Somewhere in Providencia

Esta isla del tesoro perdida y olvidada en el inmenso océano es para ti

El destructor del mundo

“Lo primero que haré hoy después de desayunar es destruir el mundo.”

Pensó evitando salir de la confortable y cálida cama. Afuera el crudo invierno había cubierto los valles de blanco impoluto y apenas había comenzado a asomar el sol en el horizonte. Cuando veinte minutos más tarde sacó valor para incorporarse, se estiró y bostezó perezosamente. Se acercó lentamente a la ventana y levantó con un chirrido la descolorida persiana. Se maravilló con aquel paisaje capaz de dejar sin aliento. Que exhalaba calma. En los helados caminos no se veía ni un alma. Ni un pájaro surcando los cielos o imprimiendo sus huellas en la nieve. Ni siquiera parecía soplar pizca de viento que bamboleara los árboles pelados. Sonrió.

“Así debe ser un mundo sin vida.”

Se dirigió tambaleante a la sucia y anticuada cocina, donde preparó una gran taza de café solo humeante en una vieja cafetera de hierro fundido. Agarró el recipiente y dejó que el calor se transmitiera a través del tacto hasta los débiles músculos de sus envejecidas manos. Inhaló el aroma y se regocijó con la hirviente bebida fluyendo por la garganta. Insuflando renovada vida a su anciano cuerpo. Al finalizar sintió que estaba rebosante de fuerzas. Fuerzas para llevar al fin su propósito a buen puerto.

“Si Marga siguiese viva habría querido que lo hiciese.”

El recuerdo de su esposa fallecida hacía ya cinco años regresó a su mente como un fantasma. El como lo apoyó siempre hasta en el más absurdo de sus proyectos. El como con su maravillosa sonrisa lograba que todo respirase magia. Que todo pudiese lograrse. Como aquella vez que “bajó” la luna y las estrellas, y se las entregó en el interior de un paquete por su cumpleaños.

Unas lágrimas involuntarias resbalaron por sus mejillas, y no pararon de brotar hasta que su respiración se calmó y logró alejar de la mente a su fallecida compañera.

“Tengo que terminar lo que empecé. Cuando ella se marchó todo se fue al traste. El sueño de mi vida sepultado entre recuerdos que jamás regresarán. Hoy es el día. Hoy lo desenterraré.”

Se quedó ensimismado con el rítmico movimiento de las manillas del antiguo reloj de pared de su padre colgado sobre el polvoriento papel pintado pasado de moda. Con cada “tic tac” un segundo menos de aquella solitaria vida. No permitiría que la manilla girara un grado más.

“¿Seré capaz de hacerlo? Ha pasado tanto tiempo… Tengo miedo de no ser capaz…”

No dejó que la duda siguiese socavando su voluntad. Golpeó con furia la mesa y lo hizo. Cogió su vieja pluma y un folio en blanco de un cajón del escritorio. Leyó con ansia la última hoja de un montón que reposaba a un lado. Continuó escribiendo justo donde lo había dejado hacía tantos años. Escribió y escribió sin descanso hasta que concluyó su novela inconclusa:

“…Chasqueó los dedos y la vida de aquél maldito mundo sin sentido se extinguió.

FIN”

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La vacuna

I

– ¡Por lo que más quiera estimado Álvarez, tenga extrema precaución al manejar ese recipiente, y colóquelo cuidadosamente en el contenedor hermético de seguridad! – Dijo el Doctor Arroyo claramente nervioso, con gruesos goterones de sudor resbalando perezosamente por la frente. -¿Se da cuenta de lo que significa este hallazgo? El mundo aún no lo sabe, pero… ¡Somos héroes! ¡Hemos evitado que la posiblemente mayor amenaza bioquímica de la historia hiciese estragos en la sociedad! ¡Usted y yo los salvadores indiscutibles de la humanidad! Figuras legendarias en cuanto demos a conocer lo que tenemos ahí encerrado.-

-Lo que no llego a entender Doctor es que pretendían lograr los que crearon este virus. Cada pocos segundos muta su estructura celular. Se propaga a velocidad endiablada. Tierra, agua o aire, lo mismo da. Sus síntomas ya los hemos visto reflejados en la horripilante forma de morir de todos los que trabajaban en este laboratorio. ¿Ha visto sus rostros desencajados? ¿Esas llagas ensangrentadas llenas de pus? ¿La antinatural rigidez de sus deformados cuerpos?… Podríamos estar hablando de la plaga que haría volver a la Tierra a su original forma de astro inerte… –

-Estimado Álvarez, tiene usted toda la razón, pero dejémonos de monsergas. Ha sido el destino quien le hizo hallar a usted de manera totalmente casual la ubicación de este laboratorio clandestino. Debemos dar a conocer a la humanidad la amenaza a la que ha estado expuesta, y el como usted y yo hemos acabado con ella. Tengo un conocido en la más importante cadena de televisión que estará encantado de hacer eco de esta noticia. ¡La gente está harta de tanta noticia nefasta! ¡La gente necesita esperanza! ¡La gente necesita héroes en los que creer! ¡La gente nos necesita!

II

“¡Arroyo! ¡Arroyo!” “¡Álvarez! ¡Álvarez!”

Aquel eco incesante y monótono silenciaba cualquier otro sonido natural que pudiese producirse en aquel bellísimo paraje natural cercano a la plataforma de despegue donde se erigía el enorme cohete espacial bautizado como “Vacuna”.

