Somewhere in Providencia

Esta isla del tesoro perdida y olvidada en el inmenso océano es para ti

La estrella solitaria

Era difícil reparar en ella y ahora imposible encontrarla. Una estrella solitaria alejada de las demás constelaciones.

Justo en mitad de la nada.

Titilante en la distancia como haciendo una llamada a quien pudiese responderla. Cada día más tenue, hasta que esta noche su leve resplandor se extinguió. El minúsculo espacio del firmamento que ocupaba se tiñó de tinieblas.

Hoy, hace varios millones de años, un sol se apagó al otro lado del universo y nadie respondió a los rezos desesperados de aquellos a quienes bañaba con su luz y calor.

Las ruinas del paraíso


Llegamos al planeta y comenzamos a sobrevolar sus verdes campos, profundos bosques y tupidas selvas. Vimos desiertos sin vida bañados por la luz del alba. Montañas brumosas perfilarse ante océanos de estrellas. Planicies heladas asoladas por silbantes vientos. Ondulantes mares reflejando la luna llena. Violentas tormentas de agua, hielo y arena arrasando la tierra y su posterior calma. Aves en formación migrando hacia donde la temperatura permitía mejor vida.

Vimos el paraíso y vimos sus ruinas. Restos aquí y allá de alguna civilización olvidada.

Pequeños pueblos, monstruosas ciudades, estructuras imposibles e interminables carreteras devorados por la maleza y la propia naturaleza desencadenada. De cómo llegó la extinción de esa especie alienígena no encontramos ni rastro, pero nos fuimos de aquel fantástico lugar con la amarga sensación de que aquel fatídico destino podría habernos ocurrido alguna vez a nosotros.

Cápsula temporal

Este verano viajé a la vieja casa de mi abuelo y en un cajón me encontré a mí mismo con cinco o seis años.

En un cajón,
un libro de ciencia ficción
y en su final,
en una hoja amarilleada
por el tiempo o la humedad,
el dibujo de un niño
de cinco o seis años.

Un robot
que flota en el espacio
como la imaginación
de este niño
de cuarenta inviernos.

Regreso

llave

Abro la puerta y ahí estas tu.

Corriendo y riendo.

Te levanto y te beso.

Te miro y veo tus ojos brillar.

Giramos hasta casi marearnos.

Te miro.

Me río.

Te veo reír.

¿No es esa la risa más bonita del mundo?

___***___

Edición Kindle gratis del 27 al 31 de agosto “Las extraordinarias aventuras del doctor Arroyo y su fiel ayudante Álvarez”

Pues finaliza agosto, y para hacer menos duro el regreso la vida del más allá de las vacaciones de verano, pongo gratis durante cinco dias esta colección de relatos de Fantasía, terror y ciencia ficción.

Espero que os gusten tanto los nuevos relatos como los antiguos. ¡Estoy seguro de que alguno os arrancará una buena sonrisa!

Y ya sabeis, si os gustan, agradeceré que reseñeis, valoreis o que al menos me digais que os ha parecido esta colección de escritos.

Como siempre, dejo el link de Amazon España y el .com, pero está gratis en todos los territorios. ¡Solo debeis buscarlo y descargarlo!

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Espirales

Reconozcámoslo, vivimos danzando en espirales con punto de fuga común.

Tu y yo.

Tan cerca o distantes como quiera el giro del destino situarnos.

Al alcance de la mano o siluetas difusas entre la niebla de la distancia.

¿Recuerdas cuando coincidimos en el origen?

Ocurrió hace tanto tiempo, y lo recuerdo tan claro.

Solos tu y yo.

Nuestros cuerpos coincidiendo en el centro del universo en un instante concreto, único e irrepetible.

Colisión de puntos en la tangente formando una fusión vital.

Tan intensa que la energía se disipó en el aire despidiendo nuestros fragmentos en todas direcciones.

Alejándonos para siempre formando espirales.

Cada vez más amplias.

Y cada vez más alejados del origen que nos generó:

Tu y yo unidos en esa espiral que nos hizo olvidar todo llamada pasión.

N – La energía del futuro

Energía limpia.
Energía que nace del propio hombre.
con una simple hora al día sentado
haciendo lo que más te guste.
Chatear, ver series o pornografía.
Incluso si te va lo raro, leer.

Ganarás el salario completo de un día
y tu energía llegará a millones de hogares.
Alimentará televisores y ordenadores.
Cargará teléfonos móviles.
Iluminará la oscuridad.
Llenarás de alegría millones de hogares.
Por supuesto tiene su aquel.

¿Qué trabajo no lo tiene?

La buena noticia es
que el coste de éste
en realidad no lo notarás
hasta que llegue el final.

¿Acaso importa el futuro?

