Somewhere in Providencia

Esta isla del tesoro perdida y olvidada en el inmenso océano es para ti

Mes: noviembre, 2018

CRÍTICA – RELATO – Marillion – All One Tonight – Live At The Royal Albert Hall

-Señor juez. Me declaro culpable.- Digo agachando la cabeza y cerrando los párpados en el mismo gesto como si el peso de la conciencia hubiese encontrado la gravedad en ese instante y estuviese cayendo sobre mis hombros. Continúo tímidamente: – Quisiera confesar…-

El súbito sonido de los murmullos es aplacado rápidamente por los golpes del martillo del juez llamando al orden la sala. – ¡Silencio en la sala! Escuchemos lo que quiere declarar. Después el tribunal dictará sentencia. Comience su declaración y no se ande con rodeos. Cíñase a los hechos. Comience.-

– Hace dos días compré en CD el directo de Marillion “All One Tonight – Live At Royal Albert Hall” que fué grabado en la gira del 2017. Y era la primera vez en los casi 40 años de la banda qué tocaban en tan ilustre recinto. El caso es que …- Paro unos segundos para coger aliento y valor para la confesión:- Lo compré aún teniéndolo desde hace pocos meses en Blu-ray y haberlo visionado al menos media docena de meses.-

Un sonido de asombro se escapa de la boca de los asistentes al juicio que es acallado por el respetuoso martillar-¡Eso no tiene ningún sentido! Por favor, diga a este tribunal las razones qué le han llevado a ello.-

-No puedo dar una razón concreta. Es un cúmulo de características únicas. Pero haré el esfuerzo e intentaré mostrarlas como usted ha solicitado:

– La primera parte del concierto la banda toca al completo su último álbum de estudio F.E.A.R. (Fuck Everyone And Run). Una maravilla que critica está maldita sociedad que parece seguir el dogma que reza el título. Lo tocan y además lo hacen increíblemente bien. No como en los directos de otra bandas que suenan a lata. Hay partes que incluso superan el sonido de estudio por la calidez y emotividad de la interpretación y la entrega del público asistente.

Solo por esa parte ya merece la pena el desembolso, pero lo que realmente me llevo a la perdición fue su segunda parte…-

-Recuerde que esta bajo juramento. Esa segunda parte no tiene ni uno de los éxitos que hicieron famosa a la banda allá por los 80. ¿Me va usted a contar que después de todo este tiempo rechazan tocar sus mejores canciones ante su publico?… No hay duda de que estamos ante un caso muy grave de psicopatía emocional. Continúe…-

-Como contaba, la segunda parte fue mi caída a los infiernos. Mi rendición ante algo tan grande que es difícil de explicar. Silencio, la melodía de violines y flauta que te arrastran hacia todo lo desconocido de la galaxia… Comienza con “The Space” y al grupo le acompañan un cuarteto de cuerda, una flauta y una trompeta francesa. Le dan una nueva dimensión a la excelente música que ya de por si compone este grupo.

Ese comienzo fue simplemente eso. Un aperitivo para el oyente que no puede imaginar lo que se le viene encima. Sin duda el que selecciono las 9 canciones que forman esta segunda parte quería remover entrañas a quien lo escucha…

“Afraid of Sunlight”, “The Great Scape”, “Easter”, “Go!”, “Man of a Thousand Faces”, “Waiting To Happen”

Y el remate para el final, cuando ya no queda aliento ni se pueden exponer mas los sentimientos… Campanillas y cascabeles anuncian que el viaje a Nunca-jamás comienza. Agarras la mano a tu yo interior y te sumergen entre las nubes de “Neverland”. Ese piano que va uniendo al resto de instrumentos hasta que explosiona la magia a mitad de canción con un mágico solo de guitarra. Este tema debe de ser uno de los grandes hitos de la humanidad. Una obra a guardar en una capsula del tiempo para que los que nos sucedan como especie dominante comprendan la grandeza de lo que fue el ser humano.

