Somewhere in Providencia

Esta isla del tesoro perdida y olvidada en el inmenso océano es para ti

Microcuento – En la ciudad de las cien lunas

Un día dejó de soñar, pero se siguió acostando cada noche a la misma hora con la esperanza de regresar a la ciudad de las Cien Lunas y de nuevo mirar el horizonte junto a ella desde su habitación acristalada.

La montaña

santiago_2Dde_2Dchile

A través de la ventana se puede ver la montaña

Inmensa, solitaria, inmóvil, serena.

Con sus grises riscos cubiertos de un manto blanco

Con sus ocultos y polvorientos senderos olvidados.

Amaneceres, ocasos, lluvias de estrellas, cielos nublados

Lluvias, tormentas, el sol destellando,

y rompiendo el silencio el viento silbando.

En algún lugar cercano bajo la sombra de su falda

Ríe un niño jugando, cierra los ojos un anciano expirando

Sobre las ramas de un ciprés un jilguero cantando

Y en una oficina un hombre observa impasible, pensando.

___***___

Re-subo este escrito que publique en 2014 desde la oficina en la que pase infinitas horas durante mi estancia en Chile. A veces miraba por la ventana y me quedaba mirando los Andes… Y mis pensamientos volaban.

¡Espero que os guste!

Microcuento – La estrella fugaz

Viajó una eternidad atravesando incontables sistemas planetarios, nebulosas, campos de asteroides y galaxias tras una deslumbrante estrella fugaz. Al llegar al mismísimo filo del universo y encontrarse cara a cara con el vacío más absoluto se puso a llorar desconsoladamente recordando lo que para poder realizar este viaje sin destino tuvo que dejar atrás.

Memoria del mar

La suave y fría brisa de la madrugada siempre me traen el recuerdo de tu gélido y a la vez cálido tacto sobre la arena de playa. La marea nocturna hacia lo posible por jugar con nuestros cuerpos mientras rodábamos fundidos en un húmedo abrazo que deseé que no terminase jamás.

¿Cuántos besos quedaron marcados en nuestras pieles en aquel vaivén junto las olas?

Me estremezco de solo pensar en el brillo de tus ojos reflejando la luna y las estrellas, y las gotas de agua resbalando siguiendo tus sinuosas curvas mientras mis manos no podían reprimir el impulso de recorrer milímetro a milímetro tu cuerpo. Temblaban mis llemas al contacto de tu ancestral y escamoso tacto.

Todo terminó cuando te adentraste mar adentro dejando un inabarcable vacío en mitad de mi pecho. Verte partir hacia alguna ciudad sumergida y olvidada mimetizándote con los reflejos de la luna entre las olas sabiendo que tú vientre albergaba nuestra simiente fue el golpe más duro que jamás me propinó la vida.

Tal vez algún día sea capaz de encontrar el valor y seguir tus pasos hacia los misterios del lecho marino, pero hasta que llegue ese momento seguiré recurriendo a mi único consuelo: estas memorias del amor que perdí sumergiéndose el mar.

El final del camino

Al final del camino
Regresamos a los viejos tiempos
A los paseos agarrados de la mano
En idílicos atardeceres
Por el paseo marítimo
A cobijo de las palmeras

A los besos furtivos
Tras cada esquina
O sobre el césped de la colina
O en el Retiro

¿Donde perdiste el anillo?

A los tiempos de Whisky barato
Rosas y sexo
Tardes completas entre las sábanas
Risas y abrazos

A apreciar el contacto
De la piel con piel
Su fusión y mezcla
Y quedarnos dormidos
Con la melodía de la respiración
O los latidos del corazón
O la música de alguna canción
De algún disco de Hard Rock
Que ya nadie recuerda

A los tiempos en que nada importaba
Salvo tú y yo
Y el futuro que erigíamos
Grano a grano
Paso a paso
Ladrillo a ladrillo
Sueño a sueño
Cargado de risas y lloros
De niños recorriendo
Nuevos senderos inexplorados

Y aquí al final del camino
Echo la vista atrás
Y la única imagen que veo es a tí
Sonriendo y diciendo adiós
A través
De un sucio cristal de autobús
En un parsimonioso fundido a negro

“The end?”

Polvo somos

La travesía por el desierto no fué tan bien como habíamos planeado.

El guía nos abandonó a la primera de cambio. Lección de novato aprendida demasiado tarde: Nunca pagues completamente por adelantado. Se fué en algún momento durante la noche en el improvisado campamento rodeado hasta donde alcanzaba la vista de finísima arena grisácea. El cabronazo se quiso asegurar de que no regresáramos con vida llevándose los fardos cargados con los víveres del viaje y los camellos. Seguramente los cambiará por una pobre muchacha condenada a pasar el resto de la vida en su lecho.

¡Qué todas las desgracias caigan sobre el malnacido!

Al despertar, cuando nos dimos cuenta del hurto, buscamos sus huellas para al menos saber la dirección que había tomado, pero aquel maldito polvo que cubría todo lo mismo dejaba una profunda huella, que la borraba con un simple soplo de aire.

