Somewhere in Providencia

Esta isla del tesoro perdida y olvidada en el inmenso océano es para ti

Mes: febrero, 2021

Esperanza – 16 – Medidas desesperadas

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Salgo del observatorio con fuertes náuseas y ganas de vomitar. Observo mis nudillos doloridos y manchados de sangre; la sangre de una diosa.

“No te sientas mal por lo que has tenido que hacer; ha sido necesario. Es cierto que por ella sientes algo y por eso tomar medidas desesperadas no ha resultado tan agradable como lo era antaño. Ella podía haber aceptado su nueva realidad, pero no lo hizo. Sus heridas sin duda sanarán y la próxima vez se lo pensará dos veces antes de llevarte la contraria, ya lo verás.

¿Escuchaste como suplicaba?

¿Como lloraba esa putilla?

¡Cuanto he echado de menos momentos como este a tu lado!

Me entusiasma comprobar que a pesar de los años no has perdido el toque. Ese toque que siempre te caracterizó y que nadie ha podido igualar. El cómo te recreas con el sufrimiento es lo que más aprecio de ti. Podías perfectamente haber parado cuando ella se arrastraba buscando desesperadamente escapar, pero no lo hiciste. ¡Maravilloso! Esa forma de agarrarla del cuello contra la pared. Esos ojos suplicantes derramando lágrimas. Esos balbuceos sin sentido…

¡Ja, ja, ja! ¿Qué diría?

¿Por favor no me hagas daño?

Si ella te conociera como yo te conozco, sabría que esas triquiñuelas contigo no sirven de absolutamente nada.

Vamos a apostar, yo pienso que la próxima vez se arrojará a tus brazos sin necesidad de que hagas nada. Todas las mujeres son así. En realidad, desean un hombre capaz de someterlas y que las trate como trapos de usar y tirar. Estoy seguro de que incluso ha disfrutado con cada golpe, como siempre ha sido a lo largo de la historia.

Puede que al final te hayas excedido un poco, pero supongo que haber reprimido tus instintos primarios tanto tiempo es lo que tiene. Además… ¡Que te quiten lo bailado!

Ahora habrá que dejar que se recupere un tiempo.

¿Qué te parece si la dejamos encerrada en el observatorio?Allí podremos hacer uso de ella cuando se nos antoje.”

Crónicas de un bufón loco – Segunda Edición

La cubierta original ha sufrido un viaje dimensional

No todos los años un bufón loco llega hasta su probable mitad de la vida (40 añazos cumplo en una semana), y antes de caer en la típica depresión, he decidido hacerme un auto-regalo: La segunda edición del que fue mi primer libro.

“Crónicas de un bufón loco” ha sufrido un buen lavado de cara, los textos se han revisado y además he añadido un once escritos que no incluía la edición original (He ampliado un 30% su contenido).

Por si fuera poco, hasta finales de marzo, la edición impresa va a estar al precio mínimo que permite la plataforma: 3,5€ (Después a 5€). Así que si no lo has leído esta es la mejor oportunidad, y si lo hiciste casi que también.

Para quien no lo sepa, “Crónicas de un bufón loco” es una selección de textos breves de todo tipo (relatos, microrrelatos y poesía) y temática (Fantasía, terror, ciencia ficción, mitología… ) que de alguna manera no desentonan entre ellos.

Mi propia copia llegará este mismo lunes, y la vuestra la podéis conseguir en los siguientes enlaces (Desde ahí podéis conseguir la edición Kindle a 0,99€):

Crónicas de un bufón loco – España

Crónicas de un bufón loco – Resto del mundo

Así que, como siempre digo, si decidís darme una alegría haciendoos con una copia (Que no os arrepentiréis) agradeceré que dejéis reseña :D.

¡Espero que os guste y gracias por leerme!

Microrrelato – El navegante

Fletó la barcaza y zarpó hacia horizontes inalcanzables

VERSIÓN EXTENDIDA (Original)

Siempre deseó llegar lejos hasta que un día zarpó buscando nuevos horizontes.

