Somewhere in Providencia

Esta isla del tesoro perdida y olvidada en el inmenso océano es para ti

Mes: octubre, 2019

El grimorio

I

– Lunes, veintiocho de diciembre de mil novecientos noventa y nueve. Hora…- El inspector Sánchez sacó del bolsillo interior de su desgastada gabardina un antiguo reloj atado a una cadena y observó las manillas. Seguidamente continuó hablando a la obsoleta grabadora de cassette: – Diez y veintidós minutos de la noche. He llegado al escenario del crimen, y todo, a excepción del muerto se encuentra en aparente orden. El televisor se encuentra encendido. En la atmósfera se nota un fuerte olor a putrefacción. El cadáver se haya tumbado boca abajo al lado del sofá del salón sin signos de violencia. Varón, caucásico de unos treinta y nueve años. Debe llevar fallecido al menos un mes. Viste un pijama a rayas blancas y azules. En sus manos sujeta firmemente un grueso volumen encuadernado en piel oscura. El título grabado con filigranas doradas me resulta ilegible como si se tratase de otro idioma. ¿Tal vez ruso? La vecina que dio el aviso declara no haber notado nada reseñable, salvo ese olor insoportable en el descansillo de la escalera. Al parecer era un tipo algo solitario, aunque con familia y trabajo como funcionario en la biblioteca real. Nadie parece haber notado su ausencia, ni familiares ni compañeros de trabajo. A falta de diagnóstico forense, diría que la causa del fallecimiento fue algún tipo de fallo orgánico. No obstante, y dado que es el único elemento distintivo de este caso, llevaré el libro a que lo eche un vistazo el mayor experto en idiomas, lenguas muertas y literatura del que he escuchado hablar: El Doctor Arroyo. –

II

Sobre las once y media de una noche sin luna que amenazaba tormenta llegó el inspector Sánchez en su destartalado vehículo a algún lugar en mitad de ninguna parte. Había recorrido incontables kilómetros por sinuosas carreteras y serpenteantes caminos a través de los bosques que poblaban aquella región poco conocida al norte de Extremadura. Allí, en la ladera de una escarpada montaña cubierta de pinos y maleza estaba la residencia del Doctor Arroyo.

Aparcó a un lado de la carretera, frente al portón de hierro fundido que daba paso a las propiedades de la eminencia en lenguas muertas y cultos innombrables.

El destello de un rayo iluminó el imponente caserón del siglo XIX que se erigía como aquel horripilante castillo de leyenda en las frondosas cordilleras de Rumanía. El inspector Sánchez sintió un escalofrío recorriendo su espalda al ver aquellos muros de piedra y los puntiagudos tejados contra aquel cielo impasible cubierto de nubes negras.

“¡Vamos! Cuanto antes hable con el Doctor, antes saldré de este lugar que parece sacado de las pesadillas de un autor desquiciado”

Empujó el pesado portón que no estaba cerrado, y se abrió perezosamente con un chirrido. Sanchez echó la vista atrás y vio su coche envuelto en tinieblas.

“Espérame pequeño. En un rato estaré de regreso”

En ese preciso momento, comenzó a diluviar.

III

– Pase. Pase y póngase cómodo en la salita de espera inspector Sánchez. El excelentísimo Doctor Arroyo le atenderá en unos minutos. ¿Le apetece tomar un café o un té? Tenemos una infusión que trajimos de nuestro último viaje para visitar unas antiguas ruinas antediluvianas de geometría no euclidiana que, si se me permite opinar, está de auténtico lujo. – El que hablaba era un hombre de unos cuarenta años, corpulento y de aspecto descuidado. Se había presentado como Álvarez, el ayudante del Doctor.