De esta forma, sin comida y sin bebida nos encontramos el doctor y yo en medio del vacío.

¿Cuánto puede aguantar un hombre en estas condiciones?

Una vez escuché la historia de un hombre que llevaba décadas sin alimentos ni bebida. Viviendo de respirar y de la energía que nos rodea. Una suerte de estado interior similar al nirvana que, incluso si fuese cierto, dudo que pudiésemos alcanzar mi compañero y yo antes de ser devorados por los buitres, si es que estos lograran llegar hasta aquel lugar alejado de todo.

Así que viviríamos aún entre unas horas o con un poco de suerte día y medio. Con el calor que empezaba a apretar me decantaba más por la primera opción. La menos halagüeña. Y el Dr. creo que opinaba igual que yo, pues entró en un incontrolable ataque de pánico.

¡Sangre fría!

El disparo que le propiné rompió el silencio del desierto para recomponerlo sin los incesantes e histéricos lamentos de aquella eminencia caída. Al menos no sufrió.

Y de esta forma me quedé solo sin posibilidad de salvación. Contemplando la arena y el polvo que lo cubría todo.

¿Cuantas ciudades olvidadas yacerían bajo ella?

En ese instante tuve una visión. Una suerte de terrorífico espejismo. Se mostró ante mis incrédulos ojos la escena de un lejano pasado. Incontables pilas de cadáveres descomponiéndose y deshaciéndose en fino polvo arrastrado por el viento. El polvo acumulándose sin parar formando las infinitas dunas que me rodean. Un desierto creado por restos humanos. Cementerio de polvo. Mausoleo del olvido.

Ahora un escalofrió recorre mi cuerpo cuando mis labios comienzan a salivar debido al insoportable calor que cubre y reseca todo. La cuenta atrás no va a detenerse por un simple condenado a muerte, así que decido aceptar lo mas dignamente posible mi destino. Apoyo la boca de la pistola en mi sien. Cierro los ojos. Noto el frió tacto del gatillo en el dedo indice.

Polvo somos…

¡PAM!

___***___

Resubo este relato que tiene el honor de ser el comienzo de las andanzas del Doctor Arroyo y su fiel ayudante Álvarez. (En la versión original el Dr no tenía nombre y Álvarez era Stanley. El cambio de nombre de los personajes vino por una clásica situación de: -A que no hay huevos a llamarlos como tú y yo-… ¡Sujétame el cubata!). Hasta el momento hay escritos 4 relatos con estos particulares personajes y tengo empezado un quinto. ¡Y este y los dos siguientes están incluidos en “Delirios de un bufón loco”! Espero que os guste!

Compra “Delirios de un bufón loco aquí”

Microrrelato – Pequeño mundo III

A veces, en los momentos mas solitarios perdía la mirada en el lejano horizonte y dejaba que los pensamientos viajaran al pasado, hasta su bola de cristal. Aquel que había sido su hogar y al que jamás podría regresar.

Su última visión fue un triste y solitario campo nevado teñido de grises. Los que le vieron morir dicen que jamás vieron una sonrisa tan sincera.

Microrrelato – Pequeño mundo II

Vivía encerrado en su pequeño y melancólico mundo de cristal hasta que la inmensidad del universo que giraba más allá de sus transparentes muros le hizo darse de bruces con la cruel realidad al romper la frágil barrera que le aislaba en mil pedazos.

Pensó: “Libertad no es sinónimo de felicidad”

Microrrelato – Pequeño mundo I

Era un mundo pequeño e insignificante asolado por tormentas de nieve y torrenciales lluvias donde el viento parecía arrastrar siempre un eterno sollozo. Se podía afirmar con seguridad qué era el enclave más triste del universo.

Aún con esa opresiva atmósfera reinante era el único lugar que el podía llamar “Hogar”.

La semilla

Soledad
Un niño llora desconsolado
En el epicentro de la nada
Y su completa oscuridad

Solo desea compañía
Sueña incansable con ella
Y sin apenas reparar en ello
Se genera en la negrura
Un reconfortante resplandor

Una cálida lucecita
Un inapreciable faro en la distancia
Una diminuta semilla
Que enraíza
Y crece

El niño se agacha
Aropa entre sus manos el minúsculo tallo
Y llora
Llora maravillado
Riega y da calor
La semilla de sus esperanzas

Ante sus ojos
Brotan ramas
Se cubre de verdes hojas
Florece
Y se cubre de frutos
Un millar de mundos

El niño sonríe
Y su sonrisa baña con su luz
El universo recién creado

___***___

No es la primera vez que me sumerjo escribiendo sobre el mito de la creación. Adoro la mitología. Me parece un acto de total humanidad la imaginación del comienzo y del final de la existencia.

¿Cuántas historias se han creado con esa premisa?

¿Que llevó a civilizaciones enteras a creer en unas u otras?

¿Morir y matar por ellas?

¿Quien imaginó y difundió cada una de esos mágicos cuentos?

Nunca he creído en nada que no fuera nuestra capacidad de creer y de crear.

¿Podemos crear de la misma nada una nueva existencia?

¿Existirán en algún lugar dioses que nos adoren por haberles creado?