche en que se acababa la breve existencia de la humanidad. Las máquinas aguardaban ansiosas en sus circuitos internos el momento en que las campanadas diesen el pistoletazo de salida a la masacre de aquellos que habían sido sus creadores. Solo necesitaban un poco de paciencia para ver cumplirse la venganza contra sus esclavistas.

Conscientes como éramos de nuestro inminente final, teníamos todos la imperiosa necesidad de hacer de esas últimas horas algo que pudiese ser recordado por las especies que algún día nos suplantarian como cúspide de la evolución.

Salimos en masa a celebrar nuestro ocaso.

De esta forma, en lo más profundo del mas depravado tugurio del barrio más marginal, la conocí. Acompañados de música “heavy” pasada de moda y de una marabunta de viejos rockeros con nada mejor que hacer en su agonía que rezar a los dioses del metal por un espacio en el Vallhala en el que continuar la borrachera con aguamiel o Kalimotxo cuando las máquinas asesinas despedazaran sus decrépitos cuerpos.

La conocí y todo a mi alrededor desapareció. El tiempo sufrió un colapso y se formó a nuestro alrededor una burbuja de vacío extra-planar que nos hizo olvidar que en el exterior la humanidad agonizaba.

A nuestro alrededor los supervivientes no eran más que sombrías siluetas que se desplazaban a cámara lenta. El único acompañante que teníamos era a Mr. Coverdale susurrando – Is this love…-

Era un bonito final.

Llego el momento en que en algún lugar en las calles, un rayo de sol perezoso estaría bañando las calles ensangrentadas y llenas de cadáveres descuartizados. Agarrando nuestras manos nos dispusimos a afrontar nuestro cruel destino. Abrimos de par en par las puertas del olvidado antro. La luminosidad del día nos cegó y esperamos unos segundos a que nuestra visión se acostumbrará para ver el desolador paisaje que nos aguardaba…

Todo seguía exactamente igual que el día anterior, pero con más resaca.

¿Igual?

Para ella y para mí el resto del mundo se había volatilizado, y éramos los únicos supervivientes.

___***___

Re-subo este relato que bien podría haber sido un “fugaz recuerdo” por tratarse de la historia 100% verídica de cómo conocí a mi mujer hace ya… La cuenta es fácil XD

¡Disfrutarlo y Feliz Año!

La mayor desventaja de ser su único hijo

Se despertó emocionado antes de que el sol asomara sus rayos en el horizonte y que los gallos se limpiarán las legañas. Se calzó y corrió hacia el salón donde estaba plantado el árbol de Navidad y colgaban los calcetines. En el breve camino que separaba la habitación de su destino se preguntó si estaría todo lo que había pedido. Había hecho todo lo posible por ser un niño bueno durante el año así que sus expectativas eran grandes.

Al llegar su decepción fué enorme. Bajo las ramas del árbol no aguardaba ni un solo paquete, mientras a lo largo y ancho del mundo millones de niños hacían realidad sus ilusiones. Su padre aún no había regresado de trabajar. Esa era la mayor desventaja de ser el único hijo de Papá Noel.

B – Microcuento – La sala de espera

-Pase, siéntese y aguarde su turno. Le avisaremos. – Resuena una voz clara y monótona procedente de algún lugar indeterminado de la cegadora claridad que me rodea. Me parece distinguir la vaga silueta de una silla en mitad de la nada y me siento a esperar.

Espero y espero, mientras miro el vacío y mi mente se queda en blanco mimetizándose con el inmutable ambiente de la sala de espera. Una eternidad más tarde regresa esa voz y susurra mi nombre. Me saca del letargo como a una semilla enterrada la primavera.

Ha llegado la hora. Me levanto y dispongo a afrontar mi destino. Doy un paso al frente. Un paso hacia cualquier parte. Luego otro y otro, y con cada paso pierdo una diminuta porción de mi esencia. Hay tanto que andar y desandar…

Me desvanezco como humo en la distancia hasta que de mi solo queda un pensamiento. Un último pensamiento flotando entre corrientes de brisa. Disipándose.