– Muchísimas gracias Álvarez. Se ha puesto a llover como si el cielo se fuese a desplomar. Fíjese en como me he empapado con tan solo unos metros bajo la cortina de agua. Estaré encantado de disfrutar de la infusión que me ofrece. ¡Justo lo que necesita el cuerpo para entrar en calor con un temporal como este! –

-Le traeré también una toalla. Espere unos minutos y el Doctor Arroyo y yo mismo le acompañaremos gustosos y trataremos de lo que ha venido usted a hablar. –

Álvarez desapareció en un instante tras una puerta de madera dejando únicamente el eco de sus pasos resonando. Sánchez se acomodó en el sillón que había indicado el ayudante y se quedó maravillado descubriendo la ingente cantidad de estrafalarios cachivaches que decoraban la estancia: Una colección de figuritas bélicas de cristal encerradas en una vitrina, platos de cerámica pintados colgados aquí y allá por las paredes, una roída alfombra cuyo motivo parecía representar una onírica escena plagada de personajes y criaturas de fantasía, un ajedrez con piezas labradas en ónice y mármol blanco sobre una mesilla de retorcidas formas, un alto reloj de pared labrado en madera cuyas manecillas parecían paradas a las diez y veintidós, un enorme retrato al óleo de un siniestro personaje de mirada maliciosa con un grueso libro en sus manos…

– Acepte mis disculpas. Espero no haberle hecho esperar demasiado. Estaba terminando un capítulo de mi próximo estudio y no podía permitirme dejarlo sin el punto final. Supongo que ya habrá conocido a mí fiel ayudante Álvarez. Ante usted el Doctor Arroyo. Encantado de conocerle. – El hombre estirado que sacó al Inspector Sánchez de su observación extendió una raquítica y pálida mano.

Sánchez se irguió sobresaltado y se acercó para estrechar la mano: – Inspector Sánchez para servirle Doctor Arroyo. Su ayudante fue por una toalla y una infusión… Miré ahí llega. En cuanto entre un poco en calor podremos tratar el asunto que me ha traído hasta aquí. –

IV

Después de un par de sorbos de la infusión que resultó deliciosa y haberse secado con la toalla, el inspector Sánchez colocó su grabadora sobre la mesilla. – Espero que no les importe, tengo como costumbre grabar las conversaciones para que no se pase por alto el más mínimo detalle que pueda dar alguna pista sobre las investigaciones que tengo entre manos. –

El Doctor y su ayudante, sentados en el sofá asintieron al unísono a la lógica petición.

– Como ya les adelanté en la conversación telefónica que mantuvimos, en mi último caso, un caso común de fallecimiento, hallé como única pista sospechosa lo siguiente. – Sánchez saco el grueso y enmohecido tomo de algún compartimento interior de la gabardina y lo posó sobre la mesa. Continuó hablando. – Todo parecía normal, algún tipo de ataque orgánico. Únicamente parecía. El examen del forense dictaminó que aquella muerte era de todo menos común. Al parecer el interior del cuerpo se hallaba vacío. Y cuando digo vacío me refiero exactamente a eso. Sin huesos, músculos, órganos… Únicamente una carcasa vacía que no se deshinchaba como un globo sabe quién por qué maleficio. Ni un rasguño ni cicatriz. Únicamente este libro que apresaba su mano, permítanme el sarcasmo, “como si le fuese la vida en ello” Si ya tenía intención de indagar acerca de este libro cuando examiné el lugar, comprenderá ahora que se volvió de vital importancia. Cójalo, examínelo, estúdielo, haga lo que sea con el libro, pero por favor dígame si sus páginas pueden esclarecer algo de los hechos de este caso tan particular. –

V

Han pasado tres meses desde aquel encuentro entre el inspector Sánchez con el Doctor Arroyo y su fiel ayudante Álvarez. Tres meses en los que aquella inexplicable forma de morir se ha ido repitiendo cada vez con más frecuencia por todo el globo. En los noticiarios se comienza a hablar de “plaga” o “castigo divino”. El inspector Sánchez se dirige raudo a una segunda cita con la singular pareja de eruditos tras recibir una cuanto menos misteriosa llamada en mitad de la noche. Al parecer, tal y como había deducido el experimentado investigador, el secreto de aquella muerte se hallaba entre las páginas del libro.

¿Qué terrible secreto será, para que sea tan importante tratarlo sin demora?

