Somewhere in Providencia

Esta isla del tesoro perdida y olvidada en el inmenso océano es para ti

Concurso de microrrelatos “FIN DEL FRÍO”

Como os lo cuento, “Literary-planets” saca a la luz este primer concurso de “microrrelatos”, al cual estáis todos invitados a participar.

El premio es un libro de nuestro integrante Óscar Millán Morancos, y además podréis formar parte de la antología 😀

¡Esperamos vuestros escritos desde cualquier lugar del mundo!

Esperanza – 18 – Perdón

CAPÍTULO ANTERIOR

¿Se ha ido para siempre esa maldita voz en mi cabeza?

Hace muchas horas que no la escucho. Es horrible el cómo cambia toda mi percepción de la realidad cuando aparece y comienza a hablar sin descanso, interfiriendo todos mis razonamientos. Me costó años desterrarla, pero siempre ha continuado allí, oculta; esperando pacientemente su oportunidad de reaparecer. Y ha aprovechado el más ínfimo instante de debilidad para emerger. Tengo que ir a ver cómo se encuentra Afrodita. ¿Estará bien? La última vez que la visité parecía un pelele sin voluntad. Hacia lo que fuese que pidiera sin rechistar… De alguna manera su actitud sumisa e indiferente sacó lo peor de mí y perdí los nervios de nuevo. No sé ni como ocurrió, pero la rompí tres costillas.

La he dejado sola el tiempo suficiente para que sus heridas hayan sanado. La pediré perdón. No volverá a ocurrir algo así. Se que la costará aceptar mi arrepentimiento, pero es sincero. Anteriormente nunca me había ocurrido algo así. Hasta ahora siempre había mantenido el control de la situación. Necesito que ella acepte esta faceta mía. Necesito que me perdone. Aquí en la soledad del universo no existe otra opción. Necesito que todo vuelva a su cauce, porque si no, acabaré mi existencia aquí en mitad del espacio, languideciendo en una espiral de locura y lamiendo mis heridas. Podría volverme completamente demente. Aún más loco de lo que creo que estoy o que siempre he estado.

Me acerco a la puerta del observatorio donde se encuentra encerrada Afrodita. No me espera y sé que en cuanto abra la puerta correrá a esconderse como un ratón asustado. Lógico, aunque ya no tiene nada que temer; ya no tiene por qué tenerme miedo. Creo que he desterrado para siempre esa maldita voz que me lleva atormentando toda la vida. Tengo que cuidar mis formas y que vea que todo ha cambiado de verdad.

La puerta se abre y doy un paso al frente cruzando el umbral. Pronuncio con voz clara y firme:

—Afrodita, sal por favor. No he venido a hacerte daño. Solo he venido a suplicar tu perdón. Yo…

—¡Hijo de puta! ¡Nunca jamás tendrás la oportunidad de hacerme daño!

Noto un fuerte golpe en la cabeza y caigo desplomado al suelo. Todo se comienza a difuminar y a volverse negro.

“¿Ves cómo tenía yo razón? Te dije que no debías confiar jamás en esa zorra ¡Imbécil!”

Nuevo Podcast – Pensamientos de un bufón loco

Tal y como reza el titulo, he comenzado un nuevo podcast en el que iré leyendo mis escritos por orden y comentandolos. Está realizado en la plataforma Anchor y se puede escuchar tambien por spotify. La idea es realizar uno semanal.

Comparto con vosotros los enlaces de este primer episodio.

¡Espero que os guste!

El arbol

Siempre fui como el árbol solitario
Erguido en mitad de la yerma nada
Enraizado donde la vida es utopía

Reflexionando acerca de como
Presente, futuro y pasado
Se mantienen inamovibles.
Nunca cambian
Hasta que la tempestad estalla
Y sus torrenciales lluvias
Alimentan hojas, raíces y ramas
Y sus revitalizadoras aguas
Calman la sed
Y esperanzan el alma

Esperanza – 17 – El sueño

CAPÍTULO ANTERIOR

Esta noche tuve un sueño húmedo. Uno de esos sueños que parecen más reales que la realidad que nos rodea. Un sueño de esos de los que no quieres despertar. Ocurría en la Tierra, en algún momento indeterminado antes de la pandemia.