Y cuando termina solo hay tiempo para un bis. Repiten una parte de uno de los temas de F.E.A.R.,  “One Tonight” que ya ha sonado esa noche. Esta vez con el acompañamiento sonoro como despedida. ¡Y que despedida! Ese fragmento va creciendo en intensidad hasta que te dan ganas de aplaudir en su apoteósico final… Y entonces todo termina y tienes la necesidad de que vuelva a comenzar.

Su señoría, doy por finalizada mi declaración.-

-De acuerdo, el jurado puede reunirse a deliberar antes de emitir su veredicto-

Se hace el silencio en la sala y un grupo de los asistentes se reúne a deliberar. Los minutos se hacen interminables y la tensión se hace tan palpable que ahoga.

Finalmente el grupo vuelve a su sitio. Y el vocal habla: – Estamos listos para sentencia.- Se aclara la garganta frente al micrófono, y lo que sigue es difícilmente explicable, ya que escapa a toda lógica.

Justo antes de decirla, se apaga la luz. Y súbitamente la abarrotada sala al completo se pone en pie. En la oscuridad comienzan a iluminarse pequeñas lucecitas de colores que danzan de un lado a otro en un rítmico va y ven. En los dedos de los asistente hay lamparas LED multicolor y poco a poco  comienza a escucharse un canto al unísono que va contagiando a todo el que lo escucha…

“Wide awake on the edge of the world”

“Wide awake on the edge of the world”

“Wide awake on the edge of the world”

___***___

Si quieres entender este extraño final visualiza el siguiente video:

Anuncios

Fugaz recuerdo IV

De mis tiempos de niño apenas guardo recuerdos. Era un niño feliz, y la felicidad tiende a difuminar sus hechos concretos en tierna nostalgia por ese pasado que luchamos por recuperar.

Los pocos que me quedan están en un viejo álbum de fotos en algún cajón de la casa esperando ser recuperados. La última vez que los repasé, me quedé con una única imagen de aquel niño alegre y sin preocupaciones.

Un niño risueño de entre dos y tres años entre la hierba que aquel año creció excepcionalmente alta, al menos en la sierra de Gata donde fué tomada. Lleva un jersey de lana de rojos, verdes y blancos. El pelo dorado y despeinado mecido por sus cautos pasos sobre el campo húmedo. En su manita extendida agarra lo que parece una bellota como si fuese su mas preciado tesoro. Posiblemente aquel soleado día de primavera lo era, y se lo muestra entusiasmado a la figura que le mira más allá de lo que la cámara llegó a capturar. Una madre que en aquel preciso momento atrapado en el tiempo era feliz, al igual que el padre que recogía ese instante.

¿En qué instante años más tarde comenzó a retorcerse todo?

Ahora prefiero no recordarlo.

Dentro de la caja

¿Qué hay dentro de la caja?

La dejé abierta y ahora está ocupada.

Fué solamente un segundo en que aparte la mirada,

Cuando esa blanca bola de pelo saltó,

Se acomodo

Y ahora descansa.

¿Quién podría atreverse a sacarla?

Lo que perdimos

A veces me pregunto porque estamos fabricados de pasado. De vivencias que nuestras mentes manipulan para acomodar nuestras acciones del presente y moldear un futuro siempre incierto.

¿Por qué pasamos la vida añorando lo que perdimos?

Nuestro juguete favorito.

Nuestro mejor amigo del colegio.

Nuestras vacaciones en el pueblo.

Nuestra inocencia.

Nuestras tardes en la calle simplemente conversando.

Nuestro valor hacia el mundo.

Nuestros temores nocturnos.

Nuestro primer amor.

Nuestro primer desengaño.

Nuestra infancia.

Nuestros abuelos.

Nuestros santuarios.

Nuestros padres.

Nuestros hijos.

Nuestro hogar.

