Somewhere in Providencia

Esta isla del tesoro perdida y olvidada en el inmenso océano es para ti

Mes: julio, 2020

Mi novela corta “Esperanza” (kindle) – Gratis del 28 de julio al 1 de Agosto

¡Saludos a todos!

A pocos días para tomarme un par de semanas de vacaciones, aprovecho para ofreceros gratis durante 5 días (Del 27 de julio al 1 de agosto) la edición Kindle de mi novela corta de ciencia ficción “Esperanza”.

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Con esta pequeña pero intensa historia, intenté trasladar gran parte de los temas que suelo abordar en mis relatos, a una situación en que nada es lo que parece.

La historia parte de una Tierra en la que un virus letal está a punto de aniquilar a la humanidad. Este comienzo es la continuación de un relato que publiqué el año pasado en el blog (E incluido en mi antología “Autorretratos de un bufón loco”) titulado “La vacuna”. Partiendo de esa premisa, la humanidad agonizando deposita todas sus esperanzas en los “Elegidos”: Personas con cierta resistencia a contraer el virus.

Los elegidos son enviados al espacio para intentar preservar la especie humana en algún planeta que cumpla las condiciones suficientes para albergar vida.

“Esperanza” es en realidad la historia de ese viaje sin retorno a lo desconocido, y en donde la raza humana contemplará su reflejo en el espejo de su más terrible realidad.

No quiero desvelar más para no fastidiarte esta historia que estoy seguro no te dejará indiferente.

¡Espero que os guste! Y si tenéis oportunidad, agradeceré enormemente si dejáis reseña en Amazón. ¡Es la única forma que tiene una historia de este estilo para darse a conocer!

 

La muerte púrpura – Interludio II

Ellar hizo un alto en el camino junto a un arroyuelo para aliviar el cansancio de sus huesos y músculos. Metió las manos desnudas en las frías aguas y púrpura y dejó que la corriente arrastrara el polvo y la sangre acumulados en las arrugas. Cuando notó que comenzaban a entumecerse formó con ellas un cuenco y dejó que la frescura de aquel agua saciará la sed y humedeciera la garganta. Con ansia. Casi había olvidado esa sensación tan embriagadora por culpa de la sed de venganza que ocupaba sus pensamientos la mayor parte del tiempo. Al terminar se agachó y mojó el rostro y cabello para despejar la mente unos instantes del tormento. Observó su rostro. Y se vio mucho más viejo y cansado. Quedaba poco para el final, fuera este de una forma u otra, lo que le otorgó una cálida sensación de alivio.

Finalizó el descanso y continuó el viaje hacia la ciudad envuelta en densas nubes que se comenzaba a perfilar en el horizonte.

___***___

Aquí el preludio del final de la historia de Ellar que resubiré el viernes.

Si quieres leer las anteriores partes hazlo aquí:

La muerte púrpura

Interludio I

La muerte púrpura II

¡Disfrutarlo!

La muerte púrpura II – En un pequeño claro en el bosque de Vorian

bosque niebla

I

Encima de un túmulo de rocas situado en el centro de un pequeño claro del bosque de Vorian, Lucia esperaba sentada como todas las noches la llegada de su gran amor. Era medianoche ya pasada, y la primera de las lunas brillaba con fuerza en lo más alto, acompañada por miles de titilantes estrellas que hacían del firmamento el más bello espectáculo que ojos algunos habían podido observar jamás. Rodeando el claro, un muro impenetrable de árboles dejaba caer las primeras hojas del otoño, las cuales volaban suavemente mecidas por el viento hasta encontrar el reposo sobre el tupido manto de hierba que cubría cada palmo del suelo.

El silencio sepulcral de aquel solitario lugar fue roto por el lejano ulular de un búho. Y Lucia asustada se desvaneció en un instante como si fuera niebla llevada por la brisa. A los pocos segundos, su imagen volvió a tomar forma cuando se dio cuenta de que el origen de aquel leve sonido provenía del viejo “Guardián del Bosque”, que como cada día desde su llegada a aquel mágico bosque, la avisaba de su inminente llegada para saludarla.

Un suave aleteo entre las copas de los viejos árboles dio paso a la llegada de la imponente presencia del mas anciano ser de todo el bosque. Un enorme búho de fantásticos colores bajo planeando y se posó tranquilamente sobre una roca cubierta de musgo justo en frente de Lucia, y mirándola con unos inmensos ojos que reflejaban como agua cristalina la imagen del cielo la dijo: – Buenas noches bella dama. ¿Todavía sigues aquí quieta como un pasmarote?-

-Sabes que esperare lo que haga falta a mi querido Ellar. Él me prometió que volvería – Los pálidos labios de Lucia temblaron al decir estas palabras, ya que la larga espera la estaba haciendo perder poco a poco la esperanza de volver a ver a aquel hombre que la había robado el corazón.

-Mira pequeña, si algo he aprendido a lo largo de toda mi existencia, es que no se puede confiar en la palabra de un ser que está condenado desde el primer día de su nacimiento. Tu misma deberías saberlo de primera mano…- A pesar del tono de reprimenda que había usado el guardián, su afable voz tenía la peculiaridad de transmitir calma a sus oyentes, y a pesar de que Lucia no era más que un espíritu ese efecto seguía haciendo efecto en ella.

-Pero Ellar era… es…- Lucia no sabía que decir, y si hubiera estado viva habría estallado a llorar. ¿Cómo era Ellar? A decir verdad, ni ella misma lo sabía.

-¿Diferente? Si claro, esa es la palabra que querías decir. Es la palabra que todos usan cuando no son capaces de explicar algo. Pero a raíz de tu insistencia en usar esa palabra cada noche, me surge una duda… – El “Guardián del Bosque” al decir esto la miro fijamente a sus ojos – ¿Qué tiene de diferente ese Ellar del que tanto hablas? Por más que lo pienso no puedo imaginar en que puede ser distinto un simple ser humano…-

-¿Ellar? ¿Mi Ellar? – Sus ojos relampaguearon de la alegría que sintió de tener la oportunidad de rememorar los mejores recuerdos que guardaba en su interior y compartirlos con alguien. Estaba tan sola en aquel olvidado lugar – ¿Sabes que es la primera vez en todos estos años que me preguntas por él? Y de él podría pasarme hablando meses enteros. De su porte. De su humanidad. De su maravillosa personalidad. De su…-

-De lo que no tengo ninguna duda es de que estas enamorada. Aunque te recuerdo que el amor suele cegar la mente y los recuerdos de aquel que está enamorado. Esto en si no es malo, pero tiende a distorsionar la realidad, y a veces… Pero bueno, ¿Quién soy yo para dar lecciones morales?- El “Guardián del Bosque” calló después de decir esto, y con la mirada apremio a Lucia para que iniciara la historia.

