Somewhere in Providencia

Esta isla del tesoro perdida y olvidada en el inmenso océano es para ti

Categoría: Literature

Esperanza – 20 – Llegó la mañana

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No llueve. Quizás muy lejos, en algún lugar desolado de la Tierra, si aún queda algún superviviente, alguien esté mirando a través de una ventana llover sobre las aceras mojadas; valorando si pegarse un tiro en la sien o colgarse con un cinturón de alguna viga del techo, pero aquí en el espacio, la lluvia no es más que un recuerdo lejano. Ni siquiera las románticas lluvias de asteroides son tan preciosas si no chocan con una atmósfera que las haga arder; son simples piedras. A través del ventanuco de esta capsula de salvamento que es mi ataúd, solo puedo seguir contemplando oscuridad. Esa oscuridad plagada de estrellas a incomprensibles distancias que siempre nos acompaña. He tardado en acostumbrar mis ojos y distinguirlas, pero no me reconforta su presencia. Están allí, imperturbables en algún lugar indefinido. Para ellas no soy nada. Los hijos de puta como yo para ellas no son nada, aunque también es cierto que la humanidad en sí tampoco lo es. El pasado tampoco es nada y el presente no es más que el heraldo de lo que está por desaparecer. Irónico que toda nuestra existencia se sostenga sobre la nada.

Ahora que sé que la muerte me acecha y hasta puedo sentir su gélido aliento en la nuca, me viene vagamente a la mente la letra de una antigua canción casi olvidada que escuché en los lejanos años ochenta. Su letra traducida, más o menos decía algo así:

“Llegó la mañana y me encontré a mí mismo en el funeral de la niñez que pensé estaba desaparecida. Miré por la ventana y vi una urraca surcando un arcoíris. La lluvia se ha ido y yo ya no estoy solo. Te veo a ti. El niño que una vez amé…”

Bonita canción en una situación así. Irónico su mensaje en un momento como este. El cerebro y sus triquiñuelas para intentar aliviar el sufrimiento y la desesperación; capaz de rescatar de algún rincón del olvido una canción que nadie recuerda y que no se escuchará nunca más; abocada al olvido al igual que yo.

Supongo que un monstruo como yo merece un final como este. Si todos los hijos de puta como yo lo hubiesen tenido, el mundo quizás habría ido en una dirección muy diferente. Quizás yo no estaría aquí, ni Afrodita habría sufrido mi castigo. Aunque ese idílico planteamiento sea una gran falacia. El encargado de condenar al olvido a los de mi condición tendría que ser sin duda otro hijo de puta con voces en la cabeza dictando y justificando sus cruentas acciones. ¿Dónde está la maldita voz ahora que me hace realmente falta? Los minutos se hacen interminables aquí, atado sin posibilidad de moverme mirando la oscuridad estrellada a través del ovalado ventanuco.

Comienzo a tener hambre y sed. Mi boca me trasmite sabor a sangre seca; saliva sin cesar. Lo más lógico es que la muerte me llegue por deshidratación. Las heridas y magulladuras que me ha causado Afrodita no son suficientes para acabar conmigo, aunque sin duda harán más dolorosa la agonía que me espera. ¿Cuánto durará el final? ¿Habrá algo cuando este llegue? Lo dejaré en suspenso, aunque presiento que dará igual. La existencia nunca ha importado nada en este universo imperturbable donde la vida no representa más que una infinitésima porción de su contenido. ¿Existirá alguna forma de acelerar mi inevitable muerte? No me reconforta la idea de morir de sed, haya lo que haya después.

“Arráncate la lengua de un mordisco.”

Mi voz interior; mi única amiga, regresa en el peor momento para auxiliarme.

¡Duele! He gritado de dolor, pero aquí en mitad del vacío nadie puede escuchar mis gritos. Ahora mi boca está llena de sangre que escapa a borbotones por mi boca y resbala por la garganta. Duele y es asqueroso. Noto como mis extremidades pierden fuerzas. El conocimiento de lo que habrá en la otra vida está cerca. La parca afila su guadaña y sonríe. Duele. Cierro los ojos y me abandono al silencio. Es lo único que puedo hacer en este último momento.

