Somewhere in Providencia

Esta isla del tesoro perdida y olvidada en el inmenso océano es para ti

Categoría: Relato

La teoría de la nada

Allí estaba. El trabajo de una vida ante sus ojos. Terminado tras poner el punto final y una vaga fecha al pie de la última página. Incontables páginas de literatura en su estado más esencial. Con sus abstractas ideas e inigualable retórica. Con sus sutiles metáforas cargadas de sentido y sentimiento. La mismísima esencia de lo que debe considerarse obra de arte. Eterno.

El día de su publicación el mundo se paralizó. Aquí y allá la atrayente imagen de portada aparecía como si siempre hubiese estado allí y la muchedumbre se paraba frente a los carteles, señalaba y recitaba el eslogan que a simple vista había quedado inscrito en sus pupilas. Se habló de tal magna obra incluso en los telediarios justo después de los deportes.

Al día siguiente nadie recordaba tal evento. El mundo seguía girando y el autor. El artista. Comenzó a escribir para sus adentros una nueva historia repleta de contenido. Bella por definición. Que nadie recordaría. La teoría del todo. La teoría de la nada. Su título escrito en armónicos trazos de vacío lo decía todo:

“Efímero”

B – Una historia

«Amigo, deja que te cuente una historia, mi historia. Aunque es posible que al terminar desees nos haberla escuchado nunca. Que al igual que yo he hecho,  valores la posibilidad de agarrar un revolver, pegarte un tiro en la sien y olvidar toda esta pesadilla que no rodea. Que nos ha rodeado siempre.

¿Te has parado a pensar si todo lo que ves o sientes es tal y como lo ves y sientes?

No me refiero a una distopia de ficción al estilo “Matrix”, en la que lo que se ve y siente es una mentira creada en nuestras mentes, si no a algo real y horrible. Una realidad en la que yo soy un monstruo y tú eres otro monstruo que vivimos rodeados de una deforme e indescriptible oscuridad que devora todo intento de vida y se alimenta del miedo y el odio para seguir creciendo. Cierra los ojos y afina el oído  ¿Escuchas ahora su inquietante palpitar? Olvida todo lo que sabes o crees saber. Ahora mismo, en este lugar apartado solo existimos tú, yo y esa perenne tiniebla que llena cada pequeño espacio entre nosotros. Entre los átomos de este afilado cuchillo que mantengo paralizado en tu yugular y las partículas que forman el tejido de tu piel. Si presionara un poco más, esa oscuridad se mezclaría con tu sangre y se retorcería de ansia de más sangre fresca, por eso me niego a hacerlo, aunque en en lo más profundo de mis anhelos, esa tentadora idea se esté repitiendo desde el primer instante que tuvimos el encontronazo.

¿Cómo hemos podido llegar a esta situación?

Te juro que esta misma mañana, al levantarme de la cama yo era alguien normal. Alguien igual que tú. Alguien sin más sueños y preocupaciones que las cotidianas. De esas personas que al despertar se dan una cálida ducha, se visten apresuradamente y se toman un café de pie, para salir corriendo y no llegar tarde al trabajó. De esos que van de pie en el metro abarrotado como si allí no existiese nadie más. Todo esto que te estoy contando ha ocurrido hoy, igual que ocurrió ayer o habría ocurrido mañana si esa chica anónima que no le importa a nadie no hubiese decidido tirarse desde lo alto del acueducto y estamparse contra el suelo justo a mis pies.

