Somewhere in Providencia

Esta isla del tesoro perdida y olvidada en el inmenso océano es para ti

Mes: noviembre, 2019

Microcuento – La mejor decisión

Si sentir tu movimiento dentro del vientre fue la experiencia más bella que jamás experimenté, conocer que darte a luz acarrearía la extinción de toda vida, fue la prueba que necesitaba para saber qué engendrarte fue la mejor decisión que tomé.

Ríe luna

Ríe luna, ríe
Ríe maldita luna
Allá en lo alto
Siguiendo divertida
Nuestros erráticos pasos

Ríe luna, ríe
Ríe maldita luna
Allá en lo alto
Redonda y radiante
Donde no es posible alcanzarte

Ríe luna, ríe
Ríe maldita luna
Allá en lo alto
Y observa riendo
Como el tiempo va expirando

Ríe luna, ríe
Ríe maldita luna
Allá en lo alto

¿De quién te reirás luna
Cuando no exista el ser humano?

Microcuento – La nota

Quise ser esa nota perdida en mitad de tu canción favorita. Esa que te pone la piel de gallina y eriza tus cabellos. Esa nota exacta que solo tu conoces y escuchas una y otra vez en bucle a escondidas. Lo quise, mas acabé relegado a ser una simple nota disonante en la armónica melodía que es tu vida.

—***—
Y aquí el pseudo book trailer que he preparado para mí próximo libro: “Autorretratos de un bufón loco”… A mi estilo XD

Ver vídeo aquí

Por caridad

Hace ya una hora que se despidió la anciana pordiosera llevándose el par de cartones de leche que doné cuando llamó a la puerta suplicando caridad. Miro a través de la mirilla y allí continua ella. Inmóvil en mitad de la penumbra del descansillo mirando fijamente la puerta con esos ojos oscuros y brillantes.

“¿Y si la ha ocurrido algo? ¿Algún tipo de ataque cerebral?”

Me saca de las elucubraciones el sonido de la puerta del portal. Seguramente es mi vecino Luis que regresa de trabajar; la encontrará ahí, paralizada en mitad del descansillo. Me quedo observando la escena.

Se escuchan pasos y tintineo de llaves. Parpadea la lámpara. La puerta del ascensor comienza a abrirse.

“¿Señora? ¿Le pasa algo?”

Luis pronuncia sus últimas palabras. Un afilado cuchillo de cocina surge de entre los harapos que viste la anciana y rebana su yugular. Una fuente de sangre comienza a salpicar todas direcciones. Luis trata desesperadamente detener la hemorragia con sus manos; de evitar lo inevitable. Cuando deja de gorgotear y convulsionarse, los paramentos chorrean el viscoso y rojo fluido. La sangre comienza a colarse por debajo de la puerta de mi apartamento, mientras la señora parece congelada e inmutable como si no hubiese ocurrido nada.

Quedo petrificado con todo mi cuerpo temblando y con violentas náuseas que trato de controlar.

“Calma… Mantén la mente fría… Aléjate de la puerta silenciosamente y llama a la policía…”

Mis músculos parecen reaccionar. Me dirijo al salón, no enciendo la luz y agarro el teléfono.

“En este momento todos nuestros operadores están ocupados… Manténgase a la espera…”

Como una escultura mantengo el auricular pegado al oído.

“Hijito… Se que continuas ahí…”

Me sobresalta la voz de la anciana. Demasiado fuerte y clara para continuar en el descansillo. Escucho el fuerte ruido de una puerta cerrándose; un paso; otro paso. Puedo distinguir la silueta de la anciana en el umbral de la puerta. Brillan sus ojos con el reflejo de la luz de farolas de la calle que entra a través de la terraza. Brilla también el cuchillo con tonos carmesí en su mano. Mira directamente hacia mi posición.

“Ha contactado usted con la policía. Agente José al habla. ¿En qué puedo ayudarle? “

Trato de responder y no me es posible. Apenas logro dejar escapar un suspiro por el tajo que súbitamente se ha abierto en mi garganta. Trato en vano de evitar que la sangre se derrame. Intento gritar y caigo al suelo a los pies de la anciana que me observa impasible desde las tinieblas con esos ojos brillantes desangrarme.

Microcuento – La cacería

– No temas… No te haré nada – Dijo con tono socarrón el cazador al último krall que quedaba con vida.

El Krall asustado retrocedió hasta la linde del bosque, donde un muro infranqueable de árboles milenarios cerraba el paso a su ciclópeo cuerpo.