Lucia sonrió, y después de tomarse una pausa para que los recuerdos acudieran como un torrente de nuevo a su memoria, comenzó a hablar sobre su relación con Ellar. La única razón por la que se había quedado atada al mundo terrenal.

II

“Conocí a Ellar hace muchas estaciones, en el momento en que los Grandes Oráculos predicaban a los cuatro vientos que el fin del mundo estaba ya demasiado cerca como para hacer algo por cambiarlo. Habíamos dejado atrás el más duro invierno que nadie recordaba, y por todos lados venían rumores sobre un demonio que avanzaba lenta pero inexorablemente por todo Ranacoth, arrasando cuanto estuviera en su camino. “La Muerte Púrpura” lo llamaban los lugareños, y cuando a nuestro pueblo llegó la noticia de que aquel ser surgido de los más profundos infiernos estaba a muy pocos días de nuestro hogar, la gente comenzó los preparativos para un largo viaje sin destino con el fin de alejarse de aquella plaga que iba asolando todo el continente.

En aquellos momentos yo no tenía más que 16 años, y era la hija única de una familia muy humilde que se había dedicado durante generaciones al pastoreo y al cuidado del campo. Así que puedes imaginar el duro golpe que nos propinó el destino al hacernos abandonar nuestro hogar de manera tan precipitada. Como consecuencia de esta fatídica situación, mi padre cayó en el consuelo de la bebida y en un par de días había sufrido un cambio drástico en cuanto a comportamiento se refiere. En donde antes había un hombre alegre y hablador, había en esos momentos un hombre silencioso con la mirada triste y perdida, como si intentara traer de nuevo los buenos años que dejábamos atrás. Pero sí sólo hubiera sido eso, yo no me habría visto obligada a huir del seno de mi familia.

Recuerdo con especial claridad la noche que debía preceder a nuestra marcha. Habíamos dejado preparado todo y mi madre me instó a que me acostara pronto mientras ella esperaba a que padre llegara de su larga estancia en la taberna ahogando sus penas en cerveza. Lo cierto, es que ante aquella situación me fue imposible pegar ojo, ya que cada segundo que pasaba iba rompiendo poco a poco los lazos que había ido formando a lo largo de los años con aquel lugar. Es por eso que estaba despierta cuando el sonido inequívoco de la puerta al cerrarse indico la vuelta a casa de mi padre. A esta llegada le siguieron una serie de ruidos, y fue cuando escuche gemir a mi madre cuando decidí levantarme para comprobar que ocurría. Despacio sin emitir ni un sonido me levante de mi cómoda cama de paja, me dirigí a la puerta que comunicaba con el comedor y a través de una rendija pude ver la violenta situación.

Mi madre se hallaba tirada en el suelo, rodeada de los utensilios y adornos que habían decorado la casa. Mi padre se encontraba inmóvil de pie frente a ella, con un puño cerrado y con el otro sosteniendo un grueso cinturón de cuero. En unos instantes mi padre avanzó trastabillando un paso, se agachó, agarró por el cuello a mi madre y la levantó hasta poner su rostro junto al suyo. Entonces dijo aquella frase.

-Cariño… ¡Hip¡… Esto lo hago por tu bien… ¡Hip!-

Y sin más preámbulos, comenzó a golpearla sin compasión, haciendo que la sangre manara de su rostro hasta que su cuerpo se quedó inerte como un pelele. A pesar de ello siguió castigándola durante incontables segundos, hasta que reparó en mi presencia.

Al observar aquella terrible escena, me tape la boca para evitar emitir un grito de horror, y poco a poco fui avanzando hacia atrás sin perder de vista la escena. Entonces fue cuando tropecé con la silla, y cuando llame la atención de aquella persona que hasta entonces había llamado “padre”. Él se giró en mi dirección y dejo caer lo que quedaba de mi madre contra el suelo de manera brusca. Le mire a la cara y note por primera vez en mi vida el auténtico significado de la palabra “miedo”. Unos ojos vacíos de sentimientos eran los que me observaban, y las facciones de la cara de aquel hombre al que había querido tanto, estaban desfiguradas formando una grotesca mueca que nada tenía que ver con nada que hubiera visto en anteriores ocasiones.

Avanzó lentamente hacia la dirección en la que me encontraba sin dejar de sostener el cinturón con el que había golpeado a mi madre. Y fue en esos momentos, al sentirme acorralada entre las cuatro paredes de mi habitación, cuando sacando de mi interior esa fuerza que se saca sólo en las situaciones más críticas, salí corriendo en dirección a la puerta de salida, arroyando y echando a un lado de un empujón a aquel hombre. Escape al exterior y comencé a correr sin rumbo, alejándome de todo aquello que había conocido hasta entonces, mientras poco a poco iba dejando atrás los sollozos que salían del interior de mi casa.”

III

“Corrí durante toda la noche, hasta que mis piernas dejaron de responder y caí rendida sobre un suelo cubierto de flores, justo al lado de un arroyuelo fruto del deshielo que bajaba con absoluta calma desde las lejanas montañas. Miraba hacia todos lados con nerviosismo, esperando encontrar de un momento a otro la figura de mi padre buscándome para rematar la faena que había iniciado la noche anterior. Pero a pesar de mi miedo, esto no llegó a producirse y pude pasar una buena cantidad de tiempo sintiendo la suave brisa primaveral acariciando mi cuerpo y el tranquilizador murmullo de las aguas fluyendo y golpeando contra las rocas.

Fue cuando me encontraba en esa idílica situación cuando le vi a él por primera vez. Y con ese encuentro casual en algún lugar de las inmensas y florecidas planicies de Ranacoth se iniciaron los acontecimientos que harían de mi vida una experiencia plena, movida únicamente por el amor.

