Somewhere in Providencia

Esta isla del tesoro perdida y olvidada en el inmenso océano es para ti

Mes: noviembre, 2018

Hoy toca guardia

Me levanto temprano a patadas.

¡Hoy toca guardia! ¡Basura!

Me visto rápidamente aguantando más golpes

En mi hombro cuelgo el fusil

En mis ojos llorosos aún cuelgan las legañas.

—***—

Aún no amaneció y camino solo

Por una carretera desierta

Qué lleva a una ciudad desierta

En mitad de un desierto

Asolado por la guerra

—***—

Escucho pasos tras unas ruinas

Del que podría haber sido mi hogar

Me quedo paralizado entre las sombras

Levantó el fusil

Contengo la respiración

El miedo atenaza mi corazón

Y mis entrañas

Aparece un hombre malherido

Un soldado perdido

Parece desarmado

Al verme a duras penas puede levantar los brazos

Se dirige a mí en un idioma desconocido

Da un paso al frente

Tiemblo y le amenazó con un gesto

Da otro paso al frente

Disparo.

Se desparraman sus sesos

El cuerpo cae al suelo

Me pongo a rebuscar entre sus restos.

En uno de sus bolsillos

Un paquete de chicles y un mechero.

En otro una foto arrugada

Una familia feliz

Marido, mujer, dos hijos y un perro

Ahora rota

En su cuello una placa de metal

Me la guardo de trofeo

—***—

Han pasado ya siete horas

Desde el fugaz encuentro

Mastico un chicle sentado sobre una roca

El sol aprieta y las tripas suenan

Me quedan por delante al menos otras cinco horas

Para un mísero plato, con suerte caliente

Y de postre más golpes

Me viene a la mente la imagen de los dos niños felices

Como yo, han perdido a su padre

Pero pueden descansar tranquilos

En sus literas

Sin conflictos

A mí ya solo me queda un destino

Ser un niño de la guerra

Matar o ser matado

Mientras asesino mi propia inocencia

En la sangre y la indiferencia.

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La muerte púrpura

Pueblo con niebla

I

Caminaba encorvado y lentamente, hundiendo sus botas de color púrpura hasta casi las rodillas en la gruesa capa de nieve. Aunque hacia unas horas que la fuerte tormenta había amainado, se cubría como podía con una roída y oscura capa de piel de lobo del gélido viento que soplaba levantando nubes de polvo y hielo. Al llegar al punto más alto de la colina, se paró a observar el espectáculo que ofrecía la mágica y letal noche invernal de Ranacoth, el mundo que agonizaba con los últimos envites de la dura estación. La esperada primavera estaba ya próxima, pero mientras tanto a los habitantes les quedaba por pasar lo peor de esta terrible temporada, la peor que recordaban en los últimos 30 años.

Las dos lunas asomaban tímidamente entre los resquicios de unas pocas nubes que amenazaban con descargar de nuevo su ira a lo largo y ancho de aquellas antaño fértiles tierras. Debajo de la empinada cara del montículo, justo a la orilla de un fino arroyo con las aguas congeladas por las bajas temperaturas, dormía una pequeña aldea cuyos habitantes debían estar sobreviviendo gracias a las reservas del pasado verano. La sombra de un espeso bosque en la lejanía, danzaba bruscamente empujada por el viento. En el horizonte, el leve resplandor que precede al alba comenzaba a apagar las brillantes estrellas que le habían acompañado durante todo el viaje… De repente, una inmensa nube oculto las dos lunas, dejando todo en penumbra e impidiéndole la visión de su objetivo. Su antiguo hogar. El lugar que le vio nacer.

Cansado como estaba por el largo viaje que había emprendido, se sentó sobre una roca que sobresalía de entre la nieve y que la naturaleza parecía haber puesto allí para tal fin. Como era su costumbre, esperaría al momento en que el sol asomara por la línea que separaba tierra y cielo para iniciar el descenso, y mientras tanto en silencio pensaría una vez más en el sentido de sus actos ¿Podía llevar tantos años equivocado?

El hombre del que os hablo era alto y de complexión fuerte. Aparentaba unos 50 años, aunque su edad real no llegaba a los 40. De piel blanca como la nieve que daba a su semblante la sensación de tratarse de alguien no del todo vivo. Una larga melena de color oscuro caía lacia por su espalda como una negra cascada. Pequeñas cicatrices surcaban su rostro acompañando a las arrugas que se le habían empezado a formar, dejando ver a simple vista que su vida tenía que haber sido un cúmulo de aventuras y desventuras. Debajo de la vieja capa iba vestido con una armadura completa de Purpurita, el metal púrpura más liviano y resistente conocido, la cual daba a entender que en algún momento de su intensa vida había tenido en sus manos una gran cantidad de dinero aunque ahora simplemente pareciera un pordiosero. En su espalda, sujeta con unas gruesas correas de cuero colgaba una enorme y vieja espada de excelente factura. Pero lo que realmente destacaba de él, eran sus ojos.

