Somewhere in Providencia

Esta isla del tesoro perdida y olvidada en el inmenso océano es para ti

Categoría: Cuento

La otra niña

niña

Ella y yo somos como almas gemelas.
Siempre coincidimos en los mismos sitios.
No tenemos necesidad de hablar para pensar lo mismo, como si nuestras mentes estuvieran conectadas de alguna mágica manera.
Si yo sonrío, ella sonríe.
Si llora, lloro.
Si me escondo, se esconde.
Si sale para sorprenderme, salgo y la sorprendo.
A veces intentamos darnos la mano, acariciarnos, abrazarnos, besarnos…
Ahora que nos hemos ido pienso en ella, como seguramente ella esté en mi pensando.
La otra niña.
La niña que vive en el otro lado del espejo.

Anuncios

Microcuento – El primer tren I

En la estación de las almas perdidas deje partir el último tren hacia el olvido. En su lugar elegí esperar pacientemente sentado en el andén que llegara el primero con destino al Infierno.

___***___

Ya disponible “Crónicas de un bufón loco” en Papel y Kindle… AQUÍ

A tinta

Al recordarlo todos reconocemos que tenía una habilidad extraordinaria para el dibujo a tinta. Cualquier garabato con cuatro trazos y un par de sombreados lo transformaba en una imagen hiperrealista que parecía exceder los límites del plano en el que se había dibujado. Volúmenes imposibles que te hacían plantear si podían ser palpados o si la tinta que ahí había en realidad sobresalía. Perspectivas que te animaban a introducir la mano en ellas para tocar lo allí plasmado. Siempre le observaba hacerlo en las reuniones. El y su cuaderno de cuadros que según íbamos divagando en cuestiones de trabajo, él iba rellenando con imágenes que cobraban vida ante nuestros ojos. A veces incluso parecía como si se movieran ligeramente. Lo suficiente como para preguntarse si había ocurrido o no en realidad.

Lo triste del caso es que el día que desapareció nadie pareció reparar en el hecho. Si obviamos aquella habilidad, nunca se hacía notar. Su puesto estaba situado en una esquina sin apenas visibilidad, y pocos de sus compañeros cercanos le habían escuchado alguna vez hablar. Ni siquiera estábamos seguros de cuál era su trabajo exacto. El únicamente iba, venia, asistía a reuniones y maravillaba a los que reparábamos en ello con sus imágenes de otro mundo.

Un día, pasado el tiempo se incorporó a la oficina un nuevo compañero. Un joven con el título recién sacado. El coordinador nos dijo que aquella mesa vacía seria su nuevo puesto. Me ofrecí a ayudarle a ocuparlo y presentarle a la plantilla en aquel su primer día. Cuando llegamos con el nuevo material el chico se quedó blanco. Sobre la mesa descansaba una pistola y un casquillo. ¡Era increíble el nivel de detalle de aquellas imágenes! Posiblemente su mejor obra. Hasta las sombras parecían proyectarse y difuminarse. Pase el dedo para cerciorarme de que no era real. Era casi palpable. Se lo explique al nuevo que pareció asombrado. Lo que no pude explicarle fue la extraña mancha de lo que parecía sangre seca en la pared. Como si alguien se hubiese metido un disparo en la cabeza y esta hubiese reventado en aquel mismo sitio.

¿Una última broma de mal gusto?

___***___

Relato publicado originalmente en buenosrelatos. He hecho un par de arreglillos estilísticos en partes que no me convencían. ¡Espero que os guste!

La noche de los juguetes zombie

En la penumbra podía ver una horda de rostros bien conocidos. Recuerdos de su infancia caídos. Pepito Grillo, Balou, Mogli, Jafar, Ariel, Heidi, Clara, David el Gnomo y su esposa Lisa, Snorkels, Mickey, Maléfica, Bambi, Blancanieves, Lilo, Stich…

Eran todos ellos pero en las tinieblas sus rostros tenían algo siniestro mirándolo con ojos vacíos e inertes. Un escalofrío de auténtico horror recorrió su espinazo.

¿En que se habían transformado todos aquellos recuerdos de la infancia?

Sintió un leve movimiento entre las filas. Una masa rechoncha y deforme dió un torpe paso al frente, lo justo para que un fugaz rayo de luz iluminará su rostro. Un rostro bien conocido que ahora era la auténtica representación del terror. Don Pimpón emitió un gorgoteante gruñido y el resto de muñecos comenzó su procesión para devorarle.

Había comenzado la noche más larga.

___***___

Vale, este texto es una excusa para dar contexto a la foto que hice junto a mi hija Minerva en la que el pitufo bateador se enfrenta a “The night of the living Toy Zombies”. El contraste hace que los rostros queden siniestros (Si amplias ves que caras como la de Clara la amiga de Heidi parezca sacada de una peli de terror japonesa)… Y si… A esto me dedico a jugar con mi hija XD

Microcuento – Añoranza

Se marchó por siempre dejando la casa envuelta en tinieblas. Me tornó alma en pena encadenada eternamente a su recuerdo. Ver el ataúd en el que pasamos tan placenteros momentos vacio era como tener atravesada una estaca en el corazón.

___***___

Microcuento para Twitter publicado en microcuento.es

Microrrelato – Pequeño mundo III

A veces, en los momentos mas solitarios perdía la mirada en el lejano horizonte y dejaba que los pensamientos viajaran al pasado, hasta su bola de cristal. Aquel que había sido su hogar y al que jamás podría regresar.

Su última visión fue un triste y solitario campo nevado teñido de grises. Los que le vieron morir dicen que jamás vieron una sonrisa tan sincera.

Tremenda tormenta

Cariño ten cuidado que dicen qué va a caer una tremenda tormenta – Me dijo secándose las manos con un viejo paño de cocina.

