Somewhere in Providencia

Esta isla del tesoro perdida y olvidada en el inmenso océano es para ti

Categoría: Infantil

Esas motas de polvo

Jugábamos en el suelo como siempre que no era posible salir al parque.

En la calle soplaba fuerte el aire e iba arrastrando consigo las doradas hojas que comenzaban caer.

Durante todo el día una tenue e incesante llovizna había estado cubriendo el gris paisaje otoñal de la calle.

Llegó la tarde. Justo la hora en que la luz del sol se suele tornar ardiente e intensa antes de desvanecerse y dejar paso a la noche.

Un casual claro entre las nubes nos hizo partícipes de la magia de ese momento cuando por las cristaleras del salón comenzaron a entrar inclinados e intensos rayos de luz que contrastaban con las sombras que nos envolvían.

Minerva se quedó mirando el haz de luz y con su alegre voz me preguntó: -¿Qué es eso que vuela?.

Miré hacia donde señalaba y estuve a un paso de responder lo obvio: “La luz del sol en la ventana”. Pero caí en que ella no se refería a eso.

Se refería a las motas de polvo en suspensión que parecen cobrar vida en esos rayos de luz.

Cualquiera que se haya molestado en observarlos coincidirá conmigo en lo hipnótico de su movimiento, sus irregulares formas y sus brillos como sacados de un sueño.

Es solo polvo.

-Polvo de hadas mi niña.- Respondí mientras la arrimé a mí en un abrazo.-Lo dejan tras de sí para dejar constancia de su existencia, ya que son invisibles para nosotros.

Minerva no preguntó más. Se quedó mirando en silencio buscando hadas hasta que finalmente se oscureció todo. Todo ese tiempo con la preciosa sonrisa de una niña con la convicción de que lo que había respondido era real.

¿Y quién soy yo para decir que no lo es?

El caballo que parece una oveja

El caballo que parece una oveja

A un lado de la carretera pasta tranquilamente el caballo que parece una oveja.

Blanco como una nube.

Con el pelo rizado, alborotado crecido como maleza en primavera.

Con salpicaduras en sus patas de trotar salvaje sobre los charcos y el barro.

El coche se va alejando.

El caballo que parece una oveja sigue pastando.

Trotando.

Saltando.

¿Balando?

___***___

Re subo este breve cuento inspirado en una ocurrencia de mi hija

Por caridad

Hace ya una hora que se despidió la anciana pordiosera llevándose el par de cartones de leche que doné cuando llamó a la puerta suplicando caridad. Miro a través de la mirilla y allí continua ella. Inmóvil en mitad de la penumbra del descansillo mirando fijamente la puerta con esos ojos oscuros y brillantes.

“¿Y si la ha ocurrido algo? ¿Algún tipo de ataque cerebral?”

Me saca de las elucubraciones el sonido de la puerta del portal. Seguramente es mi vecino Luis que regresa de trabajar; la encontrará ahí, paralizada en mitad del descansillo. Me quedo observando la escena.

Se escuchan pasos y tintineo de llaves. Parpadea la lámpara. La puerta del ascensor comienza a abrirse.

“¿Señora? ¿Le pasa algo?”

Luis pronuncia sus últimas palabras. Un afilado cuchillo de cocina surge de entre los harapos que viste la anciana y rebana su yugular. Una fuente de sangre comienza a salpicar todas direcciones. Luis trata desesperadamente detener la hemorragia con sus manos; de evitar lo inevitable. Cuando deja de gorgotear y convulsionarse, los paramentos chorrean el viscoso y rojo fluido. La sangre comienza a colarse por debajo de la puerta de mi apartamento, mientras la señora parece congelada e inmutable como si no hubiese ocurrido nada.

Quedo petrificado con todo mi cuerpo temblando y con violentas náuseas que trato de controlar.

“Calma… Mantén la mente fría… Aléjate de la puerta silenciosamente y llama a la policía…”

Mis músculos parecen reaccionar. Me dirijo al salón, no enciendo la luz y agarro el teléfono.

“En este momento todos nuestros operadores están ocupados… Manténgase a la espera…”

Como una escultura mantengo el auricular pegado al oído.

“Hijito… Se que continuas ahí…”

Me sobresalta la voz de la anciana. Demasiado fuerte y clara para continuar en el descansillo. Escucho el fuerte ruido de una puerta cerrándose; un paso; otro paso. Puedo distinguir la silueta de la anciana en el umbral de la puerta. Brillan sus ojos con el reflejo de la luz de farolas de la calle que entra a través de la terraza. Brilla también el cuchillo con tonos carmesí en su mano. Mira directamente hacia mi posición.

