Somewhere in Providencia

Esta isla del tesoro perdida y olvidada en el inmenso océano es para ti

Categoría: Infantil

La otra niña

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Ella y yo somos como almas gemelas.
Siempre coincidimos en los mismos sitios.
No tenemos necesidad de hablar para pensar lo mismo, como si nuestras mentes estuvieran conectadas de alguna mágica manera.
Si yo sonrío, ella sonríe.
Si llora, lloro.
Si me escondo, se esconde.
Si sale para sorprenderme, salgo y la sorprendo.
A veces intentamos darnos la mano, acariciarnos, abrazarnos, besarnos…
Ahora que nos hemos ido pienso en ella, como seguramente ella esté en mi pensando.
La otra niña.
La niña que vive en el otro lado del espejo.

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Descolorida

Mariposa sin color

Amaneció un día alicaída, descolorida.

Aleteaba tan desganada que su huracán en el otro lado del mundo tendría que conformarse con ser brisa.

Una nota desafinada entre la sinfonía de color que era aquella primavera.

Desentonaba tanto que cualquiera que mirara la estampa se sentía irremediablemente impulsado a fijar la mirada en aquel punto.

Sus semejantes que revoloteaban alegremente alrededor de flor en flor la miraban con recelo.

Todas iguales.

Todas con el mismo sinuante vuelo.

La mariposa sin color se alejó hacia las sombras de un apartado y vetusto árbol que la cobijarían de miradas inquisidoras. Y allí ante el delantal de musgo de aquel viejo monumento de la naturaleza vio la solución a tan extraño y cruel destino.

Un rayo de luz se colo entre las hojas y flores del árbol y traspasó la tensión superficial de una solitaria gota de agua sobre la hierba. El prisma de colores estalló entonces en un millón de colores y formo un puente directo hacia el descolorido ser que observaba atónito aquel mágico despliegue de luz.

Fue solo un instante, pero lo que hasta hacia unos momentos era blanco, gris y negro, comenzó a reflejar y a emitir multicolores rayos que bañaron, deslumbraron y maravillaron toda la vida que poblaba el olvidado valle.

Y tal y como vino la luz, se fue. El mundo por un instante pareció mas oscuro para todos sus habitantes, pero dejó algo en el interior de la mariposa que la lleno de alegría. Por un instante había brillado mas que el resto, y eso podría repetirlo.

lucharía día a día por repetirlo.

Cazadora de arco iris.

___***___

Re-subo este cuento infantil aprovechando que la primavera esta recién estrenada. Espero que os haya gustado.

Cantos de rana

-¡Croac!-

Canta una rana entre los juncos a la orilla de un estanque con la luna como un queso reflejada en la quietud de sus aguas.

-¡Croac! ¡Croac!-

Una de sus hermanas acude a la llamada y juntas comienzan un dueto.

-¡Croac! ¡Croac! ¡Croac!-

Una pareja más de batracios escucha el recital y decide qué tal vez unos coros no vendrían mal.

-¡Croac! ¡Croac! ¡Croac! ¡Croac!-

En algún lugar en mitad del estanque en una preciosa agrupación de nenúfares cuatro ranitas jovencitas se animan con el croar que se escucha desde la orilla y comienzan a replicar los cantos como un eco en la distancia.

-¡Croac! ¡Croac! ¡Croac! ¡Croac! ¡Croac!-

Al otro lado del estanque, junto a un viejo y llorón sauce una reunión de ranas se ve interrumpida por el canto, sus coros y su eco. Deciden por unanimidad no ser menos y cantar con energía su propia melodía.

-¡Croac! ¡Croac! ¡Croac! ¡Croac! ¡Croac! ¡Croac!-

El caos sonoro agita las aguas. Corre el rumor por el bosque y ranas que cazan moscas en el río abandonan su tarea para unirse a aquella serenata nocturna.

