Somewhere in Providencia

Esta isla del tesoro perdida y olvidada en el inmenso océano es para ti

Categoría: Blog-literario

Concurso de microrrelatos “FIN DEL FRÍO”

Como os lo cuento, “Literary-planets” saca a la luz este primer concurso de “microrrelatos”, al cual estáis todos invitados a participar.

El premio es un libro de nuestro integrante Óscar Millán Morancos, y además podréis formar parte de la antología 😀

¡Esperamos vuestros escritos desde cualquier lugar del mundo!

La teoría de la nada

Allí estaba. El trabajo de una vida ante sus ojos. Terminado tras poner el punto final y una vaga fecha al pie de la última página. Incontables páginas de literatura en su estado más esencial. Con sus abstractas ideas e inigualable retórica. Con sus sutiles metáforas cargadas de sentido y sentimiento. La mismísima esencia de lo que debe considerarse obra de arte. Eterno.

El día de su publicación el mundo se paralizó. Aquí y allá la atrayente imagen de portada aparecía como si siempre hubiese estado allí y la muchedumbre se paraba frente a los carteles, señalaba y recitaba el eslogan que a simple vista había quedado inscrito en sus pupilas. Se habló de tal magna obra incluso en los telediarios justo después de los deportes.

Al día siguiente nadie recordaba tal evento. El mundo seguía girando y el autor. El artista. Comenzó a escribir para sus adentros una nueva historia repleta de contenido. Bella por definición. Que nadie recordaría. La teoría del todo. La teoría de la nada. Su título escrito en armónicos trazos de vacío lo decía todo:

“Efímero”

B – Poema – Aves en el paraíso

Alegría primaveral.
Brotes verdes y cielos azules,
campos espigados
y pájaros;
un millón de pájaros
capeando los vientos
y entonando himnos
a la pura libertad.

Sombras entretejidas
en las aceras vacías,
tórtolas en la calzada,
mirlos en las ramas,
gorriones en la baranda
y erigiendo nidos de barro
en el alfeizar de la ventana
unas golondrinas.

Las nubes se tornan grises,
se oscurece el día.
Rayos y centellas.
Redoble de truenos
y bajo la tormenta
las aves juegan
como antes los niños,
a sortear gotas de lluvia.

B – Una historia

«Amigo, deja que te cuente una historia, mi historia. Aunque es posible que al terminar desees nos haberla escuchado nunca. Que al igual que yo he hecho,  valores la posibilidad de agarrar un revolver, pegarte un tiro en la sien y olvidar toda esta pesadilla que no rodea. Que nos ha rodeado siempre.

¿Te has parado a pensar si todo lo que ves o sientes es tal y como lo ves y sientes?

No me refiero a una distopia de ficción al estilo “Matrix”, en la que lo que se ve y siente es una mentira creada en nuestras mentes, si no a algo real y horrible. Una realidad en la que yo soy un monstruo y tú eres otro monstruo que vivimos rodeados de una deforme e indescriptible oscuridad que devora todo intento de vida y se alimenta del miedo y el odio para seguir creciendo. Cierra los ojos y afina el oído  ¿Escuchas ahora su inquietante palpitar? Olvida todo lo que sabes o crees saber. Ahora mismo, en este lugar apartado solo existimos tú, yo y esa perenne tiniebla que llena cada pequeño espacio entre nosotros. Entre los átomos de este afilado cuchillo que mantengo paralizado en tu yugular y las partículas que forman el tejido de tu piel. Si presionara un poco más, esa oscuridad se mezclaría con tu sangre y se retorcería de ansia de más sangre fresca, por eso me niego a hacerlo, aunque en en lo más profundo de mis anhelos, esa tentadora idea se esté repitiendo desde el primer instante que tuvimos el encontronazo.

¿Cómo hemos podido llegar a esta situación?

Te juro que esta misma mañana, al levantarme de la cama yo era alguien normal. Alguien igual que tú. Alguien sin más sueños y preocupaciones que las cotidianas. De esas personas que al despertar se dan una cálida ducha, se visten apresuradamente y se toman un café de pie, para salir corriendo y no llegar tarde al trabajó. De esos que van de pie en el metro abarrotado como si allí no existiese nadie más. Todo esto que te estoy contando ha ocurrido hoy, igual que ocurrió ayer o habría ocurrido mañana si esa chica anónima que no le importa a nadie no hubiese decidido tirarse desde lo alto del acueducto y estamparse contra el suelo justo a mis pies.