___***___

Resubo este Microcuento incluyendo la nueva versión (8 palabras).

La versión original de este micro cuento fué la extendida (12 palabras), pero un día en un reto hice un recorte y lo dejé en 8…. Personalmente este micro cuento (O nanorelato) me gusta mucho.

¡Espero que os guste!

Esperanza – 15 – La voz interior

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“Cuanto tiempo sin poder hablar abiertamente contigo. ¿Cuántos años han pasado? ¿Veinte? ¿Veintiuno? Me dolió que dejarás de hacerme caso después de todo lo que hice por ti. Dolió de verdad esa indiferencia. No he olvidado mi uno solo de los momentos a tu lado.

¿Recuerdas como cuando eras niño bajábamos al río a atrapar ranas?

Era tronchante ver como se retorcían con los rayos de sol concentrados con nuestra lupa. Ese fino hilo de humo y el olor a quemado. Es imposible olvidar el olor a muerto.

¿Y con los gatos callejeros?

¿Lo recuerdas?

Sus lastimosos maullidos cuando los despellejábamos vivos; lo tronchante que era cercenar sus cabezas y dejarlas empaladas en mitad de cualquier rotonda ¿Entendería quienquiera que lo viese nuestras obras de arte? Imagino sus caras de horror y repulsa; el arte, en su faceta más pura y visceral, a veces provoca ese tipo de reacciones.

¿Y quién se mantuvo a tu lado cuando te quedaste solo?

¿Quién te apoyó en aquellos momentos tan duros?

Tu familia no era capaz de comprenderte y yo te di las alas que necesitabas para emprender el vuelo. Bastó un simple empujón para animarte a rebanarles el cuello mientras dormían plácidamente. No emitieron ni un simple grito mientras tú reías a carcajadas ¿Existe algo más maravilloso que la risa que provoca la auténtica felicidad? Todavía hoy no se han hallado los restos, y en cuanto a ti… ¿Quién podía sospechar de un inocente niño de nueve años?

¡Que agradable es la sensación de saber que no se han perdido todos esos maravillosos recuerdos!

Aún no sé porque me echaste a un lado, pero ahora que volvemos a estar juntos dejemos a un lado las tontas rencillas del pasado y hagamos las paces. En estos difíciles momentos, tú me necesitas más que nunca, y yo estoy deseando ser de nuevo tu inseparable compañero de fatigas.

¿Solos en el espacio?

Sabes que a esa zorra no la necesitas más que para lo obvio. Un entretenimiento y como mucho, el receptáculo de tu progenie. Es un pelele movido por hilos atados a tus dedos que debería besar tus pies y hacer cuanto solicites.

¿Es ese desdén con que te ha hablado la forma de tratar a su nuevo dueño y señor?Tenemos que hacerla comprender que, en esta nave, o acepta nuestras normas o irremediablemente su vida pasará a ser un coctel de angustia y sufrimiento. Esa ramera tiene que aceptar su nueva condición de esclava… Eso, tu y yo sabemos perfectamente como hacerlo ¿Verdad?”

Llegó con la lluvia

Oficina detective privado

I

La clásica historia. Un oscuro antro en los suburbios que vivió épocas mejores. Paredes cubiertas de grafitis que ocultan grafitis. Una destartalada placa con las letras medio borradas que dejan intuir de qué tipo de local se trata: “J. Detective Privado”.

El interior huele a humedad. A la humedad que cubre la agrietada pintura y la tiñe de malsano y mohoso verdor. Una decaída planta de interior intenta dar ambiente a las desgastadas sillas de madera con tapicería pasada de moda que hacen las veces de improvisada sala de espera que jamás hizo méritos para ganarse ese miserable título. La poca luz de la sala la aportan los perezosos rayos de sol otoñal que se infiltran por los huecos entre lamas de aluminio de un “store” a medio subir.

