Somewhere in Providencia

Esta isla del tesoro perdida y olvidada en el inmenso océano es para ti

Categoría: mini relato

El extranjero

-Mira a ese hijo de puta, andando como si nada por nuestras calles. Ahí, riéndose de nosotros porque nos toma por gilipollas. Aprovechándose de nuestra buena voluntad. Quitándonos el trabajo y nuestros recursos. Despilfarrando lo que hemos creado con nuestros esfuerzos. Me da asco imaginar que roza a nuestras mujeres y niños. Que respira nuestro aire. Que podemos respirar sus sucios y apestosos vahos. ¡Dios, me entran ganas de vomitar solo de pensarlo! Pero este cabrón se lo va a pensar dos veces antes de volver por aquí. Va a saber que ni él ni su familia debían de haber pisado nuestra tierra. ¡Ja! ¡Quieto ahí maldito bastardo!-

Se dirigió apresuradamente con ojos inyectados en sangre hacía la figura qué se giró para observarlo asombrada.

¿Sabía realmente a quién se dirigía?

No llegó siguiera a acercarse. A pocos metros de distancia unos viscosos tentáculos le habían atravesado el pecho dejando al descubierto un corazón palpitante que derramaba chorros de sangre sobre la acera.

La figura continuó caminando como si nada. Nadie se dignó a mirar el rostro desencajado de aquél hombre. Nadie se planteó siquiera socorrerle. El cuerpo se quedó ahí tendido convulsionándose hasta que la muerte paró aquel grotesco espectáculo.

Tal vez habría sido mejor para él plantearse quien era el auténtico extranjero en este planeta que habitamos.

___***___

Perdonar si me equivoco, pero no puedo comprender los comentarios racistas. Será que con la crisis del 2008 tuve que emigrar a Chile para poder subsistir. Tuve suerte y el tiempo que pase allí conocí a grandísimas personas. Tal vez una lección de humildad les vendría bien a quienes quieren excluir a quien sólo quiere vivir y bastante difícil es hacerlo lejos de tu familia y amigos.

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Típico despertar

Desperté.

Desperté como en tantas otras historias.

Rodeada de densa niebla.

Cipreses balanceándose al son de un suave viento.

Y silencio.

Eterno y doloroso silencio.

Filas de lápidas de piedra.

Reflejos de lo que fuimos en vida.

Mausoleos de ricos que no valen de nada en la muerte.

Lápidas y nichos para la gente corriente.

Y para el pobre,

arena y tierra

Compartiendo lecho con un montón de huesos sin nombre.

Desperté.

Y comenzó mi nueva vida.

Mi no-vida.

Que comienza mirando hacia atrás.

Un texto grabado en el granito de una lápida vestida con coronas de flores

Qué el tiempo borrará.

“Mi dulce ángel. Descansa en paz”

A la sombra del árbol del mundo

Te tomé de la mano y te llevé corriendo y riendo junto a la base del árbol del mundo. A nuestro alrededor el resto del universo se movía lentamente y yo únicamente pensaba en fundir nuestros cuerpos bajo sus gargantuescas ramas, sin inmutarnos de los temblores que se producían abajo, muy abajo en el subsuelo donde las raíces de Yggdrasil eran devoradas lenta pero irremediablemente.

No nos importaba. El Ragnarok llegaría pronto y todo lo conocido sería arrasado por cruentas batallas y desolación, pero como estaba escrito en las estrellas, quedaríamos tu y yo solos para repoblar el mundo de entre las cenizas.

Y así, bajo la sombra del árbol del mundo, follamos sin preocupaciones ni descanso hasta que llegó el ocaso y la mismísima existencia se estremeció ante los compases de lejanos tambores de guerra.

El juicio final había comenzado y yo solo podía pensar en yacer junto a ti por toda la eternidad.

El observador

Tiays tenía el trabajo más aburrido del universo. Era lo que comúnmente llamaban “Observador” y su misión era exactamente eso, observar durante interminables horas pantallas en una sala oscura, para al terminar la jornada emitir un informe a DIOS. En concreto Tiays estaba destinado a observar un pequeño planeta situado en un alejado sistema solar que contenía vida llamado Tierra. Vida artificial creada por DIOS hacia millones de años como experimento para mejorar la producción de alimentos en entornos insalubres. En el caso de su destino, el experimento salió según lo previsto, a excepción de la extraña evolución de una especie homínida que desarrollo algún tipo de pseudo inteligencia. Tan extraña fue esa mutación (Porque no podía tratarse de otra cosa) que DIOS destinó un puesto permanente allí para el estudio de esa especie y su avance respecto al mundo que habitaba.