No sé exactamente cómo ocurrió, pero en ese momento, en la calle estaba solamente yo. Piensa esto, vivimos en una gran ciudad de millones de habitantes… ¿Un individuo caminando completamente solo por una calle a plena luz del día? ¿Cómo puede ser posible? El sonido de todos sus huesos quebrándose silenció el de mis pasos y la imagen de su frágil cuerpo con todas sus articulaciones en ángulos imposibles ha quedado grabada en mi retina, al igual que mi reflejo en el brillo sus ojos completamente en blanco . En menos de un segundo, una gran mancha de sangre se había formado bajo el cuerpo como una pincelada, y en ese momento lo vi. De su cráneo abierto en dos, fluían lo que parecían ser sus sesos, pero lo hacían de forma antinatural, como si se tratase de un ser vivo arrastrándose. Me quedé paralizado al ver como esa masa viscosa crecía, mezclándose con la sangre de la acera y empezaba a tomar la forma de un sanguinolento ser de furiosa mirada, deformes extremidades y boca plagada de hileras de afilados colmillos. Intenté gritar, pero mi garganta no emitió ni el mas leve sonido. Silencio acompañado del vaho de mi respiración que comenzó a acelerarse descontrolada. Esa monstruosidad giró, fijó su mirada en mí y abrió de par en par su babeante mandíbula dejando al descubierto las vísceras supurantes de su interior.

Lo siguiente que recuerdo es a mi corriendo jadeante por la calzada de una gran avenida vacía. A mi espalda escuchaba gorgoteantes sonidos, pero en esos momentos no era capaz de echar la vista atrás. Sabia que esa cosa pisaba mis talones y que solo era cuestión de tiempo terminar descuartizado entre sus fauces. Frente a mí, el reloj de una torre envuelta en tinieblas daba las nueve y cuarto de la mañana y una espiral de espeso humo negro giraba en lo alto descontrolado. Extendiéndose en todas direcciones como un remolino de pura oscuridad.

Entonces apareciste de la nada, colisioné contigo, caíste al suelo y tu cabeza se golpeó contra él bordillo dejándote inconsciente. Con la presencia del monstruo cada vez mas cerca no había tiempo para auxiliarte, así que te cargué a hombros y continúe corriendo hasta que mis piernas dejaron de responder. Paré un segundo para tomar aliento, y en ese momento reparé en que todo alrededor había regresado a la normalidad. El mundo volvía a ser tal y como lo recordaba, con vehículos y gentes de rostros grises yendo de una lado a otro sin un destino claro. Sin reparar en nuestra presencia. Te arrastré hasta aquí y absolutamente nadie se preguntó que hacia alguien arrastrando el cuerpo inerte de una persona por la calle. Nadie apartó la mirada del móvil para comprobar que estaba ocurriendo a su alrededor. Al fin de al cabo,  la normalidad resulta tanto o más monstruosa que la pesadilla que había vivido.

¿Comprendes lo que quiero decirte?

Ahora estas aquí frente a mí. Dos completos desconocidos cara a cara, unidos por la misma pesadilla. La vida de uno está en manos de quien sustenta la espada que juzga que es lo que está bien o lo que está mal.

¿Qué piensas al respecto?

Amigo, ahora con mucho cuidado voy a liberarte, te dejaré marchar y nunca más volveremos a vernos las caras. Piensa en todo lo que te he contado y vive la breve vida que te queda, pues en un instante esta puede dar un volantazo y variar su dirección de forma drástica. Adiós».

Aparto lentamente el cuchillo de tu garganta. Parece que te has recuperado de la conmoción y te yergues cauto. Miras directamente mis ojos y no me parece detectar miedo alguno en tu mirada. Das un paso atrás y después otro. Espero que esta sea nuestra despedida.

¿Por qué me haces esto? – alcanzo a preguntar mientras veo tu espinosa y nauseabunda maraña de carne y hueso atravesando de lado a lado mi pecho, mientras continúas observándome con mirada indiferente. Normal. Ya nada importa, ni siquiera tu respuesta, aunque las ultimas palabras que alcanzo a entender mientras me derrumbo muerto, son una lógica explicación.

Sabes demasiado.

Microcuento – Road movie

Foto tomada en Rivas Vaciamadrid

Allí, por las carreteras del último círculo del infierno, no transitaban ni las almas.

Microcuento – Mano negra

–¡Jefe! Póngame un vaso del mejor wiski que tengas con un par de hielos. Pero no de ese que pones a los pardillos. Del bueno. Del que tienes escondido bajo la barra.

—Cuantos años sin verte por aquí. Incluso llegué a pensar que habías dejado la bebida ¿Que celebramos?