El cazador sonrió y desenvainó el acero. Pensó que la presa era suya, y por ende la cuantiosa recompensa por su cabeza que ofrecía una aldea cercana. Un último pensamiento y sonrisa, ya que no reparó en lo más importante. Un ser desesperado. Acorralado. Sólo. Último miembro de su especie. No moriría sin presentar batalla con la desesperación como aliado…

Con el tiempo la aldea que ofrecía la recompensa pudo descansar tranquila. No sé produjeron más ataques al ganado y los hechos se acabaron olvidando, incluso la visita de aquel bravucón cazador que jamás regresó para cobrar su recompensa.

Microcuento – Realidad

El velo se desvaneció, y quedó expuesta la auténtica realidad que nos rodeaba. Repleta de magia, mitos y leyendas, que solo habían podido percibir aquellos que miran más allá. Aquellos que creían que los sueños pueden ser realidad.

___***___

Aquí traigo otro de los microcuentos que me publicaron en microcuento.es

¡Espero que os guste!

El caballo que quería volar

El caballo que queria volar.jpg

Un borrón en la distancia era cuando galopaba a toda velocidad por las verdes praderas.

Una mancha marrón dejando surcos entre la oscilante hierba salpicada de las multicolores pinceladas de la primavera.

El mas bello equino intentando vencer el aire.

Cortando el viento.

Desafiando los elementos.

Más desde potrillo, el corcel tenia un sueño.

Correr.

Trotar.

Galopar.

Volar hasta alcanzar el cielo.

Pastar entre las nubes.

Asomarse y ver el mundo encogido ahí debajo.

Saber que se esconde detrás del horizonte.

Formar entre los pájaros que viajan al norte.

Pintar estelas en el profundo azul del día.

En el negro azabache de la noche.

En los fuegos que arden coloreando las auroras y zenits del imperturbable ciclo del día.

¿Un sueño?

Tan veloz viajó aquel día que casi sin darse cuenta

Al final de la noche estando apunto de desfallecer del cansancio.

Llegó al borde de un inmenso lago.

Sediento se metió en las frías y calmadas aguas para refrescar sus patas y calmar la sed.

Cerro los ojos y bebió con el sonido de las aguas, el viento y el graznido de una lejana urraca como acompañantes.

Calma y libertad.

Al sacar la boca del agua y abrir los ojos se encontró en medio del cielo.

Formaba parte de un amanecer.

Petrificado observó como el sol nacía imperturbable cerca de él.

Como los únicos retazos de tierra visibles formaban parte de horizontes lejanos.

Como una nubes tormentosas se alejaban y se escondían detrás de las montañas.

Como un infinito arco iris enmarcaba la estampa mas maravillosa que jamás observó.

El espejo que eran las aguas del lago le habían sumergido en el cielo.

Y el caballo se encontró en mitad de la inmensidad viviendo su sueño.

—***—

Resubo este cuento que escribí en el nacimiento de mi hijo Héctor

Micropoema – Con los pies en la luna

Con los pies en la luna
Miró allá arriba
Etérea esfera azulada
Antaño latente de vida
Y ahora en su ocaso
Tan bella y silenciosa
Tan muerta y vacía

Nuevo blog – Haikus estacionarios

Donde las estaciones pasan y dejan su rastro

Esta será una entrada breve.

Hace tiempo que por mi cabeza rondaba la idea de crear un sitio donde plasmar esas pequeñas ideas que se me ocurren y que de una forma u otra no parecen encajar con el contenido general de este blog. Es por ello que ha germinado “Haikus estacionarios” donde diariamente brotará una de esos sutiles poemas llamados “haikus”.

Que me perdonen los puristas si en ocasiones los moldeo libremente saliéndome de sus tópicos y métricas, mi mal endémico es seguir los impulsos que dicta el corazón.

Os animo a seguir este nuevo blog esperando que os guste su floreciente contenido.

Podéis visitarlo aquí:

Haikus estacionarios

¡Nos leemos!

Entradas al abismo

Recuerdo cuando miraba esos dos pozos oscuros.

Esforzándome en vislumbrar algo en el fondo,

Donde las tinieblas son más densas

Y la luz desconocida.

Recuerdo caminar por el borde de esos abismos.

Aventurarme hasta donde la claridad del azul profundo del dia se desvanecía.

Siempre imaginando lo qué se escondía allá donde no alcanza la vista.

Recuerdo no pensar en otra cosa

Consecuencia de la juventud y su inconsciente valentía.

Llegar demasiado lejos,

Donde otros antes qué yo cayeron.

Y caer.

Y seguir cayendo.

En esos pozos negros sin fondo

Donde caigo desde entonces en un ciclo eterno.

—***—

Resubo este texto que incluí en Crónicas de un bufón loco.

¡Espero que os guste!