Somewhere in Providencia

Esta isla del tesoro perdida y olvidada en el inmenso océano es para ti

Categoría: mini relato

Revista literaria gratuita – Balcones literarios Nº0

Portada Balcones literarios

Despues de un buen puñado de semanas confinados en casa y casi nula actividad en el blog, hoy os traigo el resultado de una idea germinada en el grupo de amigos escritores “Literary Planet”. Una revista literaria gratuita que desde ya mismo puede descargarse desde el portal “Lektu” (Si no lo conoceis está muy bien. Puedes hasta acceder con tu cuenta de Facebook y no da ningun problema). La idea es dar continuidad así que si odo sale bien traeré mas números.

La revista consta del siguiente contenido:

Pág. 3· Poesías, Ramiro Álvarez
Pág. 7· Mujeres en la literatura, Isamar Cabeza
Pág. 11· Diario de un confinado, Carlos Cantalapiedra Thomas
Pág. 16· Microcuentos, Ramiro Álvarez
Pág. 18· Poemas, Óscar Millán Vivancos
Pág. 23· La tentación, Isamar Cabeza
Pág. 28· Nair, Amalia Nadal
Pág. 30· Aluvión de versos, Joan Cabalgante
Pág. 35. Nair, Amalia Nadal
Pág. 37· Microrrelatos 1, Óscar Millán Vivancos
Pág. 40· Acrósticos, Ramiro Álvarez
Pág. 42· Ojo, Toni Sicilia
Pág. 52· Microrrelatos 2, Óscar Millán Vivancos

Mis aportaciones son textos ineditos.

Descarga “Balcones literarios” aquí

Estoy seguro que os gustará

¡Espero vuestros comentarios!

Un final cualquiera

El día que nos dimos cuenta que el mundo se iba a la mierda era ya demasiado tarde. Fue una triste tarde otoñal con hojas doradas cayendo entre la suave llovizna, cuándo los hongos nucleares comenzaron a crecer en todas direcciones arrasando ciudades, pueblos, campos y bosques.

Los que quedamos vivos en aquel primer momento solo podíamos imaginar ante el desolador y silencioso paisaje que quedó, los gritos desesperados de los millones de personas que murieron sin remedio en esos fatídicos e interminables minutos.

Qué suerte tuvieron.

Hoy ví impotente morir a mi hija pequeña. Su carne se pudrió mientras su frágil organismo alimentaba tumores que no paraban de extenderse y crecer en el interior. El próximo seré yo, mañana tú y pronto este planeta volverá a ser una inmensa roca inerte flotando en el vacío por obra y gracia de la especie más estúpida que jamás hábito el universo.

Microcuento – Latente

Cuchillo

Silencioso y dormido aguarda en lo más profundo y oscuro del alma. Grito sordo que extiende sus intangibles tentáculos entre células, fluidos, carne y piel. Se arrastra reptando en tu interior y ni siquiera te das cuenta de como guía todas tus acciones con los finos hilos que maneja como apéndices de su propia existencia. Recorre como un cosquilleo tu cuerpo erizando el pelo a su paso. Es aquello que mas temes. La voluntad inconsciente que te obliga a agarrar con fuerza el cuchillo. Arrojarlo con fuerza. Con rabia, hasta que las paredes se tiñen de húmedo carmesí.

Llega la calma.

¿Puedes sentir ahora su latente presencia?

Microcuento – Ayuda en la carretera

El coche se detuvo en mitad de aquella carretera a ninguna parte. Llovía a cántaros y las sombras del bosque alrededor eran siniestras. Me acerqué, di un toque al cristal y la pareja del interior se puso a gritar. Supongo que mi máscara de piel humana no inspira demasiada confianza.

Esas motas de polvo

Jugábamos en el suelo como siempre que no era posible salir al parque.

En la calle soplaba fuerte el aire e iba arrastrando consigo las doradas hojas que comenzaban caer.

Durante todo el día una tenue e incesante llovizna había estado cubriendo el gris paisaje otoñal de la calle.

Llegó la tarde. Justo la hora en que la luz del sol se suele tornar ardiente e intensa antes de desvanecerse y dejar paso a la noche.

Un casual claro entre las nubes nos hizo partícipes de la magia de ese momento cuando por las cristaleras del salón comenzaron a entrar inclinados e intensos rayos de luz que contrastaban con las sombras que nos envolvían.

Minerva se quedó mirando el haz de luz y con su alegre voz me preguntó: -¿Qué es eso que vuela?.