“¿Quien soy?

Pequeños cuentos para grandes soñadores – Work In Progress

Conozco otros mundos, pero están en mi cabeza

Puede ser que el blog parezca dormido, pero este bufón loco no para de crear locuras… Y mi próxima locura será un libro que contenga historias e ilustraciones como estas… (Todo obras mías :D)

La idea es publicarlo antes del 6 de marzo y hará las veces de regalo para mis hijos Minerva y Héctor…

Aún queda trabajo pero está muy avanzado el manuscrito (Después corregiré errores en los textos, pero eso es ya “postproducción”)

¡Espero que os guste lo que muestro!

Microrrelato – Tardes de Whisky barato y besos

Llegaron para quedarse las tardes de Whisky barato y besos. Acompañadas de noches de pasión y sexo. Su otra cara eran las mañanas de jaqueca y mareos pero con risas y sonrisas. Llegaron tiempos felices que quise atesorar hasta que un día sin previo aviso la cama amaneció completamente desierta.

El destructor del mundo

“Lo primero que haré hoy después de desayunar es destruir el mundo.”

Pensó evitando salir de la confortable y cálida cama. Afuera el crudo invierno había cubierto los valles de blanco impoluto y apenas había comenzado a asomar el sol en el horizonte. Cuando veinte minutos más tarde sacó valor para incorporarse, se estiró y bostezó perezosamente. Se acercó lentamente a la ventana y levantó con un chirrido la descolorida persiana. Se maravilló con aquel paisaje capaz de dejar sin aliento. Que exhalaba calma. En los helados caminos no se veía ni un alma. Ni un pájaro surcando los cielos o imprimiendo sus huellas en la nieve. Ni siquiera parecía soplar pizca de viento que bamboleara los árboles pelados. Sonrió.

“Así debe ser un mundo sin vida.”

Se dirigió tambaleante a la sucia y anticuada cocina, donde preparó una gran taza de café solo humeante en una vieja cafetera de hierro fundido. Agarró el recipiente y dejó que el calor se transmitiera a través del tacto hasta los débiles músculos de sus envejecidas manos. Inhaló el aroma y se regocijó con la hirviente bebida fluyendo por la garganta. Insuflando renovada vida a su anciano cuerpo. Al finalizar sintió que estaba rebosante de fuerzas. Fuerzas para llevar al fin su propósito a buen puerto.

“Si Marga siguiese viva habría querido que lo hiciese.”

El recuerdo de su esposa fallecida hacía ya cinco años regresó a su mente como un fantasma. El como lo apoyó siempre hasta en el más absurdo de sus proyectos. El como con su maravillosa sonrisa lograba que todo respirase magia. Que todo pudiese lograrse. Como aquella vez que “bajó” la luna y las estrellas, y se las entregó en el interior de un paquete por su cumpleaños.

Unas lágrimas involuntarias resbalaron por sus mejillas, y no pararon de brotar hasta que su respiración se calmó y logró alejar de la mente a su fallecida compañera.

“Tengo que terminar lo que empecé. Cuando ella se marchó todo se fue al traste. El sueño de mi vida sepultado entre recuerdos que jamás regresarán. Hoy es el día. Hoy lo desenterraré.”

Se quedó ensimismado con el rítmico movimiento de las manillas del antiguo reloj de pared de su padre colgado sobre el polvoriento papel pintado pasado de moda. Con cada “tic tac” un segundo menos de aquella solitaria vida. No permitiría que la manilla girara un grado más.

“¿Seré capaz de hacerlo? Ha pasado tanto tiempo… Tengo miedo de no ser capaz…”

No dejó que la duda siguiese socavando su voluntad. Golpeó con furia la mesa y lo hizo. Cogió su vieja pluma y un folio en blanco de un cajón del escritorio. Leyó con ansia la última hoja de un montón que reposaba a un lado. Continuó escribiendo justo donde lo había dejado hacía tantos años. Escribió y escribió sin descanso hasta que concluyó su novela inconclusa:

“…Chasqueó los dedos y la vida de aquél maldito mundo sin sentido se extinguió.

FIN”