De un profundo azul que hacia caer a todo aquel que los mirara en un pozo donde parecían estar encerrados el cielo y el mar en perfecta armonía. Y es que su vida había sido como esos dos elementos, en calma durante su niñez y tornándose tormenta años más tarde cuando descubrió el significado de la vida. Todo eso desvelaban sus ojos al que los mirara, aunque poco importaba conocer sus más profundos secretos, ya que cualquiera que tuviera el valor de cruzar su mirada con él, condenaba su vida al instante. Por qué él era aquel del que corrían rumores por todo el país fruto del miedo. Él era Ellar, más conocido como “la muerte púrpura”, y su presencia en las inmediaciones significaba la aniquilación de todo ser vivo.

Pero en aquella ocasión paso algo extraño. Al sentarse y mirar desde lo alto los paisajes que habían albergado su niñez, noto un sentimiento que creía olvidado en su interior. Un sentimiento que poco a poco hizo que se formara una película de lágrimas en sus ojos, haciendo que el mundo que le rodeaba se deformara como esbozos de un cuadro a medio terminar. ¿Podría tratarse de nostalgia por la vuelta al hogar? Con un rápido movimiento de sus manos, aparto las lágrimas de su rostro, por el temor a que se comenzaran a congelar como el resto del mundo. Y comenzó a darle vueltas una vez más al pasado que le perseguía como una maldición.

II

“¿Madre?… Se acercó al cuerpo inerte de su madre y observo el profundo tajo que la hacía manar sangre de su vientre. ¿Dónde habían ido aquellos hombres? Horas antes, su madre se había encerrado en el mugriento cuarto de aquel burdel con dos hombres que habían insistido en pagar muy bien el servicio. Durante unos minutos, de la habitación cerrada solo habían surgido risas y frases malsonantes, pero al poco tiempo estos sonidos se convirtieron en jadeos y gritos de placer. Su madre había sido el orgullo del dueño del burdel durante mucho tiempo, por su belleza deslumbrante y su cuerpo que incitaba a la lujuria, pero eso se terminó bruscamente cuando sus dos últimos clientes habían decidido después de terminar, que el precio que cobraba era demasiado alto, ya que la belleza efímera ya comenzaba a desaparecer por el peso de la edad… Se escucharon gritos. Comenzó un forcejeo. El sonido de un bofetón seguido del caer de objetos y finalmente el silencio… Los desconocidos desaparecieron y Ellar se encontró solo… con 6 años de edad, en esos momentos solo pensó en huir…”

III

“¿Hacia dónde se dirige un jovenzuelo solitario como tu? El hombre que le hablaba era un viejo vagabundo, que había llegado a la aldea pocos días antes. Le faltaban la mitad de los dientes, y la otra mitad colgaban negros y podridos en su apestosa mandíbula. El anciano alargo sus famélicos brazos y agarro al niño fuertemente tapándole la boca para que no pudiera emitir ni un sonido. A los pocos minutos estaban lejos de allí, en el interior de una vieja choza de adobe que olía a vino y excrementos. Aquel hombre había sido hace mucho tiempo un conocido hechicero del imperio, pero los conocimientos que fue ganando le hicieron perder poco a poco la cabeza, hasta convertirle en el repulsivo ser que le miraba con ojos maliciosos. Con estos hechos comenzaron los largos años de encierro y sufrimiento continuo. Le obligaba a realizar las más repugnantes tareas y a servirle en las más disparatadas ideas que se le ocurrían. Eso era durante el día, ya que por la noche, cuando el vino se agotaba y la comida le dejaba un regusto amargo en el paladar se acercaba a él con esos ojos que había visto tantas veces en la clientela de su madre y… Cuando cumplió los trece años, una noche se acercó por su espalda y sin pensárselo dos veces le atravesó con un oxidado cuchillo de carne. Aquella fue la primera muerte que dispensó, y con ella comenzó a formarse en su interior aquella armadura de odio que le acompañaría por el resto de su existencia…”

IV

“Por segunda vez en su vida huyo, llevándose consigo unos viejos tomos encuadernados en piel que eran el tesoro mejor guardado de aquel hechicero. ¿Podría sacar algo por su venta? Sus pasos le llevaron hasta Brondesmar, la ciudad más imponente del imperio, con sus columnas de Mármol elevándose sobre unas calles atestadas de gente y mercaderes. Lo primero que hizo fue visitar a un viejo librero en la calle principal.