Afrodita está a mi lado. Viste con ropa ajustada y está realmente sexi.

Me da un pequeño beso en el cuello cerca del nacimiento de la oreja.

—Esto era un juego que tenía con mis amigos —dice susurrando.

—No sé cómo serian tus amigos, pero yo no soy de piedra, y desde que despertaste, mi ansia de ti ha ido creciendo… —La digo mientras observo sus carnosos y brillantes labios; tan pícaros.

—Ji, ji, ji.

Repite la jugada y a su contacto me estremezco. Reacciono besando sus labios. Un fugaz beso con la única intención de demostrar que voy en serio.

—¿A eso le llamas beso? —me dice con tono burlón. Ataca mi ego y yo que no soy de piedra agarro su cara y fusiono mis labios con los suyos. Su respuesta es tan clara como mi reacción. Nuestras lenguas se enlazan y comienzan a jugar mientras mis brazos por iniciativa acomodan a la diosa sobre mi regazo, su hábitat natural.

Dejan de existir las palabras. Existen únicamente besos y magreos. Mis manos acarician y agarran sus glúteos y no se detienen ahí; incursionan su cintura y sus perfectos pechos como realizando un ritual sagrado.

Ella en sintonía se amarra a mi cuello y entre profundas respiraciones y jadeos, sus oscilantes caderas otorgan vida a lo que no debía ser despertado.

Para el resto del universo este mágico momento no está ocurriendo; ni siquiera es relevante en su eterno vaivén. En silencio me arrastra a su cuarto. Cierra la puerta y de un empujón me tumba sobre su colchón. Se tumba sobre mí y continúa el segundo acto de la función.

En este punto cruzamos la frontera que va más allá de los simples besos. Ella sobre mí cabalgando y yo, sintiendo su cálida humedad fluyendo y resbalando. Los dedos de mi diestra horadando sus rincones secretos mientras la otra mano, silenciosa, no detiene las alabanzas a la divinidad de su tacto.

Finalmente estallamos.

Cae rendida sobré mí y apoya su cabeza sobre mi pecho. La arropo con un abrazo. Sincronizamos latidos y respiraciones mientras no ceso de besar sus cabellos.

Me mira a los ojos; su sonrisa continua ahí, tan linda y preciosa.

—Necesito más de ti —dice susurrando Afrodita. Me arqueo con avaricia para continuar bebiendo insaciable de su boca; tan rica y sabrosa.

Rodamos en la cama. Tiemblan las sábanas. Su suave piel es ahora la mía. Dejan de existir las caricias para dar paso al cuerpo a cuerpo; sin reglas; de mutuo acuerdo.

—Te quiero —dice, y yo en ese momento despierto en la realidad donde nada está saliendo según lo planeado.

“Hagamos que tus sueños sean realidad” —¡Déjame en paz! ¡Si no existieses esto no se estaría yendo a la mierda!

Esperanza – 16 – Medidas desesperadas

CAPÍTULO ANTERIOR

Salgo del observatorio con fuertes náuseas y ganas de vomitar. Observo mis nudillos doloridos y manchados de sangre; la sangre de una diosa.

“No te sientas mal por lo que has tenido que hacer; ha sido necesario. Es cierto que por ella sientes algo y por eso tomar medidas desesperadas no ha resultado tan agradable como lo era antaño. Ella podía haber aceptado su nueva realidad, pero no lo hizo. Sus heridas sin duda sanarán y la próxima vez se lo pensará dos veces antes de llevarte la contraria, ya lo verás.

¿Escuchaste como suplicaba?

¿Como lloraba esa putilla?

¡Cuanto he echado de menos momentos como este a tu lado!