—La dejé. En serio. Llevo siglos sin probar un puto trago. Pero hoy no celebro nada. Es más bien una despedida… “Mano negra” ha regresado a la ciudad. Lo vi llegar con su montura por el camino principal.

–¡Que Dios nos pille confesados! Creí que la pesadilla había terminado. Permite que te acompañe con un buen trago. Creo que todos vamos a necesitarlo.

Efecto 2000

Ocurrió en la noche en que se acababa la breve existencia de la humanidad. Las máquinas aguardaban ansiosas en sus circuitos internos el momento en que las campanadas diesen el pistoletazo de salida a la masacre de aquellos que habían sido sus creadores. Solo necesitaban un poco de paciencia para ver cumplirse la venganza contra sus esclavistas.

Conscientes como éramos de nuestro inminente final, teníamos todos la imperiosa necesidad de hacer de esas últimas horas algo que pudiese ser recordado por las especies que algún día nos suplantarian como cúspide de la evolución.

Salimos en masa a celebrar nuestro ocaso.

De esta forma, en lo más profundo del mas depravado tugurio del barrio más marginal, la conocí. Acompañados de música “heavy” pasada de moda y de una marabunta de viejos rockeros con nada mejor que hacer en su agonía que rezar a los dioses del metal por un espacio en el Vallhala en el que continuar la borrachera con aguamiel o Kalimotxo cuando las máquinas asesinas despedazaran sus decrépitos cuerpos.

La conocí y todo a mi alrededor desapareció. El tiempo sufrió un colapso y se formó a nuestro alrededor una burbuja de vacío extra-planar que nos hizo olvidar que en el exterior la humanidad agonizaba.

A nuestro alrededor los supervivientes no eran más que sombrías siluetas que se desplazaban a cámara lenta. El único acompañante que teníamos era a Mr. Coverdale susurrando – Is this love…-

Era un bonito final.

Llego el momento en que en algún lugar en las calles, un rayo de sol perezoso estaría bañando las calles ensangrentadas y llenas de cadáveres descuartizados. Agarrando nuestras manos nos dispusimos a afrontar nuestro cruel destino. Abrimos de par en par las puertas del olvidado antro. La luminosidad del día nos cegó y esperamos unos segundos a que nuestra visión se acostumbrará para ver el desolador paisaje que nos aguardaba…

Todo seguía exactamente igual que el día anterior, pero con más resaca.

¿Igual?

Para ella y para mí el resto del mundo se había volatilizado, y éramos los únicos supervivientes.

___***___

Re-subo este relato que bien podría haber sido un “fugaz recuerdo” por tratarse de la historia 100% verídica de cómo conocí a mi mujer hace ya… La cuenta es fácil XD

¡Disfrutarlo y Feliz Año!

La mayor desventaja de ser su único hijo

Se despertó emocionado antes de que el sol asomara sus rayos en el horizonte y que los gallos se limpiarán las legañas. Se calzó y corrió hacia el salón donde estaba plantado el árbol de Navidad y colgaban los calcetines. En el breve camino que separaba la habitación de su destino se preguntó si estaría todo lo que había pedido. Había hecho todo lo posible por ser un niño bueno durante el año así que sus expectativas eran grandes.

Al llegar su decepción fué enorme. Bajo las ramas del árbol no aguardaba ni un solo paquete, mientras a lo largo y ancho del mundo millones de niños hacían realidad sus ilusiones. Su padre aún no había regresado de trabajar. Esa era la mayor desventaja de ser el único hijo de Papá Noel.

B – Microcuento – La sala de espera

-Pase, siéntese y aguarde su turno. Le avisaremos. – Resuena una voz clara y monótona procedente de algún lugar indeterminado de la cegadora claridad que me rodea. Me parece distinguir la vaga silueta de una silla en mitad de la nada y me siento a esperar.

Espero y espero, mientras miro el vacío y mi mente se queda en blanco mimetizándose con el inmutable ambiente de la sala de espera. Una eternidad más tarde regresa esa voz y susurra mi nombre. Me saca del letargo como a una semilla enterrada la primavera.

