Somewhere in Providencia

Esta isla del tesoro perdida y olvidada en el inmenso oceano es para ti

Fugaz recuerdo IV

De mis tiempos de niño apenas guardo recuerdos. Era un niño feliz, y la felicidad tiende a difuminar sus hechos concretos en tierna nostalgia por ese pasado que luchamos por recuperar.

Los pocos que me quedan están en un viejo álbum de fotos en algún cajón de la casa esperando ser recuperados. La última vez que los repasé, me quedé con una única imagen de aquel niño alegre y sin preocupaciones.

Un niño risueño de entre dos y tres años entre la hierba que aquel año creció excepcionalmente alta, al menos en la sierra de Gata donde fué tomada. Lleva un jersey de lana de rojos, verdes y blancos. El pelo dorado y despeinado mecido por sus cautos pasos sobre el campo húmedo. En su manita extendida agarra lo que parece una bellota como si fuese su mas preciado tesoro. Posiblemente aquel soleado día de primavera lo era, y se lo muestra entusiasmado a la figura que le mira más allá de lo que la cámara llegó a capturar. Una madre que en aquel preciso momento atrapado en el tiempo era feliz, al igual que el padre que recogía ese instante.

¿En qué instante años más tarde comenzó a retorcerse todo?

Ahora prefiero no recordarlo.

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Ella espera que regrese

Ella,

Monumento a la paciencia

Pasando las tardes en lo alto de la colina

Esperando a que su amor regrese.

Tan sola.

Ella,

Con un vestido blanco y liviano

Ondeando con el viento gélido de las montañas.

Ella,

Con sus trenzas color de luna

Y sus ojos color gris,

Tan tristes.

Ella,

Siempre esperando descalza

Entre las flores, los pastos,

las hojas doradas o las nieves tan blancas.

Ella,

La que amó un imposible prohibido,

Qué desapareció una lejana mañana.

Ella,

Reflejo de la nostalgia.

De la esperanza vana.

¿Cuánto más esperará en soledad a que regrese su amada?

__***__

Ayer, escuchando el tema “Penelope’s song” de Loreena Mc.Kennitt me vino está idea. Después de todo, el amor entre dos seres es universal y la ausencia duele igual seas de la tendencia sexual que seas.

El hombre del islote de hielo

Desde que quería recordar siempre había vivido en aquel islote de hielo a la deriva en el Ártico.

Todas las mañanas a la salida del sol salía de su Iglú cubierto con un grueso anorak que ocultaba todo su cuerpo a excepción de las dos perlas negras brillantes que eran sus ojos.

Lo primero que hacia era dar una vuelta a la isla para recoger los restos de naufragios que hasta allí había arrastrado la marea. Hacia buen uso de todo lo utilizable, y lo que no, lo quemaba en la estufa para calentarse.

Después se pasaba la mañana sentado junto a un agujero con una caña de pescar para lograr su sustento diario. Como en realidad no necesitaba gran cantidad se podía pasar horas y horas perdido en el ir y venir de las olas, en las gaviotas que en lo alto volaban e incluso a veces en enormes ballenas que asomaban el lomo por encima del agua y expulsaban chorros de agua hacia el cielo.

Las tardes las pasaba revisando y clasificando los objetos curiosos que en la mañana había encontrado: Un reloj de pulsera de latón. Un medallón de oro grabado. Un marco de foto con una foto de boda casi borrada. Un muñeco de plástico. Una botella de buen vino tinto que había resistido. Un cofre de madera lleno de ropa. Cubiertos de plata. Un paraguas con la tela desgarrada … Tesoros y basura de un mundo ajeno a su pequeño paraíso.

Para cuándo la luz del sol comenzaba a debilitarse encendía una hoguera para calentar la noche y regresaba a exterior para contar una a una las estrellas que iban apareciendo hasta que la noche era cerrada y las auroras boreales con su hipnótico movimiento le invitaban a ir a la cama.

Una vida perfecta en la más absoluta soledad.