– Probando, probando…- El Doctor dió un par de golpecitos al micrófono situado en lo alto de un lujoso escenario al aire libre. Frente a él una multitud extasiada bailaba, saltaba, gritaba, cantaba y coreaba los nombres de los dos heroicos e ilustres personajes que habían descubierto el virus artificial conocido popularmente como “humanicida”, y evitado su propagación y la aniquilación de todo ser humano en la tierra.

Por los datos que habían transcendido en las últimas semanas en todos los medios de información, aquel terrible virus causaba una severa enfermedad que atacaba el sistema nervioso del portador e iba malformando los organos hasta crear una indescriptible pasta de carne y sangre que acababa por inutilizar completamente el sistema digestivo y respiratorio, todo ello en un largo proceso de insoportable dolor. La enfermedad era capaz de propagarse por cualquier medio conocido, y la capacidad de mutación y multiplicación de su estructura de ADN hacia imposible encontrar una cura a tiempo. Si alguien resultaba infectado, el tiempo restante de vida que podia estimarse era de entre seis y nueve meses, dependiendo de las defensas del portador. Se pudo comprobar aquella horrorosa evolución casi en directo mediante ensayo humano involuntario en todo el personal de uno de los laboratorios encargados de evaluar el riesgo para la salud pública de aquella monstruosa creación, cuando un pequeño error en el protocolo de estanqueidad propagó en cuestión de minutos aquel letal e indeseado invitado. La Organización Mundial de la Salud actuó emitiendo alarma sanitaria y se impuso cuarentena en un radio de varios kilómetros a la redonda de aquel lugar. Cuando terminó toda aquella lenta agonía ante la atónita mirada de los espectadores, el lugar fue arrasado por una potente explosión nuclear que resultó ser la única solución fiable para erradicar la epidemia de allí. Finalmente se concluyó que era extremadamente arriesgado mantener ese virus cerca de la humanidad, dado que el más mínimo error podría resultar en una pandemia capaz de extinguir la vida en la tierra.

Aquella impresionante congregación era precisamente para asistir como testigo a la solución adoptada: Alejar el virus lo máximo posible de la Tierra y aislarlo en algún lugar de los confines del sistema solar donde resultara inocuo.

Álvarez se acercó al doctor que parecía extasiado contemplando la multitud. Lo sacó del ensimismamiento tocando su hombro y le dijo guiñando el ojo: – Doctor. Ha llegado nuestro momento. El momento de hablar al mundo como Salvadores. Sé que lleva una vida esperando un momento como este, así que salga al escenario y muestre el material de que está fabricado. Yo no tengo las suficientes tablas como para no sucumbir al llamado “miedo escénico”, pero usted… Dejará anodadado al público con su erudición y bien estar sin parangón.

-Gracias querido Álvarez. No dude usted que le otorgaré el crédito que merece, aunque ante esta enaltecida congregación se mantenga en un discreto segundo plano. Es hora de alcanzar los cielos. – El doctor dió la vuelta, se acercó al micrófono y respiró profundamente llenando sus pulmones del aire limpio de aquel paradisíaco valle entre las montañas.

– Damas y Caballeros. Espectadores del mundo entero. Me dirijo a ustedes para darles una excelente noticia. – ‘Pausa dramática’ – Pueden seguir viviendo en la comodidad de sus hogares sin el temor a este horrible virus del que han estado escuchando hablar día y noche sin pausa los últimos meses. Desde que mi fiel ayudante Álvarez y yo mismo halláramos esta creación, hemos estado buscando sin descanso una solución a la amenaza global que representaba, y esta al fin ha llegado. A su derecha pueden ver erigirse el cohete espacial que alejará el “humanicida” para siempre de nuestras vidas y pensamientos. Lo hemos querido bautizar no con cierta ironía “Vacuna” , y su función ya está fijada. En unos minutos comenzará la cuenta atrás y asistiremos en directo a un hito en la historia de la humanidad. Diremos adiós a un punto de inflexión de nuestra existencia y comenzaremos una nueva era esperanzados con el camino que el destino ha querido brindarnos poniéndonos a mi fiel ayudante Álvarez y a mí en el epicentro de esta historia.

Si bien es cierto, que aún queda la incógnita de quien es la mano negra que se encuentra detrás de la creación de este patógeno, no dudo de la eficiencia de los servicios de inteligencia de este planeta, y que darán con ellos sin demora. Con estas palabras que acabo de brindarles, les dejo disfrutar del momento. Demos comienzo a la cuenta atrás.

¡Salud! –

Un muro sonoro de aplausos y vítores se erigió ahuyentando el silencio, el Doctor se posicionó al lado de su fiel ayudante y miró dirección a la plataforma de lanzamiento mientras gritaba para sus adentros: “¡Ha sido una experiencia increíble!”

III

“¡Silencio! ¡Silencio! ¡Comienza la cuenta atrás!”

El mundo entero parecía enmudecido mientras las pasarelas y personal de aquel complejo se alejaban de la plataforma de despegue. Cuando no quedó ni un alma, los eternos segundos de silencio comenzaron a correr hasta que alguien de rango indeterminado frente al panel de mando de la torre de control inició el sistema de megafonía.

