Somewhere in Providencia

Esta isla del tesoro perdida y olvidada en el inmenso océano es para ti

Categoría: Relato

Revista literaria gratuita – Balcones literarios Nº0

Portada Balcones literarios

Despues de un buen puñado de semanas confinados en casa y casi nula actividad en el blog, hoy os traigo el resultado de una idea germinada en el grupo de amigos escritores “Literary Planet”. Una revista literaria gratuita que desde ya mismo puede descargarse desde el portal “Lektu” (Si no lo conoceis está muy bien. Puedes hasta acceder con tu cuenta de Facebook y no da ningun problema). La idea es dar continuidad así que si odo sale bien traeré mas números.

La revista consta del siguiente contenido:

Pág. 3· Poesías, Ramiro Álvarez
Pág. 7· Mujeres en la literatura, Isamar Cabeza
Pág. 11· Diario de un confinado, Carlos Cantalapiedra Thomas
Pág. 16· Microcuentos, Ramiro Álvarez
Pág. 18· Poemas, Óscar Millán Vivancos
Pág. 23· La tentación, Isamar Cabeza
Pág. 28· Nair, Amalia Nadal
Pág. 30· Aluvión de versos, Joan Cabalgante
Pág. 35. Nair, Amalia Nadal
Pág. 37· Microrrelatos 1, Óscar Millán Vivancos
Pág. 40· Acrósticos, Ramiro Álvarez
Pág. 42· Ojo, Toni Sicilia
Pág. 52· Microrrelatos 2, Óscar Millán Vivancos

Mis aportaciones son textos ineditos.

Descarga “Balcones literarios” aquí

Estoy seguro que os gustará

¡Espero vuestros comentarios!

“Esperanza” – Noveleta de ciencia ficción ya disponible

Aquí la portada que he diseñado yo mismo… Como siempre

Desde niño, siempre me ha fascinado la ciencia ficción. Hay un recuerdo recurrente de mi infancia en el que veo a mi padre leyendo alguno de los volúmenes azules y plateados de la colección “Biblioteca de ciencia ficción” durante las vacaciones de verano. No se si eran sus increíbles ilustraciones (Con ese estilo retro) o los títulos de los libros que te invitaban a viajar a lugares remotos de la galaxia pero me encantaban. Como no podía ser de ot dera forma, con el tiempo me aficioné al género, de ahí que muchos de mis relatos se acerquen a ese estilo.

Así, con la publicación de mi nueva noveleta “Esperanza” he cumplido uno de mis sueños: hacer una historia que se desarrolle en el espacio y que tenga esa carga crítica y filosófica hacia el probable futuro de la humanidad.

Como se puede leer en la sinopsis la historia comienza en un mundo asolado por un virus letal, aunque rápidamente el protagonista es uno de los seleccionados para preservar la raza humana en algún lugar indeterminado del universo.

Como podéis suponer y tratándose de una historia mía, no se queda en algo tan simple, y el viaje tendrá mas emociones y misterios de las que en un principio puede parecer.

Ahora, os haré un repaso a algunas características y curiosidades de la noveleta:

  • Dado que lo que suelo escribir son relatos cortos o microcuentos, he elegido que la historia se encuadre en una noveleta, porque la longitud hace rápida su lectura y permite hacer una historia mas o menos compleja. Dado que el numero de personajes es pequeño es también una buena forma de darles el protagonismo que merecen.
  • La historia esta narrada en primera persona y en casi todo momento en presente, por lo que viviréis en vuestras carnes todo lo que piense o sienta el protagonista.
  • La historia consta de 21 capítulos y cada capitulo tiene una ilustración a 4 colores (Tanto la edición impresa como la digital).
Una de las 21 ilustraciones con cita que acompañan a los textos
  • Como siempre, he incluido referencias a todo tipo de películas, libros y música. Salvo la obligatoria a Marillion no diré más, para que seáis vosotros los que la descubráis.
  • Los que me seguís en Instagram o facebook (@ramiroluisalvarezmoreno) sabéis que una de mis pasiones es coleccionar discos de música (Sobre todo de Marillion XD), y por ello he creado una playlist con 21 temas (Uno por capítulo) que creo hacen un acompañamiento ideal a la historia.

