Somewhere in Providencia

Esta isla del tesoro perdida y olvidada en el inmenso océano es para ti

Mes: septiembre, 2018

10 céntimos la bolsa

Bolsa de 10 centimos

Estoy cansado de trabajar. Siempre la misma rutina. Despertar. Ducha. Vestir. Desayunar. Correr para no perder el autobús. Correr para no perder el metro. Fichar. Nueve horas frente al ordenador. Coger el metro. Coger el autobús. Llegar a casa. Ponerse cómodo. Cocinar la cena y la comida del día siguiente. Cenar. Ver una serie aburrida. Dormir…

Necesito un cambio en mi vida. Voy a romper la rutina. Voy a ganar el tiempo que me roba la cocina. A partir de mañana comienzo a comer fuera.

HORA DE LA COMIDA

He pedido por teléfono en el bar de abajo un plato de pollo en salsa. Lo tienen listo a las 14:30. Suelo comer mas pronto pero no importa. Ruge mi estomago pero ya es la hora. Bajo.

El bar es una pequeña taberna que no da abasto sirviendo comidas. Platos abundantes. Buenos precios. Sabrosos. Y grasientos, muy grasientos.

Me abro paso hasta la barra. Mi plato esta listo. Un enclenque plato de plástico blanco cubierto con papel de aluminio. Rezuma grasa y salsa de tomate por todos lados.

-¿Quieres una bolsa? Si la quieres te tengo que cobrar 10 céntimos. Ya sabes, la nueva ley.

-No gracias, Como trabajo dos pisos arriba, aunque me pringue un poco las manos no me importa.

-Como veas. Son 4 Euros y medio.- Lo dice indiferente pero me parece ver que se le marca una inapreciable sonrisa.

Pago y salgo con el plato en las manos. Esta caliente. Arde. Muevo los dedos de forma paulatina como si tocara un piano para evitar que el dolor valla a mayores. Me viene a la mente un lejano recuerdo en la casa del pueblo de mi abuelo. La tarde que me metí debajo de una mesa con un brasero encendido. Humo y olor a piel quemándose. Lloros. Esto ni se acerca.

Llamo con el codo al ascensor como puedo mientras mis dedos siguen tocando la melodía de la salvación. Noto como una gota de grasa cae sobre la palma de mi mano. Por supuesto el plato esta roto.

Llega el ascensor. Son solo dos plantas y un pequeño pasillo hasta llegar al comedor y respirar aliviado. Un hilo de grasilla va desfilando por mi mano, acercándose al borde.

Voy solo en el ascensor. Se cierran las puertas. Comienza el ascenso. Respiro. Se para en la primera planta. Se abren las puertas. Un pequeño contratiempo.

-Buenas tardes.- Quien saluda es una despampanante mujer. Deseo de cualquier hombre. Un vestido ceñido color negro a unas curvas peligrosas y tacones. Pelo “Pantene” dorado y unos ojos de gata color turquesa protegidos con un cerco de largas pestañas que parecen desafiar las leyes de la naturaleza. Sus labios de ensueño se tuercen en una mueca de asco cuando observa como un chorretón de aceitoso fluido practica caída libre desde mi mano.

Stop motion.

El hilo, siguiendo las leyes de Newton comienza la aceleración con el suelo como destino. ¿Suelo? El ascensor es pequeño. La mujer esta demasiado cerca. La trayectoria es clara. La curva de sus caderas albergan la pista de aterrizaje. ¿Puedo evitarlo? Sentidos en alerta. Músculos en tensión. El cerebro da la orden. La máquina mas perfecta de la naturaleza activa en menos de un nanosegundo el movimiento más rápido que puede realizar un ser vivo. Reflejos imposibles.

Vuela el plato mientras mis brazos se extienden para apartar a la mujer. Sus carnes se estremecen ante mi contacto. El papel se abre. Pedazos de pollo en salsa quedan suspendidos en el aire. Se masca la tragedia.

El tiempo vuelve a correr y la física actúa. Pollo en salsa nos riega. La mujer grita histérica mientras la grasa impregna y resbala sobre su cuerpo. Se abre la puerta. actúo. Salgo corriendo y bajo por las escaleras como un rayo mientras la grasa impregna y resbala sobre mi cuerpo.

Me dirijo al bar y me abro paso entre la gente a empujones. Los que no se apartan acaban llenos de grasa. Es una urgencia. Llego ante el camarero.

Las palabras me salen a trompicones. -Por favor deme una bolsa-

-Te tengo que cobrar 10 céntimos. Ya sabes la nueva ley.- Dice mirándome con prepotencia y burla en su rostro.

Busco en el bolsillo. Hay suerte. La moneda aguarda mi contacto. La deslizo afuera de su refugio, extiendo la mano y me despido de ella. Me entrega la bolsa. Una triste bolsa de plástico blanco casi inapreciable que da la impresión de que se desgarrará o deshará en cualquier instante. 10 céntimos.

Stop motion.

Mis neuronas emiten una descarga eléctrica imprevisible. Sentidos en alerta. Músculos en tensión. Lanzo mis brazos. Mis manos agarran su cabeza. La giro. Escucho el crujir de sus vertebras. Introduzco violentamente su cabeza en la bolsa. Siento ojiplaticas miradas clavándose en mis acciones. Escucho voces y gritos. Siento que me agarran intentando evitar lo inevitable. La bolsa se llena de aire. Se vacía. Intenta liberarse de mi presa. Aprieto la bolsa contra su rostro. Son segundos. La respiración va disminuyendo. Un ultimo aliento. Se apaga. Todo se funde en negro.

Una vida vale 10 centimos.

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Somewhere in the Planet Marzipan

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Finalmente llego el día en que el último disco de estudio que me faltaba de Marillion llego a ocupar su merecido lugar en mi colección de discos. Y para celebrar este hito traigo una “playlist” de Spotify en la que incluyo entre 1 y 3 temas de cada disco. En concreto las canciones que personalmente prefiero. Horas y horas de grandiosa música en orden cronológico para que se pueda apreciar la increíble evolución a lo largo de los casi 40 años de vida del Mejor grupo de la historia.

¡Enjoy!