Nuestros aciertos y éxitos.

Nuestra imaginación.

Nuestros fracasos y errores.

Nuestra felicidad.

Nuestra pasión.

Nuestras esperanzas y sueños.

Cada vez que leo un “Vive el presente” no puedo hacer más que sonreír. Pues su significado en realidad es “Recupera lo que perdiste”.

¿Dónde lo habremos perdido?

La hoguera

-Ya no te quiero, lo nuestro no funciona desde hace mucho tiempo-

Según iban saliendo esas palabras de sus labios su corazón se fragmentaba en mil pedazos. Al terminar solo quedaba una pequeña montaña de cenizas aún humeantes a sus pies.

Cerró la puerta trás de sí y se fué a caminar solo bajo la lluvia para apagar con sus lágrimas los rescoldos que aún ardieran de esa hoguera que había intentado avivar durante tanto tiempo.

Fugaz recuerdo III

Recorrer una senda olvidada escondida bajo las agujas y cortezas secas de los pinos que lleva al corazón del bosque, ese era mi mayor entretenimiento en aquellos veranos en el pueblo.

Volaba la imaginación rodeado de las columnas de madera que se alineaban a mi alrededor como en un inmenso templo en honor a la naturaleza. Solía armarme con un palo retorcido e intuía como a mi alrededor observaban mis pasos mágicas criaturas que vigilaban que no dejará al descubierto sus secretos y existencia.

El crujido de las hojas secas bajo mis pisadas, cantos de pájaros desconocidos en las copas y el rasgar de las “chicharras” rompían el silencio hasta que llegaba a mi santuario. Un viejo árbol seco con el tronco retorcido en agonía. Solitario y casi oculto entre la maleza. Tan triste.

Me sentaba apoyando la espalda en él, mientras pasaba las horas puliendo cortezas secas sobre una roca dándoles forma de barcos. Una flota increíble de navíos que serían el orgullo de los siete mares.

Cuando los tonos del bosque se teñían anaranjados comenzaba el regreso a casa. Llevaba conmigo el mejor barco de la tarde que soltaría por los “caños” que bordeaban las calles para que navegará arrastrado por la corriente hacia un destino desconocido. Tal y como haría algunos años más tarde.

“Pero eso es otra historia que deberá ser contada en otra ocasión”

Esa voz sin sentido

Donde quiera que esté siempre escucho esa voz.

Un susurro suave y armonioso que me acompaña aún donde impera el silencio.

Agudo y a su vez tan grave como la violencia que oculta tras su aparente calma.

Fundiéndose con el viento entre los árboles.

Con el repicar de la lluvia.

Con los truenos que retumban en la distancia.

Con el cantar de los pájaros al atardecer.

Y con esos sonidos que no parecen existir que provienen de ti y de mi como un lenguaje desconocido que intuimos al cruzar nuestras miradas.

Manando de nuestro interior.

De nuestros corazones cuando laten pausados, en ese instante previo a bombear sangre con la energía que otorga el estar excitado.

Tan excitados.

Quisiera poder definirlo como una esperada llamada.

Como un grito mudo que nos hace mirar el lienzo del firmamento y sus estrellas esbozadas.

Siempre tan lejanas.

Buscando un origen incierto.

Un destino que irremediablemente nos aguarda.

Quisiera que lo entendieras.

Que pudieras explicarme el sentido de esa voz que resuena en mi cabeza.

Qué parece repetir una y otra vez:

“Haz lo que quieras”.

El capitán “Carapincho”

Tal vez hayas escuchado hablar de él, y si lo hiciste seguramente fue entre susurros y miradas atemorizadas. Es posible incluso que a tus oídos haya llegado la historia de su inmenso tesoro enterrado en una lejana isla olvidada de blancas playas y frondosa maleza.