“And it was morning…”

** “Childhood End?” – Marillion (1985)

Esperanza – 16 – Medidas desesperadas

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Salgo del observatorio con fuertes náuseas y ganas de vomitar. Observo mis nudillos doloridos y manchados de sangre; la sangre de una diosa.

“No te sientas mal por lo que has tenido que hacer; ha sido necesario. Es cierto que por ella sientes algo y por eso tomar medidas desesperadas no ha resultado tan agradable como lo era antaño. Ella podía haber aceptado su nueva realidad, pero no lo hizo. Sus heridas sin duda sanarán y la próxima vez se lo pensará dos veces antes de llevarte la contraria, ya lo verás.

¿Escuchaste como suplicaba?

¿Como lloraba esa putilla?

¡Cuanto he echado de menos momentos como este a tu lado!

Me entusiasma comprobar que a pesar de los años no has perdido el toque. Ese toque que siempre te caracterizó y que nadie ha podido igualar. El cómo te recreas con el sufrimiento es lo que más aprecio de ti. Podías perfectamente haber parado cuando ella se arrastraba buscando desesperadamente escapar, pero no lo hiciste. ¡Maravilloso! Esa forma de agarrarla del cuello contra la pared. Esos ojos suplicantes derramando lágrimas. Esos balbuceos sin sentido…

¡Ja, ja, ja! ¿Qué diría?

¿Por favor no me hagas daño?

Si ella te conociera como yo te conozco, sabría que esas triquiñuelas contigo no sirven de absolutamente nada.

Vamos a apostar, yo pienso que la próxima vez se arrojará a tus brazos sin necesidad de que hagas nada. Todas las mujeres son así. En realidad, desean un hombre capaz de someterlas y que las trate como trapos de usar y tirar. Estoy seguro de que incluso ha disfrutado con cada golpe, como siempre ha sido a lo largo de la historia.

Puede que al final te hayas excedido un poco, pero supongo que haber reprimido tus instintos primarios tanto tiempo es lo que tiene. Además… ¡Que te quiten lo bailado!

Ahora habrá que dejar que se recupere un tiempo.

¿Qué te parece si la dejamos encerrada en el observatorio?Allí podremos hacer uso de ella cuando se nos antoje.”

Esperanza – 15 – La voz interior

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“Cuanto tiempo sin poder hablar abiertamente contigo. ¿Cuántos años han pasado? ¿Veinte? ¿Veintiuno? Me dolió que dejarás de hacerme caso después de todo lo que hice por ti. Dolió de verdad esa indiferencia. No he olvidado mi uno solo de los momentos a tu lado.

¿Recuerdas como cuando eras niño bajábamos al río a atrapar ranas?

Era tronchante ver como se retorcían con los rayos de sol concentrados con nuestra lupa. Ese fino hilo de humo y el olor a quemado. Es imposible olvidar el olor a muerto.

¿Y con los gatos callejeros?

¿Lo recuerdas?

Sus lastimosos maullidos cuando los despellejábamos vivos; lo tronchante que era cercenar sus cabezas y dejarlas empaladas en mitad de cualquier rotonda ¿Entendería quienquiera que lo viese nuestras obras de arte? Imagino sus caras de horror y repulsa; el arte, en su faceta más pura y visceral, a veces provoca ese tipo de reacciones.

¿Y quién se mantuvo a tu lado cuando te quedaste solo?

¿Quién te apoyó en aquellos momentos tan duros?

Tu familia no era capaz de comprenderte y yo te di las alas que necesitabas para emprender el vuelo. Bastó un simple empujón para animarte a rebanarles el cuello mientras dormían plácidamente. No emitieron ni un simple grito mientras tú reías a carcajadas ¿Existe algo más maravilloso que la risa que provoca la auténtica felicidad? Todavía hoy no se han hallado los restos, y en cuanto a ti… ¿Quién podía sospechar de un inocente niño de nueve años?

¡Que agradable es la sensación de saber que no se han perdido todos esos maravillosos recuerdos!

Aún no sé porque me echaste a un lado, pero ahora que volvemos a estar juntos dejemos a un lado las tontas rencillas del pasado y hagamos las paces. En estos difíciles momentos, tú me necesitas más que nunca, y yo estoy deseando ser de nuevo tu inseparable compañero de fatigas.