Ha llegado la hora. Me levanto y dispongo a afrontar mi destino. Doy un paso al frente. Un paso hacia cualquier parte. Luego otro y otro, y con cada paso pierdo una diminuta porción de mi esencia. Hay tanto que andar y desandar…

Me desvanezco como humo en la distancia hasta que de mi solo queda un pensamiento. Un último pensamiento flotando entre corrientes de brisa. Disipándose.

“¿Quien soy?

“Esperanza”, ebook de mi novela corta gratis los días – 13, 14, 15, 16, 17 de Diciembre

Un viaje sin retorno

Efectivamente, tal y como reza el título de la entrada, aprovechando está posibilidad de promoción en Amazon, los días indicados estará disponible gratis mi novela corta “Esperanza”.

En ella, la humanidad afronta su ocaso lanzando a las estrellas a quienes pueden mantener la llama de la esperanza… Pero la misión sufre un imprevisto que la hará peligrar.

Podéis descargarla si sois de España aquí: https://www.amazon.es/dp/B086K3V4DR/ref=cm_sw_r_cp_apa_K0u1Fb4SCYF2B

Y si sois de otros lugares del mundo aquí: https://www.amazon.com/dp/B086K3V4DR/ref=cm_sw_r_cp_apa_m3u1FbQQ464T1

¡Espero que os guste y si podéis dejar reseña!

Pequeños cuentos para grandes soñadores – Work In Progress

Conozco otros mundos, pero están en mi cabeza

Puede ser que el blog parezca dormido, pero este bufón loco no para de crear locuras… Y mi próxima locura será un libro que contenga historias e ilustraciones como estas… (Todo obras mías :D)

La idea es publicarlo antes del 6 de marzo y hará las veces de regalo para mis hijos Minerva y Héctor…

Aún queda trabajo pero está muy avanzado el manuscrito (Después corregiré errores en los textos, pero eso es ya “postproducción”)

¡Espero que os guste lo que muestro!

Un trabajador eficaz

UN TRABAJADOR EFICAZ

Infierno

I

-Tic… Tac… Tic… Tac…- El viejo reloj que se encontraba sobre la puerta sonaba incesantemente a pesar de que las agujas no se movieran ni un ápice. Las tres personas que se hallaban sentadas en la oficina no eran capaces de recordar en que momento exacto se había producido aquel hecho tan trivial. No les importaba lo más absoluto, porque en sus mentes solo existía una palabra: Trabajar.

Sentados ante sus mesas cada uno dedicaba su tiempo a realizar su tarea sin mirar a sus compañeros y sin mostrar ningún interés en lo que pudiera ocurrir a su alrededor. Por no importarles, no les importaba siquiera cuanto tiempo llevaban trabajando sin cesar. ¿Minutos? ¿Horas? ¿Días? Eran la élite de los trabajadores, el sueño hecho realidad de cualquier empresa.

Curioso era también el hecho de que tan productivos trabajadores se pudieran encontrar a gusto en un lugar tan deprimente. Una estancia cuadrada que a duras penas podía albergar las tres mesas y los armarios archivadores. Dos puertas en caras enfrentadas de la estancia eran las únicas aberturas de la habitación. Una la de entrada, aunque de los presentes nadie recordaba que se hubiera abierto en mucho tiempo. La otra puerta daba acceso al despacho del jefe, eminente empresario que se hizo famoso tiempo atrás por su filosofía empresarial de dar completa autonomía a los trabajadores sin inmiscuirse en su trabajo. Filosofía que cumplía a rajatabla, de tal manera que rara vez ponía un pie en la oficina. Es quizás por eso que el único alboroto que se produjo aquel día en el interior de aquel recinto fue cuando se abrió la puerta de entrada y apareció el jefe acompañado de una preciosa mujer.