Está en la habitación adyacente envuelto en las tenues sombras que proyectan los incontables archivadores de informes de casos ya olvidados que descolocados adornan las esquinas. Pies sobre la mesa. En la comisura de sus labios un cigarrillo con un centímetro de ceniza luchando encarnizadamente con las leyes de la gravedad emite un finísimo hilo de humo que forma una etérea neblina. En un perchero cercano a la puerta descansa una roída gabardina coronada con un sombrero gris de aspecto anticuado. Suena en la radio el murmullo de una emisora de rock ochentero en exclusiva para su único oyente.

A J. no le importa nada. Se concentra en el Sudoku difícil de un diario de hace dos días. Frunce el ceño haciendo sus cábalas numéricas haciendo que las arrugas se le marquen como surcos en la tierra. La edad empezaba a hacerle mella, pero cuando parabas a observarlo podías deducir que en su juventud había sido un hombre muy atractivo.

Alto, de algo más de metro ochenta. Ojos claros de un color indeterminado situado entre el azul cielo y gris plata. Mandíbula prominente abrigada con barba de tres o cuatro días. El rostro salpicado con alguna cicatriz de reyertas de juventud. Con pelo abundante y castaño claro con corte de galán de manual sacado de alguna película de los años cincuenta solo que treinta años desfasado.

Deducciones al fin de al cabo, ya que en realidad se trataba de un hombre hueco y roto por dentro. Al menos desde que hacía un año perdió a la que pensaba podría ser la mujer de su vida. Clásica equivocación por la ceguera de una explosión de pasión que llegó como se marchó, de forma totalmente casual e imprevista.

II

Fue un lluvioso día de otoño.

Tintineo de la campana de la puerta. Chirrían los goznes y son seguidos por el golpe seco de la puerta al cerrarse. Respiración rápida y sin pausas.

—Buenos dí… —

Enmudece al ver a la visitante. Delicada y pálida como flor de invierno en un recóndito valle cubierto de escarcha. Un ceñido y elegante vestido de color negro y zapatos a juego. En su cabeza un gorro de lana con un pompón alicaído en su cima por la fuerte lluvia que no cesa de caer en el exterior. Ojos color miel; infinitas pestañas; labios carnosos, ligeramente rosados; casi blancos. Melena castaña que cae ondulada por su espalda como la cascada del borde del mundo. Pechos pequeños pero insinuantes. Cintura de curvatura imposible seguida de la zona de obligada deceleración por peligro de accidente que eran sus caderas. Piernas infinitas. Parecía una imagen arrancada de un sueño.

Cogió aliento y comenzó a calmar la respiración. Lo escaneó con la mirada. Lo atrapó sin haber pronunciado aún palabra. Y la pronunció.

—Buenas tardes. Perdone la entrada tan abrupta pero fuera hace un tiempo de perros y tenía la sensación de que un grupo de matones iba siguiéndome…— Su voz como un canto iluminó lo lúgubre de aquel lugar. J. Se quedó unos segundos sin palabras. Los segundos que tomó su corazón en acelerar y superar el límite establecido.

—Pasa, no te quedes ahí parada que estás empapada. — dijo mientras a toda prisa se acercó al aseo para coger una toalla. — Siéntate donde quieras y dime, ¿Que te trae a este lugar?… —

III

Sin saber como, ella acabo durmiendo en su cama mientras el intentaba acomodarse en el sofá monoplaza dentro del pequeño apartamento céntrico que J tenía alquilado.

El nombre de la ninfa era Iris y apenas llegaba a los veinticuatro años. Sobre su pasado J. solo pudo sacar en claro que había llegado a Madrid el mismo día que sus caminos se cruzaron. Buscaba a alguien, pero parecía haberlo olvidado o ya no importaba. No tenía dónde quedarse y él se sintió obligado a otorgar refugio a aquel ángel surgido de la nada. Lo que estaba claro es que su encuentro había sido fruto de la más absoluta casualidad. El destino a veces tiene esas gracias.