En el tiempo que llevaba Tiays allí trabajando esa evolución había sufrido una brutal aceleración. Los seres habían construido acristaladas ciudades, volaban en vehículos alados , surcaban el terreno con interminables redes de carreteras, destruían los recursos sin ningún tipo de responsabilidad, guerreaban entre ellos por dominar terrenos, recursos o únicamente por impulsos… Posiblemente se trataba de la plaga más devastadora de la galaxia. Por suerte su esperanza de vida era demasiado corta como para extenderse a otras galaxias habitadas.

O eso pensaba Tiays hasta que un día recibió un mensaje directamente de DIOS.

DIOS era la Inteligencia Artificial que movía los hilos del universo. Nadie recordaba como ni quién la creó, pero desde siempre se había movido a través de la red estelar solucionando cualquier problema gracias a sus infalibles dotes de cálculo y análisis de situaciones complejas. Sólo existía el registro de un error en sus acciones, pero se auto solucionó tan pronto que apenas nadie noto la desaparición de un cúmulo de estrellas habitado por la extinta raza de los Brogs que durante su existencia eran tratados como ratas galácticas. Así que incluso sus errores parecían ser beneficiosos para la comunidad galáctica.

El recibir órdenes directamente de DIOS era un enorme orgullo y responsabilidad así que desde el primer instante que Tiays vio la parpadeante señal se puso nervioso de pensar lo que implicaba si cumplía correctamente sus tareas. Retiro anticipado con paga vitalicia, vacaciones pagadas, tiempo libre con su familia y entrar a formar parte de la historia del universo. Los niños estudiarían en la escuela su forma de actuar y el resultado.

El mensaje rezaba:

“Los humanos están desarrollando la tecnología de teletransporte y viaje cuántico. Esto pone en peligro la propia existencia de los seres del universo. No ahora, pero los cálculos indican que si viajan será inevitable el fin. Su misión: ELIMINE LA AMENAZA INMEDIATAMENTE. Su colaboración será enormemente recompensada. Atentamente: DIOS”

Tiays sonrió. Llevar a cabo esa acción desde su puesto era pan comido. Pulsar un botón y listo. Amenaza eliminada y renacer como leyenda. Acudió raudo a su puesto de control y abrió la cobertura del botón de limpieza planetaria.

Apoyo el dedo ejecutor y antes de actuar decidió hechar un último vistazo a las pantallas que habían su contacto con ese mundo durante los últimos diecisiete años solares.

Las imágenes que se sucedían sin descanso eran las de siempre, las de un mundo salvaje tejido con marañas de comportamientos erráticos y brutales con un único fin: “El pez grande se come al chico”. Base de la evolución. Y así fue pasando indiferente la mirada por pantallazos de guerras, asesinatos, violaciones, terrorismo, pobreza, miseria y corrupción en todas sus variantes.

De casualidad llegó a una pantalla que mostraba algo fuera de lo común en esos entresijos de animalismo salvaje. La imagen de una niña pequeña vestida con un vestido blanco cogiendo flores en un infinito campo salpicado por el color. Esa niña desprendía inocencia y su sonrisa demostraba el desconocimiento de lo que ocurría más allá de su burbuja. Tiays detuvo la mirada ahí y reaccionó poniendo un gesto triste. La tristeza de saber que esa inocencia se tornaría brutalidad como siempre ocurría con esa especie animal.

No se paró a mirar más pantallas. Pulsó el botón y las imágenes ardieron en crepitantes llamas. Inmediatamente escribió su último informe para DIOS y se dirigió a puerta donde le esperaba su viejo sombrero cubierto de polvo y el transbordador que le llevaría de vuelta a casa.

Microcuento – En la ciudad de las cien lunas

Un día dejó de soñar, pero se siguió acostando cada noche a la misma hora con la esperanza de regresar a la ciudad de las Cien Lunas y de nuevo mirar el horizonte junto a ella desde su habitación acristalada.

Ensayo torcido de Dios

A=A

B=B

Pero si cogemos un cachito por aquí y lo mezclamos con el otro…

Unimos esta línea con esta…

Y retorcemos el resultado hasta que sea irreconocible respecto a la base original…

Valla…

Volvió a salir mal el ensayo.