Si te digo la verdad, en todos los años que había estado viviendo en el pueblo nunca había contemplado el imponente aspecto de un príncipe. Es por eso que me quede maravillada al ver aparecer por el horizonte la figura solitaria de un caballero ataviado con una brillante armadura de Purpurita. Andaba con paso lento pero firme, y su larga melena oscura ondeaba al viento, dando a su presencia el aspecto de uno de esos héroes de los que suelen hablar las leyendas. Poco a poco se fue acercando hacia mi posición y cuando se encontró a muy pocos metros, se quedó parado contemplándome con unos ojos azules que competían en belleza con el cielo que nos cubría. Su rostro no mostraba ningún tipo de señal de lo que fuera que pasara por su cabeza, pero una mirada más atenta me desveló que a pesar de las arrugas que se le formaban en su particular rostro, no era tan viejo como aparentaba a simple vista. No sé decir el por qué, pero asustada como había estado durante toda la noche, la aparición de esa persona hizo desaparecer de golpe todo el terror que me había estado dominando. Así que desposeída de temores le mire fijamente, esperando con ansia unas palabras de aquel ser divino.

Pero esas palabras no llegaron nunca. Siguió impasible mirándome fijamente a los ojos como intentando ahondar en mis más profundos sentimientos, hasta que llegado el momento me tendió una mano, la cual yo acepte con toda la ilusión del mundo.

Ya te he dicho que no pronunció ninguna palabra, pero estoy segura de que durante el rato que estuvo delante mía observándome, había estado nadando dentro de mis recuerdos y temores, desgranando cada parte de. Por qué el suave tacto de su piel al ayudarme a levantarme hizo que corriera dentro de mí una sensación de bienestar que sólo puedo explicar con una palabra: Comprensión.”

IV

“¿Has sentido alguna vez el cálido abrazo del amor? ¿Esa unión entre dos amantes en la que no hace falta decir palabras para saber lo que se piensa? ¿Esa sensación de estar protegido por alguien que te comprende? No, claro. Tú eres uno de esos dioses menores, y no llegas a comprender el auténtico alcance que tienen los sentimientos humanos. ¿Y sabes? Son esos sentimientos los que realmente nos diferencian de vosotros. Tenéis poder para crear y deshacer lo que os venga en gana, pero en vuestra eterna vida no sentís que realmente tenéis poder sobre vuestros actos. Dependéis de que las gentes crean en vosotros para existir, lo cual hace que sin seres que crean en vuestra existencia, no seáis más que volutas de humo que desaparecen en el aire cuando el incendio está apagado. En cierto modo, vosotros sois un tipo de sentimiento. Muy diferente al amor o al odio, pero un sentimiento al fin de al cabo. Por eso mismo, no espero que entiendas lo que ocurrió después entre Ellar y yo. De todas maneras ya que me lo has pedido, y para mí es un auténtico placer traer de vuelta los mejores momentos de mi vida te contaré lo que ocurrió después de aquel maravilloso encuentro.

Cogimos la dirección desde la que había llegado Ellar, y caminamos durante días recorriendo sin descanso campos plagados de las más maravillosas flores. De vez en cuando atravesamos alguna aldea devastada por aquel demonio del que no se había dejado de hablar en los últimos tiempos. En cualquier caso, a pesar de que recorrimos distancias enormes, no encontramos ni rastro de dicho monstruo más que la huella inequívoca de su paso por los pueblos. ¿Era posible que hubiera desaparecido así sin más?

Después de un largo tiempo sin cruzarnos con nadie, llegamos hasta las orillas del Gran Lago, un lugar rodeado de altísimas montañas y espesos bosques en el corazón del continente. Sólo con mirar a Ellar a la cara supe que era el lugar al que me había querido llevar desde el inicio de nuestro viaje. Nos sentamos sobre una roca desde la que se podía observar toda la extensión de sus calmadas aguas, entrelazamos nuestras manos y nos quedamos un rato en silencio mirando el reflejo de las formaciones montañosas en la superficie del agua, mientras el sol se ocultaba poco a poco dejando paso a la noche.

¿Puedes creer que hasta ese momento no había escuchado la voz de Ellar? ¿Qué ni siquiera sabía su nombre? Había aceptado sin reparos el acompañarle en una travesía de la que desconocía el final. Y en esos momentos me encontraba en el lugar más bello que nunca había podido soñar junto a esa persona que me había acogido en su regazo cuando el miedo y la soledad eran lo único que me quedaba.

-Nunca imagine que pudiera existir un lugar tan maravilloso… Y me siento tan bien a tu lado… ¿Cómo llegaste a mí, ángel mío? Ni siquiera sabes mi nombre…- Dije entre murmullos.

-Lucia… No puedes tener otro nombre. Delicada como la luz del amanecer que siempre he adorado. Dulce como la fragancia de estas flores de primavera. Bella como el paisaje que contemplamos…- Su voz profunda resonó por encima del cantar de los pájaros y me hizo amarle con aun más intensidad de la que había sentido hasta ahora.

¿Era Lucia mi auténtico nombre? Desde luego no era el que me habían puesto mis padres al nacer, pero pasó en un instante a ser el único al que respondería. Pero… ¿Cuál era el suyo? -¿Cómo puedo llamarte amor mío? No encuentro palabras para describirte, y créeme si te digo que en la naturaleza no hay comparación a lo que siento cuando te contemplo… Por favor…-

-Puedes llamarme Ellar, pero no quieras saber más de mí, que mi nombre…- Dijo esto mirándome a los ojos. Y contemplarlos en esos instantes me hizo latir con tremenda intensidad el corazón.

-No necesito saber más que eso, amor mío… Ellar…- Al decir esto, no pude evitar el acercar mis labios a los suyos para aplacar el agradable calor que subía por mi cuerpo.

Y de esta manera comenzó aquella noche en la que alumbrados por todas las estrellas del firmamento nos entregamos a la pasión y al deseo, con el único testigo de una luna temerosa de salir de su escondite para no molestar con su presencia la más grande muestra de amor que puede existir en el universo.”

“A esa noche la siguieron muchas más, y cada día que pasaba el amor crecía, hasta hacerme sentir la persona más querida de toda la existencia.

V

¿Puede alguien sentir tamaña felicidad? Como respuesta a esa pregunta, sólo puedo decir que dudo que haya existido nunca un amor tan sincero y puro como el que nos profesábamos Ellar y yo. Pero un día, para mi desdicha, llego sin previo aviso el momento de nuestra separación.

Ocurrió cuando las margaritas comenzaban ya a marchitarse por el calor del recién llegado verano…

Lucia paró de relatar su historia, y un pinchazo en su cabeza la hizo emitir un alarido de dolor que hizo temblar todo el bosque. ¿Qué le ocurría? Por más que intentaba recordar esos últimos hechos, no era capaz siquiera de evocar la más mínima imagen del ultimo día con Ellar… Sólo recordaba la promesa que éste la hizo de regresar a buscarla, y eso hasta entonces la había bastado. Pero ahora que tenía un oyente dispuesto a escucharlo todo necesitaba traer de vuelta ese recuerdo. Porque para un espíritu, los recuerdos de su pasada vida son lo único que le queda.