Un día se despertó y vio que en el suelo había un pequeño charco. Gota a gota se había formado resbalando desde el techo. Salió al exterior y no le pareció nada extraño así que no le dio importancia y comenzó su rutina diaria. Al terminar su vuelta sintió como si algo hubiese cambiado.

-¿No parece mi isla algo más pequeña?… No, seguro que lo estoy imaginando.-

Pero tenía razón.

A partir de ese día observó con preocupación como la isla iba encogíendo. Primero casi imperceptiblemente salvo para alguien que la conociese tan bien como el, pero a los pocos días era más que evidente. El mar cada día estaba más cerca de su refugio y apenas había superficie al borde del mar para que llegaran suficientes restos de naufragios. Además el grosor de su confortable iglú era cada vez más fino, y su interior más húmedo y menos confortable.

Fué una decisión difícil, pero finalmente eligió abandonar su isla. Lo hizo el día que al salir de su interior se encontró las olas a menos de dos metros de la entrada.

Demasiado tarde.

Construyó con sus humildes muebles una improvisada balsa y se lanzó a los caprichos del océano con la esperanza de iniciar una nueva vida en un islote que había conocido hacia muchos años como el qué hasta aquel día había habitado. Llevando consigo únicamente sus ropas de abrigo, algunos objetos que le traían buenos recuerdos y su caña de pescar.

Pero las mareas no perdonan y el hombre del islote de hielo finalmente no logro llevar su trayecto a buen puerto. Una enorme ola y la corriente oceánica en medio de la nada le arrastraron consigo hasta las ignotas profundidades donde serviría de alimento a los animales que viven allí ajenos al resto del universo. Fue durante la noche, mientras su mirada brillante y congelada reflejaba las galaxias que giraban.

A la mañana siguiente un chico de unos trece años caminando por la costa de un islote de hielo encontró los restos del naufragio. Regresó corriendo al iglú para contar a su madre su hallazgo. La madre fue hacia el lugar y tras rebuscar entre los restos no pudo hacer más que llorar, pues entre los restos encontró una alianza. La de aquel hombre que hacía trece años la había abandonado.

El chico cogió el anillo y lo arrojó al mar lo más lejos que pudo. Después arropó a su madre en un cálido abrazo hasta que quedó helado aquel doloroso pasado.

Como un perro

Nunca creí en la magia,

pero en aquella ocasión necesitaba pensar que ella volvería a mi regazo.

Estaba desesperado.

Así que llamé a aquél número extraño

que guardaba en la cartera,

Escrito en un pequeño papel fotocopiado.

Me suena qué fué a la salida del metro.

Un negro muy alto repartiendo panfletos.

Lo leí.

¿Porque lo habría guardado?

Un eminente chamán africano.

Experiencia de más de treinta años

En alta magia africana

Capaz de solventar todo tipo de problemas

Por difíciles que estos sean.

Especialista en amor y trabajo.

El éxito asegurado.

Más en medio de sus servicios rezaba

“Volverá y seguirá como un perro”

Exactamente lo que estaba deseando.

¿Como no intentarlo?

***___***

Su consulta se situa

En un barrio antiguo y marginal.

Las calles sucias.

Fachadas pintadas.

Coches abollados.

Escaparates reventados.

Rejas en las ventanas.

Mendigos suplicando.

Y grupos de chavales

Vendiendo a mitad de precio

El gramo adulterado.

***___***

Me recibe un hombre de unos cincuenta años

Alto, grueso y de color del ébano.

Me clava sus ojos negros.

Y me pregunta en mal castellano:

-¿Estás seguro de que ese es el servicio de magia que solicitas?

Una vez realizado el ritual ya no hay vuelta atrás.-

Respondo tajantemente:

-Hazlo y no preguntes más.-

Y el “charlatán” se pone a trabajar.

***___***

Olor a incienso

Velas haciendo temblar extasiadas las sombras.

Cánticos en extraño idioma extranjero.

Dibuja en mi piel con una pluma símbolos olvidados.

Al menos el ritual es sofisticado.

