Somewhere in Providencia

Esta isla del tesoro perdida y olvidada en el inmenso océano es para ti

Mes: enero, 2021

Microcuento – Los amantes

—Los dos cuerpos yacían tumbados en mitad del bloque de hielo. Abrazados como si no fuese haber un mañana; irónico que realmente no lo hubiese. Es posible que la tormenta les pillara desprevenidos y decidieran darse calor mutuo. Dicen que la muerte por frio extremo es dulce; como un sueño. De alguna manera, tuvieron un bonito final. El que muchas parejas habrían deseado…

—En todo este tiempo no has cambiado nada. Sigues siendo el mismo romántico sin remedio… Dime ¿Como encajas en tu idílica historia el hacha incrustada en la cabeza de uno de ellos?

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La teoría de la nada

Allí estaba. El trabajo de una vida ante sus ojos. Terminado tras poner el punto final y una vaga fecha al pie de la última página. Incontables páginas de literatura en su estado más esencial. Con sus abstractas ideas e inigualable retórica. Con sus sutiles metáforas cargadas de sentido y sentimiento. La mismísima esencia de lo que debe considerarse obra de arte. Eterno.

El día de su publicación el mundo se paralizó. Aquí y allá la atrayente imagen de portada aparecía como si siempre hubiese estado allí y la muchedumbre se paraba frente a los carteles, señalaba y recitaba el eslogan que a simple vista había quedado inscrito en sus pupilas. Se habló de tal magna obra incluso en los telediarios justo después de los deportes.

Al día siguiente nadie recordaba tal evento. El mundo seguía girando y el autor. El artista. Comenzó a escribir para sus adentros una nueva historia repleta de contenido. Bella por definición. Que nadie recordaría. La teoría del todo. La teoría de la nada. Su título escrito en armónicos trazos de vacío lo decía todo:

«Efímero»

B – Una historia

«Amigo, deja que te cuente una historia, mi historia. Aunque es posible que al terminar desees nos haberla escuchado nunca. Que al igual que yo he hecho,  valores la posibilidad de agarrar un revolver, pegarte un tiro en la sien y olvidar toda esta pesadilla que no rodea. Que nos ha rodeado siempre.

¿Te has parado a pensar si todo lo que ves o sientes es tal y como lo ves y sientes?

No me refiero a una distopia de ficción al estilo “Matrix”, en la que lo que se ve y siente es una mentira creada en nuestras mentes, si no a algo real y horrible. Una realidad en la que yo soy un monstruo y tú eres otro monstruo que vivimos rodeados de una deforme e indescriptible oscuridad que devora todo intento de vida y se alimenta del miedo y el odio para seguir creciendo. Cierra los ojos y afina el oído  ¿Escuchas ahora su inquietante palpitar? Olvida todo lo que sabes o crees saber. Ahora mismo, en este lugar apartado solo existimos tú, yo y esa perenne tiniebla que llena cada pequeño espacio entre nosotros. Entre los átomos de este afilado cuchillo que mantengo paralizado en tu yugular y las partículas que forman el tejido de tu piel. Si presionara un poco más, esa oscuridad se mezclaría con tu sangre y se retorcería de ansia de más sangre fresca, por eso me niego a hacerlo, aunque en en lo más profundo de mis anhelos, esa tentadora idea se esté repitiendo desde el primer instante que tuvimos el encontronazo.

¿Cómo hemos podido llegar a esta situación?

Te juro que esta misma mañana, al levantarme de la cama yo era alguien normal. Alguien igual que tú. Alguien sin más sueños y preocupaciones que las cotidianas. De esas personas que al despertar se dan una cálida ducha, se visten apresuradamente y se toman un café de pie, para salir corriendo y no llegar tarde al trabajó. De esos que van de pie en el metro abarrotado como si allí no existiese nadie más. Todo esto que te estoy contando ha ocurrido hoy, igual que ocurrió ayer o habría ocurrido mañana si esa chica anónima que no le importa a nadie no hubiese decidido tirarse desde lo alto del acueducto y estamparse contra el suelo justo a mis pies.

No sé exactamente cómo ocurrió, pero en ese momento, en la calle estaba solamente yo. Piensa esto, vivimos en una gran ciudad de millones de habitantes… ¿Un individuo caminando completamente solo por una calle a plena luz del día? ¿Cómo puede ser posible? El sonido de todos sus huesos quebrándose silenció el de mis pasos y la imagen de su frágil cuerpo con todas sus articulaciones en ángulos imposibles ha quedado grabada en mi retina, al igual que mi reflejo en el brillo sus ojos completamente en blanco . En menos de un segundo, una gran mancha de sangre se había formado bajo el cuerpo como una pincelada, y en ese momento lo vi. De su cráneo abierto en dos, fluían lo que parecían ser sus sesos, pero lo hacían de forma antinatural, como si se tratase de un ser vivo arrastrándose. Me quedé paralizado al ver como esa masa viscosa crecía, mezclándose con la sangre de la acera y empezaba a tomar la forma de un sanguinolento ser de furiosa mirada, deformes extremidades y boca plagada de hileras de afilados colmillos. Intenté gritar, pero mi garganta no emitió ni el mas leve sonido. Silencio acompañado del vaho de mi respiración que comenzó a acelerarse descontrolada. Esa monstruosidad giró, fijó su mirada en mí y abrió de par en par su babeante mandíbula dejando al descubierto las vísceras supurantes de su interior.