Habían pasado dos semanas y cada vez su imagen iba conquistando un poquito más de terreno dentro del marchito reino de sus pensamientos. Se veía pasando las horas en la oficina vacía observando el lento avanzar de las agujas del viejo reloj de pared deseando que llegara la hora de regresar a casa y verla.

Cuando finalmente llegaba la hora se movía como impulsado por una fuerza invisible. Su alrededor se desenfocaba a excepción del punto de fuga que era la puerta del apartamento.

La encontraba leyendo alguna revista. O viendo la tele acurrucada en el sofá. O escuchando música en la habitación cantando por encima con una pésima pronunciación del inglés que en su voz sonaba encantadora. Un día la encontró dormida en el sofá como una imagen de cuento y al sentir la puerta pudo verla desperezarse.

Siempre le dedicaba una sonrisa que alegraba el día más triste y le saludaba.

— ¡Holis J.! — dándole un beso en la mejilla. En ese instante el moría y revivía. Pero no sacaba el valor para mostrar lo que realmente deseaba.

Después solía encerrarse en la habitación canturreando entre susurros siempre la misma letra…

“I can hear your heart. Can hear your heart…”

IV

Un día casi sin darse cuenta la vida de J. dejó de pertenecerle. Llegó flotando al apartamento y al sacar el llavero escuchó en el interior la música a un volumen superior al habitual.

“The sky was bible black in Lyon” *

Ella vestida con un pantalón vaquero corto ajustado y un top, bailaba en medio del salón iluminada por la tenue luz de velas.

“When I met the Magdalene” *

Sobre la mesa una botella de vino tinto abierta con dos copas: una de ellas llena y la otra a medio beber.

“She was paralyzed in a streetlight” *

Ella se acerca con caminar insinuante. Lo saluda con un beso en la mejilla y agarra las manos.

“She refused to give her name” *

Lo arrastra despacio hacia el sofá. Sus caderas se balancean como el caer de una pluma.

“And a ring of violet bruises” *

Lo invita a sentarse con un guiño y le tiende la copa de vino. Ella coge la suya y las tintinea.

“They were pinned upon her arm” *

Se moja los labios tintados de rojo mientras le clava la mirada no tan inocente en los ojos.

“Two hundred francs for sanctuary” *

Se gira y se aleja lentamente hacia el centro del salón donde continúa su hipnótica y sensual danza.

“And she led me by the hand” *

Se vuelve hacia J. Levanta la Copa y vacía de un trago el contenido. Lo señala con el índice y ordena sin palabras que se acerque.

“To a room of dancing shadows” *

La marioneta sin voluntad obedece. Se acerca con baile torpe y ella extiende sus brazos alrededor de su cuello.

“Where all the heartache disappears” *

No hay espacio entre los dos cuerpos que se mueven como uno solo. Ella apoya la cabeza en su hombro. El nota la húmeda respiración en su cuello.

“And from glowing tongues of candles” *

Se aferra con fuerza a su cintura y suavemente comienza a deslizar hacia abajo sus fuertes manos. Los carnosos labios de Iris entran en contacto con su piel. Los cuerpos se estremecen.

“I heard her whisper in my ear” *

Los brazos de J. elevan a Iris buscando la colisión entre labios. Se produce como un estallido. Ambos se aprietan como si buscarán fundirse en un único elemento. Aleación de pasión.

“‘J’entend ton coeur'” *

Es un punto de no retorno. Sexo. Pasión. Atracción animal. Puro instinto primario. La tarima acoge dos cuerpos que se entrelazan. Se retuercen. Se enmarañan.

“‘J’entend ton coeur'” *

Respiración profunda. Jadeos. Sudor. Saliva. Flujos. Semen. Gritos. Silencio.

“I can hear your heart” *

Dos cuerpos desnudos abrazados. Ella se acomoda sobre el tórax de J. Susurra: —”Puedo escuchar tu corazón. Escuchar tu corazón. Escuchar…”.

“Can hear your heart” *

Fundido a negro cuando se extingue la llama de la última vela.