Me entusiasma comprobar que a pesar de los años no has perdido el toque. Ese toque que siempre te caracterizó y que nadie ha podido igualar. El cómo te recreas con el sufrimiento es lo que más aprecio de ti. Podías perfectamente haber parado cuando ella se arrastraba buscando desesperadamente escapar, pero no lo hiciste. ¡Maravilloso! Esa forma de agarrarla del cuello contra la pared. Esos ojos suplicantes derramando lágrimas. Esos balbuceos sin sentido…

¡Ja, ja, ja! ¿Qué diría?

¿Por favor no me hagas daño?

Si ella te conociera como yo te conozco, sabría que esas triquiñuelas contigo no sirven de absolutamente nada.

Vamos a apostar, yo pienso que la próxima vez se arrojará a tus brazos sin necesidad de que hagas nada. Todas las mujeres son así. En realidad, desean un hombre capaz de someterlas y que las trate como trapos de usar y tirar. Estoy seguro de que incluso ha disfrutado con cada golpe, como siempre ha sido a lo largo de la historia.

Puede que al final te hayas excedido un poco, pero supongo que haber reprimido tus instintos primarios tanto tiempo es lo que tiene. Además… ¡Que te quiten lo bailado!

Ahora habrá que dejar que se recupere un tiempo.

¿Qué te parece si la dejamos encerrada en el observatorio?Allí podremos hacer uso de ella cuando se nos antoje.”

Crónicas de un bufón loco – Segunda Edición

La cubierta original ha sufrido un viaje dimensional

No todos los años un bufón loco llega hasta su probable mitad de la vida (40 añazos cumplo en una semana), y antes de caer en la típica depresión, he decidido hacerme un auto-regalo: La segunda edición del que fue mi primer libro.

“Crónicas de un bufón loco” ha sufrido un buen lavado de cara, los textos se han revisado y además he añadido un once escritos que no incluía la edición original (He ampliado un 30% su contenido).

Por si fuera poco, hasta finales de marzo, la edición impresa va a estar al precio mínimo que permite la plataforma: 3,5€ (Después a 5€). Así que si no lo has leído esta es la mejor oportunidad, y si lo hiciste casi que también.

Para quien no lo sepa, “Crónicas de un bufón loco” es una selección de textos breves de todo tipo (relatos, microrrelatos y poesía) y temática (Fantasía, terror, ciencia ficción, mitología… ) que de alguna manera no desentonan entre ellos.

Mi propia copia llegará este mismo lunes, y la vuestra la podéis conseguir en los siguientes enlaces (Desde ahí podéis conseguir la edición Kindle a 0,99€):

Crónicas de un bufón loco – España

Crónicas de un bufón loco – Resto del mundo

Así que, como siempre digo, si decidís darme una alegría haciendoos con una copia (Que no os arrepentiréis) agradeceré que dejéis reseña :D.

¡Espero que os guste y gracias por leerme!

Microrrelato – El navegante

Fletó la barcaza y zarpó hacia horizontes inalcanzables

VERSIÓN EXTENDIDA (Original)

Siempre deseó llegar lejos hasta que un día zarpó buscando nuevos horizontes.

___***___

Resubo este Microcuento incluyendo la nueva versión (8 palabras).

La versión original de este micro cuento fué la extendida (12 palabras), pero un día en un reto hice un recorte y lo dejé en 8…. Personalmente este micro cuento (O nanorelato) me gusta mucho.

¡Espero que os guste!

Esperanza – 15 – La voz interior

CAPÍTULO ANTERIOR

“Cuanto tiempo sin poder hablar abiertamente contigo. ¿Cuántos años han pasado? ¿Veinte? ¿Veintiuno? Me dolió que dejarás de hacerme caso después de todo lo que hice por ti. Dolió de verdad esa indiferencia. No he olvidado mi uno solo de los momentos a tu lado.

¿Recuerdas como cuando eras niño bajábamos al río a atrapar ranas?

Era tronchante ver como se retorcían con los rayos de sol concentrados con nuestra lupa. Ese fino hilo de humo y el olor a quemado. Es imposible olvidar el olor a muerto.