-Pequeña… No recuerdas esos últimos momentos ¿verdad? – El búho habló con tono paternal, y la miró con cara de lastima. – ¿Sabes? En eso que has dicho de que los dioses no sabemos lo que es amar y ser amados te doy la razón. Dependemos demasiado de lo que la gente piense de nosotros. Pero lo que si te puedo asegurar es que sentimos compasión por todos los seres que hemos creado. Por eso mismo no dejaré que recuerdes el final de vuestra historia. Es mejor que sigas esperando por siempre jamás a Ellar con la ilusión de volver a verle como le recuerdas, que llevarte con mis palabras hasta el descanso eterno alejada de los sueños formados por ese sentimiento tan inmenso llamado amor… Así que vas a tener que disculpar que te deje en este momento a solas con tus buenos recuerdos. Piensa que por lo menos has tenido la suerte de vivirlos… Adiós pequeña… Sólo espero que nos volvamos a ver.

Lucia no respondió a lo que la acababa de decir el Búho, simplemente se limitó a mantener la mirada perdida, mientras la sombra del “Guardian del Bosque” se alejaba volando del claro. Y allí se quedó para siempre jamás esperando el regreso de aquel hombre que había marcado su vida, y con el que aún suspiraba después de muerta.

VI

El “Guardián del bosque” voló durante días hacia los límites del mundo, el lugar donde le aguardaban el resto de dioses. Empezó a descender despacio cuando vio la enorme columna de luz que indicaba el lugar donde se iba a celebrar el concilio. Al tomar tierra, un aura cegadora se extendió entre los cientos de asistentes, y de ella surgió su auténtica forma. Una forma humanoide vestida de una blanca túnica no muy alejada en facciones a los humanos corrientes. Corrió entre el pasillo de figuras expectantes, y al llegar a la columna de luz, se elevó en el aire como sujeto por hilos invisibles. Se hizo el silencio entre los asistentes, y entonces elevando la voz dijo las siguientes palabras:

“Hermanos, el universo que creamos hace incontables Eones está cerca de dejar de existir. He hablado con ella como me ordenasteis, y ahora que conozco las razones que han llevado a Ellar a aniquilar completamente la raza humana, puedo asegurar que no nos queda más que aguardar nuestro final. ¿Cómo podíamos saber que crear una raza tan corrupta como la humana daría como resultado semejante monstruo? Sí, sabemos que el amor le alejó durante un tiempo de su odio, pero como también sabéis, este sentimiento le acabo de llenar con aún más odio cuando un grupo de asaltantes aprovechó que había salido a cazar, para violar y asesinar a Lucia. Ahora que ya no quedan humanos que nos recen, nuestro poder ha disminuido considerablemente dando como resultado que la línea que separa nuestro mundo del humano ha desaparecido. Solo es cuestión de tiempo que Ellar encuentre el camino y entonces… ¿A qué dioses podemos rezar nosotros para evitar nuestro final?”

___***___

Aquí el segundo relato de los tres que tienen como protagonista principal a Ellar. En el pretendí mostrar la parte humana del personaje y como en algún momento amó.

Espero que lo disfrutéis y os quedéis con ganas de leer el final de esta historia que re-subiré la próxima semana

La muerte púrpura – Interludio I

Arropadas en las tinieblas de la noche profunda dos miradas se clavan mutuamente con la luna llena como único foco que pueda delimitar sus formas y sombras. Las manos entrelazadas y los cuerpos temblorosos por el ansia de la carne. Pasión a un paso de estallar entre dos amantes que ya no pueden contener los besos que suplican sus labios.

La noche será larga. Pero nunca demasiado larga para Ellar y Lucía, pues el amanecer traerá consigo el comienzo de la pesadilla que se avecina y que tendrá consecuencias imprevisibles en el mundo de Ranacoth.

___***___

Nuevo breve preludio al segundo de los tres relatos de La Muerte Púrpura que mañana re-subiré.

Lee la primera parte aquí (Si te la perdiste o quieres refrescarte la memoria): La Muerte Púrpura

¡Disfrutarlo!

La muerte púrpura

Pueblo con niebla

I

Caminaba encorvado y lentamente, hundiendo sus botas de color púrpura hasta casi las rodillas en la gruesa capa de nieve. Aunque hacia unas horas que la fuerte tormenta había amainado, se cubría como podía con una roída y oscura capa de piel de lobo del gélido viento que soplaba levantando nubes de polvo y hielo. Al llegar al punto más alto de la colina, se paró a observar el espectáculo que ofrecía la mágica y letal noche invernal de Ranacoth, el mundo que agonizaba con los últimos envites de la dura estación. La esperada primavera estaba ya próxima, pero mientras tanto a los habitantes les quedaba por pasar lo peor de esta terrible temporada, la peor que recordaban en los últimos 30 años.

Las dos lunas asomaban tímidamente entre los resquicios de unas pocas nubes que amenazaban con descargar de nuevo su ira a lo largo y ancho de aquellas antaño fértiles tierras. Debajo de la empinada cara del montículo, justo a la orilla de un fino arroyo con las aguas congeladas por las bajas temperaturas, dormía una pequeña aldea cuyos habitantes debían estar sobreviviendo gracias a las reservas del pasado verano. La sombra de un espeso bosque en la lejanía, danzaba bruscamente empujada por el viento. En el horizonte, el leve resplandor que precede al alba comenzaba a apagar las brillantes estrellas que le habían acompañado durante todo el viaje… De repente, una inmensa nube oculto las dos lunas, dejando todo en penumbra e impidiéndole la visión de su objetivo. Su antiguo hogar. El lugar que le vio nacer.

Cansado como estaba por el largo viaje que había emprendido, se sentó sobre una roca que sobresalía de entre la nieve y que la naturaleza parecía haber puesto allí para tal fin. Como era su costumbre, esperaría al momento en que el sol asomara por la línea que separaba tierra y cielo para iniciar el descenso, y mientras tanto en silencio pensaría una vez más en el sentido de sus actos ¿Podía llevar tantos años equivocado?