-¿Qué quieres muchacho?- Ellar deposito los libros sobre el mostrador, el personaje bajito y poco agraciado se puso unos anteojos y comenzó a observar con detenimiento los gruesos volúmenes mientras murmuraba cosas como “Impresionante” o “¿De dónde los habrá sacado?”…

-Estos libros en su conjunto no valen más que 50 monedas de oro… Y eso porque hoy me siento generoso- Dijo el librero al terminar de pasar la última página de uno de los volúmenes. A pesar de tratarse de una autentica fortuna, era un precio claramente inferior al real, ya que eran piezas únicas escritas por el más conocido hechicero del imperio. Y eso Ellar lo sabía.

-¿Me estas tomando por tonto?- Dijo Ellar intentando poner en su tono de voz un registro amenazador, y que debido a que aún no le había cambiado la voz quedo ridículo. – Esos libros valen por lo menos el doble-

-Mira niño, no sé de dónde has sacado esto, pero viendo tus vestimentas puedo deducir que no ha sido de manera legal, así que más te vale que te vallas de aquí, o me veré obligado a llamar a la guardia…-

Ellar lo miro con ojos relampagueantes, y el odio se adueñó de él. ¿Que pretendía aquel hombre? Era como todo el mundo que había conocido hasta ahora, egoísta, ambicioso y camuflado tras el mostrador de su librería engañaba a las personas necesitadas… Pero había cometido un error. Ellar no poseía nada, salvo un odio creciente que con cada vuelta de la vida crecía de manera más descontrolada, por eso el librero fue incapaz de prever el salvaje ataque del niño. Un golpe en la cabeza con uno de los libros le dejo inconsciente en el suelo y Ellar aprovecho ese instante para subirse sobre su cuerpo y…

Cuando abandonó el recinto del negocio, llevaba en su mano un saco lleno con 100 monedas de oro que tintineaban al ritmo de sus gráciles pasos. Cerró la puerta, y con paso tranquilo se alejó del lugar como si no hubiera ocurrido nada.

Horas más tarde, en la ciudad se causó un gran revuelo cuando corrió la noticia de que había aparecido el cadáver del más conocido librero del lugar. Este apareció tirado en el suelo de su tienda destrozado, como si hubiera sido atacado por un animal salvaje y a su lado unos gruesos libros encuadernados en piel y manchados de sangre… A los pocos días, el populacho olvido estos hechos, y la ciudad volvió a su ajetreada vida normal.”

V

“-¡Tengo las mejores armaduras de la ciudad! ¿Acaso lo dudas?- El fortachón y charlatán herrero estaba acostumbrado a tratar con personas diariamente que buscaban la mejor factura en las armaduras y sin embargo no podían pagar el precio que estas costaban. – Mira por ejemplo esta armadura de acero… Es la mejor que he realizado en mi vida. Observa sus juntas, por ellas no entraría ni el filo de una daga Heleniana… ¿Y qué me dices del Yelmo? Solo observarlo inspira temor… Una autentica obra de arte por solo cinco monedas de oro…-

-El otro día vi pasar un príncipe con su escolta, y llevaba una reluciente armadura de color púrpura…- El jovenzuelo sabia de lo que hablaba, nada más verla, se había quedado prendado y había decidido que eso era lo que el necesitaba…

-¡¿Tú estás loco muchacho?! Esas armaduras no están hechas para gente como tú. Te aseguro que esta armadura de acero es más acorde con tu nivel… Si es que llegas…- Dijo el Herrero riéndose en la cara del niño – Ningún plebeyo de la ciudad podría pagar jamás las 100 monedas de oro que cuesta una armadura de esas características. A sí que imagínate un niño como tu…-.

Ellar hizo resonar el saco de monedas, y se lo lanzo a las manos al herrero. – Cuéntelas si quiere, solo le digo una cosa… Quiero una de esas armaduras…-

El herrero asomo su enorme nariz a la bolsa, y sus ojos brillaron con codicia… Nunca había visto tanto dinero junto, y si no recordaba mal tenía en el almacén una vieja armadura de Purpurita acumulando polvo desde hacía muchos años, ya que este tipo de armadura no era comprado más que por reyes en ocasiones especiales… -Sígueme pequeño, creo que va a ser un placer hacer negocios contigo…-

Lo guió a través de un oscuro pasillo hasta una estancia cerrada con una gruesa puerta de madera maciza y metal. La abrió con una gran llave, y le invito a visitar su interior. Allí se almacenaban montañas de piezas metálicas: Hachas, espadas, armaduras, yelmos, guanteletes, lanzas… Y al fondo del todo entre penumbras una excepcional armadura de color púrpura y con ornamentos que representaban imágenes bélicas. Era justo lo que Ellar deseaba.