¿Solos en el espacio?

Sabes que a esa zorra no la necesitas más que para lo obvio. Un entretenimiento y como mucho, el receptáculo de tu progenie. Es un pelele movido por hilos atados a tus dedos que debería besar tus pies y hacer cuanto solicites.

¿Es ese desdén con que te ha hablado la forma de tratar a su nuevo dueño y señor?Tenemos que hacerla comprender que, en esta nave, o acepta nuestras normas o irremediablemente su vida pasará a ser un coctel de angustia y sufrimiento. Esa ramera tiene que aceptar su nueva condición de esclava… Eso, tu y yo sabemos perfectamente como hacerlo ¿Verdad?”

Esperanza – 13 – El otro lado del silencio

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Una vida suspendida y un simple gesto para darla por finalizada. Por unos instantes juego a ser Dios frente a la cápsula letárgica del que debe ser el sujeto “Delta” o vete usted a saber que estúpida denominación. Un cuerpo humano de proporciones perfectas; soñando; con el líquido conservador fluyendo por cada uno de sus poros y huecos; esperando despertar algún día, siglo o milenio y perpetuar la especie humana en algún lugar del universo inexplorado. Supongo que sus instrucciones serian similares a las mías. Un sueño al fin de al cabo, pues en pocos instantes, yo mismo firmaré su pena de muerte y haré realidad su ejecución sin posibilidad de réplica. Añadiré a mi currículo la ocupación de verdugo. Le daré en compensación el conocimiento de aquello que nos pasamos la existencia buscando; de aquello que existe al otro lado del silencio. Seguramente la nada, pero…

¿Quién puede afirmarlo?

El cuerpo se convulsiona solo unos instantes antes de quedar completamente inerte cuando paralizo el aporte de oxígeno de su cápsula. Su piel va amoratándose y por su boca entreabierta deja escapar unas últimas burbujas de aire que se acumulan en la zona superior. Me deshago del cuerpo con un último adiós, lanzándolo al vacío en una de las tres cápsulas de evacuación de emergencia que hay preparadas y el viaje continua como si no hubiese ocurrido nada. Como si siempre hubiese sido el plan tal y como había imaginado en mi mente.

Afrodita no sabrá jamás lo que ha ocurrido con este indeseable viajero y con el tiempo me acabará amando como yo la amo a ella. Solo es cuestión de tiempo y aquí, en el infinito universo, disponemos de todo el que deseemos y más.

“Tiempo…Solo tiempo…”

Esperanza – 08 – La bella durmiente y el príncipe azul

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—Sala mil uno. Criogenización —pronuncio con voz alta y clara y la reacción del sistema de guía automático no se hace esperar. En suelo y techo se iluminan intermitentes unas líneas, indicando con claridad el camino a tomar. Lo tomo. Me intriga saber como será el otro pasajero; mi compañera de viaje; la madre de mis futuros hijos; la última esperanza de perpetuar la especie humana.

Pocos minutos después, tras cuatro corredores, descender unas escaleras y tomar un ascensor, la luz se apaga frente a una puerta blanca impoluta que se abre perezosamente al detectar mi presencia. Sobre su alféizar un cartel reza: “Criogenización”.

Noto como la semilla de la intriga comienza a enraizar en mi interior mientras decido dar el paso al interior de la nueva localización. Al igual que el resto de las salas, tiene un acabado claro y liso, aunque la iluminación da la sensación de ser más tenue y fría. La sala en su conjunto parecería vacía si no fuese porque en su centro exacto se encuentra un enorme contenedor de metal pulido y cristal, iluminado por un foco que concentra su haz sobre él.

Creo que no seré capaz de recordar un momento más especial y único en mi vida que mientras aparto la fina capa de agua condensada en la superficie de cristal.

Veo a quién hiberna en el interior de la cápsula de criogenización. Una mujer joven, de unos veinte años, de formas perfectas suspendida en el líquido conservador; movida por las corrientes invisibles y los etéreos vaivenes del viscoso gel. Su rostro sacado de algún maravilloso sueño es el puro reflejo de la calma y delicadeza. Un rostro que sin pensarlo ha quedado tallado a cincel en alguna olvidada parcela de mi cerebro. Presiento que a partir de este encuentro cada vez que cierre los ojos, entre las chiribitas, aparecerá ella, con sus largas pestañas entrelazadas suspendida en la inmensidad de mi imaginación y mi corazón comenzará a palpitar salvaje; sin control, como está haciendo en este instante.