Podéis escucharla aquí:                Esperanza Youtube

                               Esperanza Spotify

  • La edición impresa incluye mi relato “La vacuna”, ya que esta aventura del Dr. Arroyo y su fiel ayudante Álvarez que publiqué en octubre del año pasado es el auténtico comienzo de la noveleta… Aunque lo he incluido al final dado su diferencia de estilo.
  • La noveleta está especialmente dedicada a Sergio Sanchez (Acá Lothandir), No solo porque en mi libraco “Autorretratos de un bufón loco” me escribió el prólogo, si no que ahora, con su condición de medico de la UCI merece todo el apoyo posible, dado el titánico esfuerzo que están realizando (Mi particular aplauso 😉).

Y sin más, os dejo los enlaces para haceros con ella (Como podeis ver a precio irrisorio).

¡Espero que os guste!

Edición impresa – 4,95€Aquí

Edición digital – 0,99€Aquí

Relato – La vacuna

I

— ¡Por lo que más quiera estimado Álvarez, tenga extrema precaución al manejar ese recipiente y colóquelo de una vez en el contenedor hermético de seguridad! — Dijo el Doctor Arroyo claramente nervioso, con gruesos goterones de sudor resbalando perezosamente por su frente. — ¿Se da cuenta de lo que significa este hallazgo? El mundo aún no lo sabe, pero… ¡Somos héroes! ¡Hemos evitado que la mayor amenaza bioquímica de la historia hiciese estragos en la sociedad! ¡Usted y yo salvadores indiscutibles de la humanidad! Figuras legendarias en cuanto demos a conocer lo que tenemos ahí encerrado. —

—Lo que no llego a entender Doctor, es que pretendían lograr los que crearon este virus. Cada pocos segundos muta su estructura celular. Se propaga a velocidad endiablada; tierra, agua o aire, lo mismo da. Sus síntomas ya los hemos visto reflejados en la horripilante forma de morir de todos los que trabajaban en este laboratorio. ¿Ha visto sus rostros desencajados? ¿Esas llagas ensangrentadas hinchadas de pus? ¿La antinatural rigidez de sus deformados cuerpos?… Podríamos estar hablando de la plaga que haría volver a la Tierra a su estado original de astro inerte… —

—Estimado Álvarez, tiene usted toda la razón, pero dejémonos de monsergas. Ha sido el destino quien le hizo hallar a usted de manera totalmente casual la ubicación de este laboratorio clandestino. Debemos dar a conocer a la humanidad la amenaza a la que ha estado expuesta y el como usted y yo hemos acabado con ella. Tengo un conocido en la más importante cadena de televisión que estará encantado de hacer eco de esta noticia. ¡La gente está harta de tanta noticia nefasta! ¡La gente necesita esperanza! ¡La gente necesita héroes en los que creer! ¡La gente nos necesita! —

II

“¡Arroyo! ¡Arroyo!” “¡Álvarez! ¡Álvarez!”

Aquel eco incesante y monótono silenciaba cualquier otro sonido que pudiese producirse en aquel bellísimo paraje natural cercano a la plataforma de despegue donde se erigía el enorme cohete espacial bautizado como “Vacuna”.

— Probando, probando…— El Doctor dio un par de golpecitos al micrófono situado en lo alto de un lujoso escenario al aire libre. Frente a él, una multitud extasiada bailaba, saltaba, gritaba, cantaba y coreaba los nombres de los dos heroicos e ilustres personajes que habían descubierto el virus artificial conocido popularmente como “humanicida”, evitado su propagación y la aniquilación de todo ser humano en la tierra.