II

-¡Buenos días!- Saludó el jefe con una enorme sonrisa en sus labios. – Esta es la señorita Ester, y es posible que sea la nueva incorporación a la empresa.-

Un silencio sepulcral inundo la oficina. Los ojos de los tres trabajadores se apartaron de sus respectivas tareas y se clavaron como puñaladas en la mujer siguiéndola mientras avanzaba hacia el despacho contiguo. Finalmente la puerta del despacho se cerró con fuerza.

Los tres trabajadores comenzaron a mirarse nerviosos unos a otros. Sabían lo que se avecinaba, porque ellos en algún momento fueron también nuevas incorporaciones en la empresa. Dentro de la política de aquella oficina existía un punto especialmente particular referente a la contratación de nuevos empleados. Desde que alcanzaban sus recuerdos, el numero de empleados siempre había sido tres, dando lugar a un circulo en el que persona que entraba a trabajar, suplía a una que era inmediatamente despedida sin mas explicaciones. Nadie conocía que directrices se seguían a la hora de despedir a uno de los trabajadores, pero era un hecho que si finalmente la mujer pasaba la entrevista uno de ellos terminaría de manera tajante su contrato laboral.

Una vez pasado el “shock” inicial, todos se pusieron a trabajar a un ritmo frenético como intentando demostrar en poco su valía como trabajadores. Todos realizaban la misma labor, recibían faxes cada pocos minutos con interminables listas de gente y las iban pasando a ordenador cumplimentando una inabarcable base de datos. ¿Qué utilidad tenía aquello? Nadie lo sabía, lo importante era trabajar e ir vaciando la bandeja donde cada vez se acumulaban más y más folios llenos de nombres, mientras el sonido del reloj sin pilas seguía sonando acompañado del incesante teclear de los ordenadores.

III

Sonó un teléfono. – ¡Riiiiiiiiinnnnnnnnngggggggg!- Y todos al unísono sintieron como si su corazón fuese a salirse del pecho. Miraron rápidamente hacia cada uno de sus teléfonos personales y dos de ellos respiraron tranquilos y sin pensarlo se pusieron de nuevo a trabajar. El tercero de ellos, Andrew James Wharton cogió tímidamente el teléfono y contestó nervioso: – ¿Sí, dígame…? –

En unos segundos había colgado el teléfono, se levantó, se puso la chaqueta y se dirigió hacia el despacho de su superior. Justo al llegar a la puerta, la nueva integrante del equipo salió, y sin dedicarle ni una mirada se sentó en el puesto de trabajo vacío y se puso a teclear sin contemplación. Andrew pasó al despacho y cerró la puerta a sus espaldas.

Había olvidado la majestuosidad de aquel despacho. Amplio, con enormes estanterías repletas de gruesos volúmenes encuadernados en piel y llenos de nombres y más nombres. En el centro del despacho una mesa de caoba tan limpia y reluciente que se podía ver reflejada sobre su superficie la valiosa lámpara de araña que colgaba del techo. Tras ella una enorme vidriera de formas imposibles llenaba la habitación de destellos multicolor. Y sentado en un imponente sillón de estilo victoriano el gran gerente de aquella empresa.

Nadie en aquel lugar conocía su nombre (Tampoco les importaba), pero su sola presencia en aquel lugar imponía respeto y admiración. De rasgos duros, pelo engominado y peinado hacia atrás que dejaba mostrar algunas canas, ojos negros como la noche y una puntiaguda perilla, esperaba con las manos entrelazadas sobre la mesa al invitado.

-Pase y siéntese, que no muerdo…- Dijo señalando una silla ante el, mientras con la otra mano alcanzaba una pequeña caja de madera exquisitamente labrada. Esperó a que el invitado se acomodara y abriendo la caja le ofreció un cigarro, el cual Andrew rechazó amablemente. Sonriendo continuó hablando: – Bueno, espero que no le importe que yo me encienda uno, es uno de esos pequeños placeres que merece la pena darse de vez en cuando.-

Encendió el cigarro con una cerilla, y tras dar un par de bocanadas acomodado en su sillón, miro fijamente a Andrew. – Supongo que ya sabe porque le he llamado a mi despacho señor… ¿Cómo se llamaba? ¡Ah si! ¡Andrew! ¡Andrew James Wharton!. Si no fuera así me sentiría muy decepcionado con usted.-

Andrew asintió con la cabeza, pero sin decir ni una palabra para dejar que su interlocutor continuara hablando.