«Carpe diem»,
vive tu presente.
Una hora de trabajo te restará
un día completo de vida
de un futuro incierto.
Insignificante coste
comparado con el beneficio.
Porque de eso hablamos.

¿Cuánta vida te resta cualquier otro trabajo?

Por supuesto firmé el contrato.

El caballero del horizonte

Un papel en blanco y un lápiz de grafito sostenido por tres dedos preparado para trazar un improvisado escenario.

Pulgar, índice y corazón dispuestos a dirigir la creación.

Un rápido movimiento horizontal dibuja la línea que separará todo.

Un horizonte sin horizontes que mostrar.

Un arco que puede ser, tanto un amanecer como un anochecer naciendo de la parte superior de la línea existente.

Siempre me gustaron estos dos momentos del día por la magia que son capaces de dibujar en la realidad.

Clavo la punta del lápiz en la mitad inferior.

Se queda congelado en esa posición.

No encuentro la inspiración para seguir.

No tengo ganas de intentarlo hoy.

Queda un único punto dibujado debajo del ficticio horizonte.

Al apartar el lápiz se me escapa un pequeño y suave trazo que se difumina hacia abajo.

Bien podría ser la alargada sombra del solitario punto proyectada por el supuesto sol, o tal vez la estela que dejaría tras de sí, si este estuviese avanzando.

Tal vez el casual borrón solitario necesite su propia historia.

Todos la necesitamos.

Un simple punto rodeado de blanco en la distancia puede ser un caballero de pesada armadura atravesando un desierto de pálidas arenas.

Buscando sanar profundas heridas y descanso en un cobijo que jamás se materializa.

Solo con sus pensamientos en mitad de la nada.

Recuerdos de lejanas aventuras llevadas a buen puerto o aquellas sin el final deseado, pero dignas de ser contadas a la luz de una hoguera cuando el calor del fuego y el vino hacen que las lenguas se aflojen.

Avanzando paso a paso. Enterrando sus pesadas botas en las finas arenas.

Cada nuevo paso es un nuevo reto que bien podría ser el último.

Un reto cada vez más largo y difícil de superar por la sed y el agotamiento que le suponen las incontables horas sin descanso con la vana esperanza de alcanzar la salvación.

Avanza poniendo los cinco sentidos y la intuición en no desfallecer.

Continúa al precio que sea para poder alcanzar el siempre lejano horizonte.

Según va sintiendo cómo le abandonan las fuerzas, va dejando atrás piezas de su envejecida y mellada armadura. Hace lo que sea necesario con tal de dar un paso más.

Instinto de supervivencia en horas bajas cuando sus músculos se niegan a responder.

Queda un cuerpo tendido en medio del desierto, mientras la sangre tiñe de carmín los granos de arena bajo su cuerpo.

La visión se le va nublando y su atención se va perdiendo en el vacío de la siempre certera muerte.

No logrará alcanzar el horizonte.

Tal vez, él se encuentra en el horizonte de algún otro caballero desesperado.

Otro punto en la distancia que aguarda su propia historia en otra hoja de papel. Garabatos que pueden no ser nada o épicas estampas realizadas para ser recordadas toda la eternidad.

La ventana

Todos los días al despertar me asomo a la ventana.

Paso las horas por ella asomado. Observando vidas ajenas y moldeando el cómo estas me verán. Viajando ensimismado entre las corrientes cambiantes sin rumbo fijo, girando y girando en un círculo reiterativo de imágenes inconexas, palabras ininteligibles y sonidos aleatorios.

Miles de mundos prefabricados al alcance de la mano que en realidad son inalcanzables.

Al cerrar los ojos en la oscuridad de la noche siempre me quedo pensando en la ventana. En todo aquello que dejaré de ver por no poder estar asomado mientras sueño.

Tal vez llegue el día en el que pueda apartar la mirada de esta ventana y descubrir que alrededor está girando mi propio mundo.

A cobijo del ángel caído

Recuerdo esa grotesca sombra cobijándonos bajo sus oscuras alas. Tu y yo agarrándonos en un ardiente abrazo en el que nuestras manos no parecían conocer límites a la hora de traspasar líneas rojas. Besos de lava fundiéndose mientras las sierpes que son nuestras lenguas jugaban a retorcerse en océanos de fuego. El brillo de las ventanas al infierno que eran tus ojos y lo cautivador de su canto de sirena que llamaban a recorrer el oscuro sendero hacia los abismos del círculo del infierno de la lujuria.

Creo que aquel día fue el que traspasé los umbrales del Averno, busqué cobijo entre los infranqueables muros que son tus piernas y me alojé allí por la eternidad.

En aquellos momentos la estatua de quien dicen sufre por haber sido expulsado del paraíso, me pareció que se burlaba de su juez por haberle permitido atrapar mi alma y yo acompañé su risa, dejándome arrastrar a sus cálidos dominios sin oponer resistencia.