Somewhere in Providencia

Esta isla del tesoro perdida y olvidada en el inmenso océano es para ti

Con permiso del Sr. Baco

Con permiso del Sr. Baco

(No me llames Dioniso.
Llámame Baco)

Me voy retirando
“Eseando” al camastro
A ver si la lira y el canto
De Don Morfeo
Apartan de mi cabeza
La sensual danza de esas ninfas
Contoneándose en el frenesí
De la incansable e hipnótica zampoña
Del estimado Pan

¿Que verán en ese artista que manosea y besa día y noche sin descanso el cuerpo de Siringa?

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El arbol

Siempre fui como el árbol solitario
Erguido en mitad de la yerma nada
Enraizado donde la vida es utopía

Reflexionando acerca de como
Presente, futuro y pasado
Se mantienen inamovibles.
Nunca cambian
Hasta que la tempestad estalla
Y sus torrenciales lluvias
Alimentan hojas, raíces y ramas
Y sus revitalizadoras aguas
Calman la sed
Y esperanzan el alma

Microcuento – Dioses

Ahora que solo existe caos y destrucción donde quiera que observes, únicamente nos queda ser dioses de nuestro propio nuevo mundo. Crear lo que creemos e imaginar que se hace cierto.

¿Me das la mano y hacemos reales nuestros sueños?

___***___

Resubo este microcuento que podría servir de epilogo a la trilogía de Acrósticos de “El Ritual”, recién terminada. Puedes leerla (o releerla) aquí:

I – La escalera

II – Impío Altar

III – Nuevos dioses

¡Espero que os guste!

Acróstico – Nuevos dioses (El ritual III)

Nuevos dioses despertaron
Un nuevo orden mundial comenzó
El mundo se cubrió de sangre
Volvió un reinado de terror
Ocaso de nuestra podrida civilización
Silencio y olvidó esperan al final

Dolor y angustia es mi único recuerdo
Impío altar replicándose en sueños
Oscuro sacrificio a la luz de antorchas
Sonidos de otros planos crepitando, y
Entre las impenetrables sombras el
Sacrílego ser tentacular elevándose

Microcuento – Manantial de mágia

Sus dedos en las cuerdas hacían manar magia por todo el frío corredor del metro, pero en la funda de guitarra apenas se acumulaban unos pocos céntimos. El texto del cartel reflejaba una fiel realidad:

“Feliz día miserables”

___***___

¿Adivináis? Otro Microcuento que me han publicado en Microcuento.es. basado en una chica que cada semana, un día está en la estación de metro de Atocha tocando la guitarra clásica. Un día de Navidad me acerque a aportar a la causa y vi ese cartel (Ponía “Feliz Navidad Miserables”, pero tuve que recortar para que me entrará en la extensión de Twit). ¡Desde ese momento soy su fan número uno!

¡Espero que os guste!

La fila más larga

Llego jadeante después de una larga carrera para posicionarme delante de un par de desconocidos. Paro en seco detrás de la hasta ahora última persona de la inmensa fila que serpentea hasta mas allá de un lejano horizonte que se insinúa tras la neblina. Ahora solo queda aguardar el turno. Esperar y avanzar poco a poco a través del yermo. Paso a paso. Como todo el resto de condenados.

Un anciano senil con un bastón.

Una mujer con un lujoso vestido y ataviada con resplandecientes joyas.

Un yonqui que a duras penas se tiene en pié y que emite ininteligibles vocablos.

Una adolescente embarazada.

Dos niños que juegan y gritan sin descanso intentando paliar el aburrimiento.

Una anciana rodeada de gatos que les habla cariñosamente.

Una pareja de treintañeros que se magrean como si no hubiera un mañana.

Una niñita sola que llora desconsoladamente por haber perdido a su familia en una patera en el mar.

Un empresario desahuciado que no aparta la mirada del smartphone ni un instante.

Una chica que perdió la pierna con una mina anti persona colocada cerca de la única fuente de agua potable de su pueblo.

Un violador reinsertado y reincidente.

Un padre de familia con su pareja de hijos que se lamentan por la muerte sorpresiva de la madre.

Un deportista de élite.

Una joven con un alto puesto en una enorme corporación que se sustenta sobre puestos cada vez mas difusos.

Un cura que jamás toco a uno de los monaguillos.