Por los datos que habían transcendido en las últimas semanas en todos los medios informativos, aquel terrible virus causaba una severa enfermedad que atacaba el sistema nervioso del portador e iba deformando los órganos hasta crear una indescriptible pasta de carne y sangre que acababa por inutilizar completamente el sistema digestivo y respiratorio, todo ello en un largo proceso de agónico dolor. La enfermedad era capaz de propagarse por cualquier medio conocido y la capacidad de mutación y multiplicación de su estructura de ADN hacía imposible encontrar una cura a tiempo. Si alguien resultaba infectado, el tiempo restante de vida que podía estimarse era de entre seis y nueve meses, dependiendo de las defensas del portador. Se pudo comprobar aquella horrorosa evolución casi en directo mediante ensayo humano involuntario en todo el personal de uno de los laboratorios encargados de evaluar el riesgo para la salud pública de aquella monstruosa creación, cuando un pequeño error en el protocolo de estanqueidad (Como seguramente ocurrió en el lugar donde fue descubierto), propagó en cuestión de minutos aquel letal e indeseado invitado. La Organización Mundial de la Salud actuó emitiendo alarma sanitaria y se impuso cuarentena en un radio de varios kilómetros a la redonda de aquel lugar. Cuando terminó toda aquella lenta agonía ante la atónita mirada de los espectadores, el lugar fue arrasado por una potente explosión nuclear que resultó ser la única solución fiable de erradicar la epidemia en la región. Finalmente se concluyó que era extremadamente arriesgado mantener ese virus cerca de la humanidad, dado que el más mínimo error podría resultar una pandemia capaz de extinguir a la especie humana.

Aquella impresionante congregación era precisamente para asistir como testigo a la solución adoptada: Alejar el virus lo máximo posible de la Tierra y aislarlo en algún lugar de los confines del sistema solar donde resultara inocuo.

Álvarez se acercó al doctor que parecía extasiado contemplando la multitud. Lo sacó del ensimismamiento tocando su hombro y dijo guiñando el ojo: — Doctor, ha llegado nuestro momento. El momento de hablar al mundo como salvadores. Sé que lleva la vida esperando una oportunidad como esta, así que salga al escenario y muestre el material de que está fabricado. Yo no tengo las suficientes tablas como para no sucumbir al llamado “miedo escénico”, pero usted… Dejará anonadado al público con su erudición y bien estar sin parangón. —

—Gracias querido Álvarez. No dude usted que le otorgaré el crédito que merece, aunque ante esta enaltecida congregación se mantenga en un discreto segundo plano. Es hora de alcanzar los cielos. — El doctor dio la vuelta, se acercó al micrófono y respiró profundamente llenando sus pulmones del aire limpio de aquel paradisíaco valle entre las montañas.

— Damas y Caballeros; espectadores del mundo entero; me dirijo a ustedes para darles una excelente noticia. — ‘Pausa dramática’ — Pueden seguir viviendo en la comodidad de sus hogares sin el temor a este horrible virus del que han estado escuchando hablar día y noche sin pausa los últimos meses. Desde que mi fiel ayudante Álvarez y yo mismo halláramos esta creación, hemos estado buscando sin descanso una solución a la amenaza global que representaba y esta, al fin ha llegado. A su derecha pueden ver erigirse el cohete espacial que alejará el “humanicida” para siempre de nuestras vidas y pensamientos. Lo hemos querido bautizar con cierta ironía “Vacuna” y su función ya está fijada. En unos minutos comenzará la cuenta atrás y asistiremos en directo a un nuevo hito en la historia de la humanidad. Diremos adiós a un punto de inflexión de nuestra existencia y comenzaremos una nueva era, esperanzados con el camino que el destino ha querido brindarnos poniéndonos a Álvarez y a mí en el epicentro de esta historia.

Si bien es cierto, que aún queda la incógnita de quien es la mano negra detrás de la creación de este patógeno, no dudo de la eficiencia de los servicios de inteligencia de este planeta y que darán con ella sin demora.

Con todo esto, les dejo disfrutar del momento. Demos paso a la cuenta atrás.

¡Salud! —

Un muro sonoro de aplausos y vítores se erigió ahuyentando el silencio. El Doctor se posicionó al lado de su fiel ayudante y miró dirección a la plataforma de lanzamiento mientras gritaba para sus adentros: “¡Ha sido una experiencia increíble!”

III

“¡Silencio! ¡Silencio! ¡Comienza la cuenta atrás!”