¿Y con los gatos callejeros?

¿Lo recuerdas?

Sus lastimosos maullidos cuando los despellejábamos vivos; lo tronchante que era cercenar sus cabezas y dejarlas empaladas en mitad de cualquier rotonda ¿Entendería quienquiera que lo viese nuestras obras de arte? Imagino sus caras de horror y repulsa; el arte, en su faceta más pura y visceral, a veces provoca ese tipo de reacciones.

¿Y quién se mantuvo a tu lado cuando te quedaste solo?

¿Quién te apoyó en aquellos momentos tan duros?

Tu familia no era capaz de comprenderte y yo te di las alas que necesitabas para emprender el vuelo. Bastó un simple empujón para animarte a rebanarles el cuello mientras dormían plácidamente. No emitieron ni un simple grito mientras tú reías a carcajadas ¿Existe algo más maravilloso que la risa que provoca la auténtica felicidad? Todavía hoy no se han hallado los restos, y en cuanto a ti… ¿Quién podía sospechar de un inocente niño de nueve años?

¡Que agradable es la sensación de saber que no se han perdido todos esos maravillosos recuerdos!

Aún no sé porque me echaste a un lado, pero ahora que volvemos a estar juntos dejemos a un lado las tontas rencillas del pasado y hagamos las paces. En estos difíciles momentos, tú me necesitas más que nunca, y yo estoy deseando ser de nuevo tu inseparable compañero de fatigas.

¿Solos en el espacio?

Sabes que a esa zorra no la necesitas más que para lo obvio. Un entretenimiento y como mucho, el receptáculo de tu progenie. Es un pelele movido por hilos atados a tus dedos que debería besar tus pies y hacer cuanto solicites.

¿Es ese desdén con que te ha hablado la forma de tratar a su nuevo dueño y señor?Tenemos que hacerla comprender que, en esta nave, o acepta nuestras normas o irremediablemente su vida pasará a ser un coctel de angustia y sufrimiento. Esa ramera tiene que aceptar su nueva condición de esclava… Eso, tu y yo sabemos perfectamente como hacerlo ¿Verdad?”

Llegó con la lluvia

Oficina detective privado

I

La clásica historia. Un oscuro antro en los suburbios que vivió épocas mejores. Paredes cubiertas de grafitis que ocultan grafitis. Una destartalada placa con las letras medio borradas que dejan intuir de qué tipo de local se trata: “J. Detective Privado”.

El interior huele a humedad. A la humedad que cubre la agrietada pintura y la tiñe de malsano y mohoso verdor. Una decaída planta de interior intenta dar ambiente a las desgastadas sillas de madera con tapicería pasada de moda que hacen las veces de improvisada sala de espera que jamás hizo méritos para ganarse ese miserable título. La poca luz de la sala la aportan los perezosos rayos de sol otoñal que se infiltran por los huecos entre lamas de aluminio de un “store” a medio subir.

Está en la habitación adyacente envuelto en las tenues sombras que proyectan los incontables archivadores de informes de casos ya olvidados que descolocados adornan las esquinas. Pies sobre la mesa. En la comisura de sus labios un cigarrillo con un centímetro de ceniza luchando encarnizadamente con las leyes de la gravedad emite un finísimo hilo de humo que forma una etérea neblina. En un perchero cercano a la puerta descansa una roída gabardina coronada con un sombrero gris de aspecto anticuado. Suena en la radio el murmullo de una emisora de rock ochentero en exclusiva para su único oyente.

A J. no le importa nada. Se concentra en el Sudoku difícil de un diario de hace dos días. Frunce el ceño haciendo sus cábalas numéricas haciendo que las arrugas se le marquen como surcos en la tierra. La edad empezaba a hacerle mella, pero cuando parabas a observarlo podías deducir que en su juventud había sido un hombre muy atractivo.