VI

“Estimado inspector Sánchez, entienda lo horrible de la situación en la que nos encontramos. Una posición de clara desventaja contra fuerzas que no somos capaces de comprender. Cuando usted nos trajo aquel libro para que lo examinásemos no podía imaginar lo que tenía entre manos. Durante mi carrera profesional he tratado con todo tipo de libros y pergaminos de todas las épocas y lugares que pueda usted imaginar o incluso más. Fíjese que hay alguno de ellos que evito nombrar, dado lo peligroso del conocimiento encerrado entre sus páginas. Este que tratamos, sin lugar a duda pertenece a ese grupo. Deje que le explique el contexto y después iré directo al grano. De entre todos los tipos de volúmenes arcanos, este entra en la categoría de grimorio.

Un grimorio es un libro que contiene hechizos. Se que esto le sonará a fábula, pero si algo me ha demostrado la experiencia es la existencia de un tipo de magia que la inmensa mayoría de los mortales desconoce, y los que lo hacen manejan los designios del mundo. ¿Le suenan los Iluminati? ¿Masones? ¿Grupo Binderberg? Todos ellos tienen en posesión grimorios como este que usted nos trajo. Por lo que he podido dilucidar con un exhaustivo examen, nuestro volumen no está catalogado en la lista de los conocidos, pero podríamos estar hablando de uno de los más letales.

Encuadernado con piel humana. ¿No noto su espeluznante suavidad? Y escrito con una mezcla de sangre, masa cerebral y pigmentos ya olvidados. Esta mezcla era utilizada únicamente para grabar los conjuros más poderosos. Y aquí sin duda está grabado uno que muchos matarían por poseer.

En cuanto a la fecha y lugar en que se escribió, en realidad no hablamos de un libro tan antiguo. Hablamos de Venecia, siglo XVI. En aquella época, en las galerías y catacumbas ocultas entre los canales se movía un olvidado culto que de no haber desaparecido podía haber traído la desgracia a la civilización. Mi conocimiento acerca de ellos viene dado por la figura de un crítico de arte de la época. ¿Ha oído hablar de “Lodovico Dolce”? Se trataba de un miembro destacado de la organización, y se propuso sacar a la venta un tratado sobre la obra de Tiziano que en realidad ocultaba un peligrosísimo hechizo capaz de causar el coma cerebral al lector. “Il Aretino o dialogo della pittura” fué su título, y yo mismo publiqué una traducción intentando eliminar todo rastro del hechizo, pero este era tan poderoso que aún es capaz de provocar el sueño leyendo unas pocas líneas. ¡Sin quererlo publiqué el mejor remedio contra el insomnio! Pero no pretendo desviarme más del tema. El extraño alfabeto en que está escrito delata dicho origen. Por lo que una vez resuelto esto, tocaba en la investigación conocer que ocultaba el grimorio. Aquí viene lo terrible.

El libro escrito en extraños caracteres está escrito en realidad en italiano. La simbología utilizada trataba de ocultar sus secretos a ojos indiscretos. El titulo lo dice todo: “Il libro della morte vuota”, o en castellano “El libro de la muerte hueca”. Como podrá sacar en conclusión, esclarece completamente la muerte que investiga y la ola de sucesos similares que se ha desencadenado. Por suerte, todos los conjuros tienen un contra conjuro, y el de este tan letal viene incluido en el propio volumen. Entienda que debemos realizar el ritual con la mayor brevedad posible para eliminar la maldición que se cierne sobre todos nosotros…”

Sanchez no dice nada. No le es posible, atado y amordazado sobre una mesa de madera como se encuentra. Al traspasar el umbral de aquel caserón que habitaban el Doctor Arroyo y su fiel ayudante Alvarez había sido recibido con un fuerte golpe en la cabeza que le dejó inconsciente. Al recobrar el sentido se encontró en una especie de sala de tortura de estilo medieval iluminada únicamente con la luz de unas antorchas ancladas a las paredes de piedra cubiertas de telarañas. Allí se encontraban también el Doctor y su ayudante mirándolo fijamente.

– Compréndalo. El contra conjuro necesita un sacrificio. El poder siempre exige sacrificio, y mi fiel ayudante y yo hemos llegado a la conclusión que usted es la mejor elección para este cometido. No se preocupe, cuando termine el ritual la pesadilla habrá abandonado la tierra. Destruiremos el grimorio y su conocimiento no llegara jamás a malas manos. Le prometo que no le dolerá; Al menos, no demasiado. Estimado Álvarez… ¡Bisturí! –

La última visión del inspector Sanchez antes de caer desmayado fue el Doctor Arroyo acercando el bisturí a su torso desnudo y realizando una profunda y precisa incisión.