El mundo entero parecía enmudecido mientras las pasarelas y personal de aquel complejo se alejaban de la plataforma de despegue. Cuando no quedó ni un alma, los eternos segundos de silencio comenzaron a correr hasta que alguien de rango indeterminado frente al panel de mando de la torre de control, activó el sistema de megafonía.

Los altavoces comenzaron a escupir la cuenta atrás y un último aviso. Mientras las palabras iban sucediéndose, el Doctor debido a los nervios y emoción del momento tuvo una fugaz y horrenda ensoñación en la que la muchedumbre que allí se encontraba festejando la victoria era calcinada por las llamas del cohete que estaba a punto de despegar. Cuerpos retorciéndose, llorando, gritando, humeando, ardiendo… Sacudió la cabeza y miró a su fiel ayudante Álvarez, que tenía la vista enfocada en la imponente aeronave. Sonrió.

¿Qué podía salir mal?

“Cuatro… Tres… Dos… Uno… ¡Ignición!”

El motor del armatoste rugió mientras los componentes inflamables se mezclaban y emitían los gases que impulsarían aquel amasijo de plástico y metal donde jamás había alcanzado el ser humano. Una chispa en el interior saltó y la nave comenzó a elevarse vomitando fuego como un Tiamat o Smaug cualquiera de leyenda.

Como no podía ser menos, a lo largo y ancho del globo miles de millones de miradas permanecían clavadas en las pantallas, ya fueran de televisión, ordenador o smartphone, visionando en riguroso directo como aquella amenaza se hacía por instantes diminuta en la distancia.

Así fue como ante la mayor audiencia de la historia de la humanidad, se televisó el mayor desastre jamás acontecido.

A unos quince mil metros del suelo la nave simplemente estalló, esparciendo el letal virus por toda la atmósfera.

El Doctor ojiplático sintió como un terror que nunca antes había sentido comenzó a adueñarse de sus músculos, que involuntariamente comenzaron a temblar. Él y su fiel ayudante Alvarez habían traído el desastre a la humanidad aún con la mejor de las intenciones. Al final, de nada había servido encontrar aquel virus; el resultado había sido el que habría deseado la mano negra que había creado aquella monstruosidad. Seguramente sabían el resultado, o… ¿Y si habían saboteado el cohete?

—Mi fiel ayudante Álvarez, tengo una pregunta que hacerle. ¿Ha visto entrar o salir a alguien sospechoso de la zona de seguridad? Creo que… Sabotearon la aeronave… Aunque… Ya nada importa. Estamos condenados. La especie humana está condenada…— Sin darse cuenta se puso a llorar desconsoladamente y se vio obligado a callar. Se secó las lágrimas con la manga de la camisa y miró a su silencioso e inmóvil ayudante Álvarez.

En ese momento lo comprendió todo.

La demente sonrisa de su fiel acompañante mirando la nube de humo difuminándose en la atmósfera lo delató.

El último pensamiento del Dr. Arroyo antes de colapsar, sufrir un irremediable ataque de ansiedad y caer en redondo al suelo fue:

“¿Como pude ser tan idiota de pensar que únicamente la casualidad o la suerte nos llevó a aquel laboratorio?”

___***___

Aquí recupero el relato “La vacuna”, que publiqué en el blog el 15 Octubre del año pasado (2019) y que va incluido en mi libro “Autorretratos de un bufón loco”

¿Porqué lo recupero?

Porque la noveleta que publico el próximo viernes 17 de Abril parte de los hechos que aquí se describen.

Una noveleta que dada la situación de cuarentena en la que estamos la he puesto a un precio casi rídiculo (4,95 € la edición impresa y 1,95 € la digital aunque aún la podeis reservar por solo 0,99€ aquí) . ¡Ojalá os guste! (Os adelanto que mas de una sorpresa guarda en su interior, ya que este relato es solo la premisa inicial y despues parte en dirección muy diferente.)

Esperanza – Noveleta de ciencia ficción

Que portada mas chula me ha quedado

Con la llegada de la pandemia del COVID-19 nos tocan tiempos duros. Y como lo que toca es quedarse en casa, he aprovechado para completar mi noveleta de ciencia ficción “Esperanza”, continuación indirecta del relato “La vacuna” (Parte de la conclusión del relato aunque toma un camino muy difrente) que publiqué en el blog y en mi libro “Autorretratos de un bufón loco”.

