Somewhere in Providencia

Esta isla del tesoro perdida y olvidada en el inmenso océano es para ti

Etiqueta: Microcuento

El mar de hierba

Campo florido

Navegante de un mar de hierba.
Verde de la esperanza de la primavera
Salpicado de coloridos veleros
con pétalos desplegados
capeando armónicas olas
al son de la brisa de la mañana.

Navegante hasta que las luces se desvanezcan
y solo la estrella del norte brille como una inmóvil luz guía
a la que poder seguir hasta que despunte un nuevo día
en tu largo viaje hasta tu destino.
Desconocida y fascinante eternidad
u olvido.

Anuncio publicitario

Microcuento – Ella

Etérea. Volátil como la bruma se movía grácil entre las flores. Reía. La alegría que desprendía era capaz de hacer latir con fuerza los corazones de piedra.

¿Qué fue de ella?

Desapareció sin más, como un sueño. Como un anhelo. Tal y como hiciste tú.

Microcuento – 22:22

Miro el reloj. ¿Cómo no? Las 22:22. Siempre que lo observo los mismos dígitos. ¿Estaré atrapado en un bucle temporal? ¿El cosmos querrá decirme algo? O… Quizá… ¿No se habrá agotado su batería?

Relato – La fuente

Buscando santuario en un paraje apartado de miradas ajenas, llegué a una plazuela olvidada por el tiempo, situada al final de una intransitada callejuela tras las irregulares líneas de viejas edificaciones en ruinas. Allí, inmutables, reposaban las aguas de la fuente.

Una fuente de piedra entre las sombras de enmarañadas hiedras y milenarias higueras, cuyas ramas enroscadas elevaban a la categoría de arte la caprichosa arquitectura de la naturaleza. Formando cúpulas y arcos de tonos verdes imposibles acompañadas de la orquestación de las hojas silbando al son del viento y el murmullo del fluir del agua.

Casi se podía palpar la tranquilidad que manaba de las cristalinas aguas reflejando aquel templo que invitaba al culto, al pensamiento contemplativo y la meditación. Invitación que acepté gustoso, saciando la sed con sus heladas aguas y quedándome sentado en su borde, respirando la espiritual ambientación de aquel lugar que parecía extraído de algún antiguo cuento o leyenda.

Me dejé arrastrar por las ensoñaciones que incitaba, y ante tanta calma en estado puro, me pareció sentir alrededor la inusual presencia de todas aquellas criaturas que sabiamente nos ocultan su existencia. Hadas y duendes observando tras el follaje. Bailando, cantando, saltando, haciendo cabriolas y el amor entre las ramas, como si este mágico refugio estuviese apartado del mundo y aquellos seres mitológicos no tuviesen nada que temer del despiadado ser humano.

Cuando desperté de aquel místico sueño estaba ya muerto. El ancestral veneno diluido en las aguas de aquella fuente me había arrebatado la vida sin dolor ni castigo. Dejando a su vera, un cuerpo que parece eternamente dormido y un espectro que intenta advertir al viajero sediento para que no sucumba al cautivador embrujo de este paraje de ensueño en el que han perecido tantos incautos como yo.

Ciudad Esperanza – Acróstico


Esperando al otro lado del mundo
S
e yergue Ciudad Esperanza.
P
oesía erigida con acero y cemento.
E
scenario de acristalados muros
R
ociado de haces luminosos
A
guardando brillante al solitario
N
iño huérfano en mitad del sueño.
Z
agal que encuentre su hueco
A
llí donde todos acaban huyendo.

___***___
Este Acróstico complementa La ciudad Sin Esperanza. Al final todo tiene su reverso y ambos se necesitan para existir.

Regreso

llave

Abro la puerta y ahí estas tu.

Corriendo y riendo.

Te levanto y te beso.

Te miro y veo tus ojos brillar.

Giramos hasta casi marearnos.

Te miro.

Me río.

Te veo reír.

¿No es esa la risa más bonita del mundo?

___***___

El caballero del horizonte

Un papel en blanco y un lápiz de grafito sostenido por tres dedos preparado para trazar un improvisado escenario.

Pulgar, índice y corazón dispuestos a dirigir la creación.