“Ha contactado usted con la policía. Agente José al habla. ¿En qué puedo ayudarle? “

Trato de responder y no me es posible. Apenas logro dejar escapar un suspiro por el tajo que súbitamente se ha abierto en mi garganta. Trato en vano de evitar que la sangre se derrame. Intento gritar y caigo al suelo a los pies de la anciana que me observa impasible desde las tinieblas con esos ojos brillantes desangrarme.

Pequeño gorrión nocturno

image

Pequeño gorrión nocturno de alas café y pico de plata. No ves que el sol ya se escondió y la luna ya canta? Es hora de desplegar tus alas y bailar al son del viento entre las estrellas. Planear sobre las luces de las ciudades que se apagan. Sentir que la capa de oscuridad te envuelve para que las rapaces nocturnas no puedan criticar esa libertad que te acompaña. Tal vez posarte en una alambrada, atusarte tus suaves plumas mientras silvas y descansas tus negros y brillantes ojos ante la proximidad del alba.

Pequeño gorrión nocturno,la noche por desgracia se acaba. Es hora de replegar las alas, cerrar tus ojitos y soñar hasta que inevitablemente la noche susurre… ¿No ves que el sol ya se escondió y la luna ya canta?.

El caballo que quería volar

El caballo que queria volar.jpg

Un borrón en la distancia era cuando galopaba a toda velocidad por las verdes praderas.

Una mancha marrón dejando surcos entre la oscilante hierba salpicada de las multicolores pinceladas de la primavera.

El mas bello equino intentando vencer el aire.

Cortando el viento.

Desafiando los elementos.

Más desde potrillo, el corcel tenia un sueño.

Correr.

Trotar.

Galopar.

Volar hasta alcanzar el cielo.

Pastar entre las nubes.

Asomarse y ver el mundo encogido ahí debajo.

Saber que se esconde detrás del horizonte.

Formar entre los pájaros que viajan al norte.

Pintar estelas en el profundo azul del día.

En el negro azabache de la noche.

En los fuegos que arden coloreando las auroras y zenits del imperturbable ciclo del día.

¿Un sueño?

Tan veloz viajó aquel día que casi sin darse cuenta

Al final de la noche estando apunto de desfallecer del cansancio.

Llegó al borde de un inmenso lago.

Sediento se metió en las frías y calmadas aguas para refrescar sus patas y calmar la sed.

Cerro los ojos y bebió con el sonido de las aguas, el viento y el graznido de una lejana urraca como acompañantes.

Calma y libertad.

Al sacar la boca del agua y abrir los ojos se encontró en medio del cielo.

Formaba parte de un amanecer.

Petrificado observó como el sol nacía imperturbable cerca de él.

Como los únicos retazos de tierra visibles formaban parte de horizontes lejanos.

Como una nubes tormentosas se alejaban y se escondían detrás de las montañas.

Como un infinito arco iris enmarcaba la estampa mas maravillosa que jamás observó.

El espejo que eran las aguas del lago le habían sumergido en el cielo.

Y el caballo se encontró en mitad de la inmensidad viviendo su sueño.

—***—

Resubo este cuento que escribí en el nacimiento de mi hijo Héctor

Este es el siglo XXI

niños

Este es el siglo XXI
A un paso de chocar y arder
Nadie va a darte nada
A no ser que tu devuelvas el favor
Hay un hombre en lo alto de un brillante rascacielos
Acaba de comprar el mundo.

¿Acaso lo que deseas es
tener hijos y
verlos crecer
en un lugar como este?

Ella señaló su cabeza
Dijo: ¿No puedes verlo?
El mundo es tuyo
El mundo es mio

Fragmento de “This is the 21st Century” – Marillion

Descolorida

Mariposa sin color

Amaneció un día alicaída, descolorida.

Aleteaba tan desganada que su huracán en el otro lado del mundo tendría que conformarse con ser brisa.

Una nota desafinada entre la sinfonía de color que era aquella primavera.

Desentonaba tanto que cualquiera que mirara la estampa se sentía irremediablemente impulsado a fijar la mirada en aquel punto.

Sus semejantes que revoloteaban alegremente alrededor de flor en flor la miraban con recelo.

Todas iguales.

Todas con el mismo sinuante vuelo.

La mariposa sin color se alejó hacia las sombras de un apartado y vetusto árbol que la cobijarían de miradas inquisidoras. Y allí ante el delantal de musgo de aquel viejo monumento de la naturaleza vio la solución a tan extraño y cruel destino.

Un rayo de luz se colo entre las hojas y flores del árbol y traspasó la tensión superficial de una solitaria gota de agua sobre la hierba. El prisma de colores estalló entonces en un millón de colores y formo un puente directo hacia el descolorido ser que observaba atónito aquel mágico despliegue de luz.