-¡Croac! ¡Croac! ¡Croac! ¡Croac! ¡Croac! ¡Croac! ¡Croac!-

Se aglomeran los cantos en una algarabía difícil de describir. Y más aún cuando el sonido comienza a traspasar las lindes del bosque, donde una enorme charca acoge una inmensa congregación de ranas de todas formas, tamaños y colores.

-¡Croac! ¡Croac! ¡Croac! ¡Croac! ¡Croac! ¡Croac! ¡Croac! ¡Croac!-

Cada segundo que pasa una rana se une a la gran fiesta del croar hasta que no existe en el mundo otro sonido, ni una sola rana sin colaborar con su canto al singular concierto.

Desde el hueco de un árbol seco una pequeña sombra escucha el estruendo con semblante preocupado –Creo que está no es una buena noche para salir a cenar, es el momento para comenzar a cuidar la figura. ¡Hoy comenzaré el ayuno y descanso!- Se da la vuelta y se vuelve a meter en su reconfortante cama. A los pocos minutos y a pesar del insoportable ruido el mosquito se queda dormido.

Esta noche soñará con terroríficas ranas de ojos saltones e insoportable canto.

¡CROAC!

El caballo que parece una oveja

El caballo que parece una oveja

A un lado de la carretera pasta tranquilamente el caballo que parece una oveja.

Blanco como una nube.

Con el pelo rizado, alborotado crecido como maleza en primavera.

Con salpicaduras en sus patas de trotar salvaje sobre los charcos y el barro.

El coche se va alejando.

El caballo que parece una oveja sigue pastando.

Trotando.

Saltando.

¿Balando?

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Re subo este breve cuento inspirado en una ocurrencia de mi hija

La fuente de la vida

La lágrima manó y resbaló siguiendo las depresiones y elevaciones que formaban la topografía de su rostro. En cada milímetro cuadrado iba dejando su salada huella y una minúscula parte de su misma esencia en cada poro y surco de la fina piel que atravesaba. Llegó al fin de su viaje cuando dejó atrás la comisura de los labios, el lugar donde abrúptamente se abría el abismo del universo. Quedó suspendida balanceándose agarrada al filo, pero la inercia empujaba y finalmente se desprendió iniciando la caída libre hacia el infinito.

En su descenso reflejó soles y lunas. Lejanas constelaciones. Estrellas fugaces. Galaxias y nebulosas. Campos de asteroides. Agujeros negros…

Finalmente en algún indefinido momento se estampó contra el árido suelo de un orbe errante. La fuerza del impacto repartió el fluido de la lágrima alrededor del planeta que se había interpuesto en su trayectoria dando a luz a un nuevo océano. Un océano que sería el origen de la vida misma en aquel inhóspito astro.

La Diosa se secó el resto de lágrimas y se alejó de allí para siempre. Ni siquiera reparó en el diminuto planeta en el que por azar había creado vida.

Pequeño gorrión nocturno

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Pequeño gorrión nocturno de alas café y pico de plata. No ves que el sol ya se escondió y la luna ya canta? Es hora de desplegar tus alas y bailar al son del viento entre las estrellas. Planear sobre las luces de las ciudades que se apagan. Sentir que la capa de oscuridad te envuelve para que las rapaces nocturnas no puedan criticar esa libertad que te acompaña. Tal vez posarte en una alambrada, atusarte tus suaves plumas mientras silvas y descansas tus negros y brillantes ojos ante la proximidad del alba.

Pequeño gorrión nocturno,la noche por desgracia se acaba. Es hora de replegar las alas, cerrar tus ojitos y soñar hasta que inevitablemente la noche susurre… ¿No ves que el sol ya se escondió y la luna ya canta?.

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Recupero está entrada de los origénes del blog que apenas fue leída. Los próximos días haré lo propio con las que opine que no tuvieron la atención que pienso merecían. ¡Disfrutarlas!

