Somewhere in Providencia

Esta isla del tesoro perdida y olvidada en el inmenso océano es para ti

Mes: noviembre, 2019

Microcuento – La mejor decisión

Si sentir tu movimiento dentro del vientre fue la experiencia más bella que jamás experimenté, conocer que darte a luz acarrearía la extinción de toda vida, fue la prueba que necesitaba para saber qué engendrarte fue la mejor decisión que tomé.

Ríe luna

Ríe luna, ríe
Ríe maldita luna
Allá en lo alto
Siguiendo divertida
Nuestros erráticos pasos

Ríe luna, ríe
Ríe maldita luna
Allá en lo alto
Redonda y radiante
Donde no es posible alcanzarte

Ríe luna, ríe
Ríe maldita luna
Allá en lo alto
Y observa riendo
Como el tiempo va expirando

Ríe luna, ríe
Ríe maldita luna
Allá en lo alto

¿De quién te reirás luna
Cuando no exista el ser humano?

Microcuento – La sala de espera

-Pase, siéntese y aguarde su turno. Le avisaremos. – Resuena una voz clara y monótona procedente de algún lugar indeterminado de la cegadora claridad que me rodea. Me parece distinguir la vaga silueta de una silla en mitad de la nada y me siento a esperar.

Espero y espero, mientras miro el vacío y mi mente se queda en blanco mimetizándose con el inmutable ambiente de la sala de espera. Una eternidad más tarde regresa esa voz y susurra mi nombre. Me saca del letargo como a una semilla enterrada la primavera.

Ha llegado la hora. Me levanto y dispongo a afrontar mi destino. Doy un paso al frente. Un paso hacia cualquier parte. Luego otro y otro, y con cada paso pierdo una diminuta porción de mi esencia. Hay tanto que andar y desandar…

Me desvanezco como humo en la distancia hasta que de mi solo queda un pensamiento. Un último pensamiento flotando entre corrientes de brisa. Disipándose.

“¿Quien soy?

Imaginaria línea

Es una imaginaria línea que nos separa mi amor. No soy capaz de visualizar cuanto abarca. Si tiene inicio o fin. Si me atreveré a intentar cruzarla. No quiero conocer a quienes la trazaron. Me aterra imaginar los motivos: Colores, idiomas, religiones, tamaños, sexos… Todo pensado para alimentar la monocromía de ese cuadro que llamamos Tierra.

¿Qué razón existe para que mis pies no puedan cruzar esa línea?

Cualquier línea.

En sueños me veo andando solitario por caminos que nunca transitaré, y en un descanso bajo el cobijo de la sombra de un florecido árbol apareces y me saludas como si nos hubiésemos visto ayer. Me abrazas, besas mis labios y me cuentas y te cuento cuanto ocurrió en el breve lapso de tiempo que no estuvimos juntos. Riendo, llorando o simplemente conversando hasta que la luz del día se desvanece en el ocaso. Un beso, un adiós fugaz con la certeza de que volveré a saludarte mañana. A abrazarte. A besarte… El despertar duele como duelen los alambres espinados que alguien puso entre nosotros para que esas barreras inexistentes tengan la forma y el nombre que me niego a pronunciar pues no debieran existir.

Solo sé que te amo. Que siempre te he amado aunque nunca haya llegado a conocerte. Yo no imagino líneas, imagino que me estas esperando al otro lado, donde aguarda lo desconocido.

___***___

Esta historia está incluida en mi libro “Crónicas de un bufón loco” y por ende estará también en “Autorretratos de un bufón loco” (Saldrá a la venta el 6 de Marzo de 2020). De alguna forma me gusta cómo quedó este escrito que presenté a un concurso cuya temática eran las fronteras.

¡Espero que os guste!

Microcuento – La nota

Quise ser esa nota perdida en mitad de tu canción favorita. Esa que te pone la piel de gallina y eriza tus cabellos. Esa nota exacta que solo tu conoces y escuchas una y otra vez en bucle a escondidas. Lo quise, mas acabé relegado a ser una simple nota disonante en la armónica melodía que es tu vida.

—***—
Y aquí el pseudo book trailer que he preparado para mí próximo libro: “Autorretratos de un bufón loco”… A mi estilo XD

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Por caridad

Hace ya una hora que se despidió la anciana pordiosera llevándose el par de cartones de leche que doné cuando llamó a la puerta suplicando caridad. Miro a través de la mirilla y allí continua ella. Inmóvil en mitad de la penumbra del descansillo mirando fijamente la puerta con esos ojos oscuros y brillantes.

“¿Y si la ha ocurrido algo? ¿Algún tipo de ataque cerebral?”

Me saca de las elucubraciones el sonido de la puerta del portal. Seguramente es mi vecino Luis que regresa de trabajar; la encontrará ahí, paralizada en mitad del descansillo. Me quedo observando la escena.

Se escuchan pasos y tintineo de llaves. Parpadea la lámpara. La puerta del ascensor comienza a abrirse.

“¿Señora? ¿Le pasa algo?”