Un rápido movimiento horizontal dibuja la línea que separará todo.

Un horizonte sin horizontes que mostrar.

Un arco que puede ser, tanto un amanecer como un anochecer naciendo de la parte superior de la línea existente.

Siempre me gustaron estos dos momentos del día por la magia que son capaces de dibujar en la realidad.

Clavo la punta del lápiz en la mitad inferior.

Se queda congelado en esa posición.

No encuentro la inspiración para seguir.

No tengo ganas de intentarlo hoy.

Queda un único punto dibujado debajo del ficticio horizonte.

Al apartar el lápiz se me escapa un pequeño y suave trazo que se difumina hacia abajo.

Bien podría ser la alargada sombra del solitario punto proyectada por el supuesto sol, o tal vez la estela que dejaría tras de sí, si este estuviese avanzando.

Tal vez el casual borrón solitario necesite su propia historia.

Todos la necesitamos.

Un simple punto rodeado de blanco en la distancia puede ser un caballero de pesada armadura atravesando un desierto de pálidas arenas.

Buscando sanar profundas heridas y descanso en un cobijo que jamás se materializa.

Solo con sus pensamientos en mitad de la nada.

Recuerdos de lejanas aventuras llevadas a buen puerto o aquellas sin el final deseado, pero dignas de ser contadas a la luz de una hoguera cuando el calor del fuego y el vino hacen que las lenguas se aflojen.

Avanzando paso a paso. Enterrando sus pesadas botas en las finas arenas.

Cada nuevo paso es un nuevo reto que bien podría ser el último.

Un reto cada vez más largo y difícil de superar por la sed y el agotamiento que le suponen las incontables horas sin descanso con la vana esperanza de alcanzar la salvación.

Avanza poniendo los cinco sentidos y la intuición en no desfallecer.

Continúa al precio que sea para poder alcanzar el siempre lejano horizonte.

Según va sintiendo cómo le abandonan las fuerzas, va dejando atrás piezas de su envejecida y mellada armadura. Hace lo que sea necesario con tal de dar un paso más.

Instinto de supervivencia en horas bajas cuando sus músculos se niegan a responder.

Queda un cuerpo tendido en medio del desierto, mientras la sangre tiñe de carmín los granos de arena bajo su cuerpo.

La visión se le va nublando y su atención se va perdiendo en el vacío de la siempre certera muerte.

No logrará alcanzar el horizonte.

Tal vez, él se encuentra en el horizonte de algún otro caballero desesperado.

Otro punto en la distancia que aguarda su propia historia en otra hoja de papel. Garabatos que pueden no ser nada o épicas estampas realizadas para ser recordadas toda la eternidad.

A cobijo del ángel caído

Recuerdo esa grotesca sombra cobijándonos bajo sus oscuras alas. Tu y yo agarrándonos en un ardiente abrazo en el que nuestras manos no parecían conocer límites a la hora de traspasar líneas rojas. Besos de lava fundiéndose mientras las sierpes que son nuestras lenguas jugaban a retorcerse en océanos de fuego. El brillo de las ventanas al infierno que eran tus ojos y lo cautivador de su canto de sirena que llamaban a recorrer el oscuro sendero hacia los abismos del círculo del infierno de la lujuria.

Creo que aquel día fue el que traspasé los umbrales del Averno, busqué cobijo entre los infranqueables muros que son tus piernas y me alojé allí por la eternidad.

En aquellos momentos la estatua de quien dicen sufre por haber sido expulsado del paraíso, me pareció que se burlaba de su juez por haberle permitido atrapar mi alma y yo acompañé su risa, dejándome arrastrar a sus cálidos dominios sin oponer resistencia.

Microrrelato – El descanso

Apretó el cuello con todas sus fuerzas hasta que las respiraciones dejaron de sentirse y liberó su último hálito. Esa noche al fin pudo descansar tranquila tras interminables años de palizas y vejaciones sin descanso.

Microcuento – En la ciudad de las cien lunas

Un día dejó de soñar, pero se siguió acostando cada noche a la misma hora con la esperanza de regresar a la ciudad de las Cien Lunas y de nuevo mirar el horizonte junto a ella desde su habitación acristalada.