Somewhere in Providencia

Esta isla del tesoro perdida y olvidada en el inmenso océano es para ti

Mes: febrero, 2020

Cruce de caminos

Ocurrió en el breve lapso de tiempo
Qué sucede en el cruce de caminos
De dos perfectos desconocidos
En direcciones opuestas

Le miraste a los ojos
El té devolvió la mirada
Ambos sonreísteis
Se sonrojaron vuestras mejillas

Hay quien lo llamará magia
y quién dirá que fue química
Destinos cruzados
Tonterías al fin de al cabo

Después de todo
Continuasteis vuestro camino
Como si nada hubiese pasado

La cascada del fin del mundo

El crucero al fin zarpó
Surcando una mar en calma
Dejando atrás estelas de plata
Y el pasado despidiéndonos
Apesumbrado para siempre
Desde los muelles

Un navío cargado de sueños
De deseos olvidados
De creencias increíbles
De verdades engañosas
De ilusiones
Fe
Y falta de ella

Comenzó un viaje al más allá
Hacia horizontes perfilados
Viaje de ánimas con ánimo
Y locos buscando cordura
O nadar en ella
Libres
De querer demostrar
Lo indemostrable
De creer

Ochenta y un días de viaje
Y sus oníricas noches
Nubes oceánicas
Violentas tormentas
Salvaje oleaje
Prados de estrellas
Camaleónicas lunas
Auroras boreales
Amaneceres cristalizados
Por un viento cada vez más frío
Que nos dejaba helados

Una tarde comenzó
A escucharse el ruido
Al principio un murmullo
Después atronador lamento
Al final un infierno sonoro

El viaje llegaba a su fin
Enfrente congeladas aguas
Caían por el borde del mundo
Hacia el vacío del universo
Tan desconocido y bello

Y así arremolinados en cubierta
Nos precipitamos hacia el infinito
Conocedores de una realidad encubierta
Por otras fuerzas
Sin testigos
Pero con nuestros sueños cumplidos

___***___

Los conspiranoicos me resultan gente entrañable. Capaces de creer lo que sea con tal de no aceptar está realidad. La teoría de la tierra plana es tan absurda que partir en un viaje para demostrarlo requiere una fe inquebrantable. Y el acto un cierto romanticismo. ¿Y si se hace realidad su sueño? Creo que soy el tipo de persona que desearía que estuviésemos todos equivocados. ¡Se iban a enterar esas manos negras que mueven los hilos del mundo!

Ya disponible “Autorretratos de un bufón loco”

Después de 5 meses de arduo trabajo ya está disponible la edición impresa de “Autorretratos de un bufón loco” (La digital saldrá el 6 de marzo como estaba previsto).

Como ya comenté, todos los beneficios de este libro los destino a plantar árboles con la ONG Reforesta, y en la imagen superior aparecen aquellos que confiaron en mi ¿Criterio? Y reservaron el libro. Además están incluidos en la página de agradecimientos.

Sea como sea, con cualquier venta que haga del libro el beneficio lo utilizaré con el mismo fin.

Voy a dejar que los números hablen por mí:

  • 15,2 x 22,9 cm
  • 358 páginas
  • 100 ilustraciones
  • Más de 200 escritos (Algunos antiguos con sorpresa)
  • Todo tipo de géneros
  • Caos
  • Un mensaje en clave en la cubierta
  • Prólogo de Sergio Sánchez (Lothandir)
  • Ayuda a plantar árboles

Y todo por menos de lo que imaginas.

Puedes conseguir tu copia en los siguientes enlaces:

Amazon.es – Autorretratos de un bufón loco

Amazon.com – Autorretratos de un bufón loco (Spanish Edition)

¡Espero que os guste!

Microcuento – Tiempos pasados

—¡Ay! Estos jóvenes de hoy en día no son como los de antes; ven un “ratoncico” de campo y corren a esconderse como “obejicas” al aullido del lobo.—

Y la anciana de un pisotón aplastó el ratón.

Haikus estacionarios – Mi otro blog y el de todos

Como algunos ya sabéis, además de este humilde blog, llevo el timón de otro blog de Haikus en el que publico una de estas sutiles poesias a diario. En unos pocos meses lleva publicados más de 100, y ahora mismo hay programados Haikus para mantenerlo con novedades más de dos años (E irá a mas). Quisiera animaros a pasaros por allí, a seguirlo y comentar.

¡Estoy seguro que os gustará!

Visita Haikus estacionarios aquí

Para ello os dejo una pequeña muestra de lo que depara el futuro.

Última llamada

Es tan doloroso despedirse para siempre de quienes quieres.

Saber que jamás volverás a ver sus rostros.

No escucharás sus voces, ni compartirás sus silencios.

Todo quedando relegado a una pequeña parcela de tu memoria que irá llenándose según pasen las estaciones de maleza y malas hierbas hasta que su significado sea una imagen distorsionada de lo que realmente fue.

Es tan difícil dar cada paso que te lleva a realizar está última llamada.

Te paras un segundo frente al teléfono.

Respiras profundamente.

Llega el momento de hacer lo que has venido a hacer.

Buscas y rebuscas unas monedas por tus bolsillos. No necesitas mucho saldo, será rápido y doloroso.

Descuelgas el auricular y compruebas que hay señal ya que estas viejas cabinas de teléfono en muchos casos ya ni funcionan.

El pitido plano te taladra la cabeza.

Hazlo.

Introduces las monedas en la ranura temblando. Te sobresaltas con el sonido del metal cayendo en el depósito vacío. Debe de hacer siglos que nadie utiliza este aparato. Posiblemente tú seas el último.

La pantalla digital llena de píxeles muertos muestra que puedes hacer la llamada.

Hazla.

Mecánicamente marcas los números y esperas que dé señal.

Un pitido.

Silencio.

Dos pitidos.

Si…

-¿Si? ¿Quién es?- Pregunta su voz al otro lado del teléfono. Esa misma voz con la que has compartido risas y lloros.

Te quedas paralizado. Sabes que serán las últimas palabras que pronuncies. Que algo se habrá roto para siempre cuando el sonido escape de tus labios.

Respiras profundamente. Te escucha. Sabe que estás ahí.

-Yo…- Los sonidos resisten a salir, pero sabes que lo vas a hacer. Lo has pensado tanto tiempo que ahora no puedes echarte atrás. -Lo… Siento.

Una lágrima se te escapa al decirlo.

-¿Porque…?- No dejas que termine la pregunta.

Pitido plano.

Lo hiciste.

¿Porque lo hiciste?

La calma

Son las siete y media de la mañana de un festivo cualquiera. El cielo cubierto con sábanas blancas. Los árboles pelados inmóviles. Las frías calles vacías. No existe aire que balancee ni una brizna de hierba. Y las aves que gustan cantar en las mañanas hace tiempo que emigraron. El mundo ahora parece estár en absoluta calma.

Una calma solo rota por el chasquido de un mechero y la tos seca de un anciano que fuma apoyado en una terraza mirando como perdido el horizonte de esa tranquilidad inamovible. Su mente viaja atrás en el tiempo. A los años en que fué feliz en la compañía de su esposa recientemente fallecida. Recuerda especialmente la risa y el brillo de sus ojos. El como sentados sobre un murete de piedra abrazados observaban a sus hijos correr entre la hierba. Era otro tipo de calma. Tan impregnada de vida.

No puede evitar que se escapen las lágrimas. Silenciosas y frías. Que intentan arrastrar la tristeza como las volutas de humo que se alejan y desvanecen con el pasado perdido. Mientras el cigarro se consume como su propia vida, con tanta calma…