El hombre del que os hablo era alto y de complexión fuerte. Aparentaba unos 50 años, aunque su edad real no llegaba a los 40. De piel blanca como la nieve que daba a su semblante la sensación de tratarse de alguien no del todo vivo. Una larga melena de color oscuro caía lacia por su espalda como una negra cascada. Pequeñas cicatrices surcaban su rostro acompañando a las arrugas que se le habían empezado a formar, dejando ver a simple vista que su vida tenía que haber sido un cúmulo de aventuras y desventuras. Debajo de la vieja capa iba vestido con una armadura completa de Purpurita, el metal púrpura más liviano y resistente conocido, la cual daba a entender que en algún momento de su intensa vida había tenido en sus manos una gran cantidad de dinero aunque ahora simplemente pareciera un pordiosero. En su espalda, sujeta con unas gruesas correas de cuero colgaba una enorme y vieja espada de excelente factura. Pero lo que realmente destacaba de él, eran sus ojos.

De un profundo azul que hacia caer a todo aquel que los mirara en un pozo donde parecían estar encerrados el cielo y el mar en perfecta armonía. Y es que su vida había sido como esos dos elementos, en calma durante su niñez y tornándose tormenta años más tarde cuando descubrió el significado de la vida. Todo eso desvelaban sus ojos al que los mirara, aunque poco importaba conocer sus más profundos secretos, ya que cualquiera que tuviera el valor de cruzar su mirada con él, condenaba su vida al instante. Por qué él era aquel del que corrían rumores por todo el país fruto del miedo. Él era Ellar, más conocido como “la muerte púrpura”, y su presencia en las inmediaciones significaba la aniquilación de todo ser vivo.

Pero en aquella ocasión paso algo extraño. Al sentarse y mirar desde lo alto los paisajes que habían albergado su niñez, noto un sentimiento que creía olvidado en su interior. Un sentimiento que poco a poco hizo que se formara una película de lágrimas en sus ojos, haciendo que el mundo que le rodeaba se deformara como esbozos de un cuadro a medio terminar. ¿Podría tratarse de nostalgia por la vuelta al hogar? Con un rápido movimiento de sus manos, aparto las lágrimas de su rostro, por el temor a que se comenzaran a congelar como el resto del mundo. Y comenzó a darle vueltas una vez más al pasado que le perseguía como una maldición.

II

“¿Madre?… Se acercó al cuerpo inerte de su madre y observo el profundo tajo que la hacía manar sangre de su vientre. ¿Dónde habían ido aquellos hombres? Horas antes, su madre se había encerrado en el mugriento cuarto de aquel burdel con dos hombres que habían insistido en pagar muy bien el servicio. Durante unos minutos, de la habitación cerrada solo habían surgido risas y frases malsonantes, pero al poco tiempo estos sonidos se convirtieron en jadeos y gritos de placer. Su madre había sido el orgullo del dueño del burdel durante mucho tiempo, por su belleza deslumbrante y su cuerpo que incitaba a la lujuria, pero eso se terminó bruscamente cuando sus dos últimos clientes habían decidido después de terminar, que el precio que cobraba era demasiado alto, ya que la belleza efímera ya comenzaba a desaparecer por el peso de la edad… Se escucharon gritos. Comenzó un forcejeo. El sonido de un bofetón seguido del caer de objetos y finalmente el silencio… Los desconocidos desaparecieron y Ellar se encontró solo… con 6 años de edad, en esos momentos solo pensó en huir…”

III

“¿Hacia dónde se dirige un jovenzuelo solitario como tu? El hombre que le hablaba era un viejo vagabundo, que había llegado a la aldea pocos días antes. Le faltaban la mitad de los dientes, y la otra mitad colgaban negros y podridos en su apestosa mandíbula. El anciano alargo sus famélicos brazos y agarro al niño fuertemente tapándole la boca para que no pudiera emitir ni un sonido. A los pocos minutos estaban lejos de allí, en el interior de una vieja choza de adobe que olía a vino y excrementos. Aquel hombre había sido hace mucho tiempo un conocido hechicero del imperio, pero los conocimientos que fue ganando le hicieron perder poco a poco la cabeza, hasta convertirle en el repulsivo ser que le miraba con ojos maliciosos. Con estos hechos comenzaron los largos años de encierro y sufrimiento continuo. Le obligaba a realizar las más repugnantes tareas y a servirle en las más disparatadas ideas que se le ocurrían. Eso era durante el día, ya que por la noche, cuando el vino se agotaba y la comida le dejaba un regusto amargo en el paladar se acercaba a él con esos ojos que había visto tantas veces en la clientela de su madre y… Cuando cumplió los trece años, una noche se acercó por su espalda y sin pensárselo dos veces le atravesó con un oxidado cuchillo de carne. Aquella fue la primera muerte que dispensó, y con ella comenzó a formarse en su interior aquella armadura de odio que le acompañaría por el resto de su existencia…”

IV

“Por segunda vez en su vida huyo, llevándose consigo unos viejos tomos encuadernados en piel que eran el tesoro mejor guardado de aquel hechicero. ¿Podría sacar algo por su venta? Sus pasos le llevaron hasta Brondesmar, la ciudad más imponente del imperio, con sus columnas de Mármol elevándose sobre unas calles atestadas de gente y mercaderes. Lo primero que hizo fue visitar a un viejo librero en la calle principal.

-¿Qué quieres muchacho?- Ellar deposito los libros sobre el mostrador, el personaje bajito y poco agraciado se puso unos anteojos y comenzó a observar con detenimiento los gruesos volúmenes mientras murmuraba cosas como “Impresionante” o “¿De dónde los habrá sacado?”…

-Estos libros en su conjunto no valen más que 50 monedas de oro… Y eso porque hoy me siento generoso- Dijo el librero al terminar de pasar la última página de uno de los volúmenes. A pesar de tratarse de una autentica fortuna, era un precio claramente inferior al real, ya que eran piezas únicas escritas por el más conocido hechicero del imperio. Y eso Ellar lo sabía.

-¿Me estas tomando por tonto?- Dijo Ellar intentando poner en su tono de voz un registro amenazador, y que debido a que aún no le había cambiado la voz quedo ridículo. – Esos libros valen por lo menos el doble-

-Mira niño, no sé de dónde has sacado esto, pero viendo tus vestimentas puedo deducir que no ha sido de manera legal, así que más te vale que te vallas de aquí, o me veré obligado a llamar a la guardia…-

Ellar lo miro con ojos relampagueantes, y el odio se adueñó de él. ¿Que pretendía aquel hombre? Era como todo el mundo que había conocido hasta ahora, egoísta, ambicioso y camuflado tras el mostrador de su librería engañaba a las personas necesitadas… Pero había cometido un error. Ellar no poseía nada, salvo un odio creciente que con cada vuelta de la vida crecía de manera más descontrolada, por eso el librero fue incapaz de prever el salvaje ataque del niño. Un golpe en la cabeza con uno de los libros le dejo inconsciente en el suelo y Ellar aprovecho ese instante para subirse sobre su cuerpo y…

Cuando abandonó el recinto del negocio, llevaba en su mano un saco lleno con 100 monedas de oro que tintineaban al ritmo de sus gráciles pasos. Cerró la puerta, y con paso tranquilo se alejó del lugar como si no hubiera ocurrido nada.