-Me parece perfecta, está claro que ha sido realizada por las manos de un autentico artesano… También necesito una espada.-

-Elije la que más te guste de ese montón… Por haber hecho una compra tan grande solo te costara 2 monedas de oro…- Dijo el Herrero sonriendo y feliz por haber realizado el negocio del siglo.

Pero Ellar no poseía esas 2 monedas de oro. No después de haberse gastado todo el dinero en aquella maravillosa armadura, y estaba dispuesto a llevarse todo lo que había venido a buscar. ¿Era capaz de matar por dos simples monedas de oro? En esos momentos realmente mataría por vivir, y eso es lo que intentaba desde su primer día, así que se acercó a la pila de armas, selecciono una grande y pesada, y haciendo un rápido arco hacia atrás cerceno de un solo golpe la cabeza del comerciante. ¿Qué importaba una vida más? Adapto la armadura a su tamaño gracias a las excepcionales cualidades de aquel metal, se colgó la espada, salió al exterior y por primera vez y ultima la gente que se cruzó con el pudo ver en su rostro una sonrisa.

En cuanto al herrero, nadie encontró jamás su cadáver esparcido en el suelo junto a cien monedas de oro. Sus conocidos creyeron que después de hacer el trato de su vida con un cliente había huido a algún país lejano para vivir el resto de su vida rodeado de lujos. Y lo cierto es que no se equivocaban.”

VI

“la muerte púrpura” lo ha vuelto a hacer…- La cara de estupor de la gente dejaba ver el miedo que sentían al pronunciar aquel nombre maldito. Era la quinceava víctima de aquel demonio en lo que llevaban de mes y la histeria colectiva empezaba a extenderse por todo Brondesmar. Quince prostitutas cruelmente mutiladas al alba por un ser desconocido, y la guardia real no parecía hacer nada para evitarlo. Un testigo hacia dos días aseguraba haber visto una sombra púrpura alejarse lentamente del lugar de los hechos. Por eso mismo los hasta ahora felices habitantes de la ciudad habían dado aquel nombre al asesino.

Cuando el número de víctimas ascendió a más de cincuenta, la guardia real empezó a tomar cartas en el asunto, y destinaron a un pelotón exclusivamente para intentar investigar y detener los horribles crímenes que se estaban produciendo en los últimos tiempos. Esto tranquilizo a la población, y más aún cuando corrió el rumor de que habían destinado para tal tarea a Tesyré, la investigadora más audaz de todo el imperio, a la par que uno de los más grandes Héroes que se recordaban desde tiempos inmemoriales. De esta manera, en los callejones no se escuchaba otra cosa que no fuera los pormenores y nuevas noticias que se conocían sobre la peculiar investigación.

Esto, alimento el ánimo de la gente, que a pesar de que veían que noche tras noche iba creciendo el número de víctimas veían que el círculo se iba cerrando alrededor de un misterioso extranjero que había llegado a la ciudad unos pocos años atrás. Si, el ánimo empezaba a subir de nuevo, hasta que una mañana al alba, las esperanzas depositadas en su gran héroe cayeron por su propio peso, al hallarse en el medio de la plaza del mercado al pelotón completo masacrado sin compasión, a Tesyré colgada de lo alto del mástil que hacía las veces de tablón de anuncios goteando sangre en el empedrado suelo, y una figura alta y vestida con una imponente armadura de Purpurita en el centro, silenciosa y quieta como una estatua. La gente se aglomero a su alrededor a una distancia prudencial, mirando la enorme espada manchada de sangre que sujetaba con una sola mano. ¿Qué tipo de demonio era capaz de acabar el solo con uno de los laureados pelotones reales? El miedo se palpaba en el ambiente, y como siempre suele ocurrir con el miedo, este le hizo tomar a la muchedumbre la decisión equivocada.

Se lanzaron como una jauría de lobos hambrientos sobre el hombre solitario al verse en clara superioridad numérica, sin tener en cuenta que una persona capaz de acabar con guerreros entrenados y con experiencia en mil batallas, tendría habilidad suficiente como para acabar con un puñado de comerciantes y campesinos. Así que no hubo ni uno de ellos que pudiera prever el infierno que se iba a desatar en pocos instantes sobre la ciudad.

En un mundo cuya magia es regida por el odio del que la práctica, era poco aconsejable encararse contra alguien que albergaba en su interior odio en su más pura definición. Odio hacia la codicia. Odio hacia la estupidez. Odio hacia el egoísmo. Odio hacia la mentira… En definitiva, odio hacia la especie humana.

