Somewhere in Providencia

Esta isla del tesoro perdida y olvidada en el inmenso océano es para ti

Mes: octubre, 2018

Niebla en la terraza

Hoy al despertar el mundo ya había perdido su color. Una espesa niebla cubría todo.

Lo cierto es que debí ser de los últimos en enterarme, ya que me desperté tarde. Es lo que tiene demasiado vino en soledad y estar desocupado. Como resultado una resaca que me hacia avanzar a tientas por las sombras de la casa evitando cualquier resquicio de luz que pudiese hacerme estallar la cabeza.

Vomite las entrañas, me tomé un Ibuprofeno y me dirigí a la cocina para prepararme un café bien cargado. Al terminar el ritual no se puede decir que estuviese perfectamente, pero al menos me encontré lo suficiente despejado como para arriesgarme a subir la persiana del salón.

Fue en ese momento cuando vi la niebla. Tan densa que apenas podía ver la barandilla de mi pequeña terraza a un metro de distancia. Creo que nunca había visto algo así, pero como cada día se ve que el clima es más impredecible tampoco me extrañó. Es más, me llamo tanto la atención el gris dominante del exterior que quise salir a comprobar que ocurría fuera.

Era fría y húmeda. Un muro casi impenetrable que ocultaba cualquier resquicio de visibilidad. Me acerqué y me asomé a la barandilla para ver la calle. Una intención vana ya que en ese momento lo único que parecía existir en el mundo éramos yo y la niebla. Ni siquiera parecía que el sonido pudiera atravesarla ya que el silencio era tan absoluto en ella que casi era doloroso. Como tener sordera completa. Creo que incluso grite un “Hola” que no pareció salir de mi garganta, o si lo hizo quedó enmarañado entre la nebulosa.

Al girarme para regresar a casa no vi la entrada. Era increíble como en unos instantes la niebla se había vuelto aun más espesa y fría. Extendí los brazos para palpar la puerta pero no encontré nada. Estaba ahí, estoy seguro. Seguramente la resaca me desorientó ya que el mareo aún no se me había ido del todo. Me puse a dar vueltas con los brazos extendidos para dar con una referencia pero nada.

¿Como era posible?

Mi terraza es minúscula, esto no puede estar pasando. Me empecé a poner nervioso. Grité pidiendo auxilio pero el sepulcral silencio fue la única respuesta.

Han pasado tres horas y sigo perdido entre la niebla en mi terraza de tres metros cuadrados. Desorientado y sin posibilidad de encontrar la entrada a mi casa. Con las ropas empapadas, tiritando de frió tirado en el suelo y con las manos entumecidas. Solo pido que esta situación sean los delirios de alguien postrado en una cama incapaz de despertar de una pesadilla. Si no es así mi destino ya se está escribiendo en alguna página de sucesos. Una cuenta más en los desaparecidos por el inusual temporal de niebla.

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Mi biblioteca musical

Aquí mi biblioteca musical en fotos. Viene a sustituir las anteriores entradas que además de requerir muchas fotos, eran poco prácticas al estar en varias entradas.

¿Quieres mi opinión de alguno de los discos?

Simplemente pregunta estaré encantado de responder.

El mar invertido

¿Has visto el mar invertido?

¿Sientes la fuerza de sus olas allá arriba?

¿Hueles el aroma a salitre de su silenciosa espuma?

¿Notas las gélidas gotas que se incrustan en tu piel mientras las lejanas aguas se retuercen de furia?

¿Escuchas el silencio que precede a la tempestad?

Hoy amaneció el mar invertido.

Cubriendo el mundo con agitadas ondulaciones grises.

La tormenta esta cerca y será mejor encontrar refugio.

Si este existe para nosotros.

Mensaje en una botella

Hasta estas blancas costas llegan en ocasiones botellas con un mensaje en su interior. En muchas ocasiones la sal los hace ilegibles tras filtrarse a través del corcho, pero a veces el papel esta intacto y permite leer su contenido. Este breve escrito apareció esta mañana semi enterrado entre la arena despues de que se apartara la marea:

“No puedo parar de recordar la noche de pasión y posterior separación que disfrutamos juntos. Si tan sólo pudiera escuchar de tu boca estas mismas palabras podría saber que sientes como yo. Que sea el destino quién decida si este mensaje llega a tus manos, y que seas tú quien decida si merezco una segunda oportunidad.”

Ni un solo nombre, ni destino.

¿Podrías ser tú?