Los altavoces comenzaron a escupir la cuenta atrás y el último aviso. Mientras las palabras iban sucediéndose, el Doctor debido a los nervios y emoción del momento tuvo una fugaz y horrenda ensoñación en la que la muchedumbre que allí se encontraba festejando la victoria de la vida era calcinada por las llamas del cohete que estaba a punto de despegar. Cuerpos retorciéndose, llorando, gritando, humeando, ardiendo… Sacudió la cabeza y miró a su fiel ayudante Álvarez que tenía la vista enfocada en la imponente aeronave. Sonrió.

¿Que podía salir mal?

“Cuatro… Tres… Dos… Uno… ¡Ignición!”

El motor del armatoste rugió mientras los componentes inflamables se mezclaban y emitían los gases que impulsarian aquel amasijo de plástico y metal donde jamás había alcanzado el ser humano. Una chispa en el interior salto y la nave comenzó a elevarse vomitando fuego como un Tiamat o Smaug de leyenda cualquiera.

Como no podía ser menos, a lo largo y ancho del globo miles de millones de miradas permanecian clavadas en las pantallas, ya fueran de televisión, ordenador o smartphone, visionando en riguroso directo como aquella amenaza se hacía por instantes diminuta en la distancia.

Y así fué como ante la mayor audiencia de la historia de la humanidad, se televisó el mayor desastre jamás acontecido.

A unos quince mil metros del suelo la nave simplemente estalló, esparciendo el letal virus en la atmósfera.

El Doctor ojiplático sintió como un terror que nunca antes había sentido comenzó a adueñarse de sus músculos, que involuntariamente comenzaron a temblar. El y su fiel ayudante Álvarez habian traído el desastre a la humanidad aún con la mejor de las intenciones. Al final, de nada había servido encontrar aquel virus. El resultado había sido el que habria deseado la mano negra que había fabricado aquella monstruosidad. Seguramente sabían el resultado, o… ¿Y si habían saboteado el cohete?

-Mi fiel ayudante Álvarez. Tengo una pregunta que hacerle. ¿Ha visto entrar o salir a alguien sospechoso de la zona de seguridad? Creo que… Sabotearon la aeronave… Aunque… Ya nada importa. Estamos condenados. La especie humana está condenada…- Sin darse cuenta se puso a llorar desconsoladamente y se vió obligado a callar. Se secó las lágrimas con la manga de la camisa y miró a su silencioso e inmóvil ayudante Álvarez.

En ese momento lo comprendió todo.

La demente sonrisa de su fiel acompañante mirando la nube de humo difuminándose en la atmósfera lo delató.

El último pensamiento del Dr. Arroyo antes de colapsar, sufrir un irremediable ataque de ansiedad y caer en redondo al suelo fué:

“¿Como pude ser tan idiota de creer que únicamente la casualidad o la suerte nos llevó hasta aquel laboratorio oculto?”

La Diosa

Bailando con la Diosa

Una blanca silueta femenina perfilada entre la tenue bruma de la madrugada con el pelo de plata cayendo suavemente como una cascada.

Libre y salvaje.

Un negro profundo salpicado de moribundas estrellas como telón de fondo.

Y en la distancia el sonido del mar golpeando las rocas.

Un halo de mágica luz blanquecina parecía envolver su cuerpo desnudo como la sombra adherida a sus gráciles y lentos movimientos.

Paralizado por el hechizo de la belleza, observé durante horas su armoniosa danza bajo las estrellas.

Horas que probablemente fueron segundos.

Segundos grabados a fuego en mi memoria que se repiten constantemente para recordarme que una vez pude estar en contacto con lo divino.

A solo unos metros.

Si hubiese podido caminar habría podido acercarme y estrechar su mano.

Sumergirme en sus profundas pupilas de otro mundo.

Besar espontáneamente sus labios.

Y bailar.

Estrechando su cuerpo contra el mio en un baile eterno hasta que nuestras respiraciones, latidos y deseos se fundieran en una única entidad.

Hija de la luna o de alguna estrella.

¿Volveré a verte?

¿Podré sentirte?

¿Acariciarte?

¿Al menos soñarte?

___***___

Uno de los escritos incluidos en “Crónicas de un bufón loco”, mi primera antología, la cual puedes conseguir aquí.

¡Espero que os guste!

Libro solidario – Autorretratos de un bufón loco – Work In Progress

Miré mi legañoso y triste rostro en el espejo y vi reflejado el bufón loco que llevo dentro, que todos llevamos dentro. Y ante en aquella opresora soledad estallé en histéricas carcajadas.

___***___

Ahora que ya está publicado “Ensoñaciones de un bufón loco”, toca ponerse a trabajar en el siguiente proyecto. Para esta ocasión he decidido hacer algo bastante diferente, pero completamente lógico si piensas en la trayectoria y temática de los escritos del blog.

¡Un libro solidario!

La idea es alejarme del formato simple de bolsillo y traer un volumen con formato de 18 x 23 cm de unas 350 páginas y tamaño de letra 11 (12 me aumentaba demasiado el número de páginas). En el se incluirán “Crónicas”, “Delirios”, “Ensoñaciónes” y el que sería un 4 volumen por publicar… ¡Éste!

Si os hablo del formato es por un motivo claro.

Como ya he comentado, al ser solidario mi idea es donar todos mis beneficios a una ONG (Preferiblemente ecologista, aunque estoy abierto a sugerencias), y con dicho formato, si pongo el libro a 9,95 € (10,50 $) (Un precio tan bajo lo consigo gracias a que maquetación, diseño de portada y demás características las realizo yo mismo, por lo que reduzco los costes a 0. Creo que un libro de estas características es dificilísimo encontrarlo a dicho precio, lo que lo hará un regalo espectacular) lo que donaría por ejemplar serían 1,30 €. (Barajo también 11,95 € cuya donación serian 2,5 €, pero eso lo pensaré mejor en la recta final).