Escucho el romper de las olas. Se acerca mi turno. La mujer con cáncer de pecho que esta justo delante mio se detiene un instante para toser.

Perdona. – Me dice apoyando su mano en mi hombro mirándome un segundo con la mirada cristalina. Luego se gira. Da dos pasos hacia el borde del acantilado. Titubea unos instantes y salta hacia el mar de llamas que crepita al fondo.

Es mi turno.

No tengo nada que pensar.

Salto y me dejo arropar por la cálida sensación de el fuego abrasando hasta la última porción de mi carne. Por unos instantes mis oídos capturan el sonido de mis fluidos evaporándose como un siseo entre el crepitar de las llamas.

después el silencio.

Cenizas a las cenizas.

Polvo al polvo.

___***___

Resubo esta historia que escribí inspirado en una larga cola que aguanté en el restaurante del IKEA un día de verano…

¡Espero que os guste!

Acróstico – Impío altar (El ritual II)

Insoportable hedor a sangre seca
Muerte y sacrificio sobre la roca
Palidecieron nuestros rostros
Imágenes de horrendos rituales con
Oscuras manchas pincelando la sala

Altar reposando en lo más profundo
Letanías impías nacen en la cabeza
Todo se tuerce y retuerce alrededor
Acero brillante y afilado en la mano
Regresé de aquel lugar solo, llorando

Una nueva forma de vida

– ¡Doctor, es increíble el diámetro del cráter que ha dejado el impacto del asteroide!- Dijo Álvarez con su rostro como definición de asombro.

– ¡Mi querido Álvarez céntrese! Bajemos y pongámonos a buscar restos que nos ayuden a dilucidar si realmente existe vida más allá de nuestro mundo. ¡Necesitamos hacerlo antes de que lleguen las autoridades y dejen todo limpió! Justo en el porche trasero de la casa… ¡Nunca tendremos una oportunidad cómo está! –

Y así, en el claroscuro de una noche de luna llena, dos sombras bajaron a trompicones por la irregular superficie de la rampa formada por el choque de un meteoro contra la Tierra.

___***___

-¿No es adorable Doctor?- Alvarez surgió de la parte trasera de la enorme roca que había originado el agujero en la tierra con una peluda criatura de pequeñas dimensiones encogida entre sus brazos. A simple vista podía parecer un gatito, pero una mirada más a fondo revelaba extraños rasgos que no correspondían con seres que habitan la tierra. Dos graciosas antenitas sobresalían entre las orejas de ala caída. Sus ojos color verde fosforito parecían tener la pupila con forma de estrella. En su boca se podían percibir variadas hileras de afilados dientes, entre los cuales una lengua bífida se retorcía nerviosa. Por lo demás era una adorable bola de pelo sedoso que podría ser estrella de incontables vídeos virales de tiernos animalitos. -¡Acarícielo Doctor, su tacto es increíble!-

-¡Tenga cuidado con esa criatura, mi querido Álvarez! No podemos saber su origen, sus actitudes o si trae alguna extraña y letal enfermedad procedente de su mundo de origen. ¡En cualquier caso es un descubrimiento increíble! El primer contacto con una especie alienígena y hemos sido usted y yo los que lo logramos. ¡Al fin vamos a poder conseguir nuestro hueco en la historia de la ciencia con todos los honores! ¡No podemos dejar pasar esta increíble oportunidad! Póngase ahí al lado de la roca humeante mostrando esa criatura a cámara. ¡Hay que inmortalizar el descubrimiento! – Dijo el Doctor atropelladamente sacando el Smartphone y buscando nervioso la aplicación de cámara.

-¿Escucha eso, Doctor? Parece que la criatura está emitiendo algún tipo de dulce cántico. Tiembla entre mis manos como un relajante ronroneo.- Álvarez comenzó a acariciar con insistencia el lomo de aquel animal.