Horas más tarde, en la ciudad se causó un gran revuelo cuando corrió la noticia de que había aparecido el cadáver del más conocido librero del lugar. Este apareció tirado en el suelo de su tienda destrozado, como si hubiera sido atacado por un animal salvaje y a su lado unos gruesos libros encuadernados en piel y manchados de sangre… A los pocos días, el populacho olvido estos hechos, y la ciudad volvió a su ajetreada vida normal.”

V

“-¡Tengo las mejores armaduras de la ciudad! ¿Acaso lo dudas?- El fortachón y charlatán herrero estaba acostumbrado a tratar con personas diariamente que buscaban la mejor factura en las armaduras y sin embargo no podían pagar el precio que estas costaban. – Mira por ejemplo esta armadura de acero… Es la mejor que he realizado en mi vida. Observa sus juntas, por ellas no entraría ni el filo de una daga Heleniana… ¿Y qué me dices del Yelmo? Solo observarlo inspira temor… Una autentica obra de arte por solo cinco monedas de oro…-

-El otro día vi pasar un príncipe con su escolta, y llevaba una reluciente armadura de color púrpura…- El jovenzuelo sabia de lo que hablaba, nada más verla, se había quedado prendado y había decidido que eso era lo que el necesitaba…

-¡¿Tú estás loco muchacho?! Esas armaduras no están hechas para gente como tú. Te aseguro que esta armadura de acero es más acorde con tu nivel… Si es que llegas…- Dijo el Herrero riéndose en la cara del niño – Ningún plebeyo de la ciudad podría pagar jamás las 100 monedas de oro que cuesta una armadura de esas características. A sí que imagínate un niño como tu…-.

Ellar hizo resonar el saco de monedas, y se lo lanzo a las manos al herrero. – Cuéntelas si quiere, solo le digo una cosa… Quiero una de esas armaduras…-

El herrero asomo su enorme nariz a la bolsa, y sus ojos brillaron con codicia… Nunca había visto tanto dinero junto, y si no recordaba mal tenía en el almacén una vieja armadura de Purpurita acumulando polvo desde hacía muchos años, ya que este tipo de armadura no era comprado más que por reyes en ocasiones especiales… -Sígueme pequeño, creo que va a ser un placer hacer negocios contigo…-

Lo guió a través de un oscuro pasillo hasta una estancia cerrada con una gruesa puerta de madera maciza y metal. La abrió con una gran llave, y le invito a visitar su interior. Allí se almacenaban montañas de piezas metálicas: Hachas, espadas, armaduras, yelmos, guanteletes, lanzas… Y al fondo del todo entre penumbras una excepcional armadura de color púrpura y con ornamentos que representaban imágenes bélicas. Era justo lo que Ellar deseaba.

-Me parece perfecta, está claro que ha sido realizada por las manos de un autentico artesano… También necesito una espada.-

-Elije la que más te guste de ese montón… Por haber hecho una compra tan grande solo te costara 2 monedas de oro…- Dijo el Herrero sonriendo y feliz por haber realizado el negocio del siglo.

Pero Ellar no poseía esas 2 monedas de oro. No después de haberse gastado todo el dinero en aquella maravillosa armadura, y estaba dispuesto a llevarse todo lo que había venido a buscar. ¿Era capaz de matar por dos simples monedas de oro? En esos momentos realmente mataría por vivir, y eso es lo que intentaba desde su primer día, así que se acercó a la pila de armas, selecciono una grande y pesada, y haciendo un rápido arco hacia atrás cerceno de un solo golpe la cabeza del comerciante. ¿Qué importaba una vida más? Adapto la armadura a su tamaño gracias a las excepcionales cualidades de aquel metal, se colgó la espada, salió al exterior y por primera vez y ultima la gente que se cruzó con el pudo ver en su rostro una sonrisa.

En cuanto al herrero, nadie encontró jamás su cadáver esparcido en el suelo junto a cien monedas de oro. Sus conocidos creyeron que después de hacer el trato de su vida con un cliente había huido a algún país lejano para vivir el resto de su vida rodeado de lujos. Y lo cierto es que no se equivocaban.”

VI

“la muerte púrpura” lo ha vuelto a hacer…- La cara de estupor de la gente dejaba ver el miedo que sentían al pronunciar aquel nombre maldito. Era la quinceava víctima de aquel demonio en lo que llevaban de mes y la histeria colectiva empezaba a extenderse por todo Brondesmar. Quince prostitutas cruelmente mutiladas al alba por un ser desconocido, y la guardia real no parecía hacer nada para evitarlo. Un testigo hacia dos días aseguraba haber visto una sombra púrpura alejarse lentamente del lugar de los hechos. Por eso mismo los hasta ahora felices habitantes de la ciudad habían dado aquel nombre al asesino.

Cuando el número de víctimas ascendió a más de cincuenta, la guardia real empezó a tomar cartas en el asunto, y destinaron a un pelotón exclusivamente para intentar investigar y detener los horribles crímenes que se estaban produciendo en los últimos tiempos. Esto tranquilizo a la población, y más aún cuando corrió el rumor de que habían destinado para tal tarea a Tesyré, la investigadora más audaz de todo el imperio, a la par que uno de los más grandes Héroes que se recordaban desde tiempos inmemoriales. De esta manera, en los callejones no se escuchaba otra cosa que no fuera los pormenores y nuevas noticias que se conocían sobre la peculiar investigación.