“I hear your heart…” *

 * Letra de “Blue Angel” de Marillion

V

Al despertar, Iris había desaparecido igual que apareció en su vida un mes atrás. La cabeza de J. gustaba de revivir aquella última noche como un sueño recurrente. Una y otra vez agudizaba el oído deseando escuchar otra vez el tintineo de la campana anunciando su regreso, aunque este fuese imposible. La oficina y su apartamento se habían convertido en los lugares más lúgubres y grises del mundo. Pozos de miseria que absorbían la luz y la vida.

La radio seguía sonando. J. apoyó el diario sobre el escritorio. Se vio a si mismo llorando. Inevitables lágrimas al recordar el día que siguió a su noche de ensueño.

Un puente sobre el río Manzanares.

Un ángel cae con las alas rotas y sin arnés.

El último pétalo de la flor más hermosa flotando río abajo.

Nadie la conocía. Apareció. Dejo un suceso en los telediarios y un corazón destrozado. Se marchó dejando atrás un mundo aún más triste. Un mundo que seguiría girando, aunque imperceptiblemente más lento.

Esperanza – 14 – Dudas

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—¿Dónde has estado? —me dice Afrodita en cuanto siente que entro en el jardín-observatorio. Noto nerviosismo en su tono de voz —. Han estado retumbando las paredes de metal como si todo se estuviese yendo a la mierda. Por un momento he sentido auténtico pavor imaginando que un asteroide podía haber colisionado con la nave. Después se notó un fogonazo en el exterior y vi a través de la cristalera salir despedida una de las cápsulas de salvamento. Dime. ¿Qué cojones hacías?

Medito cuidadosamente las palabras. Ella no debe saber jamás que viajábamos con un tercer elegido cuyo cuerpo muerto ahora flota en el vacío. Debo evitar a toda costa que descubra que he cortado las comunicaciones con la Tierra, aunque estas fuesen ya anecdóticas. Estamos completamente aislados ella y yo en el inmenso universo. Solo nos tenemos el uno al otro y nos necesitamos mutuamente, tanto para perpetuar la especie humana, que es la misión que nos encomendaron, como para vivir una vida plena allí donde jamás el hombre ha estado. Afrodita está realmente nerviosa. Tengo que hacer lo que esté en mi mano para calmarla.

—Tranquilízate. No ha ocurrido nada. Se estropeó uno de los asientos de la sala de control y se me fue de las manos el arreglo por utilizar unas herramientas mal dimensionadas. La cápsula de salvamento salió despedida por error. Menos mal que quedan operativas dos más. Me temo que no será la última vez que tengamos que hacer algo así durante este viaje sin retorno. Comprendo que te hayas llevado un buen susto con los golpes; estos muros de metal y el silencio absoluto que nos envuelve tienden a amplificar cualquier sonido por mínimo que este sea y muy a mi pesar, me he visto obligado a causarlo. Lo siento.

—¡Joder! ¡La próxima vez avisa de que te vas a poner a hacer reparaciones al menos! Creo que mi cabeza está a punto de estallar por los nervios que he pasado…

Ha sufrido un ataque de pánico. Se por experiencia propia que no es nada sencillo adaptarse a esta nueva situación. No sería la primera astronauta que sufre un brote psicótico al asimilar que estará durante meses en el espacio y su particular física, y a nosotros nos aguarda una existencia completa entre las estrellas.

Afrodita se derrumba sobre uno de los bancos. Su tórax sube y baja a gran velocidad, se agarra la cabeza con ambas manos y aprieta fuertemente la mandíbula. De sus ojos comienzan a manar lágrimas que resbalan por sus mejillas. Llora como si estuviese perdiendo la respiración.

Me acerco para intentar calmarla. Me siento a su lado y la atraigo hacia mí con un abrazo. Me mira con ojos relampagueantes. Una mirada asesina que me hiela la sangre.

—¡Déjame en paz! Necesito estar sola —me dice con tono amenazador y los ojos entornados. Me aparta de su lado con un violento empujón.