El mal interior

-Haria lo que sea por tí- Dije arrodillado.

Un clásico, lo sé, pero pienso que para declarar el amor lo mejor siempre han sido las típicas acciones. No dan lugar a error de interpretación y presionan a la otra parte a dar una rápida respuesta. Es cierto que si la respuesta es negativa te deja en evidencia, pero a veces hay que arriesgar. Jugarse el todo por el todo sin temer el resultado.

En ese momento lo hice y salió bien.

Ella me miró con esos ojos grises e imperturbables que siempre me han vuelto loco y sonriendo dijo: -¡Si quiero!- Se agachó y me abrazó con fuerza. Con más fuerza que nunca.

Esa fue la primera vez que me estremeció y no precisamente por la emoción de conseguir lo que siempre había deseado. Juro que justo en ese instante fue cuando percibí la maldad que habitaba en su interior. No fue un gesto ni una mirada, si no un presentimiento. Como ver una sombra escabullirse al filo de donde alcanza la mirada y al girarse hacia allí comprobar que no hay nada.

Me estremeció, sí, pero ese presentimiento me excitó aún más de lo que había podido excitarme hasta ahora ninguna mujer. Y eso ella lo notó. Esa noche follamos como endemoniados.

A partir de ese día pase a ser su esclavo. Cualquier cosa que ella me pidiera tenía la imperiosa necesidad de realizarla. En muy poco tiempo ella supo sin lugar a dudas que me tenía atrapado sin escapatoria y que a un simple silbido suyo acudiría como un perro fiel.

Fue en ese momento cuando sacó a relucir esa maldad suya que tanto me excitaba y que mantenía oculta bajo su apariencia de mujer elegante y educada.

– Vamos a asesinar a alguien.- Me dijo sin apenas inmutarse ni cambiar la modulación de su voz un día en que nos encontrábamos tumbados en la cama reposando después de una larga sesión de sexo.-No importa a quien ni como, pero quiero saber que se siente aplastando una vida.

Un escalofrío recorrió mi espina dorsal. ¿Matar a alguien?. No se me había pasado algo así por la cabeza jamás, pero escucharlo saliendo de sus labios hizo que supiera en lo más profundo de mis entrañas qué siempre lo había deseado. Y si encima era ella quien lo pedía. ¿Quién soy yo para negarme si no soy más que su fiel siervo?

La abracé fuertemente y la besé salvajemente como queriendo devorar su boca para indicarla que mi respuesta era afirmativa. Un abrazo que se transformó en un nuevo amasijo de gemidos, sudor y fluidos.

—***—

No tardó muchos días en elegir una víctima. Se trataba de un joven de unos treinta años que vivía a unas pocas manzanas de nosotros. Soltero. Con pocas amistades. Sin mucho éxito con las mujeres. Con un trabajo de mierda… Comprendí en un instante lo fácil que la resultaría atraparlo en su fina tela de araña.

Esa mujer me volvía loco.

El plan era simple. Ella lo conocería en el pub que frecuentaba los jueves. Lo hechizaría como solo ella sabe hacerlo y lo traería discretamente a casa. Aquí estaría yo esperando para atraparlo y hacer con el lo que nos venga en gana con mortales resultados. Solo de pensarlo me hacia un amasijo de nervios por el ansia de poner el plan en marcha.

Llegó el jueves noche.

Ella se fue al pub y yo me quedé sentado en el sofá viendo “Reservoig dogs” y tomando una copa de vino. Inspiración para el futuro inmediato. Por supuesto la concentración se fue perdiendo según pasaban los minutos. ¿Qué estaría haciendo?