Esto, alimento el ánimo de la gente, que a pesar de que veían que noche tras noche iba creciendo el número de víctimas veían que el círculo se iba cerrando alrededor de un misterioso extranjero que había llegado a la ciudad unos pocos años atrás. Si, el ánimo empezaba a subir de nuevo, hasta que una mañana al alba, las esperanzas depositadas en su gran héroe cayeron por su propio peso, al hallarse en el medio de la plaza del mercado al pelotón completo masacrado sin compasión, a Tesyré colgada de lo alto del mástil que hacía las veces de tablón de anuncios goteando sangre en el empedrado suelo, y una figura alta y vestida con una imponente armadura de Purpurita en el centro, silenciosa y quieta como una estatua. La gente se aglomero a su alrededor a una distancia prudencial, mirando la enorme espada manchada de sangre que sujetaba con una sola mano. ¿Qué tipo de demonio era capaz de acabar el solo con uno de los laureados pelotones reales? El miedo se palpaba en el ambiente, y como siempre suele ocurrir con el miedo, este le hizo tomar a la muchedumbre la decisión equivocada.

Se lanzaron como una jauría de lobos hambrientos sobre el hombre solitario al verse en clara superioridad numérica, sin tener en cuenta que una persona capaz de acabar con guerreros entrenados y con experiencia en mil batallas, tendría habilidad suficiente como para acabar con un puñado de comerciantes y campesinos. Así que no hubo ni uno de ellos que pudiera prever el infierno que se iba a desatar en pocos instantes sobre la ciudad.

En un mundo cuya magia es regida por el odio del que la práctica, era poco aconsejable encararse contra alguien que albergaba en su interior odio en su más pura definición. Odio hacia la codicia. Odio hacia la estupidez. Odio hacia el egoísmo. Odio hacia la mentira… En definitiva, odio hacia la especie humana.

Una columna de fuego se elevó y se proyectó en todas direcciones calcinando todo aquello que estuviera en su camino en un radio de varios kilómetros. Casas, jardines, árboles, aves, mamíferos… todo se volvió ceniza al sentir el abrasador calor de aquel hechizo de fuego. Tal fue el poder liberado, que cuentan las leyendas que de esta manera fue absorbido todo el calor de aquel verano, y a partir de ese instante comenzó el crudo invierno.

No cabía duda, los años sirviendo a aquel poderoso mago, le habían enseñado a Ellar algo más de lo que en principio podía parecer.”

VII

El sol comenzó a asomar por el horizonte, y Ellar volvió a la realidad de un plomazo. Volvía a estar sobre la colina, y escucho a lo lejos el cantar de un gallo que anunciaba el nuevo día. Había llegado la hora, y a pesar de sus dudas iniciales de si había necesidad de continuar con la plaga que había sembrado a su paso, decidió que la vuelta al hogar no era motivo para echarse atrás. No había hogar que albergara el odio más que su propio cuerpo y aquella armadura que le había dado su auténtico nombre, y la nostalgia fue quemada como había sido quemado el resto del mundo a su paso. Por qué el era “La muerte Púrpura” y aquel nombre era el único honor que le quedaba. Se levantó, y comenzó el descenso hacia la aldea que le había visto nacer. Aquel sitio que en algún momento olvidado en el tiempo había llamado “hogar”.

___***___

Este relato es el primero de una serie de 3 con el mismo protagonista que escribí hace mucho tiempo, su nombre es Ellar. En realidad históricamente es la entrada con mas visitas del blog, pero siempre me han parecido muy extrañas. Aproximadamente cada semana recibe una visita desde algún lugar indeterminado de EEUU. Me gusta imaginar un hombre apartado del mundo, sentado en su porche con una escopeta encima de las piernas mientras mastica tabaco y se balancea en su mecedora. Y de vez en cuando le apetece leerlo… es mi mayor fan.

Hablando en serio, este relato me gusta especialmente por su protagonista, y por el como va desarrollando su historia. Os invito a seguir su historia… Incluida en “Delirios de un bufón loco

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¡Hágase la luz!

-¡Hágase la luz!- Y la luz se hizo entrando como una lluvia de flechas a través de las rendijas de la persiana recien levantada, bañando con su resplandor el cuerpo desnudo cubierto con sábanas de la mujer más bella y ardiente que jamás conocí.

Ella agarró la almohada y se tapó la cabeza riendo. -¡Maldito cabrón! ¿No tuviste suficiente con lo de anoche? Baja de nuevo eso-

Salté a su lado, aparte la almohada y la ligera sábana que la cubría. Antes de que se perfilaran sus rasgos ya había besado sus labios y abrazado su pálida piel.

Un último y terrorífico beso cuando contemplé atónito como su blanca piel se hacía jirones y su carne burbujeaba y se derretía como cera fundida al contacto con la luz directa del sol de mediodía.

La torre

Siempre, cuando el sol comienza a ocultarse en el horizonte miro al cielo esperando vislumbrar de nuevo la torre. Una inmensa estructura de piedra blanca entre las nubes que reflejaba los últimos rayos de luz como trazos mágicos de plata. Una inalcanzable figura que se desvanecía como la niebla en las mañanas otoñales. Un sueño que anhelo repetir algún día, aunque en mi interior sé que se rompió en mil pedazos al despertar aquella mañana del mes de Mayo después de una noche de vanos intentos por traspasar sus oníricos muros.

Fue acompañante de mis solitarios paseos por el viejo camino que lleva al molino durante muchos años. Pasiva observadora de mis encuentros amorosos a la sombra de las encinas con aquellas mujeres que me enseñaron todo aquello que desconocía del amor. Silenciosa confidente a la que susurraba sinceros deseos de poder alcanzar sus muros. Un monumento a la soledad que hacía pensar que aguardaba imperturbable en su lecho de blanca espuma mi llegada. Una columna de marfil que incitaba a viajar a los años en que los cuentos para niños eran una bella y tangible realidad.

¿Podría alguien afirmar que estoy loco si digo que pasé buena parte de mi juventud mirando ensimismado esa torre que solo ante mis ojos era tangible? ¿Podría alguien reprochar mis vanos intentos por llegar a lo más alto, hasta las puertas del cielo para alcanzar mi único sueño?

Fueron horas de espera al ocaso que ahora se me antojan siglos, esperando a que sus majestuosas puertas se abrieran desplegando un puente de brillantes estrellas. Horas perdidas desde el momento en que dejándolo todo atrás, inicie el ascenso hacia lo desconocido. Hacia lo único que creía real en ese mundo interior que se había forjado bajo la atenta supervisión de la imperturbable torre.

Recuerdo con especial emoción aunque con inmensa tristeza la tarde en que se disipó todo. Hilos de cálida luz se desplegaban entre las verdes hojas de los árboles, mientras una suave brisa hacia bailar el manto de flores de mil colores desde el que observaba emocionado como todos los días a mi gloriosa acompañante. Al este, el cielo comenzaba a oscurecerse salpicado por unas pocas estrellas, y el sol lenta pero inexorablemente se ocultaba tras los lejanos riscos dejando en el ambiente un maravilloso contraste de luces y sombras.

