Somewhere in Providencia

Esta isla del tesoro perdida y olvidada en el inmenso océano es para ti

Mes: mayo, 2021

La fila más larga

Llego jadeante después de una larga carrera para posicionarme delante de un par de desconocidos. Paro en seco detrás de la hasta ahora última persona de la inmensa fila que serpentea hasta mas allá de un lejano horizonte que se insinúa tras la neblina. Ahora solo queda aguardar el turno. Esperar y avanzar poco a poco a través del yermo. Paso a paso. Como todo el resto de condenados.

Un anciano senil con un bastón.

Una mujer con un lujoso vestido y ataviada con resplandecientes joyas.

Un yonqui que a duras penas se tiene en pié y que emite ininteligibles vocablos.

Una adolescente embarazada.

Dos niños que juegan y gritan sin descanso intentando paliar el aburrimiento.

Una anciana rodeada de gatos que les habla cariñosamente.

Una pareja de treintañeros que se magrean como si no hubiera un mañana.

Una niñita sola que llora desconsoladamente por haber perdido a su familia en una patera en el mar.

Un empresario desahuciado que no aparta la mirada del smartphone ni un instante.

Una chica que perdió la pierna con una mina anti persona colocada cerca de la única fuente de agua potable de su pueblo.

Un violador reinsertado y reincidente.

Un padre de familia con su pareja de hijos que se lamentan por la muerte sorpresiva de la madre.

Un deportista de élite.

Una joven con un alto puesto en una enorme corporación que se sustenta sobre puestos cada vez mas difusos.

Un cura que jamás toco a uno de los monaguillos.

Escucho el romper de las olas. Se acerca mi turno. La mujer con cáncer de pecho que esta justo delante mio se detiene un instante para toser.

Perdona. – Me dice apoyando su mano en mi hombro mirándome un segundo con la mirada cristalina. Luego se gira. Da dos pasos hacia el borde del acantilado. Titubea unos instantes y salta hacia el mar de llamas que crepita al fondo.

Es mi turno.

No tengo nada que pensar.

Salto y me dejo arropar por la cálida sensación de el fuego abrasando hasta la última porción de mi carne. Por unos instantes mis oídos capturan el sonido de mis fluidos evaporándose como un siseo entre el crepitar de las llamas.

después el silencio.

Cenizas a las cenizas.

Polvo al polvo.

___***___

Resubo esta historia que escribí inspirado en una larga cola que aguanté en el restaurante del IKEA un día de verano…

¡Espero que os guste!

Microrrelato – El descanso

Apretó el cuello con todas sus fuerzas hasta que las respiraciones dejaron de sentirse y liberó su último hálito. Esa noche al fin pudo descansar tranquila tras interminables años de palizas y vejaciones sin descanso.

Bajada a los trasteros

La fuente de mis terrores se haya en los trasteros.

El típico miedo a lo desconocido.

A lo que puedan ocultar trás sus puertas el resto de vecinos. Esos largos y laberínticos pasillos recorridos por tuberías cubiertas de polvo y telarañas. Esas hileras de puertas metálicas corroídas por el óxido. Esas parpadeantes y ténues luminarias fluorescentes con temporizador que te dejan vendido a la oscuridad cuando menos lo esperas. Ese sepulcral silencio que magnífica el sonido de las goteras o el eco de mis pasos. Cualquier paso. El horror de sentirte observado. De no saber que habrá tras cada recodo de estas criptas de trastos inútiles.

Pero mi mayor temor en estos sótanos es que alguna vez se descubra la demencial criatura informe y tentacular que alimento y cuido con cariño trás la puerta oxidada de mi propio trastero.

Microcuento – En la ciudad de las cien lunas

Un día dejó de soñar, pero se siguió acostando cada noche a la misma hora con la esperanza de regresar a la ciudad de las Cien Lunas y de nuevo mirar el horizonte junto a ella desde su habitación acristalada.

La montaña

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A través de la ventana se puede ver la montaña

Inmensa, solitaria, inmóvil, serena.

Con sus grises riscos cubiertos de un manto blanco

Con sus ocultos y polvorientos senderos olvidados.

Amaneceres, ocasos, lluvias de estrellas, cielos nublados

Lluvias, tormentas, el sol destellando,

y rompiendo el silencio el viento silbando.