Miré hacia donde señalaba y estuve a un paso de responder lo obvio: “La luz del sol en la ventana”. Pero caí en que ella no se refería a eso.

Se refería a las motas de polvo en suspensión que parecen cobrar vida en esos rayos de luz.

Cualquiera que se haya molestado en observarlos coincidirá conmigo en lo hipnótico de su movimiento, sus irregulares formas y sus brillos como sacados de un sueño.

Es solo polvo.

-Polvo de hadas mi niña.- Respondí mientras la arrimé a mí en un abrazo.-Lo dejan tras de sí para dejar constancia de su existencia, ya que son invisibles para nosotros.

Minerva no preguntó más. Se quedó mirando en silencio buscando hadas hasta que finalmente se oscureció todo. Todo ese tiempo con la preciosa sonrisa de una niña con la convicción de que lo que había respondido era real.

¿Y quién soy yo para decir que no lo es?

El grito

¿Cuánta angustia puede almacenar un cuerpo?

Se preguntaba cada día.

Y cada día la angustia iba aumentando.

Acrecentándose hasta doler.

Llenando cada espacio entre células que lo conformaban.

Angustia solidificada corriendo por sus venas y arterias

Hasta casi supurar por todos los poros y orificios de su cuerpo.

Es posible que no creas lo que entonces ocurrió.

Abrió todo lo que pudo la boca y gritó.

Ondas sonoras de angustia condensadas

Expandiéndose en un arco incapaz de reducir su potencia en la distancia.

Un sonido tan potente que hizo que saltarán las alarmas de todos los autos.

Qué estallaran todos los vasos y platos.

Ni un cristal quedó intacto a su paso.

Los perros aullaron.

Reventó muchos tímpanos.

Finalmente aquella tormenta perfecta sonora se alejó hacia el espacio.

Dejando atrás calma y destrucción.

En el espacio nadie puede escuchar tus gritos

Qué equivocados.

Continúo su viaje sin descanso hacia el infinito,

Apartando el vacío a un lado.

Eones más tarde causaría estragos en mundos y civilizaciones que aún no han florecido.

Tan lejanos.

No importaba el futuro de lo en ese momento inexistente.

Respiró tranquilo.

La angustia con el grito se había ido.

Microcuento – Teletrabajo

¿Quien nos podría decir que nos mandaban a teletrabajar y no saldríamos a la calle nunca más?

—***—

Basado en hechos reales

Fugaz recuerdo V

El día que ella se fue el mundo se silenció y solo quedo un incesante eco de súplica y desesperación.

Quedó en las cuatro paredes que nos cobijaban un agujero temporal paralizado en esa fatídica hora en que partió.

Un rastro de plumas blancas alejándose hacia la ventana abierta de par en par quedó como única prueba del vacío que dejó en aquel lugar.

Con ella se alejó también la luz. Y a la tenue llama de las velas vimos la felicidad marchitarse y el futuro tornarse oscuro. De un negro que dolía observar. Que obligaba a apartar la mirada y llorar.

Tenia nueve años y al día siguiente iba a cumplir diez. Se fué y se llevó consigo mi sonrisa y la alegría. La sonrisa y alegría del niño perdido que sigo siendo aún hoy.

Exactamente veinticinco años después desde su nube me las devolvió. Nació Minerva y desde entonces la alegría regresó al hueco que jamás debió haber abandonado aquel lejano y helado marzo en que falleció.

—***—

6 de Marzo, un punto de inflexión en mi vida. Un 6 de marzo perdí a mi Madre y un 6 de marzo nació mi hija Minerva. Este 6 de Marzo está publicado “Autorretratos de un bufón loco” tanto impreso como digital. Te animo a hacerte con él por muy poco y adentrarte en sus muchas páginas cargadas de historias y vivencias. Estoy seguro que te gustará.

Consigue “Autorretratos de un bufón loco” aquí

Microcuento – Campamento de verano

Eran días de verano.


–¡Vamos chicos, todos arriba! No me gustaría que llegásemos tarde–. Dijo el hombre mientras contaba mentalmente los niños que iban amontonándose en lo alto del carro; no quería dejar atrás a ninguno de los chiquillos. Partieron jugando, empujándose, cantando y riendo. No habrían ido tan felices si hubiesen sabido que donde se les aguardaba era el matadero.

Microcuento – Tiempos pasados

—¡Ay! Estos jóvenes de hoy en día no son como los de antes; ven un “ratoncico” de campo y corren a esconderse como “obejicas” al aullido del lobo.—

Y la anciana de un pisotón aplastó el ratón.