———***———

Ir a visitar la sala de criogenización para pasar los tiempos muertos se ha convertido en una rutina; un ritual sagrado; una necesidad; una obsesión. Mi propio cuento de hadas en el que la bella durmiente sueña con que llegue el beso de un anónimo príncipe azul que la saque del letargo y que se reescriban las líneas que den otra vez sentido a uno de tantos cuentos anticuados caídos en el olvido.

“Y vivieron felices y comieron perdices por siempre juntos”

Esperanza – 07 – La aeronave

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La aeronave es la de mayores dimensiones jamás diseñada y construida por la humanidad. Un interminable e intrincado laberinto de corredores y salas con paredes de color blanco iluminadas con tiras LED de eterna duración.

Hay habitaciones destinadas a todo tipo de usos: cocinas, comedores, dormitorios, aseos, salas de estar, jardines interiores, laboratorios, observatorios, almacenes, talleres, huertos, salones de ocio, salas de cine, filmotecas, bibliotecas… Todo parece estar colocado sin ningún sentido y con accesos de lo más variopintos. Desde ascensores a escaleras pasando por retorcidos pasillos. Su distribución parece surgida del subconsciente de un demente.

Tal es el caos, que recordar el camino a algún lugar en concreto resulta una tarea casi imposible. En ocasiones parece incluso que las salas intercambian sus posiciones. Quizás la intención de quien diseñó el interior era evitar la rutina de los pasajeros, que sin duda acabará siendo patente en un viaje cuya duración estimada es de cientos, sino miles de años y dónde convivirán incontables generaciones hasta dar con un nuevo planeta que reúna las condiciones necesarias para ser colonizado.

Con el tiempo he descubierto de manera casual una guía en la cabina de control donde explica que todo es más sencillo de lo que a primera vista aparenta. Basta con pronunciar en voz alta el destino deseado y la inteligencia artificial de la nave te guía mediante un sistema lineal de luces parpadeantes hasta tu destino por el camino óptimo. Me sorprende comprobar que a pesar del caos con que parece diseñado, todo está a menos de diez minutos andando. La guía incluye además un enorme listado con todas las salas que conforman la nave, mil una en total, quizás un numero basado en el enorme cuento de las noches de Arabia. De alguna manera, me reconforta la idea de que se trate de un inútil homenaje que ha hecho alguno de los participantes en el inmenso proyecto a la maravillosa obra.

La última de las salas que aparecen listadas aún no he llegado a visitarla.

“Criogenización” ¡Allí debe estar mi compañera de viaje!

Esperanza – 06 – Despegue

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El habitáculo no es como esperaba. Demasiado minúsculo como para permitir alguna postura cómoda en el asiento ergonómico tapizado en cuero que ocupa la mayor parte de la sala de control de la inmensa aeronave. Logro sentarme después de arrastrarme como malamente puedo por el estrecho borde que queda libre. Intento acomodarme y me abrocho el cinturón siguiendo las instrucciones de seguridad que impartieron durante las semanas de formación intensiva.

Observo el panel de control. Está lleno de palancas, botones, lucecitas, pantallas e indicadores. Insistí en mi deseo de participar activamente en el despegue y dadas las excepcionales circunstancias del viaje se me concedió, aunque mi papel en el evento resulta ser de lo más decepcionante: pulsar un enorme botón rojo parpadeante en el momento que me indiquen para activar la ignición y salir despedidos hacia el espacio a velocidad bastante superior a la del sonido.

Los minutos de espera se hacen insoportables, hasta que una voz masculina comienza a hablar alto y claro por los altavoces de la plataforma en que está erguida la nave.

“¡Atención! ¡Atención! Todo preparado para el despegue. Que todo el mundo ocupe su puesto y no lo abandone hasta que tengamos completa seguridad de que todo ha salido según lo previsto. ¡Quisiera añadir en mí nombre, el nombre de este equipo y el resto de la población que aún continua viva, que deseamos la mayor de las bendiciones a la tripulación! ¡Depositamos el futuro y las esperanzas de la especie en ustedes!