Es mi deber advertirte que seguramente todo aquello que te cuenten sea cierto, más voy a completar esa historia con lo poco que conozco por boca de uno de sus también terribles marineros. No el más fiel por supuesto, pero sí el más indiscreto, al menos cuando el ron ha aflojado su juicio y lengua.

De profesión pirata, es conocido como capitán “Carapincho”. Ronda los cuarenta años aunque por las arrugas de su piel parece que pasaron muchos más inviernos. Lo cierto es que nadie puede decir a ciencia cierta su edad real ya que sus orígenes son desconocidos. Poco pelo en la cabeza que tapa de vez en cuando con un descolorido pañuelo de color negro con letras blancas que alguna vez debieron decir algo, aunque ahora solo se distingue la palabra MAR. Tupidas cejas parecen querer ocultar sus sesgados ojos del color del mar que le vio crecer, pero no en calma si no tempestuoso. Una boca pequeña aunque grande a la hora de soltar improperios, rodeada con barba de muchos días que de vez en cuando recorta algo, quizás para qué sus gruesos pelos de mil reflejos sigan haciendo honor a su apodo.

Un apodo que por supuesto le fue dado hace mucho tiempo por aquellos que más le temen y le siguen temiendo (Y si estás leyendo estás lineas tu también deberías hacerlo). Porque si la actividad de un pirata para que pueda llamarse así, incluye el saqueo, este del cual os advierto lo hace con uno de los bienes mas preciados que poseemos y que a veces pasa desapercibido: las risas de los niños.

Cada vez que arriba a un puerto o aborda un barco, busca sin descanso a los más pequeños, a aquellos que rien y lo pasan bien sin parar un segundo. Los somete a interminables sesiones de cosquillas cuyas risas pueden escucharse a kilómetros de distancia hasta que la última carcajada abandona sus a partir de ahora tristes cuerpos. Todo para llenar un carcomido cofre de madera. Su más codiciado tesoro.

Ninguno de sus acompañantes sabe el motivo, pero conjeturan con un hecho olvidado de un lejano pasado. Un niño sin risa que envidiaba a quienes la poseían hasta que decidió arrebatárselas.

Poco más pude sacarle al viejo marinero antes de que cayera dormido sobre la barra de la lúgubre taberna a causa de la borrachera, pero sirva esta breve información como advertencia si veis un navío bautizado irónicamente “Sonrisa”. Guardar vuestras risas a buen recaudo y no dejéis que os las robe este temible capitán pirata del cual os he hablado.

Escritos reiterativos

Quiero pedirte perdón a tí

Que lees aquí siempre lo mismo.

Cantares de un bufón loco.

Escritos reiterativos.

Sobre la lluvia en los bosques.

Sobre el rocío en la hierba.

Sobre placeres perdidos.

Sobre la infancia olvidada.

Sobre los nuevos caminos.

Sobre lo que aún no sé ha escrito.

Sobre lo escrito en los rostros.

Sobre los viejos amigos.

Sobre el dolor en el mundo.

Sobre el amor más profundo.

Sobre secretos entornos.

Sobre encuentros secretos.

Sobre aquello que siento.

Sobre lo que aún no he sentido.

Sobre los fragmentos oníricos

Qué al despertar recompongo.

—***—

Hace unos días escribí la entrada número 100 en este blog. El mismo día el “seguidor” número 50 llegaba a esta isla.

¡Muchas gracias por leer mis locuras!

¿Donde están las nubes?

-¿Donde están las nubes?-

Preguntó un día despejado

Con el cielo azul celeste,

Estelas de vapor de aviones tejiendo tapices

Y el sol tan solitario brillando en lo alto,

Mientras el columpio iba y venía.

-Descansan en un castillo,

Allá en lo alto.

Donde se cargan de lluvia,

Donde fabrican los rayos.

Donde los días de frío

Estrellas de nieve salpican.

Donde reposan los deseos

Donde no existen los miedos

Donde la luna se oculta

Hasta que el sol tiene sueño.-