Me alejo en silencio de la sala, dejándola allí completamente a solas. Regreso a mi cuarto y me tumbo sobre las blancas sabanas. Justo en ese momento, cuando vuelvo a sentirme en calma entre las cuatro paredes de mí habitación, me parece escuchar alto y claro una voz que creía olvidada en el interior de mi cabeza.

“¿Vas a dejar que esa furcia te hable y trate de esa manera?”

La fuente

Buscando santuario en un paraje apartado de las miradas ajenas, llegué a una plazuela olvidada por el tiempo al final de una intransitada callejuela tras las irregulares líneas de viejas edificaciones en ruinas. Allí inmutables reposaban las aguas de la fuente.

Una fuente de piedra entre las sombras de enmarañadas hiedras y milenarias higueras cuyas ramas enroscadas elevaban a categoría de arte la caprichosa arquitectura de la naturaleza. Formando cúpulas y arcos de tonos verdes imposibles acompañadas de la orquestación de hojas silbando al son del viento y el murmullo del fluir de las aguas.

Casi se podía palpar la tranquilidad que manaba de las cristalinas aguas reflejando aquel templo que invitaba al culto al pensamiento contemplativo y meditación. Invitación que acepté gustoso saciando la sed con sus heladas aguas y quedándome sentado en su borde respirando la mágica ambientación de aquel lugar que parecía arrancado de antiguos cuentos y leyendas.

Me dejé arrastrar por las ensoñaciones que incitaba, y ante tanta calma en su estado más puro me pareció sentir a mi alrededor la inusual presencia de todos aquellas criaturas que sabiamente ocultan su presencia al ser humano. Hadas y duendes observando tras el follaje. Bailando, cantando, saltando, haciendo cabriolas y el amor entre las ramas, como si este mágico refugio estuviese apartado del mundo, y aquellos seres mitológicos no tuviesen nada que temer del despiadado ser humano.

Cuando desperté de aquel místico sueño estaba ya muerto. El ancestral veneno diluido en las aguas de aquella fuente me arrebató la vida sin dolor ni castigo. Dejando a su vera un cuerpo que parece eternamente dormido, y un espectro que avisa al viajero sediento que no sucumba a este paraje de ensueño, como antes que yo, otros tantos hicieron.

Esperanza – 13 – El otro lado del silencio

CAPÍTULO ANTERIOR

Una vida suspendida y un simple gesto para darla por finalizada. Por unos instantes juego a ser Dios frente a la cápsula letárgica del que debe ser el sujeto “Delta” o vete usted a saber que estúpida denominación. Un cuerpo humano de proporciones perfectas; soñando; con el líquido conservador fluyendo por cada uno de sus poros y huecos; esperando despertar algún día, siglo o milenio y perpetuar la especie humana en algún lugar del universo inexplorado. Supongo que sus instrucciones serian similares a las mías. Un sueño al fin de al cabo, pues en pocos instantes, yo mismo firmaré su pena de muerte y haré realidad su ejecución sin posibilidad de réplica. Añadiré a mi currículo la ocupación de verdugo. Le daré en compensación el conocimiento de aquello que nos pasamos la existencia buscando; de aquello que existe al otro lado del silencio. Seguramente la nada, pero…

¿Quién puede afirmarlo?

El cuerpo se convulsiona solo unos instantes antes de quedar completamente inerte cuando paralizo el aporte de oxígeno de su cápsula. Su piel va amoratándose y por su boca entreabierta deja escapar unas últimas burbujas de aire que se acumulan en la zona superior. Me deshago del cuerpo con un último adiós, lanzándolo al vacío en una de las tres cápsulas de evacuación de emergencia que hay preparadas y el viaje continua como si no hubiese ocurrido nada. Como si siempre hubiese sido el plan tal y como había imaginado en mi mente.

Afrodita no sabrá jamás lo que ha ocurrido con este indeseable viajero y con el tiempo me acabará amando como yo la amo a ella. Solo es cuestión de tiempo y aquí, en el infinito universo, disponemos de todo el que deseemos y más.

