Somewhere in Providencia

Esta isla del tesoro perdida y olvidada en el inmenso océano es para ti

Categoría: Relato

La otra niña

niña

Ella y yo somos como almas gemelas.
Siempre coincidimos en los mismos sitios.
No tenemos necesidad de hablar para pensar lo mismo, como si nuestras mentes estuvieran conectadas de alguna mágica manera.
Si yo sonrío, ella sonríe.
Si llora, lloro.
Si me escondo, se esconde.
Si sale para sorprenderme, salgo y la sorprendo.
A veces intentamos darnos la mano, acariciarnos, abrazarnos, besarnos…
Ahora que nos hemos ido pienso en ella, como seguramente ella esté en mi pensando.
La otra niña.
La niña que vive en el otro lado del espejo.

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¿Pasión?

mano

Me duelen todos los músculos del cuerpo. La sangre no deja de manar de las heridas. El sol de justicia inmóvil sobre mí deshidrata la carne. Quisiera suplicar agua pero mi boca reseca lo impide. No serviría de nada. Escucho los buitres graznar alegremente por un nuevo banquete. Son buenos tiempos para combatir su hambruna.

No aguanto más el sufrimiento.

Dejo que los músculos se relajen. Caigo unos milímetros. Emito un grito sordo y cuelgo con todo mi peso sostenido por tres clavos oxidados en esta cruz rodeado de condenados.

¿Y si resulta que después de todo este sufrimiento en tres días resucito?

Microcuento – El primer tren I

En la estación de las almas perdidas deje partir el último tren hacia el olvido. En su lugar elegí esperar pacientemente sentado en el andén que llegara el primero con destino al Infierno.

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Ya disponible “Crónicas de un bufón loco” en Papel y Kindle… AQUÍ

Próximamente o tal vez no tanto…

Imagina que recopilas un puñado de sueños y los mezclas a conciencia hasta conseguir una mezcla homogénea en la que cada bocado se distinguen trazos de diferentes
oníricos sabores.

Ahora imagina que con la masa resultante horneas una bandeja llena de deliciosas galletas. Pequeños bocados que digieres en un instante pero que dejan un exquisito regusto en el paladar.

¡Pero cuidado!


Unas pican. Otras son dulces. Otras saladas. Alguna te trae gratos recuerdos y otras…

Esta selección de treinta y cinco escritos son las “galletas literarias” que compilo en este tomo. Seleccionadas para
que cada mordisco sea un viaje sin retorno a un nuevo paraje donde cualquier cosa es posible.

¿Te apetece una galletita?

VERSION KINDLE

VERSIÓN PAPEL

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Suelo cumplir las amenazas, y finalmente he realizado una pequeña selección de mis escritos. Un pequeño libro de piezas dispares y cortas con el denominador común de que invocan sentimientos. El orden en que están puestos le da una especie de sentido en conjunto aunque cada uno sea diferente. En este momento está disponible ya la versión Kindle, y en pocos días estará la de papel.

Los próximos días ire comentando algunas cosillas al respecto. Solo adelanto que aquel que se “aventure” a hacerse con una copia (Tranquilos, no os arruinará precisamente) me deje “feedback” aquí, en Twitter o Instagram… Puede que el futuro le traiga alguna sorpresa.

¡Muchísimas gracias por leerme!

A tinta

Al recordarlo todos reconocemos que tenía una habilidad extraordinaria para el dibujo a tinta. Cualquier garabato con cuatro trazos y un par de sombreados lo transformaba en una imagen hiperrealista que parecía exceder los límites del plano en el que se había dibujado. Volúmenes imposibles que te hacían plantear si podían ser palpados o si la tinta que ahí había en realidad sobresalía. Perspectivas que te animaban a introducir la mano en ellas para tocar lo allí plasmado. Siempre le observaba hacerlo en las reuniones. El y su cuaderno de cuadros que según íbamos divagando en cuestiones de trabajo, él iba rellenando con imágenes que cobraban vida ante nuestros ojos. A veces incluso parecía como si se movieran ligeramente. Lo suficiente como para preguntarse si había ocurrido o no en realidad.

Lo triste del caso es que el día que desapareció nadie pareció reparar en el hecho. Si obviamos aquella habilidad, nunca se hacía notar. Su puesto estaba situado en una esquina sin apenas visibilidad, y pocos de sus compañeros cercanos le habían escuchado alguna vez hablar. Ni siquiera estábamos seguros de cuál era su trabajo exacto. El únicamente iba, venia, asistía a reuniones y maravillaba a los que reparábamos en ello con sus imágenes de otro mundo.