Sea como sea, al tratarse de un proyecto solidario, he abierto la puerta a los aportes que cada uno pueda hacer (No económicos, esos son al hacerse con los ejemplares), si no comentando en vuestros blogs y redes sociales el proyecto para hacer que no quede en una idea fracasada, y participando en las diferentes decisiones que iré planteando para que llegue a buen puerto.

Así de primeras, os diré que he pedido que escriba el prólogo a uno de nuestros queridos amigos blogueros que tiene mis tres anteriores obras, que además ha dejado crítica en Amazon y del cual adoro sus escritos (Relatos y novela): Lothrandir

Uno de los textos de la carátula trasera está escrito por el auténtico y mítico Dr. Arroyo (Protagonista de mi serie de relatos).

Y la imagen del cuadro que aparece enmarcado en la portada (La imagen de la entrada es un banner que he creado con los elementos de esta) esta donada por un seguidor (Autor del cuadro) de mi página de Facebook (Enlace abajo, seguirme y veréis como tenéis entretenimiento diario, como mis colecciones de discos, mis fotos de muñecos asesinos, y podréis seguir de primera mano el desarrollo del proyecto)

Allí además iré comentando en que podéis ayudar, ya sea respondiendo a mis cuestiones, o dando ideas de ONGs. ¡Si el aporte es continuado os incluiré en la lista de participantes y agradecimientos!

Por cierto… Fecha de publicación… 6 de Marzo de 2020

Y después de esto solo me queda dar las gracias por vuestra atención y animaros a participar en este proyecto. ¡Nos leemos!

Seguid el proyecto en Facebook en el siguiente enlace dando al “Me gusta”. ¡Os espero!

FACEBOOK

Microcuento – No sueltes mi mano

– Dame la mano y no la sueltes jamás, por favor. – Dijo, y el “rigor mortis” hizo el resto del trabajo.

—***—

¿Adivináis? ¡Exacto! Microcuento.es eligió otro de mis Microcuentos, en este caso para un desafío que hacen semanal haciendo un microcuento basado en una imagen (No la he cogido por si acaso).

¡Espero que os guste!

Gris existencia

Desde que puedo recordar
Mi vida siempre fué
Un interminable e invariable llano
De suelo liso, incoloro e inerte
Bañado por luz grisácea, difusa y neutra

Camino sin rumbo ni destino
Pues este jamás estuvo fijado
Deambulando como un nómada
Este lienzo jamás bosquejado
Sin dejar huella ni trazo
El sonido seco de mi caminar
Es lo única pista hace suponer
Que continuo vivo
Para poder dar un nuevo paso

En algún momento
Noto que algo está variando
La atmósfera se tensa
La respiración se hace más densa
Y aquí y allá
Pedazos de esta realidad vacía
Comienzan a desprenderse
A elevarse
Y desvanecerse
Cómo volutas de humo en la distancia

Cada paso puede ser el último
El mundo se está derrumbando
Bajo mis pies ya solo existe
Un delgado desfiladero
Que se retuerce y serpentea
Hacia la nada

Ya no existe posible maniobra.
Me hallo erguido
Sobre el último pedazo de tierra.
Apenas una superficie
Sobre la que apoyen
Los pies descarnados
Que cada instante se reduce
Más y más.

Solo puedo caer o saltar
Hacia los grisáceos abismos.
Interminables llanos verticales
Incoloros e inertes
Bañados por luz grisácea, difusa y neutra.

Caigo, o tal vez salto al vacío
Necesito avanzar y respirar
En este universo inhóspito sin sentido
El que conocí al nacer
El que me verá morir
En mitad de la nada

La soledad de Jonás

CIUDAD FANTASMA

“Jonás abrió los ojos, y a su alrededor solo vislumbro oscuridad. Intento levantarse después de frotarse los ojos para eliminar los restos de legañas, y sintió como sus extremidades respondían de mala manera por la falta de alimento de los últimos días. Se apoyó en una pared próxima con las manos, y con un enorme esfuerzo se logró poner de pie. Sintió un pinchazo en la sien tan potente que apretó los dientes y emitió un gruñido tan fuerte como sus escasas fuerzas le permitieron. Mientras el creciente dolor de cabeza le taladraba el cerebro, recordó entre brumas mentales el como había llegado a esta situación.

Recordó como había encontrado abierto aquel escondido almacén en la vieja zona industrial al otro lado de la calle residencial al intentar huir del abrasador sol. Como había recorrido las desmoronadas estancias lenta y minuciosamente en busca de algo de alimento que llevarse a la boca. Como finalmente encontró en uno de los abandonados despachos, tras unas pilas de cajas, un pequeño armario mini bar lleno de viejas botellas de Bourbon, la mayoría de ellas, con el precinto de garantía todavía puesto. ¡Aquella había sido una buena noche para emborracharse, recordar los buenos momentos y olvidar todo lo malo en la más absoluta soledad!