Fue solo un instante, pero lo que hasta hacia unos momentos era blanco, gris y negro, comenzó a reflejar y a emitir multicolores rayos que bañaron, deslumbraron y maravillaron toda la vida que poblaba el olvidado valle.

Y tal y como vino la luz, se fue. El mundo por un instante pareció mas oscuro para todos sus habitantes, pero dejó algo en el interior de la mariposa que la lleno de alegría. Por un instante había brillado mas que el resto, y eso podría repetirlo.

lucharía día a día por repetirlo.

Cazadora de arco iris.

___***___

Re-subo este cuento infantil aprovechando que la primavera esta recién estrenada. Espero que os haya gustado.

Cantos de rana

-¡Croac!-

Canta una rana entre los juncos a la orilla de un estanque con la luna como un queso reflejada en la quietud de sus aguas.

-¡Croac! ¡Croac!-

Una de sus hermanas acude a la llamada y juntas comienzan un dueto.

-¡Croac! ¡Croac! ¡Croac!-

Una pareja más de batracios escucha el recital y decide qué tal vez unos coros no vendrían mal.

-¡Croac! ¡Croac! ¡Croac! ¡Croac!-

En algún lugar en mitad del estanque en una preciosa agrupación de nenúfares cuatro ranitas jovencitas se animan con el croar que se escucha desde la orilla y comienzan a replicar los cantos como un eco en la distancia.

-¡Croac! ¡Croac! ¡Croac! ¡Croac! ¡Croac!-

Al otro lado del estanque, junto a un viejo y llorón sauce una reunión de ranas se ve interrumpida por el canto, sus coros y su eco. Deciden por unanimidad no ser menos y cantar con energía su propia melodía.

-¡Croac! ¡Croac! ¡Croac! ¡Croac! ¡Croac! ¡Croac!-

El caos sonoro agita las aguas. Corre el rumor por el bosque y ranas que cazan moscas en el río abandonan su tarea para unirse a aquella serenata nocturna.

-¡Croac! ¡Croac! ¡Croac! ¡Croac! ¡Croac! ¡Croac! ¡Croac!-

Se aglomeran los cantos en una algarabía difícil de describir. Y más aún cuando el sonido comienza a traspasar las lindes del bosque, donde una enorme charca acoge una inmensa congregación de ranas de todas formas, tamaños y colores.

-¡Croac! ¡Croac! ¡Croac! ¡Croac! ¡Croac! ¡Croac! ¡Croac! ¡Croac!-

Cada segundo que pasa una rana se une a la gran fiesta del croar hasta que no existe en el mundo otro sonido, ni una sola rana sin colaborar con su canto al singular concierto.

Desde el hueco de un árbol seco una pequeña sombra escucha el estruendo con semblante preocupado –Creo que está no es una buena noche para salir a cenar, es el momento para comenzar a cuidar la figura. ¡Hoy comenzaré el ayuno y descanso!- Se da la vuelta y se vuelve a meter en su reconfortante cama. A los pocos minutos y a pesar del insoportable ruido el mosquito se queda dormido.

Esta noche soñará con terroríficas ranas de ojos saltones e insoportable canto.

¡CROAC!

Dentro de la caja

¿Qué hay dentro de la caja?

La dejé abierta y ahora está ocupada.

Fué solamente un segundo en que aparte la mirada,

Cuando esa blanca bola de pelo saltó,

Se acomodo

Y ahora descansa.

¿Quién podría atreverse a sacarla?

Fugaz recuerdo III

Recorrer una senda olvidada escondida bajo las agujas y cortezas secas de los pinos que lleva al corazón del bosque, ese era mi mayor entretenimiento en aquellos veranos en el pueblo.

Volaba la imaginación rodeado de las columnas de madera que se alineaban a mi alrededor como en un inmenso templo en honor a la naturaleza. Solía armarme con un palo retorcido e intuía como a mi alrededor observaban mis pasos mágicas criaturas que vigilaban que no dejará al descubierto sus secretos y existencia.

El crujido de las hojas secas bajo mis pisadas, cantos de pájaros desconocidos en las copas y el rasgar de las “chicharras” rompían el silencio hasta que llegaba a mi santuario. Un viejo árbol seco con el tronco retorcido en agonía. Solitario y casi oculto entre la maleza. Tan triste.

Me sentaba apoyando la espalda en él, mientras pasaba las horas puliendo cortezas secas sobre una roca dándoles forma de barcos. Una flota increíble de navíos que serían el orgullo de los siete mares.

Cuando los tonos del bosque se teñían anaranjados comenzaba el regreso a casa. Llevaba conmigo el mejor barco de la tarde que soltaría por los “caños” que bordeaban las calles para que navegará arrastrado por la corriente hacia un destino desconocido. Tal y como haría algunos años más tarde.

“Pero eso es otra historia que deberá ser contada en otra ocasión”