Recuerdo como un día más me di por vencido, y me dispuse a esperar impotente como los blancos muros se transformaban en filigranas de humo llevadas por el viento. Pero aquel día eso no ocurrió. El sol se ocultó dando paso a una noche de ensueño, y pude ver como de las oscuras ventanas de la torre salía un resplandor de tenue coloración, acompañado del sonido de un sollozo que inundó el ambiente con un manto de profundo pesar. La luna llena hizo acto de presencia en la escena, desvelando con su brillo un puente de lágrimas que bien podrían haber sido perlas, que descendía desde el firmamento hasta escasos metros de la posición en que me encontraba.

Ante mí se abría el camino que había esperado durante tanto tiempo, y mis músculos comenzaron a responder de manera acorde a la situación: temblando. Avancé tambaleante hacia el puente, temeroso de que su plateado firme no fuera más que una ilusión mostrada ante mis ojos por los deseos largamente macerados en mi interior. No fue así. El mero roce del pié con la perlada pasarela hizo que mi cuerpo comenzara a elevarse sujeto por invisibles filamentos en dirección al origen de mis más profundos sentimientos.

En unos instantes sobrevolaba la oscura extensión de tierra que era mi mundo, sabiendo que mi destino se hallaba cada vez más cerca. Me pareció sentir que las negras sombras de la realidad extendían sus oscuros miembros intentando atraparme, pero la fuerza de un sueño al borde de ser alcanzado logro imponerse, hasta depositar mi cuerpo ante los muros de la torre. Una sensación de júbilo recorrió todo mi cuerpo, y corriendo entre el campo de sólidas nubes rodeé la torre buscando la puerta; el acceso al interior del nuevo mundo que me aguardaba. Finalmente la encontré, imponente como la boca de un titán clamando por su liberación, pero para decepción mía cerrada a cal y canto.

Golpeé y grité con todas mis fuerzas, pero no hubo respuesta a mis continuas llamadas salvo aquel lamento que inundaba el ambiente y que por momentos parecía aumentar su volumen hasta casi parecer un vendaval de melancolía. Mi cabeza comenzó a dar vueltas y continúe golpeando la puerta hasta que el cansancio hizo que de mis labios surgiera un sollozo desesperado que se unió al triste canto que ya imperaba en el ambiente.

“¿Por qué mis llamadas no obtenían respuesta?”

“¿Por qué quien fuera que habitara la torre no hacía caso a mis ruegos?”

“¿Por qué la espera que había sufrido durante años había quedado condenada a convertirse en una ilusión como tantas otras perdida?”

“¿Por qué…?”

Al despertar supe que no vería nunca más la torre. Que no contemplaría nunca más sus muros de piedra blanca sostenidos por nubes de ensueño. Que no observaría nunca más los últimos rayos de sol reflejando destellos de oro y plata sobre su argentina superficie. Porque el último paso lo había dado sin llegar a alcanzar la cima de mis deseos. Porque he perdido la capacidad de soñar como sueña un niño perdido con viajar surcando los cielos al país de Nunca Jamás.

Bailabas entre la niebla

Cuentan que te vieron
Bailando entre la niebla
Una negra y fugaz silueta
Enrollándose con ese gris velo
Girando y riendo

¿Puedes creerlo?

Yo que yacía a tu lado
Puedo asegurar que dormías
Con tu pecho subiendo y bajando
Plácidamente
Subiendo y bajando
Seguramente soñando
Que danzabas rodeada de niebla
Girando y riendo
Enroyándote en su gélido velo
En un húmedo abrazo

El duelo

Siempre fuimos enemigos
Mi némesis y amante
Sabor amargo y dulces besos
Como suelen decir
Polos opuestos que se atraen
Más llegó el día que lo nuestro
Debía terminarse

O tú, o yo
Duelo a muerte bajo el sol
Sin testigos
Ni miradas curiosas
Yo elijo el donde
Es mi única condición
Un campo de oscilante hierba
Y ambos frente a frente
Mirándonos desafiantes
Y deseosos el uno del otro

Llega la hora acordada
Solo puede quedar uno en pie

Respiro profundamente

¡Abro fuego!

Te doy una calada y caigo herido de muerte

Descubridor de un nuevo mundo

Agujero negro

I

Huí.
Sé muy bien que huí.
Escapé una mañana para no regresar.
Con las manos amarradas en el volante.
El pie anclado en el acelerador.
El corazón atrás destrozado en medio de la calzada.
Despegue rumbo a lo desconocido.
Autopista de estrellas en el horizonte.
Y mi antiguo diminuto mundo detrás.
Haciéndose cada vez más pequeño en la distancia.

II

¿Cuánto tiempo puede alguien estar huyendo de su pasado?
¿Alguna vez los recuerdos se desvanecen para siempre?
Noche tras noche no dejaba de atormentarme arropado en pesadillas.
Despertaba empapado de sudor.
Gritando en la soledad de la enorme distancia recorrida.
No creía que tuviera otro futuro que empacho a base de lamerme las heridas que no iban a cicatrizar jamás.
Entonces lo vi.
Un enorme túnel negro que se retorcía como un gusano.
Un gusano que se alimentaba de personas como yo.
Sin nada que perder.

III

¿Que puedo perder?
El cosquilleo que ofrece lo desconocido se instaló en el interior de mi cerebro.
La neurona que dicta los impulsos se desperezó y grito.
Hazlo!
Y lo hice.

IV

El viaje fue un suspiro.
En un momento estaba en un lugar indeterminado del universo y en un pestañeo en otro exactamente igual.
¿El vacío parecía más cálido?
Tal vez aquí pueda iniciar una vida nueva.
Volver a los orígenes.
Aterricé en un campo infinito de hierba que se mecía con el viento como un mar.
Me bañé en sus olas.
Me quedé embobado viendo los dos soles que en el cielo jugaban con las nubes.
Cerré los ojos y dormí.
Aquella noche después de muchos años soñé.

V

Lo primero que vi al despertar fue a ti.
Tu rostro mirándome fijamente con el reflejo de la curiosidad.
Tan claro.
Eras diferente y a la vez igual.
No te entendí pero tus ojos me dijeron todo.
Me ofreciste la mano.
La tomé.
Y juntos de la mano nos alejamos sin prisa a descubrir este nuevo mundo.

___***___

Re-subo este viaje de no retorno.

¡Espero qué lo disfrutéis!