Al final todo termina como ha empezado.

La luz regresa a la sala.

El hechicero me despide

No sin antes cobrarme

Doscientos Euros “de nada”.

Regreso a casa,

Y resuenan en mi cabeza

Sus últimas palabras:

-Pronto notarás el resultado.

Nos vemos mañana.-

***___***

Espero en la puerta pacientemente,

El africano no se encuentra en casa.

Necesito hablar de lo acordado

Pues mi chica no ha regresado

Ni como un perro

Ni como un ser humano.

***___***

Llega a casa y me saluda

-¿Cómo has estado?

Veo que el ritual dió resultado.-

-¿Qué resultado ni que cojones?

Ella ni se ha molestado.-

-Aquí estás en mi puerta aguardando.

Fiel como un perro. Tal y como acordamos.

Pasa y ponte cómodo.

Y tráeme mis alpargatas.-

– Tú ordena y yo obedezco.-

A cumplir su orden salgo corriendo.

El se ríe a carcajadas.

Yo aullo y ladro de impotencia.

Ya no puedo hacer nada.

La gran conspiración

Nos creíamos tan inteligentes y míranos. Exclavizados por el orgullo de no querer reconocer la existencia de ese plan absurdo que fueron tejiendo a nuestro alrededor, hasta que finalmente nos atrapó irremediablemente en su intrincada red.

Todo comenzó con la tormenta solar que corto todas las comunicaciones: teléfonos, televisión, radio e internet. Quedo el morse, pero eso lo habíamos olvidado. Se desató el caos.

Antes de que nos diéramos cuenta de todo el alcantarillado de las grandes ciudades comenzaron a surgir hordas de anunakis que habían estado ocultas en megalópolis secretas en el subsuelo a lo largo y ancho del mundo.

Incluso en esa situación desesperada habriamos podido luchar o incluso ganar si no hubiese estado mermada nuestra capacidad de reacción.

Años expuestos a productos químicos diseñados para perturbar nuestros pensamientos, esparcidos en la atmósfera en cada vuelo de avión a través de esas estelas de vapor que dejaban trás de sí.

Uno de cada diez humanos había sido suplantado por un reptiliano que en esos momentos de pánico aprovecharon para sembrar más miedo en la población.

Habíamos estado expuestos constantemente en los últimos tiempos a ese ritmo creado para menoscabar voluntades llamado Reguetón.

Desde siglos atrás los Illuminati habían manejado la información y educación desde las sombras para insertarnos conocimientos falsos de como se comporta la realidad para que erráramos a la hora de intentar plantarles cara.

Cuando miles de ovnis aparecieron súbitamente desde todas direcciones comprendímos que en un mundo esférico como nos habian enseñado siempre eso no habría sido posible. La tierra siempre había sido plana. Ese cambio de perspectiva nos desorientó aún más.

Ni siquiera teníamos tecnología suficiente avanzada como para poder haber luchado. Con meticulosidad habían estado eliminando cualquier posible avance armamentístico que hubiese podido oponer resistencia. Crearon a la carta una segunda guerra mundial bajo el pretexto de un supuesto genocidio judío para evitar la investigacion y avance en el desarrollo de nuevas armas por la Alemania nazi. Asesinaron a JFK por sus conocimientos y el no querer colaborar en el plan. Inmolaron las torres gemelas para inculpar a Irak y deshacerse de sus armas nucleares. Propagaron enfermedades de laboratorio en los países más pobres y poblados para evitar que pudiesen resurgir como amenaza para sus planes. ¡Si ni siquiera era real que hubiésemos pisado la luna!

No habían dejado cabos sueltos, y al final nos sometieron sin apenas resistencia.

Había comenzado el Nuevo Orden Mundial.

Pasamos de ser especie dominante a ganado. Nos tienen hacinados en granjas donde nos crían. Nos ceban. Nos procesan. Nos ordeñan. Nos descuartizan. Nos devoran. Nos utilizan como animales de laboratorio…

Unos pocos agraciados como yo tenemos la suerte de estar en zoos para su divertimento y disfrute. Nos miran a través de las verjas. Se ríen y burlan de nuestros comportamientos y reacciones.