Comienza la cuenta atrás:

Diez …

Nueve…

Ocho…”

Según va avanzando la cuenta atrás me voy transformando en un amasijo de nervios. Observo por última vez a través de los cristales la tierra. Todo parece paralizado. Seguramente a lo largo y ancho del globo, los rostros macilentos en estado terminal de los que aún se aferran a la vida, estén paralizados frente a las pantallas de sus televisores observando el despegue. La última esperanza de una especie animal técnicamente extinta por culpa del “virus letal” que fue liberado por accidente al estallar la aeronave que debía alejarlo de la Tierra. Esperanza vana, pues la agónica muerte de cada uno de ellos es solo cuestión de tiempo. Resulta curioso el como cuando ve inevitable el final, la humanidad se encomienda a las bendiciones ¿Es el miedo a lo desconocido? Solo una prueba más del egoísmo inherente que nos acompaña, seña de identidad de la raza humana. En realidad, no es el deseo de que la misión salga adelante lo que nos lleva a repartir bendiciones, si no el intentar reconfortar la propia angustia. Ilusorio instinto de supervivencia intentando aferrarse a una vida que tiene las horas contadas.

“Tres …

Dos…

Uno…

¡Ignición!”

Pulso el botón y temblando con un enorme estruendo, la nave sale disparada hacia el infinito dejando atrás una cola de fuego y humo. Volando hacia un futuro incierto, como siempre ha sido. El único futuro posible.“Esto va a ser realmente emocionante.”

Esperanza – 05 – La misión

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Elegido.

Ha llegado el día de su partida. Atienda bien a las instrucciones de la misión.

Como bien sabe, la humanidad está a un paso de la extinción debido al virus letal que se liberó en la atmósfera por error hace aproximadamente un año. Un desgraciado accidente que ya ha costado la vida a millones de personas a lo largo y ancho del globo. Unos pocos humanos como usted, han resultado inmunes a esa cepa del virus, pero debido a su impredecible capacidad de mutación, no podemos arriesgarnos a que incluso ustedes lleguen a desarrollarlo, por eso hemos seleccionado a los especímenes óptimos para poder perpetuar nuestra especie en algún lugar indefinido del vasto universo.

Se trata de una misión desesperada y no carente de riesgo, pero es la única esperanza que nos queda. Una esperanza que como usted sabrá, a quienes nos quedamos aquí no nos aporta más que una diminuta chispa de ilusión para hacer menos dolorosos estos últimos días que quedan por delante.

Partirán sin un destino fijo en la mayor aeronave autónoma jamás construida por la humanidad, gracias a los fondos y tecnología que se han donado y que ahora ya no sirven para nada. Es posible que generaciones y generaciones de ustedes tengan que vivir allí encerradas, hasta alcanzar un nuevo planeta en que poder habitar. Esa nave será el único hogar que conocerá su descendencia. Piénselo; es algo que siempre hemos creído fantasía o ciencia ficción, pero las situaciones desesperadas requieren soluciones desesperadas como esta a la que nos encomendamos.

En principio y para extender el tiempo de viaje lo máximo posible, usted se encargará del despegue y del mantenimiento de la nave hasta que haya alcanzado una ruta segura. Cuando esto ocurra, deberá criogenizarse al igual que el resto de la tripulación. El letargo creemos que durará varios cientos de años. La inteligencia artificial de la nave les despertará cuando estime que han alcanzado un sistema solar que cumpla las condiciones necesarias para albergar nuestra especie, aunque como usted ya sabe la Inteligencia Artificial no es infalible, y entra dentro de las posibilidades que a partir de ese punto les toque capitanear a ustedes la búsqueda de un nuevo hogar. Cuando despierten, la responsabilidad recaerá en vuestras manos. Citando un pasaje de las sagradas escrituras católicas, “creced y multiplicaros”. En la nave tenéis todo lo necesario para que ese futuro pueda ser una realidad algún día, pero le remarco que será misión completamente vuestra que llegue a buen término.

Muchas gracias y suerte.

Atentamente:

El presidente de los Estados Unidos de la Tierra

I.M.

———***———

“Ha llegado nuestra hora.”

