Somewhere in Providencia

Esta isla del tesoro perdida y olvidada en el inmenso océano es para ti

Mes: septiembre, 2019

Como pez en el agua

Soñé branquias y crecieron aletas
Desde el acantilado salté
Las revoltosas aguas me acogieron
Me zambullí y dejé llevar
A capricho de las corrientes marinas

Arrecifes cubiertos de corales
Inmensos campos de algas danzantes
Abismos tenebrosos e insondables
Infinito azul profundo
Bancos de destellantes peces
De un millar de colores
Naufragios tornados santuarios
Vertederos de plástico submarinos
Ruinas y templos sumergidos
Y algún lecho de fina arena
Donde tumbarse a contemplar
Con un filtro de olas marinas
Tormentas de haces reflactados
De luz de luna llena
Y estrellas
Incontables estrellas
Inmutables en su cielo
Eras y eras
Con el lejano y relajante canto
De las últimas ballenas

Microcuento – Perfecta sociedad

Era la perfecta sociedad. Sin conflictos. Sin desigualdad. Sin problemas. Sin tristeza. Todo encajaba perfectamente en su sistema como engranajes de una maquinaria sin errores de diseño.

¿Como podíamos permitir su existencia?

La chica de ojos alegres

Un simple reflejo en un cristal era la chica anónima de ojos alegres y linda sonrisa cada mañana en el vagón. Mirando las estaciones pasar difuminandose en el brillo de sus pupilas. Dejándolas pasar una tras otras con la maraña de la humanidad yendo y viniendo como pollos sin cabeza.

La música sonaba con un volumen tal vez demasiado alto en los grandes auriculares de color azul de marca blanca que siempre llevaba. Movía la cabeza al ritmo mientras con los labios iba recitando silenciosos versos que debían desconocer el resto del mundo, y no la importaba. Viajaba aislada en su burbuja. Mientras tanto afuera millones de luces recorrían repetitivos caminos sin origen ni destino.

Una estación antes del final de la línea siempre se bajaba. Pedía perdón al pasar a quien aquel día había sido su desconocido e inseparable compañero de viaje y se dirigía como flotando hacia las puertas de salida entre la aglomeración de gente de rostros indiferentes y cansados.

Al salir siempre la veía mirar el tren alejarse por la vía. Por el túnel. Triste metáfora de la vida que se repite sin opción de cambio día a día. Y casi podría decir que al perderla de vista ella desaparecía con su vivaz mirada. Abría un portal secreto e invisible a su espalda que la transportaba a la dimensión paralela ajena a este mundo donde seguramente debía tener su residencia.

Un día cualquiera dejó de ocupar el asiento. Su asiento. Y nunca más la volví a ver. Seguramente cambió de trabajo, se mudó de ciudad o emigró a otro país, aunque me gusta pensar que simplemente decidió no regresar jamás desde su mundo a esté qué día a día se marchita.

___***___

Rescato este relatillo que está incluido en Crónicas de un bufón loco y trata sobre las personas con “magia”.

Si lees este relato primero, y continuas con “Llegó con la lluvia” que he incluido en “Ensoñaciones de un bufón loco”, sin quererlo tendrás una historia…

¡Me encantan estas coincidencias!

¡Espero que os guste!

Ya a la venta – Ensoñaciones de un bufón loco (papel e-book)

Portada definitiva

Y allí, junto al único árbol en pié en su particular infierno, llegó el bufón loco después de mucho caminar entre los montículos de calaveras calcinadas por las llamas de la guerra. En ese lugar se acababa la tierra, y más adelante un infinito mar de fuego crepitaba entre las ráfagas de viento y el más absoluto silencio. Un silencio roto con el silbido del último barco zarpando a través del ardiente mar hacia la inexistente ciudad Esperanza.

El bufón miró melancólico el horizonte y entre las inabarcables nubes de humo y polvo le pareció distinguir una luz en la distancia. La luz de un nuevo amanecer que en pocos segundos comenzó a bañar una vez más la tierra que agonizaba entre polvo y cenizas. La luz de un amanecer que atravesó la última gota de agua creando un arcoiris. El último arcoiris que surcaría jamás aquellos cielos.

El bufón miró aquella estampa y se sentó en el borde del acantilado perdiendo la vista en aquel horizonte imposible, hasta que su mente mecida por el sonido de las olas de fuego golpeando contra las rocas se puso a soñar.

Y soñó.

___***___

Si amigos, coincidiendo con el primer cumpleaños de mi hijo Héctor, el tercer volumen de Bufonadas en su versión digital y de papel ya están a la venta en Amazon por los 0,99 Euros (Digital) y 5,99 Euros (Papel) de rigor.

En esta ocasión la selección de escritos esta enfocada a lo existencial.

En su interior encontrareis de todo como siempre: relatos, poemas, cuentos, microcuentos, acrósticos… 140 paginas de bufonadas.

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Espero de todo corazón que os guste, vuestros comentarios y críticas.

¡Nos leemos!

Acróstico – Desde tu ventana

Dormías plácidamente
Enroscada entre sábanas blancas
Soñando quizás que me amabas
Dudé solo unos instantes
Entré a través de tu ventana

Te removiste en sueños
Usualmente lo haces al sentirme

Vi de cerca tu blanco rostro
Esos labios que siempre besan
Noté tu cálida respiración
Tan cerca. Tan intensa
Acerqué mis afiladas garras…
No pude devorarte aquella noche
Aunque quizás lo haga mañana

A-Microcuento – Sueño profundo

Dormia profundamente. Tan profundamente que no habría sido capaz de sacarla de su sueño ni el mismísimo Armagedón. De hecho, no lo hizo. Al despertar se encontró completamente sola en aquel mundo en ruinas.