Sobre árboles, libros e hijos – Comparto mi libro (PDF)

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Siempre he soñado con escribir un libro. Escribir un libro y que sea leído. Que sea leído y que mueva algo en el interior de quién lo lee como aquellos que yo mismo he leído y he adorado. No es un pensamiento relacionado con voy a venderlo y hacerme mundialmente popular. Es ese sentimiento de dejar algo que perdure en el mundo.
Con este fin, he escrito durante años en diferentes blogs historias. Historias de todo estilo y tamaño. Como yo mismo digo, sin pensar en sí lo que escribo es bueno o malo. Simplemente escribiendo lo que dicta mi cabeza con el guión de mi corazón en el mismo instante en que lo hago.

La llegada de mi hija Minerva hace pocos años y el reciente nacimiento de Héctor han acrecentado en mí esa necesidad. Necesito que mi obra quedé plasmada en un volumen. Un volumen que ellos vean en casa y puedan decir algún día: Ese libro lo escribió mi papá.

Eso es fácil. Solo necesito una copia impresa (Dos en realidad, para que ambos puedan llevársela a donde quiera que les lleve el destino (Caprichoso). Pero para que eso ocurra me gustaría poder decirles que esa obra gustó en un círculo que no fuese el familiar (Si, soy consciente de que los que seguís el blog ya cumplís ese requisito. ¡Muchas gracias!). Cuando lo haga seguramente me planteé la parte del “arbol” del famoso dicho (Que por cierto no he trascrito), mas que nada para compensar las hojas que se utilizarán en la impresión.

Hace unos años, en el tiempo que pasé trabajando en Santiago (Chile), comprobé como en determinados países acceder a lectura impresa por los sueldos que se manejan y los impuestos que se graban a la cultura es difícil. Es por eso que dado que todos estos escritos siempre los puse (y pongo) a disposición pública, veo coherente hacer exactamente lo mismo con el archivo que compendia todos ellos para hacer que gente que quiera leer lo haga sin el impedimento de unas pocas (o muchas dependiendo del caso) monedas.

Ahora mismo, habrá quien se este preguntando: ¿Pero no están ya al alcance de todos en el blog? Os diré que tenéis razón, pero hay motivos muy importantes que me hacen el compendiarlo todo en un único archivo. Os los resumo.

La portabilidad: Si alguien quiere llevarlo consigo para leerlo, no necesita consumo de datos para hacerlo.

La difusión (No difusión) de internet y sus buscadores: En el tiempo mirando las estadísticas de cómo van las visualizaciones de las entradas, he observado como las más antiguas rara vez tienen visitas. Al final en cada entrada se ponen enlaces a entradas próximas en el tiempo. Supongo que el logaritmo selecciona las más populares para ponerlas como opción. Pero como todo en esta vida, “Popular” no es sinónimo de “Calidad”. En algunos casos lo es, y en otros es puro azar, así que como me gusta enfrentarme con el azar los dejo todos juntos para que el que tenga la voluntad y las ganas pueda leerlos todos.

Y por último, y que sirva como despedida, ruego que si conocéis a alguien que pueda apreciar este libro (¡Si, lo he citado por su nombre!) no dudéis en hacérselo llegar o compartir esta entrada (Archivo) entre vuestros conocidos. Y por supuesto agradeceré cualquier comentario al respecto. Después de todo es por todos. Es por mí.

Así que sin más dilación os dejo con mi obra:

DESCARGA: PINCELADAS ONÍRICAS

Tamaño de página A5 – Tipo de letra Book Antiqua – 11 (textos) – 14 (Títulos)

¡Nos leemos!

Dentro de la caja

¿Qué hay dentro de la caja?

La dejé abierta y ahora está ocupada.

Fué solamente un segundo en que aparte la mirada,

Cuando esa blanca bola de pelo saltó,

Se acomodo

Y ahora descansa.

¿Quién podría atreverse a sacarla?

Fugaz recuerdo III

Recorrer una senda olvidada escondida bajo las agujas y cortezas secas de los pinos que lleva al corazón del bosque, ese era mi mayor entretenimiento en aquellos veranos en el pueblo.