Esperanza – 04 – Días distintos o iguales

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Que agradable resulta el poder hacer algo diferente. Llevo ya un mes completo encerrado en una base militar, realizando un continuo proceso de preparación física y psicológica. Los días son siempre iguales, pero el ejercicio y las exigentes rutinas preparatorias hacen que el tiempo pase rápido; casi sin darme cuenta. Cualquier cosa que sea mantener la mente ocupada, ahora resulta imprescindible.

Había olvidado lo mucho que echaba de menos las rutinas. El estruendo del despertador a horas intempestivas; levantarse temprano, asearse y bajar al enorme comedor vacío a desayunar; ir al gimnasio durante varias horas, haciendo ejercicios aeróbicos y de musculación que me permitan poseer una completa movilidad y coordinación en gravedad cero; nutritivo almuerzo en el mismo comedor abandonado; asistir a los cursos de preparación de pilotaje y mantenimiento aeroespacial; esas clases me resultan aburridas, pero las necesitaré, no queda otra opción, ya que lo que me resta de vida es probable que lo pase en el espacio. Sesiones de psicólogo en las que se hace especial hincapié en como debo afrontar los interminables días que quedan por delante, insistiendo en que no seré el único viajero y que una situación así inevitablemente generará conflictos, que habrá que sobrellevar y superar; más gimnasio y a descansar para afrontar al día siguiente una jornada nueva; distinta; igual.

Ya debe quedar poco para la fecha programada de despegue, ya que la rutina se vuelve cada día más exigente. No puede demorarse más, pues la humanidad vive su propia e inevitable cuenta atrás. Según pasan los días noto como la ansiedad se va acomodando en mi interior y para contrarrestarla, amplifico el esfuerzo de las actividades preparatorias; todo sea por aguantar hasta el final. De alguna manera me reconforta todo esto que está ocurriendo y la increíble oportunidad que recae sobre mis hombros; nuestros hombros.“¡Ánimo! Nuestro día está ya al alcance de la mano.”

Esperanza – 03 – El elegido

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—Pase y tome asiento. —El hombre trajeado me invita a sentar señalando con un gesto una silla. Estamos reunidos en un despacho blanco con una enorme cristalera a la espalda de mi interlocutor. El agua cae a mares resbalando por el cristal. Me siento donde me indica y con un rostro imperturbable parece analizar cada uno de mis movimientos. Me siento incómodo. Estas situaciones al igual que los interrogatorios policiales cuando sacas al perro siempre resultan incomodas. Mira fijamente mis ojos y con voz profunda continúa hablando mientras yo callo con el corazón encogido en mitad del pecho —. Hemos analizado detenidamente su currículum y los resultados de las pruebas físicas y psicológicas que realizó durante el proceso de selección. Joven, fuerte, ambicioso, inteligente, sin rastro en su sangre de “el virus”… Usted es el candidato con mayor puntuación de cuántos se presentaron a la candidatura. Usted es el elegido. Le aconsejo que aproveche antes de incorporarse a la misión para despedirse de todos sus seres queridos. No volverá a verlos jamás.

Apenas soy capaz de articular palabras.

Mu… Muchísimas gracias. Lo cierto es que… bueno… Me gustaría incorporarme lo antes posible a la misión. Como ya os comenté durante el cuestionario de situación social y familiar, nadie me echará de menos.

—Perfecto. No esperábamos menos de usted. Preséntese mañana a primera hora en las instalaciones y comenzará la formación obligatoria. En cuanto el otro sujeto esté preparado, despegareis sin demora. El viaje no se puede postergar más. Sois la última esperanza de la humanidad. La semilla que germinará y nos hará florecer de nuevo a millones de años luz en algún lugar entre las estrellas. ¡Enhorabuena por su nueva ocupación!

Con otro gesto me invita a abandonar la sala. No puedo evitar sonreír y sentir una embriagadora sensación de triunfo durante el trayecto bajo la lluvia hacia el cubículo carcelario que ha sido mi hogar todo este interminable tiempo, mientras imagino que alrededor, donde no alcanza la vista, personas enfermas con rostros grisáceos y enfermizos agonizan aquí y allá.

¡Mañana comienza mi nueva vida!“Mañana comienza nuestra nueva vida.”