Avanzo lentamente y con mucho cuidado por la habitación, palpando todo a su alrededor para no tropezar con alguno de los destrozados muebles que le rodeaban, aunque restos de escombros desperdigados por el suelo le hacían sentir que de un momento a otro caería golpeándose contra el suelo y no podría volver a levantarse. Esto último no ocurrió, y finalmente localizo la puerta del despacho. Estaba abierta. Intento recordar si al final con la borrachera la había cerrado, pero esa parte de la noche anterior había abandonado definitivamente su cabeza. Y en cualquier caso, poco importaba, ya que hacía semanas que no veía a nadie por la ciudad. Se paró en el umbral, y noto la desagradable sensación de que todo a su alrededor giraba sin ningún control. Instantes después se encontró agachado en una esquina vomitando bilis y restos de alcohol que su cuerpo no había podido aun asimilar. Cuando se incorporó se alejó trastabillando sin importarle haber dejado el suelo lleno del espeso fluido. Nadie acudiría para reprocharle nada, pues se encontraba solo en ese infernal lugar.

Encontró la cinta que abría la persiana de una ventana próxima. Y durante unos instantes dudo si era conveniente dejar pasar la luz que probablemente le cegaría y le incrementaría el ya de por si horrible dolor que le palpitaba en el interior del cráneo. Finalmente, agarro con fuerza la deshilachada cinta y tiro hacia abajo, dejando pasar una ingente cantidad de luz solar por todo el recinto. El haz de luz dejaba ver el polvo que flotaba en el ambiente, y alguna de sus partículas reflejaban la luz de tal manera que parecían aquel mágico “polvo de hadas” que hacia volar a los niños perdidos hacia Nunca Jamás. Observo a su alrededor, y vio las botellas de whisky vacías amontonadas al lado de la chaqueta que había utilizado como lecho aquella noche, así como el vómito que había depositado segundos antes sobre la descolorida pared y suelo, extendiéndose como una implacable marea. Sintió como se le revolvía el estómago de nuevo al ver la escena, y antes de volver a vomitar se alejó de aquel lugar que se le antojo que olía a alcohol, bilis y sudor.

La puerta que daba al exterior estaba cerrada. Jonás agarro el pomo metálico y sintió como se le quemaba la palma de la mano debido al mortal calor que despedía el sol. Giro el pomo y miro el exterior. Contemplo como los edificios de aquel pequeño barrio obrero antes ocupados por innumerables familias, despedían una triste sensación de abandono y decadencia, mientras un vengador sol mataba cualquier resto de vida en las solitarias calles. Contemplo el Bulevar comercial que ya no tenía las colas de clientes que lo abarrotaban en los viejos tiempos. Levanto su vista hacia el cielo de un azul profundo comprobando que estaba igualmente abandonado por las aves que antaño lo surcaban sin ningún límite de espacio, y que ninguna nube tapaba aunque solo fuera por breves instantes la estrella que lo alumbraba. “¿Cómo hemos llegado a esta situación?” se preguntó Jonás, aunque sabía sobradamente la respuesta. Se sabía desde hacía demasiado tiempo. Tanto, que si la humanidad hubiera querido se habría podido evitar, el problema estuvo en que no quiso. Volvió al interior del edificio para recoger la chaqueta que había utilizado esos últimos días para evitar que el sol le quemara. Y salió al exterior en busca de algo de alimento.

Caminaba despacio por las calles, para no echar a perder inútilmente las pocas fuerzas que le quedaban. Miraba con añoranza las calles de aquel lugar que hasta hacia unos meses había llamado hogar. Las jardineras vacías de plantas. Las paradas de autobús y las bocas de metro sin ningún viajero. Y no pudo reprimir que unas lágrimas resbalaran por su mejilla al pasar por delante de la casa que tan buenos momentos le había hecho pasar con su querida Lucia.

Habían pasado tres días desde la última vez que había estado con ella. Encerrados en casa día y noche haciendo el amor y recordando los buenos tiempos y esperando el final que habían sufrido todos sus vecinos al acabarse la reserva de alimentos de la ciudad. Por suerte Jonás y Lucia tenían una buena reserva de alimentos en la despensa. Y dado que ambos eran conscientes de que aquello no duraría mucho tiempo, habían decidido pasar los últimos momentos de su vida haciendo lo que mejor sabían hacer desde que se conocieron 15 años atrás. Amarse. Pero ahora… Ahora Lucia yacía muerta sobre la herrumbrosa cama, alimentando a las ratas y cucarachas que seguramente sobrevivirían a aquella catástrofe que asolaba al planeta. ¿Por qué a escondidas Lucia había dejado de comer? Jonás ahora comprendía el sacrificio que su amor había realizado en pos de mantenerle a el con vida, aunque solo fueran un par de días más. Pero el no lograba recuperarse del duro golpe que le había dado el destino, dejándole abandonado a su suerte, completamente solo en un mundo en plena decadencia.