Lo siguiente que recuerdo es a mi corriendo jadeante por la calzada de una gran avenida vacía. A mi espalda escuchaba gorgoteantes sonidos, pero en esos momentos no era capaz de echar la vista atrás. Sabia que esa cosa pisaba mis talones y que solo era cuestión de tiempo terminar descuartizado entre sus fauces. Frente a mí, el reloj de una torre envuelta en tinieblas daba las nueve y cuarto de la mañana y una espiral de espeso humo negro giraba en lo alto descontrolado. Extendiéndose en todas direcciones como un remolino de pura oscuridad.

Entonces apareciste de la nada, colisioné contigo, caíste al suelo y tu cabeza se golpeó contra él bordillo dejándote inconsciente. Con la presencia del monstruo cada vez mas cerca no había tiempo para auxiliarte, así que te cargué a hombros y continúe corriendo hasta que mis piernas dejaron de responder. Paré un segundo para tomar aliento, y en ese momento reparé en que todo alrededor había regresado a la normalidad. El mundo volvía a ser tal y como lo recordaba, con vehículos y gentes de rostros grises yendo de una lado a otro sin un destino claro. Sin reparar en nuestra presencia. Te arrastré hasta aquí y absolutamente nadie se preguntó que hacia alguien arrastrando el cuerpo inerte de una persona por la calle. Nadie apartó la mirada del móvil para comprobar que estaba ocurriendo a su alrededor. Al fin de al cabo,  la normalidad resulta tanto o más monstruosa que la pesadilla que había vivido.

¿Comprendes lo que quiero decirte?

Ahora estas aquí frente a mí. Dos completos desconocidos cara a cara, unidos por la misma pesadilla. La vida de uno está en manos de quien sustenta la espada que juzga que es lo que está bien o lo que está mal.

¿Qué piensas al respecto?

Amigo, ahora con mucho cuidado voy a liberarte, te dejaré marchar y nunca más volveremos a vernos las caras. Piensa en todo lo que te he contado y vive la breve vida que te queda, pues en un instante esta puede dar un volantazo y variar su dirección de forma drástica. Adiós».

Aparto lentamente el cuchillo de tu garganta. Parece que te has recuperado de la conmoción y te yergues cauto. Miras directamente mis ojos y no me parece detectar miedo alguno en tu mirada. Das un paso atrás y después otro. Espero que esta sea nuestra despedida.

¿Por qué me haces esto? – alcanzo a preguntar mientras veo tu espinosa y nauseabunda maraña de carne y hueso atravesando de lado a lado mi pecho, mientras continúas observándome con mirada indiferente. Normal. Ya nada importa, ni siquiera tu respuesta, aunque las ultimas palabras que alcanzo a entender mientras me derrumbo muerto, son una lógica explicación.

Sabes demasiado.

Microcuento – Road movie

Foto tomada en Rivas Vaciamadrid

Allí, por las carreteras del último círculo del infierno, no transitaban ni las almas.

Entre el cielo y el mar – 366 Haikus y Senryus

Ya está lista la edición Kindle de mi poemario

Hace casi tres meses que publiqué este poemario en papel en Amazón, y ahora he sacado tiempo para preparar la edición en e-book. Por si no lo sabeis, se trata de una colección de micropoemas de origen japones divididos entre las cuatro estaciones (primavera, verano, otoño e invierno) aunque me he permitido en ocasiones incluir microcuentos con sus mismas reglas (3 Versos de 5-7-5 sílabas respectivamente).

Como siempre, lo he puesto al precio minimo que permite (0,99€). Además lo he incluido en Kindle Unlimited, servicio que si teneis activado (Creo que el primer mes es gratis) os permitirá leerlo gratis.

¡Espero de corazón que os guste! (Y ya si lo leeis y dejais reseña, os estaria eternamente agradecido.)

Podeis conseguirlo en los siguientes enlaces:

España – Entre el cielo y el mar
Resto del mundo – Entre el cielo y el mar

Ríe luna

Ríe luna, ríe
Ríe maldita luna
Allá en lo alto
Siguiendo divertida
Nuestros erráticos pasos

Ríe luna, ríe
Ríe maldita luna
Allá en lo alto
Redonda y radiante
Donde no es posible alcanzarte

Ríe luna, ríe
Ríe maldita luna
Allá en lo alto
Y observa riendo
Como el tiempo va expirando

Ríe luna, ríe
Ríe maldita luna
Allá en lo alto

¿De quién te reirás luna
Cuando no exista el ser humano?

Microcuento – Mano negra

–¡Jefe! Póngame un vaso del mejor wiski que tengas con un par de hielos. Pero no de ese que pones a los pardillos. Del bueno. Del que tienes escondido bajo la barra.

—Cuantos años sin verte por aquí. Incluso llegué a pensar que habías dejado la bebida ¿Que celebramos?

—La dejé. En serio. Llevo siglos sin probar un puto trago. Pero hoy no celebro nada. Es más bien una despedida… «Mano negra» ha regresado a la ciudad. Lo vi llegar con su montura por el camino principal.

–¡Que Dios nos pille confesados! Creí que la pesadilla había terminado. Permite que te acompañe con un buen trago. Creo que todos vamos a necesitarlo.