Por el camino veo que se está acercando una familia. Debo dejar de escribir para acercarme. Tengo hambre. Con un poco de suerte lograré saborear hoy uno de esos cacahuetes que nos tiran, aunque lo ideal sería que fuese una de esas deliciosas y nutritivas galletitas que devoran sin descanso. Galletitas fabricadas con los restos de nuestros hermanos humanos.

___***___

Como curiosidad, todas las conspiraciones nombradas por extrañas que suenen tienen una cuanto menos curiosa cantidad de seguidores. ¿Qué ocurriria si todas fuesen reales?

El grito

¿Cuánta angustia puede almacenar un cuerpo?

Se preguntaba cada día.

Y cada día la angustia iba aumentando.

Acrecentándose hasta doler.

Llenando cada espacio entre células que lo conformaban.

Angustia solidificada corriendo por sus venas y arterias

Hasta casi supurar por todos los poros y orificios de su cuerpo.

Es posible que no creas lo que entonces ocurrió.

Abrió todo lo que pudo la boca y gritó.

Ondas sonoras de angustia condensadas

Expandiéndose en un arco incapaz de reducir su potencia en la distancia.

Un sonido tan potente que hizo que saltarán las alarmas de todos los autos.

Qué estallaran todos los vasos y platos.

Ni un cristal quedó intacto a su paso.

Los perros aullaron.

Reventó muchos tímpanos.

Finalmente aquella tormenta perfecta sonora se alejó hacia el espacio.

Dejando atrás calma y destrucción.

En el espacio nadie puede escuchar tus gritos

Qué equivocados.

Continúo su viaje sin descanso hacia el infinito,

Apartando el vacío a un lado.

Eones más tarde causaría estragos en mundos y civilizaciones que aún no han florecido.

Tan lejanos.

No importaba el futuro de lo en ese momento inexistente.

Respiró tranquilo.

La angustia con el grito se había ido.

Sobre árboles, libros e hijos – Comparto mi libro (PDF)

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Siempre he soñado con escribir un libro. Escribir un libro y que sea leído. Que sea leído y que mueva algo en el interior de quién lo lee como aquellos que yo mismo he leído y he adorado. No es un pensamiento relacionado con voy a venderlo y hacerme mundialmente popular. Es ese sentimiento de dejar algo que perdure en el mundo.
Con este fin, he escrito durante años en diferentes blogs historias. Historias de todo estilo y tamaño. Como yo mismo digo, sin pensar en sí lo que escribo es bueno o malo. Simplemente escribiendo lo que dicta mi cabeza con el guión de mi corazón en el mismo instante en que lo hago.

La llegada de mi hija Minerva hace pocos años y el reciente nacimiento de Héctor han acrecentado en mí esa necesidad. Necesito que mi obra quedé plasmada en un volumen. Un volumen que ellos vean en casa y puedan decir algún día: Ese libro lo escribió mi papá.

Eso es fácil. Solo necesito una copia impresa (Dos en realidad, para que ambos puedan llevársela a donde quiera que les lleve el destino (Caprichoso). Pero para que eso ocurra me gustaría poder decirles que esa obra gustó en un círculo que no fuese el familiar (Si, soy consciente de que los que seguís el blog ya cumplís ese requisito. ¡Muchas gracias!). Cuando lo haga seguramente me planteé la parte del “arbol” del famoso dicho (Que por cierto no he trascrito), mas que nada para compensar las hojas que se utilizarán en la impresión.

Hace unos años, en el tiempo que pasé trabajando en Santiago (Chile), comprobé como en determinados países acceder a lectura impresa por los sueldos que se manejan y los impuestos que se graban a la cultura es difícil. Es por eso que dado que todos estos escritos siempre los puse (y pongo) a disposición pública, veo coherente hacer exactamente lo mismo con el archivo que compendia todos ellos para hacer que gente que quiera leer lo haga sin el impedimento de unas pocas (o muchas dependiendo del caso) monedas.