Una columna de fuego se elevó y se proyectó en todas direcciones calcinando todo aquello que estuviera en su camino en un radio de varios kilómetros. Casas, jardines, árboles, aves, mamíferos… todo se volvió ceniza al sentir el abrasador calor de aquel hechizo de fuego. Tal fue el poder liberado, que cuentan las leyendas que de esta manera fue absorbido todo el calor de aquel verano, y a partir de ese instante comenzó el crudo invierno.

No cabía duda, los años sirviendo a aquel poderoso mago, le habían enseñado a Ellar algo más de lo que en principio podía parecer.”

VII

El sol comenzó a asomar por el horizonte, y Ellar volvió a la realidad de un plomazo. Volvía a estar sobre la colina, y escucho a lo lejos el cantar de un gallo que anunciaba el nuevo día. Había llegado la hora, y a pesar de sus dudas iniciales de si había necesidad de continuar con la plaga que había sembrado a su paso, decidió que la vuelta al hogar no era motivo para echarse atrás. No había hogar que albergara el odio más que su propio cuerpo y aquella armadura que le había dado su auténtico nombre, y la nostalgia fue quemada como había sido quemado el resto del mundo a su paso. Por qué el era “La muerte Púrpura” y aquel nombre era el único honor que le quedaba. Se levantó, y comenzó el descenso hacia la aldea que le había visto nacer. Aquel sitio que en algún momento olvidado en el tiempo había llamado “hogar”.

___***___

Este relato es el primero de una serie de 3 con el mismo protagonista que escribí hace mucho tiempo, su nombre es Ellar. En realidad históricamente es la entrada con mas visitas del blog, pero siempre me han parecido muy extrañas. Aproximadamente cada semana recibe una visita desde algún lugar indeterminado de EEUU. Me gusta imaginar un hombre apartado del mundo, sentado en su porche con una escopeta encima de las piernas mientras mastica tabaco y se balancea en su mecedora. Y de vez en cuando le apetece leerlo… es mi mayor fan.

Hablando en serio, este relato me gusta especialmente por su protagonista, y por el como va desarrollando su historia. Os invito a seguir su historia, que iré re-subiendo aproximadamente los miércoles.

El último pedazo de tierra

-¡Y aquí lo tenemos mi querido Stanley!- Dijo el profesor efusívamente y claramente emocionado. -El último pedazo de tierra jamás pisado por el hombre.-

En ese momento Stanley estalló en lágrimas y se abrazó con fuerza al profesor. Lo que habían vivido en la búsqueda de aquel sueño parecía no ser más que una quimera. Décadas recorriendo el globo de lado a lado sin resultados. Fallo tras fallo. Decepción tras decepción. Pero ahí lo tenían. El último fragmento de tierra virgen. Piedras, arena, flora y fauna, polvo… Todo en su estado original, sin modificación ni toque humano por ningún lado.

Estaban ante la belleza de la naturaleza en su estado más puro, y eso se podía incluso palpar.

-¿Y ahora que hacemos?- Stanley regresó a la realidad, liberó al Profesor del abrazo y se quedó mirando fijamente al Profesor en búsqueda de respuesta.

El Profesor se quedó mirando fijamente el hallazgo. Se quitó las gafas y las limpió de manera inconsciente con un borde de la tela de la camisa.: – Bien… Supongo que ahora habrá que hacer algún tipo de gesto que quede registrado para que las futuras generaciones recuerden nuestro descubrimiento. Para qué nuestros nombres figuren para siempre en los libros de historia. ¡Stanley! Saque la cámara y grabe.-

¡Ese era el momento más importante!

¡Más incluso que el descubrimiento en sí!

El Profesor y Stanley estaban en ese momento escribiendo sus nombres en el futuro.

-Desde su nacimiento como especie el hombre ha ido avanzando paso a paso por el mundo haciendo suya la creación. Cincelando y moldeando para hacer de la existencia, de este planeta un hogar. Han habido tropiezos, es cierto, pero el hombre siempre se levantó y avanzó haciendo añicos las piedras que lo hicieron caer. Avanzando sin límite. Sin horizontes que sirvieran de muro ante sus ansias de descubrimiento. Desde la creación de la rueda hasta los auto-drones. Desde las señales de humo hasta los teléfonos inteligentes. Desde la cueva hasta las viviendas autónomas. Todo pasos de gigante para hacer crecer a la especie como especie por encima incluso de las líneas que imponía la mismísima naturaleza.

Y al fin, yo, el Profesor Álvarez y mi fiel ayudante Stanley hemos llegado a la última frontera de la tierra. El único lugar jamás explorado. ¡Qué nuestras huellas sirvan como mensajeras de la grandeza de la especie humana!- El profesor dió un paso al frente mirando a cámara.

-¡Listo Profesor! ¡Ha quedado increíble!-

—***—

Muy lejos de aquel lugar. Una sala completamente a oscuras es súbitamente iluminada por el resplandor de una pantalla que llevaba milenios en suspensión. Está ejecutando un arcaico programa informático.