¿De que trata “Esperanza”?

“Un virus letal está acabando con la humanidad y esta, en un intento desesperado envia a unos elegidos al espacio para evitar la completa extinción de la especie humana. Son la ultima esperanza.”

De esta forma, he escrito una pequeña gran historia épica en la que nada es lo que parece y en la que los protagonistas se encontrarán cara a cara con el autentico horror.

Como he tenido tiempo, he dado formato a la historia y preparado su publicación en Amazon tanto en formato físico como en formato digital para el día 17 de abril a un precio hiper reducido para que nadie se pierda esta aventura.

La edición impresa saldrá a la venta a 4,95 € y la edición digital a 1,99 € , pero esta última podeis reservarla desde ya a solo 0,99€ en el siguiente enlace:

Reserva “Esperanza” aquí

Como muchos sabéis, tiendo a cuidar mucho la edición de mis libros, y en esta ocasión he querido incluir una imagén por capítulo (“Esperanza” consta de 21 capítulos) con el siguiente formato:

Ilustración del primer capítulo “llueve”

Y con esto, os animo a haceros con con esta historia, con un aporte infimo ayudareis a que pueda seguir escribiendo y publicando historias.

¡Muchas gracias y espero que os guste!

Un final cualquiera

El día que nos dimos cuenta que el mundo se iba a la mierda era ya demasiado tarde. Fue una triste tarde otoñal con hojas doradas cayendo entre la suave llovizna, cuándo los hongos nucleares comenzaron a crecer en todas direcciones arrasando ciudades, pueblos, campos y bosques.

Los que quedamos vivos en aquel primer momento solo podíamos imaginar ante el desolador y silencioso paisaje que quedó, los gritos desesperados de los millones de personas que murieron sin remedio en esos fatídicos e interminables minutos.

Qué suerte tuvieron.

Hoy ví impotente morir a mi hija pequeña. Su carne se pudrió mientras su frágil organismo alimentaba tumores que no paraban de extenderse y crecer en el interior. El próximo seré yo, mañana tú y pronto este planeta volverá a ser una inmensa roca inerte flotando en el vacío por obra y gracia de la especie más estúpida que jamás hábito el universo.

Microcuento – Latente

Cuchillo

Silencioso y dormido aguarda en lo más profundo y oscuro del alma. Grito sordo que extiende sus intangibles tentáculos entre células, fluidos, carne y piel. Se arrastra reptando en tu interior y ni siquiera te das cuenta de como guía todas tus acciones con los finos hilos que maneja como apéndices de su propia existencia. Recorre como un cosquilleo tu cuerpo erizando el pelo a su paso. Es aquello que mas temes. La voluntad inconsciente que te obliga a agarrar con fuerza el cuchillo. Arrojarlo con fuerza. Con rabia, hasta que las paredes se tiñen de húmedo carmesí.

Llega la calma.

¿Puedes sentir ahora su latente presencia?

Microcuento – Ayuda en la carretera

El coche se detuvo en mitad de aquella carretera a ninguna parte. Llovía a cántaros y las sombras del bosque alrededor eran siniestras. Me acerqué, di un toque al cristal y la pareja del interior se puso a gritar. Supongo que mi máscara de piel humana no inspira demasiada confianza.

Esas motas de polvo

Jugábamos en el suelo como siempre que no era posible salir al parque.

En la calle soplaba fuerte el aire e iba arrastrando consigo las doradas hojas que comenzaban caer.

Durante todo el día una tenue e incesante llovizna había estado cubriendo el gris paisaje otoñal de la calle.

Llegó la tarde. Justo la hora en que la luz del sol se suele tornar ardiente e intensa antes de desvanecerse y dejar paso a la noche.

Un casual claro entre las nubes nos hizo partícipes de la magia de ese momento cuando por las cristaleras del salón comenzaron a entrar inclinados e intensos rayos de luz que contrastaban con las sombras que nos envolvían.