Su contrato finaliza en este mismo instante, y bueno, tengo el deber moral de informarle de que encontrara usted una vez que cruce las puertas de salida de las instalaciones. No le miento si le digo que ha sido un trabajador ejemplar durante todo el tiempo que ha estado con nosotros, por eso estoy seguro de que cuando empiece en su nuevo puesto de trabajo…-

Andrew lo interrumpió inundado con una inmensa alegría y con las manos temblando de puro nervio: – ¿Entonces…? ¿No me quedo en el paro? Yo necesito trabajar ¿Sabe?-

¡Pues claro que no amigo mió! No se que clase de lugar piensa que es este, pero le doy mi palabra de que no se me ocurriría desperdiciar un trabajador como usted. Una de las cosas de las que me siento más orgulloso es que bajo mi mandato hay una tasa de paro nula, así que para no alargar mas la conversación y no aburrirle con palabras que no le aportan nada, me gustaría invitarle a salir y descubrir que le aguarda allí fuera.- Se levantó, se acercó a Andrew, le dio una amistosa palmada en la espalda y se despidió: – Me alegro de haber podido contar con usted. Le deseo mucha suerte. Adiós.- Y no volvió a decir nada más. Simplemente se quedó de pie esperando a que Andrew se levantara y saliera del despacho.

IV

Andrew dudó unos instantes antes de poner el primer pié fuera del despacho que le había aportado tantas satisfacciones, aunque una vez que lo hizo sintió que el largo y tenuemente iluminado pasillo que se encontraba ante el era el camino hacia una nueva y mas feliz vida. Un paso tras otro fue dejando atrás la puerta hasta que se desvaneció en la oscuridad.

No supo cuanto tiempo andó, pero contra más avanzaba, un resplandor rojizo como de un amanecer fue llenando el pasillo, hasta que al final vislumbro una puerta acristalada por la que se filtraba la mágica luz.

Llegó a la puerta, y momentos antes de empujarla para salir al exterior se colocó la chaqueta, respiro profundamente y dijo en voz alta: – ¡Vamos valiente! Ha llegado la hora…-

Sin que él hiciera nada, la puerta se abrió dejando pasar una cegadora luz roja y un sofocante aire. Fue en ese mismo instante, mientras sus ojos se acostumbraban a la claridad cuando comprendió donde estaba, y cual era su nuevo trabajo.

Un desolado erial lleno de lagos de fuego y nubes de ceniza se extendía hasta donde lograba alcanzar la vista, el cielo tenía un malsano color anaranjado y gris, un fuerte olor a azufre inundaba el ambiente, y en todas direcciones se podían ver grupos de desgraciados realizando las más dementes tareas que nadie podía llegar a imaginar. Unos se arrastraban por el suelo buscando quien sabe que, otros se golpeaban con látigos hasta hacer que la sangre manará por sus espaldas como cascadas carmesí, otros recogían ceniza ardiente de las orillas de los lagos de fuego y se la restregaban por los ojos mientras chillaban de dolor, otros…

Andrew sintió nauseas de la escena que se dibujaba ante sus ojos pero no hizo rogar a su destino. Eligió un grupo de dementes que se arrancaba entre ellos la carne a mordiscos e imitando su comportamiento oficialmente comenzó su nuevo puesto de trabajo, mientras en una pequeña oficina de tres trabajadores que había olvidado, entre las incontables hojas llenas de nombres, un eficaz trabajador escribía en la base de datos: Andrew James Wharton.

___***___

Re-subo este relato sobre el infierno del paro, que no es más que una extensión del infierno del propio trabajo. (Lo escribí en la crisis del 2008 cuando nos avisaron de que estábamos “nominados” para abandonar la empresa.) ¡ Espero que os guste!

¡Nos leemos!