Mientras lloraba mirando su antigua vivienda, Jonás tomo una última decisión. “¿Merecía realmente la pena el prolongar la vida en un lugar en donde la vida había sido negada desde hacía tiempo? Tal vez las religiones no estaban tan equivocadas al proponernos una alternativa a la desaparición total de nuestro cuerpo y alma. Tal vez un paraíso nos espera cuando la lógica nos dice que una vez muertos solo nos queda la existencia eterna como polvo. Tal vez el esperado Armagedón había llegado para llevarnos a todos a un nuevo lugar donde nuestro afán creador y autodestructivo no tuviera límites. Tal vez los sueños de los hombres continúen vagando por el infinito espacio por siempre, buscando el momento de volver a reencarnarse en existencia terrenal. Tal vez…”

Una hoja arrugada de un viejo diario pasó volando arrastrada por el viento y se detuvo a los pies de Jonás, interrumpiendo sus cavilaciones. Jonás se agacho, recogió y leyó el texto amarilleado y casi borrado por el sol. Se trataba de la portada del diario que daba la noticia de que todo había terminado, y de que los errores acumulados por el ser humano en los últimos años habían finalmente dado el fruto que todos esperaban pero que nadie quería creer. La capa de ozono había sido finalmente destruida por los gases tóxicos, dejando pasar toda la potencia calorífica de la estrella que nos alumbraba y daba vida, en forma de destructores rayos ultravioletas. Jonás noto un fuerte dolor en el pecho al releer aquella terrible noticia y evocar las imágenes que habían dejado ver las pantallas de televisión en los últimos programas que emitieron. Y su mano instintivamente apretó el papel hasta hacerlo una bola y lo tiro lo más lejos que pudo hasta que golpeo contra la acera y rodó por el suelo arrastrado por el viento.

Jonás se quitó la camiseta, zapatos, calcetines, pantalón y ropa interior. Aparto su ropa a un lado y tumbo su cuerpo desnudo en las ascuas que ahora formaban la calzada. Sintió como a velocidad de vértigo el calor del astro le formaba llagas en todo el cuerpo y como el agua que lo formaba se evaporaba convirtiéndose en pequeños hilos de vapor. Y a pesar de que el dolor y la tortura se le hacía insoportable se prometió a si mismo que no dejaría escapar ni un grito de dolor, pues el mayor dolor ya lo había sufrido días antes, cuando Lucia le abandono para toda la eternidad. Miro al sol y noto como todo se volvía de un blanco intenso para tornarse momentos más tarde en la más absoluta negrura. El último hombre sobre la tierra había muerto tal y como el primer hombre había llegado al mundo. Y con el, murió también el sueño de la humanidad, que se había prolongado ya muchos siglos.

Ahora sobre la marchita tierra, solo existen resquicios de lo que había sido su especie dominante. Derruidos edificios que se tornaran polvo con el paso de los milenios. Oxidados vehículos de metal que se volverán polvo por la corrosión. Restos de papel provenientes de periódicos, libros y panfletos publicitarios que serán arrastrados por el viento hasta hacerse polvo por la eterna erosión. Ahora solo queda un recuerdo que se tornara polvo cuando nada de lo creado por el hombre en toda su existencia quede en pie…”

Jonás dejo de escribir y se levantó del escritorio. Hecho una mirada hacia la cama donde dormía plácidamente Lucia y sin hacer ningún ruido se acercó y la dio un suave beso en la frente. Jonás volvió a la mesa, apago la lamparita y enfilo hacia la cocina para comer algo. Las largas horas escribiendo con la tenue luz de la lamparita le habían dejado los ojos agotados. Abrió la nevera y sintió el suave frescor que emanaba de ella. Cogió un yogurt y se dirigió al sofá. – ¿Cómo puede mi amor dormir con el calor que hace? – se preguntó mientras encendía el televisor y ponía el canal internacional de noticias. Las noticias eran las de siempre. Guerra en Oriente Medio, hambre en África, pobreza en Suramérica, violencia en Norteamérica e indiferencia y atisbos del renacer del racismo en Europa. Accidentes en la carretera. Entupidas discusiones entre Políticos. Violencia machista. Fútbol para mantenernos contentos y alejados de los problemas que nos rodeaban. Y para terminar una noticia que le hizo esbozar una sarcástica sonrisa – “Científicos estadounidenses confirman que este año el hielo de los polos se ha derretido al doble de velocidad que el año anterior por el efecto invernadero…”

___***___

Re-subo este relato incluido en “Delirios de un bufón loco”, segunda antología. Quedó finalista en el “I Certamen literario monstruos de la razón” en la categoría de ciencia ficción y se publicó en una antología con finalistas y ganadores. Lo divertido del asunto es que por mi apellido, figuro el primero de los autores.

Puedes conseguir “Delirios de un bufón loco” aquí

¡Disfrutarlo!

A-Microcuento – En un otoño cualquiera

¿Quien podría haber imaginado que aquella suave e insignificante llovizna de un mortecino día gris de un otoño cualquiera sería la última lluvia que la tierra vería?

___***___

Aquí traigo otro de los Microcuentos con extensión de Twit que me han publicado en microcuento.es

En “Ensoñaciones de un bufón loco” he incluido un “capítulo” con el mismo nombre que el libro en el que incluyó 35 Microcuentos, muchos de ellos publicados en dicha página.

Consigue “Ensoñaciones de un bufón loco” aquí

¡Espero que os guste!

Epopeya

Siempre quise poder escribir
Ese tipo de historias
Acerca de cobardes principes azules
Y princesas que esgrimen espadas
Y cortan su melena buscando libertad
Piratas y bucaneros
Detrás de tesoros enterrados
Ladrones de medio pelo
Y viajeros de esos que relatan
Las grandes leyendas del pasado

De viajes al corazón de las tinieblas
O al último círculo del infierno
Y su inesperado regreso
De lenguas viperinas
Cuya misión es truncar la epopeya
De pasos en falso al filo del abismo
Y la mano amiga que impide la caída
De muerte entre las cenizas del ocaso
Y renacer en las llamas del amanecer
De puertas milenarias cerradas
Y la llave oculta al alcance de la mano

Con momentos críticos en los qué
Desistir parezca la única opción
Pero continuar el viaje porque
La meta se antepone a la razón

Acerca del mítico camino del héroe
Del protagonista de orígen humilde
Con sus sabios mentores
Y elevadas aspiraciones
Con su amarre a la vida
Y la fuerza de voluntad
De no desfallecer jamás
Y cuando todo parece perdido
Confiar en la suerte
O en los dioses
Y sus divinos juegos de azar

Si ese siempre fue mi mayor deseo

¿Como terminé escribiendo una y otra vez decadentes escritos acerca de lo que atormenta mis eternas noches de insomnio?

