Somewhere in Providencia

Esta isla del tesoro perdida y olvidada en el inmenso océano es para ti

Etiqueta: poesía

El poema sin fin (Acróstico)

Encerrado en mí
Tomé papel y lápiz.
Empecé a escribir versos.
Rápidas palabras sin sentido.
Nadie puede descifrarlos.
Imaginar el significado
De un poema sin fin.
Acabará donde empezó,
Donde nacen y mueren los sueños.

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El mar de hierba

Campo florido

Navegante de un mar de hierba.
Verde de la esperanza de la primavera
Salpicado de coloridos veleros
con pétalos desplegados
capeando armónicas olas
al son de la brisa de la mañana.

Navegante hasta que las luces se desvanezcan
y solo la estrella del norte brille como una inmóvil luz guía
a la que poder seguir hasta que despunte un nuevo día
en tu largo viaje hasta tu destino.
Desconocida y fascinante eternidad
u olvido.

Amanecer – Acróstico

Amanece.
Muere la noche.
Avanzo.
No hay más que hacer.
En el camino hacia el «tajo».
Caen gotas de sudor
En las calles vacías
Rodeadas de grúas.

B – Poema – Aves en el paraíso

Alegría primaveral.
Brotes verdes y cielos azules,
campos espigados
y pájaros;
un millón de pájaros
capeando los vientos
y entonando himnos
a la pura libertad.

Sombras entretejidas
en las aceras vacías,
tórtolas en la calzada,
mirlos en las ramas,
gorriones en la baranda
y erigiendo nidos de barro
en el alfeizar de la ventana
unas golondrinas.

Las nubes se tornan grises,
se oscurece el día.
Rayos y centellas.
Redoble de truenos
y bajo la tormenta
las aves juegan
como antes los niños,
a sortear gotas de lluvia.

La ola

Ola 2

Hola.

Naciste mar adentro, donde el infinito azul del mar se codea con el cielo.

Hija de la luna y de las mareas.

Naciste para avanzar siempre, sin detenerte.

Saltas sobre las aguas haciendo cabriolas.

Vestida con una corona de blanca espuma y un vestido de burbujas, sorteas los navíos dejando tu plateada estela.

Saludas a las gaviotas
cuando te acercas a la costa.

Regalas un último brindis al sol
cuando acaricias la playa.

Llega el final del viaje.

Te mezclas con la arena.

Desapareces dejando un fugaz y húmedo legado.

Adiós.

Ciudad Esperanza – Acróstico


Esperando al otro lado del mundo
S
e yergue Ciudad Esperanza.
P
oesía erigida con acero y cemento.
E
scenario de acristalados muros
R
ociado de haces luminosos
A
guardando brillante al solitario
N
iño huérfano en mitad del sueño.
Z
agal que encuentre su hueco
A
llí donde todos acaban huyendo.

___***___
Este Acróstico complementa La ciudad Sin Esperanza. Al final todo tiene su reverso y ambos se necesitan para existir.

Bailabas entre la niebla

Cuentan que te vieron
bailando entre la niebla.
Una negra y fugaz silueta
enrollándose con ese gris velo
girando y riendo.

¿Puedes creerlo?

Yo que yacía a tu lado
puedo asegurar que dormías.
Con tu pecho subiendo
y bajando plácido.
Subiendo y bajando.
Tal vez soñando
que danzabas rodeada de niebla
girando y riendo.
Enrollándote en su gélido velo
en un húmedo abrazo.

Bajo un frío sol de invierno

Lo miraba en la distancia
al otro lado del camino
hiciera sol o nevara.
Día y noche
por su imagen suspiraba.

Triste vida de enamorados
qué ven en sus anhelos
un utópico imposible
pues por designios del destino
sus cuerpos son inmóviles
y están separados
a merced de los caprichos
de cíclicas estaciones
y un polvoriento camino.

Más las raíces son profundas
y su deseo imparable,
y se extienden hasta acariciarse
y entrelazarse.

Vientos helados soplan,
zarandean sus esbeltos tallos
y al son de su incesante silbido
bajo un frío sol de invierno
extienden hasta agarrarse
sus esqueléticas ramas
para formar cuando el tiempo temple
anudados a sus cuerpos y almas
nuevos brotes verdes,
flores de delicados colores
y frutos de mil sabores.

Esa voz sin sentido

Donde quiera que esté siempre escucho esa voz.

Un susurro suave y armonioso que me acompaña aún donde impera el silencio.

Agudo y a su vez tan grave como la violencia que oculta tras su aparente calma.

Fundiéndose con el viento entre los árboles.

Con el repicar de la lluvia.

Con los truenos que retumban en la distancia.

Con el cantar de los pájaros al atardecer.

Y con esos sonidos que no parecen existir que provienen de ti y de mi como un lenguaje desconocido que intuimos al cruzar nuestras miradas.

Manando de nuestro interior.

De nuestros corazones cuando laten pausados, en ese instante previo a bombear sangre con la energía que otorga el estar excitado.

Tan excitados.

Quisiera poder definirlo como una esperada llamada.

Como un grito mudo que nos hace mirar el lienzo del firmamento y sus estrellas esbozadas.

Siempre tan lejanas.

Buscando un origen incierto.

Un destino que irremediablemente nos aguarda.

Quisiera que lo entendieras.

Que pudieras explicarme el sentido de esa voz que resuena en mi cabeza.

Qué parece repetir una y otra vez:

«Haz lo que quieras».

Entradas al abismo

Recuerdo como miraba esos dos pozos oscuros esforzándome en vislumbrar algo en el fondo, donde las tinieblas son más densas y la luz desconocida.

Recuerdo caminar por el borde de los abismos. Aventurarme hasta donde la claridad del día se ensombrecía. Siempre imaginando lo qué se escondía allá donde no alcanzaba la vista.

Recuerdo no poder pensar en otra cosa. Consecuencia de la juventud y su inconsciente valentía. Llegar demasiado lejos, donde otros antes que yo cayeron, y caer y seguir cayendo a plomo en esos pozos negros sin fondo en un ciclo eterno.