Volaba la imaginación rodeado de las columnas de madera que se alineaban a mi alrededor como en un inmenso templo en honor a la naturaleza. Solía armarme con un palo retorcido e intuía como a mi alrededor observaban mis pasos mágicas criaturas que vigilaban que no dejará al descubierto sus secretos y existencia.

El crujido de las hojas secas bajo mis pisadas, cantos de pájaros desconocidos en las copas y el rasgar de las “chicharras” rompían el silencio hasta que llegaba a mi santuario. Un viejo árbol seco con el tronco retorcido en agonía. Solitario y casi oculto entre la maleza. Tan triste.

Me sentaba apoyando la espalda en él, mientras pasaba las horas puliendo cortezas secas sobre una roca dándoles forma de barcos. Una flota increíble de navíos que serían el orgullo de los siete mares.

Cuando los tonos del bosque se teñían anaranjados comenzaba el regreso a casa. Llevaba conmigo el mejor barco de la tarde que soltaría por los “caños” que bordeaban las calles para que navegará arrastrado por la corriente hacia un destino desconocido. Tal y como haría algunos años más tarde.

“Pero eso es otra historia que deberá ser contada en otra ocasión”

El capitán “Carapincho”

Tal vez hayas escuchado hablar de él, y si lo hiciste seguramente fue entre susurros y miradas atemorizadas. Es posible incluso que a tus oídos haya llegado la historia de su inmenso tesoro enterrado en una lejana isla olvidada de blancas playas y frondosa maleza.

Es mi deber advertirte que seguramente todo aquello que te cuenten sea cierto, más voy a completar esa historia con lo poco que conozco por boca de uno de sus también terribles marineros. No el más fiel por supuesto, pero sí el más indiscreto, al menos cuando el ron ha aflojado su juicio y lengua.

De profesión pirata, es conocido como capitán “Carapincho”. Ronda los cuarenta años aunque por las arrugas de su piel parece que pasaron muchos más inviernos. Lo cierto es que nadie puede decir a ciencia cierta su edad real ya que sus orígenes son desconocidos. Poco pelo en la cabeza que tapa de vez en cuando con un descolorido pañuelo de color negro con letras blancas que alguna vez debieron decir algo, aunque ahora solo se distingue la palabra MAR. Tupidas cejas parecen querer ocultar sus sesgados ojos del color del mar que le vio crecer, pero no en calma si no tempestuoso. Una boca pequeña aunque grande a la hora de soltar improperios, rodeada con barba de muchos días que de vez en cuando recorta algo, quizás para qué sus gruesos pelos de mil reflejos sigan haciendo honor a su apodo.

Un apodo que por supuesto le fue dado hace mucho tiempo por aquellos que más le temen y le siguen temiendo (Y si estás leyendo estás lineas tu también deberías hacerlo). Porque si la actividad de un pirata para que pueda llamarse así, incluye el saqueo, este del cual os advierto lo hace con uno de los bienes mas preciados que poseemos y que a veces pasa desapercibido: las risas de los niños.

Cada vez que arriba a un puerto o aborda un barco, busca sin descanso a los más pequeños, a aquellos que rien y lo pasan bien sin parar un segundo. Los somete a interminables sesiones de cosquillas cuyas risas pueden escucharse a kilómetros de distancia hasta que la última carcajada abandona sus a partir de ahora tristes cuerpos. Todo para llenar un carcomido cofre de madera. Su más codiciado tesoro.

Ninguno de sus acompañantes sabe el motivo, pero conjeturan con un hecho olvidado de un lejano pasado. Un niño sin risa que envidiaba a quienes la poseían hasta que decidió arrebatárselas.

Poco más pude sacarle al viejo marinero antes de que cayera dormido sobre la barra de la lúgubre taberna a causa de la borrachera, pero sirva esta breve información como advertencia si veis un navío bautizado irónicamente “Sonrisa”. Guardar vuestras risas a buen recaudo y no dejéis que os las robe este temible capitán pirata del cual os he hablado.