No sé exactamente cómo ocurrió, pero en ese momento, en la calle estaba solamente yo. Piensa esto, vivimos en una gran ciudad de millones de habitantes… ¿Un individuo caminando completamente solo por una calle a plena luz del día? ¿Cómo puede ser posible? El sonido de todos sus huesos quebrándose silenció el de mis pasos y la imagen de su frágil cuerpo con todas sus articulaciones en ángulos imposibles ha quedado grabada en mi retina, al igual que mi reflejo en el brillo sus ojos completamente en blanco . En menos de un segundo, una gran mancha de sangre se había formado bajo el cuerpo como una pincelada, y en ese momento lo vi. De su cráneo abierto en dos, fluían lo que parecían ser sus sesos, pero lo hacían de forma antinatural, como si se tratase de un ser vivo arrastrándose. Me quedé paralizado al ver como esa masa viscosa crecía, mezclándose con la sangre de la acera y empezaba a tomar la forma de un sanguinolento ser de furiosa mirada, deformes extremidades y boca plagada de hileras de afilados colmillos. Intenté gritar, pero mi garganta no emitió ni el mas leve sonido. Silencio acompañado del vaho de mi respiración que comenzó a acelerarse descontrolada. Esa monstruosidad giró, fijó su mirada en mí y abrió de par en par su babeante mandíbula dejando al descubierto las vísceras supurantes de su interior.

Lo siguiente que recuerdo es a mi corriendo jadeante por la calzada de una gran avenida vacía. A mi espalda escuchaba gorgoteantes sonidos, pero en esos momentos no era capaz de echar la vista atrás. Sabia que esa cosa pisaba mis talones y que solo era cuestión de tiempo terminar descuartizado entre sus fauces. Frente a mí, el reloj de una torre envuelta en tinieblas daba las nueve y cuarto de la mañana y una espiral de espeso humo negro giraba en lo alto descontrolado. Extendiéndose en todas direcciones como un remolino de pura oscuridad.

Entonces apareciste de la nada, colisioné contigo, caíste al suelo y tu cabeza se golpeó contra él bordillo dejándote inconsciente. Con la presencia del monstruo cada vez mas cerca no había tiempo para auxiliarte, así que te cargué a hombros y continúe corriendo hasta que mis piernas dejaron de responder. Paré un segundo para tomar aliento, y en ese momento reparé en que todo alrededor había regresado a la normalidad. El mundo volvía a ser tal y como lo recordaba, con vehículos y gentes de rostros grises yendo de una lado a otro sin un destino claro. Sin reparar en nuestra presencia. Te arrastré hasta aquí y absolutamente nadie se preguntó que hacia alguien arrastrando el cuerpo inerte de una persona por la calle. Nadie apartó la mirada del móvil para comprobar que estaba ocurriendo a su alrededor. Al fin de al cabo,  la normalidad resulta tanto o más monstruosa que la pesadilla que había vivido.

¿Comprendes lo que quiero decirte?

Ahora estas aquí frente a mí. Dos completos desconocidos cara a cara, unidos por la misma pesadilla. La vida de uno está en manos de quien sustenta la espada que juzga que es lo que está bien o lo que está mal.

¿Qué piensas al respecto?

Amigo, ahora con mucho cuidado voy a liberarte, te dejaré marchar y nunca más volveremos a vernos las caras. Piensa en todo lo que te he contado y vive la breve vida que te queda, pues en un instante esta puede dar un volantazo y variar su dirección de forma drástica. Adiós».

Aparto lentamente el cuchillo de tu garganta. Parece que te has recuperado de la conmoción y te yergues cauto. Miras directamente mis ojos y no me parece detectar miedo alguno en tu mirada. Das un paso atrás y después otro. Espero que esta sea nuestra despedida.

¿Por qué me haces esto? – alcanzo a preguntar mientras veo tu espinosa y nauseabunda maraña de carne y hueso atravesando de lado a lado mi pecho, mientras continúas observándome con mirada indiferente. Normal. Ya nada importa, ni siquiera tu respuesta, aunque las ultimas palabras que alcanzo a entender mientras me derrumbo muerto, son una lógica explicación.

Sabes demasiado.

Microcuento – Road movie

Foto tomada en Rivas Vaciamadrid

Allí, por las carreteras del último círculo del infierno, no transitaban ni las almas.

Entre el cielo y el mar – 366 Haikus y Senryus

Ya está lista la edición Kindle de mi poemario

Hace casi tres meses que publiqué este poemario en papel en Amazón, y ahora he sacado tiempo para preparar la edición en e-book. Por si no lo sabeis, se trata de una colección de micropoemas de origen japones divididos entre las cuatro estaciones (primavera, verano, otoño e invierno) aunque me he permitido en ocasiones incluir microcuentos con sus mismas reglas (3 Versos de 5-7-5 sílabas respectivamente).

Como siempre, lo he puesto al precio minimo que permite (0,99€). Además lo he incluido en Kindle Unlimited, servicio que si teneis activado (Creo que el primer mes es gratis) os permitirá leerlo gratis.

¡Espero de corazón que os guste! (Y ya si lo leeis y dejais reseña, os estaria eternamente agradecido.)