Alto, de algo más de metro ochenta. Ojos claros de un color indeterminado situado entre el azul cielo y gris plata. Mandíbula prominente abrigada con barba de tres o cuatro días. El rostro salpicado con alguna cicatriz de reyertas de juventud. Con pelo abundante y castaño claro con corte de galán de manual sacado de alguna película de los años cincuenta solo que treinta años desfasado.

Deducciones al fin de al cabo, ya que en realidad se trataba de un hombre hueco y roto por dentro. Al menos desde que hacía un año perdió a la que pensaba podría ser la mujer de su vida. Clásica equivocación por la ceguera de una explosión de pasión que llegó como se marchó, de forma totalmente casual e imprevista.

II

Fue un lluvioso día de otoño.

Tintineo de la campana de la puerta. Chirrían los goznes y son seguidos por el golpe seco de la puerta al cerrarse. Respiración rápida y sin pausas.

—Buenos dí… —

Enmudece al ver a la visitante. Delicada y pálida como flor de invierno en un recóndito valle cubierto de escarcha. Un ceñido y elegante vestido de color negro y zapatos a juego. En su cabeza un gorro de lana con un pompón alicaído en su cima por la fuerte lluvia que no cesa de caer en el exterior. Ojos color miel; infinitas pestañas; labios carnosos, ligeramente rosados; casi blancos. Melena castaña que cae ondulada por su espalda como la cascada del borde del mundo. Pechos pequeños pero insinuantes. Cintura de curvatura imposible seguida de la zona de obligada deceleración por peligro de accidente que eran sus caderas. Piernas infinitas. Parecía una imagen arrancada de un sueño.

Cogió aliento y comenzó a calmar la respiración. Lo escaneó con la mirada. Lo atrapó sin haber pronunciado aún palabra. Y la pronunció.

—Buenas tardes. Perdone la entrada tan abrupta pero fuera hace un tiempo de perros y tenía la sensación de que un grupo de matones iba siguiéndome…— Su voz como un canto iluminó lo lúgubre de aquel lugar. J. Se quedó unos segundos sin palabras. Los segundos que tomó su corazón en acelerar y superar el límite establecido.

—Pasa, no te quedes ahí parada que estás empapada. — dijo mientras a toda prisa se acercó al aseo para coger una toalla. — Siéntate donde quieras y dime, ¿Que te trae a este lugar?… —

III

Sin saber como, ella acabo durmiendo en su cama mientras el intentaba acomodarse en el sofá monoplaza dentro del pequeño apartamento céntrico que J tenía alquilado.

El nombre de la ninfa era Iris y apenas llegaba a los veinticuatro años. Sobre su pasado J. solo pudo sacar en claro que había llegado a Madrid el mismo día que sus caminos se cruzaron. Buscaba a alguien, pero parecía haberlo olvidado o ya no importaba. No tenía dónde quedarse y él se sintió obligado a otorgar refugio a aquel ángel surgido de la nada. Lo que estaba claro es que su encuentro había sido fruto de la más absoluta casualidad. El destino a veces tiene esas gracias.

Habían pasado dos semanas y cada vez su imagen iba conquistando un poquito más de terreno dentro del marchito reino de sus pensamientos. Se veía pasando las horas en la oficina vacía observando el lento avanzar de las agujas del viejo reloj de pared deseando que llegara la hora de regresar a casa y verla.

Cuando finalmente llegaba la hora se movía como impulsado por una fuerza invisible. Su alrededor se desenfocaba a excepción del punto de fuga que era la puerta del apartamento.

La encontraba leyendo alguna revista. O viendo la tele acurrucada en el sofá. O escuchando música en la habitación cantando por encima con una pésima pronunciación del inglés que en su voz sonaba encantadora. Un día la encontró dormida en el sofá como una imagen de cuento y al sentir la puerta pudo verla desperezarse.

Siempre le dedicaba una sonrisa que alegraba el día más triste y le saludaba.

— ¡Holis J.! — dándole un beso en la mejilla. En ese instante el moría y revivía. Pero no sacaba el valor para mostrar lo que realmente deseaba.