En algún lugar cercano bajo la sombra de su falda

Ríe un niño jugando, cierra los ojos un anciano expirando

Sobre las ramas de un ciprés un jilguero cantando

Y en una oficina un hombre observa impasible, pensando.

___***___

Re-subo este escrito que publique en 2014 desde la oficina en la que pase infinitas horas durante mi estancia en Chile. A veces miraba por la ventana y me quedaba mirando los Andes… Y mis pensamientos volaban.

¡Espero que os guste!

Microcuento – La estrella fugaz

Viajó una eternidad atravesando incontables sistemas planetarios, nebulosas, campos de asteroides y galaxias tras una deslumbrante estrella fugaz. Al llegar al mismísimo filo del universo y encontrarse cara a cara con el vacío más absoluto se puso a llorar desconsoladamente recordando lo que para poder realizar este viaje sin destino tuvo que dejar atrás.

Memoria del mar

La suave y fría brisa de la madrugada siempre me traen el recuerdo de tu gélido y a la vez cálido tacto sobre la arena de playa. La marea nocturna hacia lo posible por jugar con nuestros cuerpos mientras rodábamos fundidos en un húmedo abrazo que deseé que no terminase jamás.

¿Cuántos besos quedaron marcados en nuestras pieles en aquel vaivén junto las olas?

Me estremezco de solo pensar en el brillo de tus ojos reflejando la luna y las estrellas, y las gotas de agua resbalando siguiendo tus sinuosas curvas mientras mis manos no podían reprimir el impulso de recorrer milímetro a milímetro tu cuerpo. Temblaban mis llemas al contacto de tu ancestral y escamoso tacto.

Todo terminó cuando te adentraste mar adentro dejando un inabarcable vacío en mitad de mi pecho. Verte partir hacia alguna ciudad sumergida y olvidada mimetizándote con los reflejos de la luna entre las olas sabiendo que tú vientre albergaba nuestra simiente fue el golpe más duro que jamás me propinó la vida.

Tal vez algún día sea capaz de encontrar el valor y seguir tus pasos hacia los misterios del lecho marino, pero hasta que llegue ese momento seguiré recurriendo a mi único consuelo: estas memorias del amor que perdí sumergiéndose el mar.

El final del camino

Al final del camino
Regresamos a los viejos tiempos
A los paseos agarrados de la mano
En idílicos atardeceres
Por el paseo marítimo
A cobijo de las palmeras

A los besos furtivos
Tras cada esquina
O sobre el césped de la colina
O en el Retiro

¿Donde perdiste el anillo?

A los tiempos de Whisky barato
Rosas y sexo
Tardes completas entre las sábanas
Risas y abrazos

A apreciar el contacto
De la piel con piel
Su fusión y mezcla
Y quedarnos dormidos
Con la melodía de la respiración
O los latidos del corazón
O la música de alguna canción
De algún disco de Hard Rock
Que ya nadie recuerda

A los tiempos en que nada importaba
Salvo tú y yo
Y el futuro que erigíamos
Grano a grano
Paso a paso
Ladrillo a ladrillo
Sueño a sueño
Cargado de risas y lloros
De niños recorriendo
Nuevos senderos inexplorados

Y aquí al final del camino
Echo la vista atrás
Y la única imagen que veo es a tí
Sonriendo y diciendo adiós
A través
De un sucio cristal de autobús
En un parsimonioso fundido a negro

«The end?»

Microrrelato – Pequeño mundo III

A veces, en los momentos mas solitarios perdía la mirada en el lejano horizonte y dejaba que los pensamientos viajaran al pasado, hasta su bola de cristal. Aquel que había sido su hogar y al que jamás podría regresar.

Su última visión fue un triste y solitario campo nevado teñido de grises. Los que le vieron morir dicen que jamás vieron una sonrisa tan sincera.

Microrrelato – Pequeño mundo II

Vivía encerrado en su pequeño y melancólico mundo de cristal hasta que la inmensidad del universo que giraba más allá de sus transparentes muros le hizo darse de bruces con la cruel realidad al romper la frágil barrera que le aislaba en mil pedazos.

Pensó: «Libertad no es sinónimo de felicidad»