Porcentaje de descubrimiento: 99,99999999999%

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..

Porcentaje de descubrimiento: 100%

G

A

M

E

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O

V

E

R

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Reinicializando planeta…

La fuente de la vida

La lágrima manó y resbaló siguiendo las depresiones y elevaciones que formaban la topografía de su rostro. En cada milímetro cuadrado iba dejando su salada huella y una minúscula parte de su misma esencia en cada poro y surco de la fina piel que atravesaba. Llegó al fin de su viaje cuando dejó atrás la comisura de los labios, el lugar donde abrúptamente se abría el abismo del universo. Quedó suspendida balanceándose agarrada al filo, pero la inercia empujaba y finalmente se desprendió iniciando la caída libre hacia el infinito.

En su descenso reflejó soles y lunas. Lejanas constelaciones. Estrellas fugaces. Galaxias y nebulosas. Campos de asteroides. Agujeros negros…

Finalmente en algún indefinido momento se estampó contra el árido suelo de un orbe errante. La fuerza del impacto repartió el fluido de la lágrima alrededor del planeta que se había interpuesto en su trayectoria dando a luz a un nuevo océano. Un océano que sería el origen de la vida misma en aquel inhóspito astro.

La Diosa se secó el resto de lágrimas y se alejó de allí para siempre. Ni siquiera reparó en el diminuto planeta en el que por azar había creado vida.

Polvo somos

La travesía por el desierto no fué tan bien como habíamos planeado.

El guía nos abandonó a la primera de cambio. Lección de novato aprendida demasiado tarde: Nunca pagues completamente por adelantado. Se fué en algún momento durante la noche en el improvisado campamento rodeado hasta donde alcanzaba la vista de finísima arena grisácea. El cabronazo se quiso asegurar de que no regresáramos con vida llevándose los fardos cargados con los víveres del viaje y los camellos. Seguramente los cambiará por una pobre muchacha condenada a pasar el resto de la vida en su lecho.

¡Qué todas las desgracias caigan sobre el malnacido!

Al despertar, cuando nos dimos cuenta del hurto, buscamos sus huellas para al menos saber la dirección que había tomado, pero aquel maldito polvo que cubría todo lo mismo dejaba una profunda huella, que la borraba con un simple soplo de aire.

De esta forma, sin comida y sin bebida nos encontramos el doctor y yo en medio del vacío.

¿Cuánto puede aguantar un hombre en estas condiciones?

Una vez escuché la historia de un hombre que llevaba décadas sin alimentos ni bebida. Viviendo de respirar y de la energía que nos rodea. Una suerte de estado interior similar al nirvana que, incluso si fuese cierto, dudo que pudiésemos alcanzar mi compañero y yo antes de ser devorados por los buitres, si es que estos lograran llegar hasta aquel lugar alejado de todo.

Así que viviríamos aún entre unas horas o con un poco de suerte día y medio. Con el calor que empezaba a apretar me decantaba más por la primera opción. La menos halagüeña. Y el Dr. creo que opinaba igual que yo, pues entró en un incontrolable ataque de pánico.

¡Sangre fría!

El disparo que le propiné rompió el silencio del desierto para recomponerlo sin los incesantes e histéricos lamentos de aquella eminencia caída. Al menos no sufrió.

Y de esta forma me quedé solo sin posibilidad de salvación. Contemplando la arena y el polvo que lo cubría todo.

¿Cuantas ciudades olvidadas yacerían bajo ella?

En ese instante tuve una visión. Una suerte de terrorífico espejismo. Se mostró ante mis incrédulos ojos la escena de un lejano pasado. Incontables pilas de cadáveres descomponiéndose y deshaciéndose en fino polvo arrastrado por el viento. El polvo acumulándose sin parar formando las infinitas dunas que me rodean. Un desierto creado por restos humanos. Cementerio de polvo. Mausoleo del olvido.

Ahora un escalofrió recorre mi cuerpo cuando mis labios comienzan a salivar debido al insoportable calor que cubre y reseca todo. La cuenta atrás no va a detenerse por un simple condenado a muerte, así que decido aceptar lo mas dignamente posible mi destino. Apoyo la boca de la pistola en mi sien. Cierro los ojos. Noto el frió tacto del gatillo en el dedo indice.

Polvo somos…

¡PAM!

El Salvador

Es el Salvador que llega desde tierras lejanas.

Sus piés descalzos apenas rozan las revueltas aguas. Avanza sobre la espuma con los brazos abiertos. Con la razón por delante y la palabra de su Dios como escudo. Sin miedo pues su llegada estaba anunciada en las estrellas. En los escritos que auguraban su venida y posterior caída.