Me acerqué y planté un sonoro beso en su mejilla: – No te preocupes, estaré únicamente un rato fuera

Me puse una chaqueta y cerré la puerta trás de mí. Afuera reinaba la oscuridad, y no se sentían ni movimientos ni sonidos. La calma antes de la tormenta.

Caminé en dirección a ninguna parte y sin previo aviso comenzaron a caer “chuzos de punta”. Me quedé maravillado viendo aquel espectáculo. En el cielo nocturno la más inmensa lluvia de estrellas había estallado llenando el universo de deslumbrantes trazos y destellos. No pude hacer más que abrir los ojos y los brazos y mirar el firmamento empapándome en aquel baño de luz.

Acróstico – La flor del desierto

La fragil flor del desierto
Aguardaba en soledad

Fantaseaba bajo el sol
Lunas y estrellas
Orando por una llegada
Reclamando una mirada

Desde tiempos inmemoriales
Esperaba enraizada entre la arena
Lamentando su suerte

Dicen que un ardiente día
El horizonte dibujó una figura
Silenciosa y serena
Inclinada por el peso de la vida
Encontró esa joya de la naturaleza
Rozandola con sus arrugadas manos
Todo terminó en un momento
Otra flor marchita por egoísmo

Cita a ciegas

Fué en un cruce de caminos en mitad de la nada. Justo donde convergían dos sendas en mitad del Desierto de Colores aguardaba sentado sobre un pequeño tocón seco, el único resto de Perelin que quedaba en pie, un anciano de larga túnica gris y sombrero de ala ancha acabado en punta. El último de los grandes hechiceros que seguía con vida y era consciente de que está, le abandonaría pronto. Por eso esperaba allí sentado apoyado en su viejo cayado y sumido en los recuerdos del pasado. Un lejano pasado que iba sumergiendose lentamente en el olvido. Ahora el único recuerdo que sabía con certeza que era real era una antigua profecía que le dijo alguna vez su maestro en los orígenes de su aprendizaje:

“Un día harás de guía a un joven que está destinado a gobernar y llevar el mundo a una nueva era de prosperidad.”

Se la repetía casi continuamente, ya que en su interior aún persistía la esperanza de que alguna vez se cumpliera, aunque está ya era una pequeña llama que se iba extinguiendo.

Estaba sumido en esos pensamientos que no reparó en una solitaria figura que caminaba lenta pero solemnemente en su dirección por uno de los caminos. Una figura envuelta en una túnica oscura con remendones y rotos por todos lados. Una capucha del mismo color y estado cubría su rostro, aunque la elaborada y enorme guadaña que portaba a su espalda delataba su identidad. La Muerte acudía a su cita. Su única cita.

Buenas tardes. Siento haber tardado tanto. Me surgió una guerra en un lejano país y tuve que hacer unas cuantas horas extra. Ya sabes las guerras.- Dijo con voz sepulcral surgida de los abismos más insondables de la existencia mientras sacaba la guadaña y afilaba su hoja.

Las guerras. Siempre el mismo cuento. Desgraciados muriendo a manos de desgraciados que siguen a otros desgraciados. Esa será de las cosas que no echaré de menos. Pero bueno, ya no me tendré que preocupar de esas memeces. Porqué supongo que ha llegado mi hora.-

-¡Exacto! Pero antes permíteme un pequeño reposo. Ha sido una larga caminata desierto a través y en cuanto haya terminado contigo tengo cita en un desván lleno de vigas de madera…

– Y un ahorcado. Seguramente por “amor” o “deudas”.-

Sonó una tenebrosa risa del interior de la capucha: – Esos son los peores. Descuadran todo mi “agenda”. Me obligan a ir corriendo de un lado a otro y claro a veces no puedo hacer mi trabajo tan bien como quisiera. El otro día mismamente me llegó una notificación de las altos círculos del Infierno para reprocharme un cliente que despertó en el interior del ataúd y claro… Toca regresar a terminar el trabajo. Con lo desagradable que es visitar esos oscuros lugares con surcos de uñas en la madera realizados por la desesperación… Pero bueno, dejemos de charlas y vallamos al grano después de este breve respiro. ¡Es tu momento!-

Doscientos siete años no puede contarlos cualquiera. Estoy ya cansado de ver pasar estación trás estación. ¿Me permites una última pregunta?

Dispara

Supongo que te la harán todos. Después de todo es la gran pregunta. ¿Que me espera después?-

Todos sin excepción. Y la respuesta es muy sencilla. Lo descubrirás en unos segundos sin necesidad de que te estropee la sorpresa. Después de todo has aguantado una vida completa y sería un crimen hacerlo ahora… Solo una pista… No es lo que imaginas.-

Esperaaaaaaaaaaaaaaaaaaa…– La última palabra se deshizo en fragmentos según se segaba la vida y el alma se dirigía rauda al más allá o lo que fuera lo que aguardaba.

Bien. Un nuevo trabajo completado. Ahora a rellenar el documento obligatorio de lecciones aprendidas.- Sacó una pluma, la mojó en tinta y escribió con bella letra en un papel roído: “A veces las profecías no se cumplen”.

—***—

Y TU… ¡SI TU! ¡EL QUE ESCRIBE! PUEDES DEJAR DE HACERLO. EL VIEJO HECHICERO YA A ENCONTRADO LA INMORTALIDAD ENTRE TUS LÍNEAS.

—***—

D.E.P.

Microrrelato – Pequeño mundo II

Vivía encerrado en su pequeño y melancólico mundo de cristal hasta que la inmensidad del universo que giraba más allá de sus transparentes muros le hizo darse de bruces con la cruel realidad al romper la frágil barrera que le aislaba en mil pedazos.

Pensó: “Libertad no es sinónimo de felicidad”