Un día, pasado el tiempo se incorporó a la oficina un nuevo compañero. Un joven con el título recién sacado. El coordinador nos dijo que aquella mesa vacía seria su nuevo puesto. Me ofrecí a ayudarle a ocuparlo y presentarle a la plantilla en aquel su primer día. Cuando llegamos con el nuevo material el chico se quedó blanco. Sobre la mesa descansaba una pistola y un casquillo. ¡Era increíble el nivel de detalle de aquellas imágenes! Posiblemente su mejor obra. Hasta las sombras parecían proyectarse y difuminarse. Pase el dedo para cerciorarme de que no era real. Era casi palpable. Se lo explique al nuevo que pareció asombrado. Lo que no pude explicarle fue la extraña mancha de lo que parecía sangre seca en la pared. Como si alguien se hubiese metido un disparo en la cabeza y esta hubiese reventado en aquel mismo sitio.

¿Una última broma de mal gusto?

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Relato publicado originalmente en buenosrelatos. He hecho un par de arreglillos estilísticos en partes que no me convencían. ¡Espero que os guste!

La noche de los juguetes zombie

En la penumbra podía ver una horda de rostros bien conocidos. Recuerdos de su infancia caídos. Pepito Grillo, Balou, Mogli, Jafar, Ariel, Heidi, Clara, David el Gnomo y su esposa Lisa, Snorkels, Mickey, Maléfica, Bambi, Blancanieves, Lilo, Stich…

Eran todos ellos pero en las tinieblas sus rostros tenían algo siniestro mirándolo con ojos vacíos e inertes. Un escalofrío de auténtico horror recorrió su espinazo.

¿En que se habían transformado todos aquellos recuerdos de la infancia?

Sintió un leve movimiento entre las filas. Una masa rechoncha y deforme dió un torpe paso al frente, lo justo para que un fugaz rayo de luz iluminará su rostro. Un rostro bien conocido que ahora era la auténtica representación del terror. Don Pimpón emitió un gorgoteante gruñido y el resto de muñecos comenzó su procesión para devorarle.

Había comenzado la noche más larga.

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Vale, este texto es una excusa para dar contexto a la foto que hice junto a mi hija Minerva en la que el pitufo bateador se enfrenta a “The night of the living Toy Zombies”. El contraste hace que los rostros queden siniestros (Si amplias ves que caras como la de Clara la amiga de Heidi parezca sacada de una peli de terror japonesa)… Y si… A esto me dedico a jugar con mi hija XD

Microcuento – Añoranza

Se marchó por siempre dejando la casa envuelta en tinieblas. Me tornó alma en pena encadenada eternamente a su recuerdo. Ver el ataúd en el que pasamos tan placenteros momentos vacio era como tener atravesada una estaca en el corazón.

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Microcuento para Twitter publicado en microcuento.es

Microrrelato – Pequeño mundo III

A veces, en los momentos mas solitarios perdía la mirada en el lejano horizonte y dejaba que los pensamientos viajaran al pasado, hasta su bola de cristal. Aquel que había sido su hogar y al que jamás podría regresar.

Su última visión fue un triste y solitario campo nevado teñido de grises. Los que le vieron morir dicen que jamás vieron una sonrisa tan sincera.

Tremenda tormenta

Cariño ten cuidado que dicen qué va a caer una tremenda tormenta – Me dijo secándose las manos con un viejo paño de cocina.

Me acerqué y planté un sonoro beso en su mejilla: – No te preocupes, estaré únicamente un rato fuera

Me puse una chaqueta y cerré la puerta trás de mí. Afuera reinaba la oscuridad, y no se sentían ni movimientos ni sonidos. La calma antes de la tormenta.

Caminé en dirección a ninguna parte y sin previo aviso comenzaron a caer “chuzos de punta”. Me quedé maravillado viendo aquel espectáculo. En el cielo nocturno la más inmensa lluvia de estrellas había estallado llenando el universo de deslumbrantes trazos y destellos. No pude hacer más que abrir los ojos y los brazos y mirar el firmamento empapándome en aquel baño de luz.

Acróstico – La flor del desierto

La fragil flor del desierto
Aguardaba en soledad

Fantaseaba bajo el sol
Lunas y estrellas
Orando por una llegada
Reclamando una mirada

Desde tiempos inmemoriales
Esperaba enraizada entre la arena
Lamentando su suerte

Dicen que un ardiente día
El horizonte dibujó una figura
Silenciosa y serena
Inclinada por el peso de la vida
Encontró esa joya de la naturaleza
Rozandola con sus arrugadas manos
Todo terminó en un momento
Otra flor marchita por egoísmo