Desde la costa ven como se acerca con paso tranquilo y firme. Con un aura celestial marcando de manera solemne sus movimientos. Los lugareños tiemblan de miedo.

¿Es que nadie va a detener su avance?

Un joven cazador henchido de valor tensa la cuerda del arco. El mástil se curva y silva la flecha que corta la brisa marina. Certera y letal.

El cuerpo del Salvador cae a plomo sobre las aguas. La rudimentaria flecha atraviesa su pecho de lado a lado. Las aguas diluyen la sangre y la reparten por todo el archipiélago. Las olas parecen jugar con el cuerpo sin aliento. No sé volverá a escuchar su palabra en la tierra, y quién sabe si se hará en el cielo.

¿Acaso el Salvador no contempló que hay quien no necesita ser salvado?

___***___

Basado en una noticia que narraba la muerte de un predicador al intentar evangelizar una de las pocas tribus indígenas que aún viven según sus costumbres en una isla cuyo acceso está prohibido a la civilización.

Pequeño gorrión nocturno

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Pequeño gorrión nocturno de alas café y pico de plata. No ves que el sol ya se escondió y la luna ya canta? Es hora de desplegar tus alas y bailar al son del viento entre las estrellas. Planear sobre las luces de las ciudades que se apagan. Sentir que la capa de oscuridad te envuelve para que las rapaces nocturnas no puedan criticar esa libertad que te acompaña. Tal vez posarte en una alambrada, atusarte tus suaves plumas mientras silvas y descansas tus negros y brillantes ojos ante la proximidad del alba.

Pequeño gorrión nocturno,la noche por desgracia se acaba. Es hora de replegar las alas, cerrar tus ojitos y soñar hasta que inevitablemente la noche susurre… ¿No ves que el sol ya se escondió y la luna ya canta?.

___***___

Recupero está entrada de los origénes del blog que apenas fue leída. Los próximos días haré lo propio con las que opine que no tuvieron la atención que pienso merecían. ¡Disfrutarlas!

CRÍTICA – RELATO – Marillion – All One Tonight – Live At The Royal Albert Hall

-Señor juez. Me declaro culpable.- Digo agachando la cabeza y cerrando los párpados en el mismo gesto como si el peso de la conciencia hubiese encontrado la gravedad en ese instante y estuviese cayendo sobre mis hombros. Continúo tímidamente: – Quisiera confesar…-

El súbito sonido de los murmullos es aplacado rápidamente por los golpes del martillo del juez llamando al orden la sala. – ¡Silencio en la sala! Escuchemos lo que quiere declarar. Después el tribunal dictará sentencia. Comience su declaración y no se ande con rodeos. Cíñase a los hechos. Comience.-

– Hace dos días compré en CD el directo de Marillion “All One Tonight – Live At Royal Albert Hall” que fué grabado en la gira del 2017. Y era la primera vez en los casi 40 años de la banda qué tocaban en tan ilustre recinto. El caso es que …- Paro unos segundos para coger aliento y valor para la confesión:- Lo compré aún teniéndolo desde hace pocos meses en Blu-ray y haberlo visionado al menos media docena de meses.-

Un sonido de asombro se escapa de la boca de los asistentes al juicio que es acallado por el respetuoso martillar-¡Eso no tiene ningún sentido! Por favor, diga a este tribunal las razones qué le han llevado a ello.-

-No puedo dar una razón concreta. Es un cúmulo de características únicas. Pero haré el esfuerzo e intentaré mostrarlas como usted ha solicitado:

– La primera parte del concierto la banda toca al completo su último álbum de estudio F.E.A.R. (Fuck Everyone And Run). Una maravilla que critica está maldita sociedad que parece seguir el dogma que reza el título. Lo tocan y además lo hacen increíblemente bien. No como en los directos de otra bandas que suenan a lata. Hay partes que incluso superan el sonido de estudio por la calidez y emotividad de la interpretación y la entrega del público asistente.

Solo por esa parte ya merece la pena el desembolso, pero lo que realmente me llevo a la perdición fue su segunda parte…-

-Recuerde que esta bajo juramento. Esa segunda parte no tiene ni uno de los éxitos que hicieron famosa a la banda allá por los 80. ¿Me va usted a contar que después de todo este tiempo rechazan tocar sus mejores canciones ante su publico?… No hay duda de que estamos ante un caso muy grave de psicopatía emocional. Continúe…-

-Como contaba, la segunda parte fue mi caída a los infiernos. Mi rendición ante algo tan grande que es difícil de explicar. Silencio, la melodía de violines y flauta que te arrastran hacia todo lo desconocido de la galaxia… Comienza con “The Space” y al grupo le acompañan un cuarteto de cuerda, una flauta y una trompeta francesa. Le dan una nueva dimensión a la excelente música que ya de por si compone este grupo.