Minerva se quedó mirando el haz de luz y con su alegre voz me preguntó: -¿Qué es eso que vuela?.

Miré hacia donde señalaba y estuve a un paso de responder lo obvio: “La luz del sol en la ventana”. Pero caí en que ella no se refería a eso.

Se refería a las motas de polvo en suspensión que parecen cobrar vida en esos rayos de luz.

Cualquiera que se haya molestado en observarlos coincidirá conmigo en lo hipnótico de su movimiento, sus irregulares formas y sus brillos como sacados de un sueño.

Es solo polvo.

-Polvo de hadas mi niña.- Respondí mientras la arrimé a mí en un abrazo.-Lo dejan tras de sí para dejar constancia de su existencia, ya que son invisibles para nosotros.

Minerva no preguntó más. Se quedó mirando en silencio buscando hadas hasta que finalmente se oscureció todo. Todo ese tiempo con la preciosa sonrisa de una niña con la convicción de que lo que había respondido era real.

¿Y quién soy yo para decir que no lo es?

El grito

¿Cuánta angustia puede almacenar un cuerpo?

Se preguntaba cada día.

Y cada día la angustia iba aumentando.

Acrecentándose hasta doler.

Llenando cada espacio entre células que lo conformaban.

Angustia solidificada corriendo por sus venas y arterias

Hasta casi supurar por todos los poros y orificios de su cuerpo.

Es posible que no creas lo que entonces ocurrió.

Abrió todo lo que pudo la boca y gritó.

Ondas sonoras de angustia condensadas

Expandiéndose en un arco incapaz de reducir su potencia en la distancia.

Un sonido tan potente que hizo que saltarán las alarmas de todos los autos.

Qué estallaran todos los vasos y platos.

Ni un cristal quedó intacto a su paso.

Los perros aullaron.

Reventó muchos tímpanos.

Finalmente aquella tormenta perfecta sonora se alejó hacia el espacio.

Dejando atrás calma y destrucción.

En el espacio nadie puede escuchar tus gritos

Qué equivocados.

Continúo su viaje sin descanso hacia el infinito,

Apartando el vacío a un lado.

Eones más tarde causaría estragos en mundos y civilizaciones que aún no han florecido.

Tan lejanos.

No importaba el futuro de lo en ese momento inexistente.

Respiró tranquilo.

La angustia con el grito se había ido.

Relato – Llueve

Llueve eternamente

Llueve. Lleva toda la noche lloviendo y ahora que comienza a clarear el día veo a través de mi ventana como las nubes grisáceas no cesan de escupir perezosas gotas sobre las aceras que reflejan la mortecina luz de las farolas que aún no se han apagado.

Llueve. En la calle no se ve ni un alma. Parece un fotograma de una de esas viejas películas postapocalípticas. Coches aparcados desde quien sabe cuándo; inmensos charcos emitiendo continuas ondulaciones; un par de gorriones atusando su plumaje sobre la barandilla de una terraza; una suave brisa mueve las ramas de los árboles que comienzan a mostrar los primeros brotes de la nueva estación. El mundo parece sumido en un embriagador sueño del que no sabe cuándo despertará o querrá despertar.

Llueve. Me quedo ensimismado viendo los gruesos goterones que resbalan por el cristal; sus reflejos, distorsiones y refracciones; sus hipnóticos recorridos verticales hacia el suelo; son el prisma de este nuevo amanecer que llora desconsoladamente. Desde esta perspectiva parece que afuera se moviese un universo extraño; con su propia física y su propio tiempo ajeno completamente al nuestro. Sin prisas; sin nada que hacer mas que descargar el lloro acumulado durante milenios de aguantarse. ¿Dejará algún día de lamentarse?

Llueve. Escucho el lejano sonido de una puerta cerrándose entre el repiqueteo de las incesantes gotas de lluvia. Seguramente se trate de algún vecino sacando a pasear a su mascota bajo la lluvia. Un fugaz paseo al parque de enfrente de casa para que haga sus necesidades y vuelta a casa no vaya a ser que pase una de las patrullas policiales y le pare. Le haga preguntas. Las preguntas siempre son incomodas en una situación como esta. ¿Lleva usted la documentación del animal encima? ¿Esta en regla? ¿Cuántas veces lo saca usted al día? ¿Cuál es su dirección? ¿tiene usted síntomas? Las preguntas generan miedo, impotencia y ansiedad. La historia de siempre desde que comenzó este interminable tormento.