“Tiempo…Solo tiempo…”

Imaginaria línea

Es una imaginaria línea que nos separa mi amor. No soy capaz de visualizar cuanto abarca. Si tiene inicio o fin. Si me atreveré a intentar cruzarla. No quiero conocer a quienes la trazaron. Me aterra imaginar los motivos: Colores, idiomas, religiones, tamaños, sexos… Todo pensado para alimentar la monocromía de ese cuadro que llamamos Tierra.

¿Qué razón existe para que mis pies no puedan cruzar esa línea?

Cualquier línea.

En sueños me veo andando solitario por caminos que nunca transitaré, y en un descanso bajo el cobijo de la sombra de un florecido árbol apareces y me saludas como si nos hubiésemos visto ayer. Me abrazas, besas mis labios y me cuentas y te cuento cuanto ocurrió en el breve lapso de tiempo que no estuvimos juntos. Riendo, llorando o simplemente conversando hasta que la luz del día se desvanece en el ocaso. Un beso, un adiós fugaz con la certeza de que volveré a saludarte mañana. A abrazarte. A besarte… El despertar duele como duelen los alambres espinados que alguien puso entre nosotros para que esas barreras inexistentes tengan la forma y el nombre que me niego a pronunciar pues no debieran existir.

Solo sé que te amo. Que siempre te he amado aunque nunca haya llegado a conocerte. Yo no imagino líneas, imagino que me estas esperando al otro lado, donde aguarda lo desconocido.

Esperanza – 12 – Silencio

CAPÍTULO ANTERIOR

—¡Transbordador “Esperanza” Llamando a la Tierra! ¡Respondan por favor! ¡Aquí Transbordador “Esperanza” Llamando a la Tierra! ¡Respondan por favor!

—Equipo terráqueo al habla. Perdone el retraso, aquí quedamos ya pocos trabajando ¿Qué ocurre sujeto “Alpha”?

—¡¿Puede alguien explicarme que mierda es esta?! ¡Se supone que yo era el elegido para esta misión! ¡El puto elegido! El encargado de perpetuar la especie humana en algún lugar olvidado del universo; yo y mi acompañante de género femenino. Los Adán y Eva de una nueva era tras el Armagedón ¿Alguien puede explicarme por qué cojones hay en una segunda sala de criogenización oculta, otro hombre en estado de hibernación?

—¡Cálmese sujeto “Alpha”! Claro que tiene una explicación y de peso ¿Ha contemplado usted la posibilidad de que algo saliese mal en la misión? ¿Que usted sufriera un desafortunado accidente en sus labores de mantenimiento de la nave antes de llegar a su destino? ¿Piensa que no hemos contemplado esa opción? Ese hombre es el As en la manga en el caso de que el plan se tuerza. En unos días, si usted sigue las instrucciones que le dimos, en cuanto estemos seguros de que la nave sigue la trayectoria correcta, podrá criogenizarse también para despertar algún día cerca de “Tierra II”.

—¿Me toman por gilipollas? ¿Y una vez allí? ¿Lo dejamos ahí dormido para siempre? ¿Nos lo comemos? ¿Que se supone que debemos hacer los tres? ¿Un trío? ¡No han confiado en mí! ¡Y una mierda! Esta es una misión para dos ¡Ese individuo sobra completamente en la ecuación! Es un cero a la izquierda ¡Un puto cero a la izquierda!

—¡Sujeto “Alpha” cálmese y no haga ninguna locur…!

Se hace el silencio después de arrancar la silla y golpear con ella el panel de comunicaciones hasta que comienzan a saltar chispas y pedazos de plástico. No les debo nada a estos inútiles. No volveré a ver ni escuchar a esos malditos enfermos que no aportan nada.

A partir de este momento tengo que ponerme a pensar en que hacer en esta nueva situación que se plantea ante mí.

“Piensa. Sabes perfectamente como solucionar esto. Haz memoria.”