Ese comienzo fue simplemente eso. Un aperitivo para el oyente que no puede imaginar lo que se le viene encima. Sin duda el que selecciono las 9 canciones que forman esta segunda parte quería remover entrañas a quien lo escucha…

“Afraid of Sunlight”, “The Great Scape”, “Easter”, “Go!”, “Man of a Thousand Faces”, “Waiting To Happen”

Y el remate para el final, cuando ya no queda aliento ni se pueden exponer mas los sentimientos… Campanillas y cascabeles anuncian que el viaje a Nunca-jamás comienza. Agarras la mano a tu yo interior y te sumergen entre las nubes de “Neverland”. Ese piano que va uniendo al resto de instrumentos hasta que explosiona la magia a mitad de canción con un mágico solo de guitarra. Este tema debe de ser uno de los grandes hitos de la humanidad. Una obra a guardar en una capsula del tiempo para que los que nos sucedan como especie dominante comprendan la grandeza de lo que fue el ser humano.

Y cuando termina solo hay tiempo para un bis. Repiten una parte de uno de los temas de F.E.A.R.,  “One Tonight” que ya ha sonado esa noche. Esta vez con el acompañamiento sonoro como despedida. ¡Y que despedida! Ese fragmento va creciendo en intensidad hasta que te dan ganas de aplaudir en su apoteósico final… Y entonces todo termina y tienes la necesidad de que vuelva a comenzar.

Su señoría, doy por finalizada mi declaración.-

-De acuerdo, el jurado puede reunirse a deliberar antes de emitir su veredicto-

Se hace el silencio en la sala y un grupo de los asistentes se reúne a deliberar. Los minutos se hacen interminables y la tensión se hace tan palpable que ahoga.

Finalmente el grupo vuelve a su sitio. Y el vocal habla: – Estamos listos para sentencia.- Se aclara la garganta frente al micrófono, y lo que sigue es difícilmente explicable, ya que escapa a toda lógica.

Justo antes de decirla, se apaga la luz. Y súbitamente la abarrotada sala al completo se pone en pie. En la oscuridad comienzan a iluminarse pequeñas lucecitas de colores que danzan de un lado a otro en un rítmico va y ven. En los dedos de los asistente hay lamparas LED multicolor y poco a poco  comienza a escucharse un canto al unísono que va contagiando a todo el que lo escucha…

“Wide awake on the edge of the world”

“Wide awake on the edge of the world”

“Wide awake on the edge of the world”

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Si quieres entender este extraño final visualiza el siguiente video:

Fugaz recuerdo IV

De mis tiempos de niño apenas guardo recuerdos. Era un niño feliz, y la felicidad tiende a difuminar sus hechos concretos en tierna nostalgia por ese pasado que luchamos por recuperar.

Los pocos que me quedan están en un viejo álbum de fotos en algún cajón de la casa esperando ser recuperados. La última vez que los repasé, me quedé con una única imagen de aquel niño alegre y sin preocupaciones.

Un niño risueño de entre dos y tres años entre la hierba que aquel año creció excepcionalmente alta, al menos en la sierra de Gata donde fué tomada. Lleva un jersey de lana de rojos, verdes y blancos. El pelo dorado y despeinado mecido por sus cautos pasos sobre el campo húmedo. En su manita extendida agarra lo que parece una bellota como si fuese su mas preciado tesoro. Posiblemente aquel soleado día de primavera lo era, y se lo muestra entusiasmado a la figura que le mira más allá de lo que la cámara llegó a capturar. Una madre que en aquel preciso momento atrapado en el tiempo era feliz, al igual que el padre que recogía ese instante.

¿En qué instante años más tarde comenzó a retorcerse todo?

Ahora prefiero no recordarlo.

Ella espera que regrese

Ella,

Monumento a la paciencia

Pasando las tardes en lo alto de la colina

Esperando a que su amor regrese.

Tan sola.

Ella,

Con un vestido blanco y liviano

Ondeando con el viento gélido de las montañas.

Ella,

Con sus trenzas color de luna

Y sus ojos color gris,

Tan tristes.

Ella,

Siempre esperando descalza

Entre las flores, los pastos,

las hojas doradas o las nieves tan blancas.

Ella,

La que amó un imposible prohibido,

Qué desapareció una lejana mañana.

Ella,

Reflejo de la nostalgia.

De la esperanza vana.

¿Cuánto más esperará en soledad a que regrese su amada?

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Ayer, escuchando el tema “Penelope’s song” de Loreena Mc.Kennitt me vino está idea. Después de todo, el amor entre dos seres es universal y la ausencia duele igual seas de la tendencia sexual que seas.