Llegó con la lluvia

Oficina detective privado

I

La clásica historia. Un oscuro antro en los suburbios que vivió épocas mejores. Paredes cubiertas de grafitis que ocultan grafitis. Una destartalada placa con las letras medio borradas que dejan intuir de qué tipo de local se trata: “J. Detective Privado”.

El interior huele a humedad. A la humedad que cubre la agrietada pintura y la tiñe de malsano y mohoso verdor. Una decaída planta de interior intenta dar ambiente a las desgastadas sillas de madera con tapicería pasada de moda que hacen las veces de improvisada sala de espera que jamás hizo méritos para ganarse ese miserable título. La poca luz de la sala la aportan los perezosos rayos de sol otoñal que se infiltran por los huecos entre lamas de aluminio de un estore a medio subir.

J. está en la habitación adyacente. Envuelto en las tenues sombras que proyectan los incontables archivadores de informes de casos ya olvidados que descolocados adornan las esquinas. Pies sobre la mesa. En la comisura de sus labios un cigarrillo con un centímetro de ceniza luchando encarnizadamente con las leyes de la gravedad emite un finísimo hilo de humo que forma una etérea neblina. En un perchero cercano a la puerta descansa una roída gabardina coronada con un sombrero gris de aspecto anticuado. Suena en la radio el murmullo de una emisora de rock ochentero en exclusiva para su único oyente.

A J no le importa nada. Se concentra en el Sudoku difícil de un diario de hace dos días. Frunce el ceño con sus cábalas numéricas haciendo que las arrugas se le marquen como surcos en la tierra. La edad empezaba a hacer mella, pero cuando te parabas a observarle podías deducir que en su juventud había sido un hombre muy atractivo.

Alto de algo más de metro ochenta. Ojos claros de un color indeterminado situado entre el azul cielo y el gris plata. Mandíbula prominente vestida con barba de tres o cuatro días. El rostro salpicado con alguna cicatriz de reyertas de juventud. Con pelo abundante y castaño claro con corte de galán de manual sacado de alguna película de los años cincuenta solo que treinta años desfasado.

Deducciones al fin de al cabo, ya que en realidad se trataba de un hombre hueco y roto por dentro. Al menos desde que hacía un año perdió a la que él pensaba podría ser la mujer de su vida. Clásica equivocación por la ceguera de una explosión de pasión que llegó como se marchó, de forma totalmente casual e imprevista.

II

Fue un lluvioso día de otoño.

Tintineo de la campana de la puerta. Chirrió de los goznes seguido del golpe seco de la puerta al cerrarse. Respiración rápida y sin pausas.

-Buenos dí..

Enmudece al ver a la visitante. Delicada y pálida como una flor de invierno en un recóndito valle cubierto de escarcha. Un ceñido y elegante vestido de color negro y zapatos a juego. En su cabeza un gorro de lana con un pompón alicaído en su cima por la fuerte lluvia que cae en el exterior. Ojos color miel. Infinitas pestañas. Labios carnosos, ligeramente rosados, casi blancos. Melena castaña que cae ondulada por su espalda como la cascada del borde del mundo. Pechos pequeños pero insinuantes. Cintura de curvatura imposible seguida de la zona de obligada deceleración por peligro de accidente que eran sus caderas. Piernas infinitas. Parecía una imagen arrancada de un sueño.

Cogió aliento y comenzó a calmar la respiración. Lo escaneó con la mirada. Lo atrapó sin haber pronunciado aún palabra. Y la pronunció.

-Buenas tardes. Perdone la entrada tan abrupta pero fuera hace un tiempo de perros y tenía la sensación de que un grupo de matones iban siguiéndome…- Su voz como un canto iluminó lo lúgubre de aquel lugar. J. Se quedó unos segundos sin palabras. Los segundos que tomó su corazón en acelerar y superar el límite establecido.

Pasa, no te quedes ahí parada que estás empapada- dijo mientras a toda prisa se acercó al baño a coger una toalla. – Siéntate donde quieras y dime, que te trae a este lugar?…

III

Sin saber cómo, ella acabo durmiendo en su cama mientras el intentaba acomodarse en el sofá monoplaza dentro del pequeño apartamento céntrico que J tenía alquilado.

El nombre de la ninfa era Iris y apenas llegaba a los 24 años. Sobre su pasado J solo pudo sacar en claro que había llegado a Madrid el mismo día que sus caminos se cruzaron. Buscaba a alguien pero parecía haberlo olvidado o ya no importaba. No tenía dónde quedarse y él se sintió obligado a otorgar refugio a aquel ángel surgido de la nada. Lo que estaba claro es que su encuentro había sido fruto de la más absoluta casualidad. El destino a veces tiene esas gracias.