Llueve. ¿Cuánto tiempo llevamos encerrados ya en casa? Tengo la amarga sensación de que las paredes se encogen día a día; hora a hora; minuto a minuto. Recuerdo aquellos primeros días en que pensábamos que pronto podríamos disfrutar de nuevo de libertad, pero el tiempo fue pasando y las medidas para paliar la plaga se hacían cada vez más contundentes. No parece haber un fin en el horizonte. ¿Dónde quedaron aquellos primeros atisbos de solidaridad en la población? Salíamos en masa a aplaudir desde las ventanas y terrazas a todos aquellos que luchaban incansables por contener la enfermedad; los que se exponían a la infección por todo el resto de nosotros. Médicos, enfermeros, trabajadores de la limpieza, cajeros y reponedores de supermercado… Era algo realmente bello el salir y escuchar el eco de los miles de aplausos en la distancia. Esa sensación de ánimo; de formar parte de algo grande; inmenso; inútil. Todos murieron. Poco a poco. Enfermaban y la enfermedad iba haciendo estragos en su organismo debilitado por la continua exposición a nuevos casos.

Llueve. Me vienen a la cabeza una y otra vez las escalofriantes imágenes que no dejaban de emitir los telediarios y los programas sensacionalistas. Esos fríos pasillos de hospital atestados de gente enferma por todos lados. Sentados en sillas, de pie, tumbados en el suelo tapándose con una manta. La enfermedad no hacía distinciones de color, religión u origen. Gente desesperada llorando, convulsionando y observando impotentes como cada rato iban llevándose en camillas a gente por la que no se podía hacer nada; directas al crematorio en bolsas opacas y negras.

Llueve. Las nubes grises que cubren el cielo no permiten que olvide los nubarrones negros saliendo de las chimeneas continuamente. Al menos es agua. Preciosa agua. Fuente de vida y no la ceniza que caía silenciosa aquellos días. Era como nieve grisácea que se acumulaba sobre todo lo que estuviese en la calle. Todo se veía como un filtro granulado de tonos grises apagados. Y aquel olor. ¿Quién es capaz de olvidar el olor a muerte? Ese olor capaz de impregnar todo. Salías a la calle y regresabas oliendo a muerte. Ni duchándote y restregando el cuerpo con jabón y perfume eras capaz de eliminar ese olor de las fosas nasales. Era como si quedara incrustado al hemisferio cerebral que procesa los olores. Aquel que olía la muerte ya no era capaz de olvidarla. Aún hoy, meses después de que aquellas medidas se suspendieran, soy capaz de rememorar ese olor. ¿Quién no es capaz?

Llueve y seguirá lloviendo sobre nuestra tumba. ¿Cuántos quedamos vivos? Hace tiempo que dejaron de dar datos oficiales. Supongo que ya ha dejado de importar. Los que vivimos o creemos que vivimos, salimos de casa únicamente para ir a recoger los víveres que nos suministra el ejercito cuando nos llega el turno asignado o a pasear al perro aquellos que tienen la suerte de tenerlo y cada vez es más absurdo, pues día a día desertan los militares; o mueren; nadie dice nada y a nadie importa. Asistimos en directo al ocaso de la humanidad mientras llueve. Llueve eternamente sin atisbos de que valla a escampar alguna vez, y si alguna vez lo hace seguramente no lo veremos.

Llueve. Al menos mientras espero el final puedo ver llover. Después de todo esta lluvia es lo único tangible que nos queda en este planeta que no nos echará de menos cuando la naturaleza siga su curso y conquiste lo que creímos haber conquistado en nuestros delirios de grandeza. Siempre me gustó el sonido de lluvia en ventana y hoy su melodía suena melancólica. Melancólica y perfecta para estos días decadentes en los que los muertos en vida solo podemos mirar a través de la ventana la lluvia caer.