Ahora mismo, habrá quien se este preguntando: ¿Pero no están ya al alcance de todos en el blog? Os diré que tenéis razón, pero hay motivos muy importantes que me hacen el compendiarlo todo en un único archivo. Os los resumo.

La portabilidad: Si alguien quiere llevarlo consigo para leerlo, no necesita consumo de datos para hacerlo.

La difusión (No difusión) de internet y sus buscadores: En el tiempo mirando las estadísticas de cómo van las visualizaciones de las entradas, he observado como las más antiguas rara vez tienen visitas. Al final en cada entrada se ponen enlaces a entradas próximas en el tiempo. Supongo que el logaritmo selecciona las más populares para ponerlas como opción. Pero como todo en esta vida, “Popular” no es sinónimo de “Calidad”. En algunos casos lo es, y en otros es puro azar, así que como me gusta enfrentarme con el azar los dejo todos juntos para que el que tenga la voluntad y las ganas pueda leerlos todos.

Y por último, y que sirva como despedida, ruego que si conocéis a alguien que pueda apreciar este libro (¡Si, lo he citado por su nombre!) no dudéis en hacérselo llegar o compartir esta entrada (Archivo) entre vuestros conocidos. Y por supuesto agradeceré cualquier comentario al respecto. Después de todo es por todos. Es por mí.

Así que sin más dilación os dejo con mi obra:

DESCARGA: PINCELADAS ONÍRICAS

Tamaño de página A5 – Tipo de letra Book Antiqua – 11 (textos) – 14 (Títulos)

¡Nos leemos!

Reflexión nocturna

Estoy sentado sobre esta roca sintiendo en el rostro la fría brisa nocturna. Mi respiración poco a poco va decelerando al igual que el ritmo de mi corazón, el cual por unos minutos pensé que se saldría del pecho atravesando la caja torácica. Mi cerebro poco a poco deja de palpitar y una momentánea sensación de relax se extiende por todos mis músculos. Es como estar flotando en el vacío.

Mi visión se va acomodando al resplandor de la enorme y pálida luna llena que parece pintada sobre el fondo negro del cielo nocturno. Me miro las mano y observó el reflejo de esa luz en las gotas carmesíes aún húmedas que resbalan perezosas por mis manos e impregnan la totalidad de mis ropas.

“Así que esto es lo que se siente al matar a un hombre”. Pienso mientras pierdo la mirada en el infinito y dejó que la tranquilidad de la noche me arrope en su cálido regazo.

Dentro de la caja

¿Qué hay dentro de la caja?

La dejé abierta y ahora está ocupada.

Fué solamente un segundo en que aparte la mirada,

Cuando esa blanca bola de pelo saltó,

Se acomodo

Y ahora descansa.

¿Quién podría atreverse a sacarla?

Lo que perdimos

A veces me pregunto porque estamos fabricados de pasado. De vivencias que nuestras mentes manipulan para acomodar nuestras acciones del presente y moldear un futuro siempre incierto.

¿Por qué pasamos la vida añorando lo que perdimos?

Nuestro juguete favorito.

Nuestro mejor amigo del colegio.

Nuestras vacaciones en el pueblo.

Nuestra inocencia.

Nuestras tardes en la calle simplemente conversando.

Nuestro valor hacia el mundo.

Nuestros temores nocturnos.

Nuestro primer amor.

Nuestro primer desengaño.

Nuestra infancia.

Nuestros abuelos.

Nuestros santuarios.

Nuestros padres.

Nuestros hijos.

Nuestro hogar.

Nuestros aciertos y éxitos.

Nuestra imaginación.

Nuestros fracasos y errores.

Nuestra felicidad.

Nuestra pasión.

Nuestras esperanzas y sueños.

Cada vez que leo un “Vive el presente” no puedo hacer más que sonreír. Pues su significado en realidad es “Recupera lo que perdiste”.

¿Dónde lo habremos perdido?