El mar invertido

¿Has visto el mar invertido?

¿Sientes la fuerza de sus olas allá arriba?

¿Hueles el aroma a salitre de su silenciosa espuma?

¿Notas las gélidas gotas que se incrustan en tu piel mientras las lejanas aguas se retuercen de furia?

¿Escuchas el silencio que precede a la tempestad?

Hoy amaneció el mar invertido.

Cubriendo el mundo con agitadas ondulaciones grises.

La tormenta esta cerca y será mejor encontrar refugio.

Si este existe para nosotros.

___***___

La boda


Gusta el poeta versar que el amor todo lo puede. Que no tiene barreras ni límites. Que puede aprisionar a cualquiera sin importar edad, estatus o raza. Que ciega y a la vez hace contemplar el mundo con otros sentidos.

Todo eso dice el poeta y puedo dar Fe de que no pueden ser más ciertas sus proclamas.

El y yo. Dos mundos contrarios. Alejados. Dos existencias opuestas. Dos caras de una moneda. Dos locos enamorados que cometieron la locura de mantenerse juntos soñando con hacer posible lo imposible. De darse la mano algún día y avanzar contracorriente hacia el manantial de los prejuicios que nublan la mente de este mundo sordo, mudo y ciego. Vacío.

Y ha llegado el momento. El día más largo. El momento que siempre he soñado. El que llevamos incontables años esperando. Conocernos y ante un altar decir alto y claro “Si quiero” para dar paso a una nueva realidad eternamente juntos.

Ahora que una corona de flores blancas y rosas rodea mi pelo reseco encanecido por el pasar de los años. Los lustros. Siglos de soledad. Insoportable soledad.

Ahora que visto de blanco inmaculado cubriendo la pálida piel con ese tenue azul tintado. Con el velo cubriendo mis rasgos. Mis labios y el irresistible deseo de vestir a mi futuro esposo de besos. Y sentir su corazón latir por los dos desbocado.

Llega la hora. Como es tradición, el novio espera en el altar a la novia. Su fiel compañera en la vida o en la muerte. Para siempre.

Agarro la cola del traje y bajo la empedrada escalinata solemnemente. El carruaje me aguarda. Oscuro como el ébano tirado por lustrosos corceles negros. En sus cojines de seda roja me acomodo y al chasquido de un látigo furioso comienza el trayecto hacia el anhelado futuro. El viaje más largo. Afuera los nevados caminos y bosques se emborronan, mientras sobre las sombrías siluetas de las copas de los pinos una enorme luna llena sangrienta sonríe. Las ruedas giran. Giran y giran como la cíclica vida que nos aguarda juntos. Si mi corazón pudiese latir, hace tiempo habría estallado, haciendo fluir por mis venas un cálido sopló que templaria mi gélida piel haciéndome sentir de nuevo viva.

Y así, después de una eternidad, el carro se detiene a las puertas de una imponente y olvidada catedral de retorcidas formas, indescriptibles cristaleras  de mil colores y macabras efigies adornando sus pétreos muros. Gárgolas suspendidas en cada esquina sosteniendo carámbanos con sus grotescas lenguas bajo los puntiagudos tejados de pizarra cubiertos de nieve. Y la puerta como una enorme boca abierta de par en par dejando que la ventisca haga de testigo de mi triunfal entrada.

El largo pasillo escoltado por hileras de bancos de madera carcomidos está adelante, prácticamente vacío. Una única figura erguida ante el altar, entre las sombras, espera pacientemente a su amada. Su idealizado amor. Acelero el paso, y el eco de los tacones resuena entre las vigas de madera y antiguas cúpulas de piedra.

Al fin puedo contemplar su rostro. Después de tantos años de correspondencia. De espera.

Un hombre cultivado, de unos cuarenta años. De rasgos afilados. Noble sin duda. Enamorado de mis cartas. Mis confesiones e historias de amor verdadero. Poemas de amores de ensueño. Puedo leer su rostro. Reflejo del Alma. Desencajado. Mezcla de miedo, horror y repulsa. Más todo se acaba aceptando si es el amor quien lo ha preparado. Con el repicar de las campanas en las montañas y un beso, en unos instantes estará al igual  que yo muerto. Viviendo la eternidad junto a su auténtico amor. Aquel que carta tras carta escribia versos como estos:

Amor mío
Mi sueño eterno
Bajo una fría luna de invierno
Unamos al fin nuestros cuerpos
Por siempre
Y que jamás
Echemos en falta ese deseo
Que busca arder dentro
Muy adentro.

___***___

Para Carmen.
¡Feliz cumpleaños!

La espada en la roca

“Aquel que saque la espada de la roca ha de ser el futuro y único Rey de Reyes”. Rezaba el texto grabado en la piedra que hacía de soporte a la brillante espada clavada hasta la empuñadura.

Aquel tesoro había aparecido enterrado durante la excavación para los cimientos de mi nueva casa, y dado su innegable valor arqueológico no quise dar parte a las autoridades del hayazgo. Habría paralizado las obras y el filo cogiendo polvo en el sótano de algún museo o formando colas de turistas para hacerse la típica foto intentando sacar la espada.

Pensé que sería un adorno estupendo en el cuarto de baño, frente al “trono”. Después de todo…

¿Quien necesita Reyes?

Microcuento – Siempre la misma historia

Siempre la misma historia. Miró hacia atrás y al observar las pilas de cadáveres ensangrentados y despojos humanos descuartizados sintió una profunda y desgarradora tristeza.

¿Porqué tenían que invocar lo que no debería ser invocado?

___***___

Otro de los Microcuentos que me han publicado en microcuento.es.

Y con este van…