Después solía encerrarse en la habitación canturreando entre susurros siempre la misma letra…

“I can hear your heart. Can hear your heart…”

IV

Un día casi sin darse cuenta la vida de J. dejó de pertenecerle. Llegó flotando al apartamento y al sacar el llavero escuchó en el interior la música a un volumen superior al habitual.

“The sky was bible black in Lyon” *

Ella vestida con un pantalón vaquero corto ajustado y un top, bailaba en medio del salón iluminada por la tenue luz de velas.

“When I met the Magdalene” *

Sobre la mesa una botella de vino tinto abierta con dos copas: una de ellas llena y la otra a medio beber.

“She was paralyzed in a streetlight” *

Ella se acerca con caminar insinuante. Lo saluda con un beso en la mejilla y agarra las manos.

“She refused to give her name” *

Lo arrastra despacio hacia el sofá. Sus caderas se balancean como el caer de una pluma.

“And a ring of violet bruises” *

Lo invita a sentarse con un guiño y le tiende la copa de vino. Ella coge la suya y las tintinea.

“They were pinned upon her arm” *

Se moja los labios tintados de rojo mientras le clava la mirada no tan inocente en los ojos.

“Two hundred francs for sanctuary” *

Se gira y se aleja lentamente hacia el centro del salón donde continúa su hipnótica y sensual danza.

“And she led me by the hand” *

Se vuelve hacia J. Levanta la Copa y vacía de un trago el contenido. Lo señala con el índice y ordena sin palabras que se acerque.

“To a room of dancing shadows” *

La marioneta sin voluntad obedece. Se acerca con baile torpe y ella extiende sus brazos alrededor de su cuello.

“Where all the heartache disappears” *

No hay espacio entre los dos cuerpos que se mueven como uno solo. Ella apoya la cabeza en su hombro. El nota la húmeda respiración en su cuello.

“And from glowing tongues of candles” *

Se aferra con fuerza a su cintura y suavemente comienza a deslizar hacia abajo sus fuertes manos. Los carnosos labios de Iris entran en contacto con su piel. Los cuerpos se estremecen.

“I heard her whisper in my ear” *

Los brazos de J. elevan a Iris buscando la colisión entre labios. Se produce como un estallido. Ambos se aprietan como si buscarán fundirse en un único elemento. Aleación de pasión.

“‘J’entend ton coeur'” *

Es un punto de no retorno. Sexo. Pasión. Atracción animal. Puro instinto primario. La tarima acoge dos cuerpos que se entrelazan. Se retuercen. Se enmarañan.

“‘J’entend ton coeur'” *

Respiración profunda. Jadeos. Sudor. Saliva. Flujos. Semen. Gritos. Silencio.

“I can hear your heart” *

Dos cuerpos desnudos abrazados. Ella se acomoda sobre el tórax de J. Susurra: —”Puedo escuchar tu corazón. Escuchar tu corazón. Escuchar…”.

“Can hear your heart” *

Fundido a negro cuando se extingue la llama de la última vela.

“I hear your heart…” *

 * Letra de “Blue Angel” de Marillion

V

Al despertar, Iris había desaparecido igual que apareció en su vida un mes atrás. La cabeza de J. gustaba de revivir aquella última noche como un sueño recurrente. Una y otra vez agudizaba el oído deseando escuchar otra vez el tintineo de la campana anunciando su regreso, aunque este fuese imposible. La oficina y su apartamento se habían convertido en los lugares más lúgubres y grises del mundo. Pozos de miseria que absorbían la luz y la vida.

La radio seguía sonando. J. apoyó el diario sobre el escritorio. Se vio a si mismo llorando. Inevitables lágrimas al recordar el día que siguió a su noche de ensueño.

Un puente sobre el río Manzanares.

Un ángel cae con las alas rotas y sin arnés.

El último pétalo de la flor más hermosa flotando río abajo.

Nadie la conocía. Apareció. Dejo un suceso en los telediarios y un corazón destrozado. Se marchó dejando atrás un mundo aún más triste. Un mundo que seguiría girando, aunque imperceptiblemente más lento.