Habían pasado dos semanas y cada vez su imagen iba conquistando un poquito más de terreno dentro del marchito reino de sus pensamientos. Se veía pasando las horas en la oficina vacía observando el lento avanzar de las agujas del viejo reloj de pared deseando que llegará la hora de regresar a casa y verla.

Cuando finalmente llegaba la hora se movía como impulsado por una fuerza invisible. Su alrededor se desenfocaba a excepción del punto de fuga que era la puerta del apartamento.

La encontraba leyendo alguna revista. O viendo la tele acurrucada en el sofá. O escuchando música en la habitación cantando por encima con una pésima pronunciación del inglés que en su voz sonaba encantadora. Un día la encontró dormida en el sofá como una imagen de cuento y al sentir la puerta pudo verla desperezarse.

Siempre le dedicaba una sonrisa que alegraba el día más triste y le saludaba. -Holis J!- dándole un beso en la mejilla. En ese instante el moría y revivía. Pero no sacaba el valor para mostrar lo que realmente deseaba.

Después solía encerrarse en la habitación canturreando entre susurros siempre la misma letra…

“I can hear your heart. Can hear your heart…”

IV

Un día casi sin saber cómo la vida de J dejó de pertenecerle. Llegó flotando al apartamento y al sacar el llavero escuchó en el interior la música a un volumen superior al habitual.

“The sky was bible black in Lyon”

Ella vestida con un pantalón vaquero corto ajustado y un top, bailaba en medio del salón iluminada por la tenue luz de velas.

“when I met the Magdalene”

Sobre la mesa una botella de vino tinto abierta con dos copas: una de ellas llena y la otra a medio beber.

“She was paralyzed in a streetlight”

Ella se acerca con caminar continente. Le saluda con un beso en la mejilla y Le agarra las manos.

“She refused to give her name”

Lo arrastra despacio hacia el sofá. Sus caderas se balancean como el caer de una pluma.

“And a ring of violet bruises”

Lo invita a sentarse con un guiño y le tiende la Copa de vino. Ella coge la suya y las tintinea.

“They were pinned upon her arm”

Se moja los labios tintados de rojo mientras le clava la mirada no tan inocente en los ojos.

“Two hundred francs for sanctuary”

Se gira y se aleja lentamente hacia el centro del salón donde continúa su hipnotica y sensual danza.

“and she led me by the hand”

Se vuelve hacia J. Levanta la Copa y vacía de un trago el contenido. Lo señala con el índice y le ordena sin palabras que se acerque.

“To a room of dancing shadows”

La marioneta sin voluntad obedece. Se acerca con baile torpe y ella extiende sus brazos alrededor de su cuello.

“where all the heartache disappears”

No hay espacio entre los dos cuerpos que se mueven como uno solo. Ella apoya la cabeza en su hombro. El nota la húmeda respiración en su cuello.

“And from glowing tongues of candles”

J se aferra con fuerza a su cintura y suavemente comienza a deslizar hacia abajo sus fuertes manos. Los carnosos labios de Iris entra en contacto con su piel. Los cuerpos se estremecen.

“I heard her whisper in my ear”

Los brazos de J elevan a Iris buscando la colisión entre labios. Se produce como un estallido. Ambos se aprietan como si buscarán fundirse en un único elemento. Aleación de pasión.

“‘j’entend ton coeur'”

Es un punto de no retorno. Sexo. Pasión. Atracción animal. Puro instinto primario. La tarima acoge dos cuerpos que se entrelazan. Se retuercen. Se enmarañan.

“‘j’entend ton coeur'”

Respiración profunda. Jadeos. Sudor. Saliva. Flujos. Semen. Gritos. Silencio.

“I can hear your heart”

Dos cuerpos desnudos abrazados. Ella se acomoda sobre el tórax de J. Susurra:-“Puedo escuchar tu corazón. Escuchar tu corazón. Escuchar…”.

“Can hear your heart”

Fundido en negro cuando se extingue la llama de la última vela.

“I hear your heart…”

V

Al despertar Iris había desaparecido igual que apareció en su vida un mes atrás. La cabeza de J gustaba de revivir aquella última noche como un sueño recurrente. Una y otra vez agudizaba el oído deseando escuchar otra vez el tintineo de campana anunciando su llegada aunque fuese imposible. La oficina y su apartamento se habían convertido en los lugares más lúgubres y grises del mundo. Pozos de miseria que absorbían la luz y la vida.

La radio seguía sonando. J apoyo el diario sobre el escritorio. Se vio a si mismo llorando. Inevitables lágrimas al recordar el día de después a su noche de ensueño.

Un puente sobre el río Manzanares.

Un ángel cae con las alas rotas y sin arnés.

El último pétalo de la flor más hermosa flotando río abajo.

Nadie la conocía. Apareció. Dejo un suceso en los telediarios y un corazón destrozado. Se marchó dejando atrás un mundo aún más triste. Un mundo que seguiría girando aunque imperceptiblemente más lento.

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Re-subo este relato sobre encuentros inesperados que está incluido en mi tercer libro “Ensoñaciones de un bufón loco” (Versión Kindle aquí). Tiene entre sus líneas varias referencias a Marillion. Comenzando por la canción (Posiblemente la canción sobre un encuentro con una prostituta más bella letristicamente hablando ) y terminando por el trágico final (El posible final de la historia de Brave. Una obra maestra de los discos conceptuales, sobre una chica que va a suicidarse).

¡Espero que lo disftuteis!