Bueno, dejaremos estos seres homínidos resultantes en un pedazo de roca apartado de todo, para ver qué ocurre con esa pseudo Inteligencia que parecen poseer. Pero habrá que vigilarlos de cerca.

Dios emitió un informe e inmediatamente comenzaron a rodar los engranajes para que un observador ocupará un nuevo puesto de trabajo en la zona más remota e inhóspita de la vía Láctea.

___***___

Este mini relato es una pequeña introducción para un próximo relato en el blog que se llamará “El observador”.

El regalo

Abrí la puerta y me quedé aterrado ante lo que vi.

En mitad del salón un abeto de Navidad maravillosamente adornado con bolas, figuras, luces y guirnaldas de un millón de colores. Bajo sus ramas un único paquete envuelto en papel de regalo con lustrosos motivos navideños. De su cinta anudada colgaba un sobre con mi nombre escrito a mano.

Miré a todos lados buscando algún indicio de quien podría ser el artífice de aquella broma de mal gusto. Ni rastro.

Me acerqué y cogí el sobre tembloroso. En su interior una carta escrita en tinta roja también a mano.

“Este año has sido un chico muy malo. Aquí tienes el presente que mereces. Esperamos que el próximo año tu comportamiento haya sido ejemplar.

Saludos y feliz Navidad

Melchor, Gaspar y Baltasar”

Cogí el paquete. Pesaba mucho más de lo que aparentaba. El sudor caía por mis sienes a mares. Temía lo que podría haber en el interior de aquella tétrica caja. Sin más dilación me dispuse a revelar lo que había en su interior. El lazo se deshizo fácilmente. Querían que me resultara fácil abrirlo. Rasgué el papel y abrí la caja.

Creo que vomité en cuanto mis ojos enfocaron el interior y mi cerebro procesó la información. La cabeza cercenada de Bobby mi perrito estaba envuelta en trapos empapados en sangre. Cerré la caja y lloré. Lloré muchísimo.

Los hijos de puta sabían mis negocios con la competencia.

En ese momento me vino a la mente el deseo que me gustaría que se cumpliera ese año. Poder alejarme de los negocios turbios con la mafia como si nunca hubiese estado envuelto en ellos.

Volví a pensarlo sopesando todas las posibilidades y variables y llegué a la siguiente conclusión: Estaba jodido, realmente jodido.

Microrrelato – El descanso

Apretó el cuello con todas sus fuerzas hasta que las respiraciones dejaron de sentirse y liberó su último hálito. Esa noche al fin pudo descansar tranquila tras interminables años de palizas y vejaciones sin descanso.

¡Hágase la luz!

-¡Hágase la luz!- Y la luz se hizo entrando como una lluvia de flechas a través de las rendijas de la persiana recien levantada, bañando con su resplandor el cuerpo desnudo cubierto con sábanas de la mujer más bella y ardiente que jamás conocí.

Ella agarró la almohada y se tapó la cabeza riendo. -¡Maldito cabrón! ¿No tuviste suficiente con lo de anoche? Baja de nuevo eso-

Salté a su lado, aparte la almohada y la ligera sábana que la cubría. Antes de que se perfilaran sus rasgos ya había besado sus labios y abrazado su pálida piel.

Un último y terrorífico beso cuando contemplé atónito como su blanca piel se hacía jirones y su carne burbujeaba y se derretía como cera fundida al contacto con la luz directa del sol de mediodía.

Bajada a los trasteros

La fuente de mis terrores se haya en los trasteros.

El típico miedo a lo desconocido.

A lo que puedan ocultar trás sus puertas el resto de vecinos. Esos largos y laberínticos pasillos recorridos por tuberías cubiertas de polvo y telarañas. Esas hileras de puertas metálicas corroídas por el óxido. Esas parpadeantes y ténues luminarias fluorescentes con temporizador que te dejan vendido a la oscuridad cuando menos lo esperas. Ese sepulcral silencio que magnífica el sonido de las goteras o el eco de mis pasos. Cualquier paso. El horror de sentirte observado. De no saber que habrá tras cada recodo de estas criptas de trastos inútiles.

Pero mi mayor temor en estos sótanos es que alguna vez se descubra la demencial criatura informe y tentacular que alimento y cuido con cariño trás la puerta oxidada de mi propio trastero.