Somewhere in Providencia

Esta isla del tesoro perdida y olvidada en el inmenso océano es para ti

Categoría: microrrelato

Ensayo torcido de Dios

A=A

B=B

Pero si cogemos un cachito por aquí y lo mezclamos con el otro…

Unimos esta línea con esta…

Y retorcemos el resultado hasta que sea irreconocible respecto a la base original…

Valla…

Volvió a salir mal el ensayo.

Bueno, dejaremos estos seres homínidos resultantes en un pedazo de roca apartado de todo, para ver qué ocurre con esa pseudo Inteligencia que parecen poseer. Pero habrá que vigilarlos de cerca.

Dios emitió un informe e inmediatamente comenzaron a rodar los engranajes para que un observador ocupará un nuevo puesto de trabajo en la zona más remota e inhóspita de la vía Láctea.

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Este mini relato es una pequeña introducción para un próximo relato en el blog que se llamará “El observador”.

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Microrrelato – El descanso

Apretó el cuello con todas sus fuerzas hasta que las respiraciones dejaron de sentirse y liberó su último hálito. Esa noche al fin pudo descansar tranquila tras interminables años de palizas y vejaciones sin descanso.

Microrrelato – Séptimo día trás el solsticio de invierno

Amaneció soleado. Brillante. Un día que sonaba a coros de aves y zumbidos de abejas. A saltos de agua entre las rocas rodeados por almendros en flor.

Un triste veintiocho de diciembre, séptimo día trás el solsticio de invierno. El clima estaba gastando una broma pesada y esperé sentado en un banco al sol que llegará la helada y las nubes salieran de sus escondrijos riendo a carcajadas.

El árbol sin estrella

Como cada año en estas fechas llegó el día de montar el árbol de Navidad. Bajamos al trastero a rebuscar las cajas con los adornos entre los cachivaches sin utilidad que almacenamos para reutilizar algún día que nunca llegará. Finalmente nos pusimos a colocar en familia bolas plateadas y cintas doradas sobre las ramas de plástico.

¿Alguien ha visto la estrella?

La caja estaba vacía y la vieja estrella de madera pintada de blanco era lo único que faltaba para coronar el colorido y brillante árbol de Navidad.

Nos miramos unos a otros con cara de interrogante, pero nadie parecía saber el posible paradero de la estrella.

-No os preocupéis por eso. ¡Aquí está mamá! Os traeré una estrella en menos de un minuto- Dijo mi madre colocándose unos guantes y dirigiéndose a la puerta del jardín con prisa.

Efectivamente en menos de un minuto estaba de vuelta con una cegadora estrella entre sus manos. Había dejado la escalera apoyada en la fachada y en la estrellada bóveda nocturna un hueco oscuro justo en mitad de la nebulosa bola de nieve azul.

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¡Feliz Navidad a todos!