Por mi mente empezaron a desfilar imágenes de un oscuro antro con el hombre sentado en la barra tomando un whisky de garrafón con hielos. Ella se acerca y le mira descaradamente. Apolla la mano en su pierna y le susurra algo al oído. Luego pide un “Gin tonic” y se dirige sensualmente hacia una oscura e intima esquina del bar. El la sigue. Hablan, pero no tardan mucho en empezar a acercar sus cuerpos. Algún beso. El saca valor y comienza a acariciar sus curvas. Caricias cada vez más intensas que se van tornando en descarado magreo. Ella se ríe y le para en seco. – ¿No será mejor que continuemos en un lugar más íntimo? Vivo muy cerca.- Le guiña un ojo. Ella ordena y el obedece. Siempre es así.

Vuelvo a la realidad. Suena la cerradura.

¡Están aquí!

Me preparo para recibirles irguiéndome con celeridad. Caigo al suelo con el mismo ímpetu que me he levantado. Todo el mundo gira a mi alrededor.

¿Qué ha pasado?

Ella por supuesto tiene la respuesta. La muy zorra lleva el mal en su interior. ¿Porque iba a confiar en un gilipollas como yo?

Veo sus zapatos de tacón acercarse entre las brumas de mi mente dando vueltas. Se paran justo a mi lado. Sigo la línea de sus largas piernas hasta más allá de su ceñido vestido rojo de fiesta. En sus manos lleva un hacha de cocina que brilla bajo la luz de la lámpara de araña del salón. Me mira fijamente con sus imperturbables ojos grises. Sonríe.

Esa mujer me ha atrapado hasta las últimas consecuencias. Mientras baja a toda velocidad el hacha no puedo evitar pensar en lo mucho que me excita ese mal tan puro que palpita dentro de ella.

___***___

Recupero para ir abriendo boca mi relato de Halloween del año pasado (Incluido en Delirios de un bufón loco). Mañana aventura nueva del Dr. Arroyo y su fiel ayudante Álvarez con toque halloween…

¡Ni se te ocurra perdértelo!

Microcuento – Infancia enterrada

Quise enterrar el pasado. Olvidar mis años como descuartizador de muñecos viejos.

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Quienes me siguen en Instagram o Facebook saben todas las locuras que voy sacando sin previo aviso. Esta es una de ellas.

Puedes disfrutarlas buscándome como:

ramiroluisalvarezmoreno

Microcuento – La impía tragedia

Etnad subió hasta la nube más elevada del paraíso para recuperar a su amado, pero al descubrir en que se había transformado, regresó sola y cabizbaja a su cálida parcela en el infierno.

Típico despertar

Desperté
Desperté como en tantas otras historias
Rodeada de densa niebla
Cipreses balanceándose al son de un suave viento
Y silencio
Eterno y doloroso silencio

Filas de lápidas de piedra
Reflejos de lo que fuimos en vida
Mausoleos de ricos que no valen de nada en la muerte
Lápidas y nichos para la gente corriente
Y para el pobre,
arena y tierra
Compartiendo lecho con un montón de huesos sin nombre

Desperté
Y comenzó mi nueva vida
Mi no-vida
Que comienza mirando hacia atrás.
Un texto grabado en el granito de una lápida vestida con coronas de flores
Qué el tiempo borrará

“Mi dulce ángel. Descansa en paz”

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Resubo este escrito que incluí en “Delirios de un bufón loco”. Se acerca Halloween…

Microcuento – Remedio para la jaqueca “al tiro”

No vio venir el remedio para su perenne dolor de cabeza. Una bala perdida en una protesta por hacer digna la vida de un pueblo ahogado en la miseria atravesó su globo ocular con tan buena suerte que salió por la parte superior del cráneo. Se llevó por delante solo una pequeña parte del cerebro. Perdió un ojo y el habla. Sus pensamientos deceleraron y los gráciles movimientos de los que siempre había presumido ya nunca fueron lo mismo. La jaqueca desapareció para siempre y en su rostro se perpetuó una inolvidable y bobalicona sonrisa.

La pira

Dicen que se veía el crepitante resplandor como una puesta de sol detrás de las montañas. Que la nube de humo negro cubrió los cielos, ocultando las estrellas y la luna llena. Que llovía ceniza con letras impresas.