Tome nota de cualquier detalle y valla pensando en un nombre para la criatura. A usted le corresponden los honores de bautizar al primer contacto extraterrestre de la especie humana. Yo soy viejo y en mi larga trayectoria he conseguido numerosos y reconocidos logros dentro de la comunidad científica y erudita. Mío es el libro traducción de antiguos, olvidados e impíos textos capaz de hacer dormir a cualquiera que se adentre en su lectura. Pero usted… Hay trenes que pasan una única vez en la vida, así que agárrese ¡Esta es su oportunidad de saltar al estrellato!- Entre tanta palabra el Doctor Ya había conseguido que la aplicación de la cámara quisiese abrirse y buscaba el mejor encuadre para inmortalizar el más importante hayazgo del siglo. -Manténgase unos segundos quieto y miré a cámara… ¡Sonría por favor!- Pulsó con el dedo pulgar la pantalla y el enfoque automático comenzó a medir la luz y la distancia para conseguir la mayor nitidez en la escena.

Esos breves instantes bastaron para desatar la pesadilla.

Una rápida dentellada de la criatura dejó sin brazo derecho a Álvarez. El rostro del becario se transformó en una máscara de sorpresa, y del muñón comenzó a manar un exagerado chorro de sangre en todas direcciones. Esa fué la imagen que captó la cámara, pero ni de lejos el final. La criatura cayó al suelo y se impulsó como un proyectil contra el rostro del becario del cual comenzó a arrancar pedazos a bocados. Los gritos de dolor pudieron escucharse a kilómetros de distancia mientras el cuerpo era devorado por el voraz apetito de un ser recién llegado de otra galaxia. Bastó menos de un minuto para que lo único que quedara de Álvarez fuese una sanguinolenta masa de restos de carne y huesos fragmentados.

La voraz criatura se relamió, se tumbó a un lado, empezó a lamerse las patitas y finalmente haciéndose un ovillo se durmió canturreando.

– “Es horrible” – Pensó el doctor mientras ordenaba sus ideas buscando la mejor manera de actuar. En ese instante, y sopesando las opciones que brindaba la situación, la solución por la que optó fue aplastar aquella criatura con alguna de las rocas del cráter. – “No puedo permitir que está monstruosidad continúe con vida. Álvarez… Lo siento. ¡Le vengaré!”

El doctor agarró una pesada roca casi esférica de al menos cuarenta centímetros de diámetro. La levantó por encima de la cabeza y se acercó a donde el ser de otra galaxia dormía plácidamente. Apuntó cuidadosamente para no errar y …

En ese momento una serie de imágenes de apariencia casi real comenzaron a materializarse ante sus ojos.

Imágenes de un bello paraíso lleno de vegetación y especies animales de todas formas y colores viviendo libres en armonía. Fuego, muerte y destrucción. Escenas de animales como aquel que habían descubierto consumiéndose en las llamas. Dolor y lágrimas difuminando la imagen. Una enorme explosión y miles de enormes rocas saliendo despedidas en todas direcciones hacia el espacio. Soledad. Eones viajando sobre restos de aquel planeta girando en el vacío sin nada que llevarse a la boca. Soledad y … Hambre. Insoportable hambre …

El doctor involuntariamente comenzó a llorar. – “No puede ser …” – Deja caer la roca a un lado y se agacha para observar la criaturita más de cerca. – “Respira con toda la calma del universo. Ahora está a salvo. Solo a años luz del que fue su hogar. Posiblemente el último superviviente de su especie dando rienda suelta al instinto más primario. Instinto de supervivencia. Motor de la vida. La pobre criatura…” – Se limpia las lágrimas y acoge entre sus brazos a la criatura que no deja de emitir el relajante sonido. – “…Solo tenía hambre…”

Ven, pequeña criatura. No tengas miedo. Te pondré a salvo. – El doctor dió un tierno beso en la pelambrera manchada de sangre aún fresca, y comenzó a ascender con cuidado por el cráter en dirección a su casa. – Bueno, visto el inesperado giro de los acontecimientos… Creo… Que te llamaré Cocó. –

Acróstico – La escalera (El ritual I)

Lóbrego y angosto era el sendero
A través del nebuloso bosque

Encontramos un acceso oculto
Siniestro agujero entre la maleza
Con árboles secos cubiertos de musgo
Alrededor como antiguos guardianes
Lentamente comenzamos el descenso
Empinada excavación en oscura roca
Rodeados de irracionales grabados, y
Al final de la escalera el impío altar

Micropoema – Mis tesoros

En este mundo
Donde todo se compra y vende
Y hasta la amistad y el amor
Tienen un alto precio
Mis mas preciados tesoros
Siempre serán
Aquellos ardientes besos.