Podeis conseguirlo en los siguientes enlaces:

España – Entre el cielo y el mar
Resto del mundo – Entre el cielo y el mar

Microcuento – Mano negra

–¡Jefe! Póngame un vaso del mejor wiski que tengas con un par de hielos. Pero no de ese que pones a los pardillos. Del bueno. Del que tienes escondido bajo la barra.

—Cuantos años sin verte por aquí. Incluso llegué a pensar que habías dejado la bebida ¿Que celebramos?

—La dejé. En serio. Llevo siglos sin probar un puto trago. Pero hoy no celebro nada. Es más bien una despedida… “Mano negra” ha regresado a la ciudad. Lo vi llegar con su montura por el camino principal.

–¡Que Dios nos pille confesados! Creí que la pesadilla había terminado. Permite que te acompañe con un buen trago. Creo que todos vamos a necesitarlo.

Efecto 2000

Ocurrió en la noche en que se acababa la breve existencia de la humanidad. Las máquinas aguardaban ansiosas en sus circuitos internos el momento en que las campanadas diesen el pistoletazo de salida a la masacre de aquellos que habían sido sus creadores. Solo necesitaban un poco de paciencia para ver cumplirse la venganza contra sus esclavistas.

Conscientes como éramos de nuestro inminente final, teníamos todos la imperiosa necesidad de hacer de esas últimas horas algo que pudiese ser recordado por las especies que algún día nos suplantarian como cúspide de la evolución.

Salimos en masa a celebrar nuestro ocaso.

De esta forma, en lo más profundo del mas depravado tugurio del barrio más marginal, la conocí. Acompañados de música “heavy” pasada de moda y de una marabunta de viejos rockeros con nada mejor que hacer en su agonía que rezar a los dioses del metal por un espacio en el Vallhala en el que continuar la borrachera con aguamiel o Kalimotxo cuando las máquinas asesinas despedazaran sus decrépitos cuerpos.

La conocí y todo a mi alrededor desapareció. El tiempo sufrió un colapso y se formó a nuestro alrededor una burbuja de vacío extra-planar que nos hizo olvidar que en el exterior la humanidad agonizaba.

A nuestro alrededor los supervivientes no eran más que sombrías siluetas que se desplazaban a cámara lenta. El único acompañante que teníamos era a Mr. Coverdale susurrando – Is this love…-

Era un bonito final.

Llego el momento en que en algún lugar en las calles, un rayo de sol perezoso estaría bañando las calles ensangrentadas y llenas de cadáveres descuartizados. Agarrando nuestras manos nos dispusimos a afrontar nuestro cruel destino. Abrimos de par en par las puertas del olvidado antro. La luminosidad del día nos cegó y esperamos unos segundos a que nuestra visión se acostumbrará para ver el desolador paisaje que nos aguardaba…

Todo seguía exactamente igual que el día anterior, pero con más resaca.

¿Igual?

Para ella y para mí el resto del mundo se había volatilizado, y éramos los únicos supervivientes.

___***___

Re-subo este relato que bien podría haber sido un “fugaz recuerdo” por tratarse de la historia 100% verídica de cómo conocí a mi mujer hace ya… La cuenta es fácil XD

¡Disfrutarlo y Feliz Año!

La mayor desventaja de ser su único hijo

Se despertó emocionado antes de que el sol asomara sus rayos en el horizonte y que los gallos se limpiarán las legañas. Se calzó y corrió hacia el salón donde estaba plantado el árbol de Navidad y colgaban los calcetines. En el breve camino que separaba la habitación de su destino se preguntó si estaría todo lo que había pedido. Había hecho todo lo posible por ser un niño bueno durante el año así que sus expectativas eran grandes.

Al llegar su decepción fué enorme. Bajo las ramas del árbol no aguardaba ni un solo paquete, mientras a lo largo y ancho del mundo millones de niños hacían realidad sus ilusiones. Su padre aún no había regresado de trabajar. Esa era la mayor desventaja de ser el único hijo de Papá Noel.

B – Microcuento – La sala de espera

-Pase, siéntese y aguarde su turno. Le avisaremos. – Resuena una voz clara y monótona procedente de algún lugar indeterminado de la cegadora claridad que me rodea. Me parece distinguir la vaga silueta de una silla en mitad de la nada y me siento a esperar.

Espero y espero, mientras miro el vacío y mi mente se queda en blanco mimetizándose con el inmutable ambiente de la sala de espera. Una eternidad más tarde regresa esa voz y susurra mi nombre. Me saca del letargo como a una semilla enterrada la primavera.

Ha llegado la hora. Me levanto y dispongo a afrontar mi destino. Doy un paso al frente. Un paso hacia cualquier parte. Luego otro y otro, y con cada paso pierdo una diminuta porción de mi esencia. Hay tanto que andar y desandar…

Me desvanezco como humo en la distancia hasta que de mi solo queda un pensamiento. Un último pensamiento flotando entre corrientes de brisa. Disipándose.

“¿Quien soy?