Relatan aquellos que asistieron a la pira, que con cada tomó arrojado a las llamas se escuchó un lamento. El lloro de un niño harapiento muriendo de hambre en las calles. El quejido de un abuelo que perdió la memoria hace mucho, mucho tiempo y no recuerda que jamás fue nadie a visitarlo al asilo. El histerismo de un demente golpeando el portón de su celda acolchada. El llanto de un héroe que jamás logró hallar a su amada. La angustia de valerosos aventureros que no verían zarpar sus barcos para descubrir nuevos mundos. La desesperación de los duendes y hadas que vieron cortado su portal hacia las miles de infancias que acabarían desamparadas. El latido congelado del corazón de un joven escritor que veía sus sueños arder entre las llamas. El ir y venir de un mundo que agonizaba; que ardía entre todas aquellas palabras que se consumían aquella noche cualquiera en aquella hoguera que pretendía prender la sinrazón de un pueblo dormido; herido; abatido; perdido.

___***___

Aquí mi humilde contribución a este dia de la biblioteca. Un recodatorio de los libros destruidos a lo largo de la historia por las mentes enfermas.

¡Espero que os haya gustado!

Devoradores de sueños

Deja que te explique. Nosotros vivimos de los sueños. Nos alimentamos de los sueños. Devoramos sueños. Poco a poco. Degustando sus pequeños matices y el regusto de ensueño que dejan en el paladar. Comenzamos el festín con el primer lloro al abandonar el vientre de la madre, y seguimos durante años o décadas saciando nuestra hambre con las ideas involuntarias que nacen y mueren al abrigo de la noche.

No somos monstruos, entiéndeme. Con cada pequeño bocado dejamos un inapreciable vacío en el espécimen que va creciendo poco a poco, año tras año hasta que cuando ya no queda nada que rebañar, el plato se desecha y cae en el olvido. Ese largo proceso puede apreciarse en el cuerpo del sujeto. En cómo va marchitándose su piel, sus sentidos, sus órganos… En definitiva su vida. Nuestra alimentación genera equilibrio. Un equilibrio necesario en este mundo que sin nosotros caería en el más absoluto caos.

También es cierto que no somos infalibles. En ocasiones cometemos errores y nos dejamos llevar por los instintos primarios como el placer o la gula. Hay cierto tipo de persona cuya calidad y delicadeza de su mundo interior es tal, que nos es imposible controlar el impulso de devorar con ansia sus sueños. Estas personas quedan huecas antes de tiempo, y claro, una persona sin sueños es un recipiente vacío cuya existencia no tiene ningún tipo sentido. Llegado ese punto no nos queda otra opción que dar el pequeño empujón que necesita para llevar su vacía existencia a otro nivel: Un puente sobre un río, el piso cincuenta y dos de un rascacielos, una carcomida viga de un ático, lanzarse mar adentro, los gases de un tubo de escape, veneno… Lo mismo da, el resultado es el mismo. Un problema menos y el estómago lleno.

– Extracto del prólogo de “Teoría secreta del capitalismo”*

___***___

*Como podrá adivinar el ávido lector, de existir dicho volumen, no hablaría en estos términos, aunque el significado de sus explicaciones vendría a ser el mismo. Cosas del maravilloso mundo en que habitamos.

Haikus de un día cualquiera


Calla el viento
Silencia la noche
Duerme la luna

—***—

Cantan las ranas
Salpican las aguas
Reina la calma

—***—

Golpean las olas
Ruge la tempestad
Tiembla la roca

—***—

Silban las bombas
Retumban las balas
Arde la tierra

—***—

Se hace la luz
Humean los campos
Chispea ceniza

—***—

Grazna el cuervo
Zumban las abejas
Danza la hierba

—***—

Gotas de lluvia

Siempre adoré el sonido de las gotas de lluvia golpeando en la ventana.

“Plik, plik plik, plik, plik…”

Maravillosamente arritmico y a su vez en esencia musical.

Sinfonia de partitura errática e irrepetible cada vez que es interpretada durante un temporal.

Cuando suena el mundo se silencia, se desvanece.

Nada lo perturba.

Incluso la jungla del asfalto queda en el más completo abandono al compás de esa inigualable oda a la soledad.

Ocupo mi butaca.

Me relajo.

Se atenúa la luz.

Cierro los ojos y me abandono al sueño de la eterna sonata de la lluvia en la ventana.