Luis pronuncia sus últimas palabras. Un afilado cuchillo de cocina surge de entre los harapos que viste la anciana y rebana su yugular. Una fuente de sangre comienza a salpicar todas direcciones. Luis trata desesperadamente detener la hemorragia con sus manos; de evitar lo inevitable. Cuando deja de gorgotear y convulsionarse, los paramentos chorrean el viscoso y rojo fluido. La sangre comienza a colarse por debajo de la puerta de mi apartamento, mientras la señora parece congelada e inmutable como si no hubiese ocurrido nada.

Quedo petrificado con todo mi cuerpo temblando y con violentas náuseas que trato de controlar.

“Calma… Mantén la mente fría… Aléjate de la puerta silenciosamente y llama a la policía…”

Mis músculos parecen reaccionar. Me dirijo al salón, no enciendo la luz y agarro el teléfono.

“En este momento todos nuestros operadores están ocupados… Manténgase a la espera…”

Como una escultura mantengo el auricular pegado al oído.

“Hijito… Se que continuas ahí…”

Me sobresalta la voz de la anciana. Demasiado fuerte y clara para continuar en el descansillo. Escucho el fuerte ruido de una puerta cerrándose; un paso; otro paso. Puedo distinguir la silueta de la anciana en el umbral de la puerta. Brillan sus ojos con el reflejo de la luz de farolas de la calle que entra a través de la terraza. Brilla también el cuchillo con tonos carmesí en su mano. Mira directamente hacia mi posición.

“Ha contactado usted con la policía. Agente José al habla. ¿En qué puedo ayudarle? “

Trato de responder y no me es posible. Apenas logro dejar escapar un suspiro por el tajo que súbitamente se ha abierto en mi garganta. Trato en vano de evitar que la sangre se derrame. Intento gritar y caigo al suelo a los pies de la anciana que me observa impasible desde las tinieblas con esos ojos brillantes desangrarme.

Pequeño gorrión nocturno

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Pequeño gorrión nocturno de alas café y pico de plata. No ves que el sol ya se escondió y la luna ya canta? Es hora de desplegar tus alas y bailar al son del viento entre las estrellas. Planear sobre las luces de las ciudades que se apagan. Sentir que la capa de oscuridad te envuelve para que las rapaces nocturnas no puedan criticar esa libertad que te acompaña. Tal vez posarte en una alambrada, atusarte tus suaves plumas mientras silvas y descansas tus negros y brillantes ojos ante la proximidad del alba.

Pequeño gorrión nocturno,la noche por desgracia se acaba. Es hora de replegar las alas, cerrar tus ojitos y soñar hasta que inevitablemente la noche susurre… ¿No ves que el sol ya se escondió y la luna ya canta?.

Microcuento – La cacería

– No temas… No te haré nada – Dijo con tono socarrón el cazador al último krall que quedaba con vida.

El Krall asustado retrocedió hasta la linde del bosque, donde un muro infranqueable de árboles milenarios cerraba el paso a su ciclópeo cuerpo.

El cazador sonrió y desenvainó el acero. Pensó que la presa era suya, y por ende la cuantiosa recompensa por su cabeza que ofrecía una aldea cercana. Un último pensamiento y sonrisa, ya que no reparó en lo más importante. Un ser desesperado. Acorralado. Sólo. Último miembro de su especie. No moriría sin presentar batalla con la desesperación como aliado…

Con el tiempo la aldea que ofrecía la recompensa pudo descansar tranquila. No sé produjeron más ataques al ganado y los hechos se acabaron olvidando, incluso la visita de aquel bravucón cazador que jamás regresó para cobrar su recompensa.

Microcuento – Realidad

El velo se desvaneció, y quedó expuesta la auténtica realidad que nos rodeaba. Repleta de magia, mitos y leyendas, que solo habían podido percibir aquellos que miran más allá. Aquellos que creían que los sueños pueden ser realidad.

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Aquí traigo otro de los microcuentos que me publicaron en microcuento.es

¡Espero que os guste!

La teoría de la nada

Allí estaba. El trabajo de una vida ante sus ojos. Terminado tras poner el punto final y una vaga fecha al pie de la última página. Incontables páginas de literatura en su estado más esencial. Con sus abstractas ideas e inigualable retórica. Con sus sutiles metáforas cargadas de sentido y sentimiento. La mismísima esencia de lo que debe considerarse obra de arte. Eterno.

El día de su publicación el mundo se paralizó. Aquí y allá la atrayente imagen de portada aparecía como si siempre hubiese estado allí, y la muchedumbre se paraba frente a los carteles, señalaba y recitaba el eslogan que a simple vista había quedado inscrito en sus pupilas. Se habló de tal magna obra incluso en los telediarios justo después de los deportes.

Al día siguiente nadie recordaba tal evento. El mundo seguía girando y el autor. El artista. Comenzó a escribir para sus adentros una nueva historia repleta de contenido. Bella por definición. Que nadie recordaría. La teoría del todo. La teoría de la nada. Su título escrito en armónicos trazos de vacío lo decía todo:

“Efímero”