Somewhere in Providencia

Esta isla del tesoro perdida y olvidada en el inmenso océano es para ti

El remedio contra el estado de alarma – "Autorretratos de un bufón loco" gratis sábado 21 y domingo 22

Tal y como reza el título de la entrada, pongo gratis de nuevo a vuestra completa disposición hoy sábado 21 y mañana domingo 22 la edición digital de “Autorretratos de un bufón loco”.

Sus 358 páginas y más de 200 escritos para hacer más amenas las eternas horas encerrados en vuestros hogares.

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España:

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Resto del mundo:

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Relato – Llueve

Llueve eternamente

Llueve. Lleva toda la noche lloviendo y ahora que comienza a clarear el día veo a través de mi ventana como las nubes grisáceas no cesan de escupir perezosas gotas sobre las aceras que reflejan la mortecina luz de las farolas que aún no se han apagado.

Llueve. En la calle no se ve ni un alma. Parece un fotograma de una de esas viejas películas postapocalípticas. Coches aparcados desde quien sabe cuándo; inmensos charcos emitiendo continuas ondulaciones; un par de gorriones atusando su plumaje sobre la barandilla de una terraza; una suave brisa mueve las ramas de los árboles que comienzan a mostrar los primeros brotes de la nueva estación. El mundo parece sumido en un embriagador sueño del que no sabe cuándo despertará o querrá despertar.

Llueve. Me quedo ensimismado viendo los gruesos goterones que resbalan por el cristal; sus reflejos, distorsiones y refracciones; sus hipnóticos recorridos verticales hacia el suelo; son el prisma de este nuevo amanecer que llora desconsoladamente. Desde esta perspectiva parece que afuera se moviese un universo extraño; con su propia física y su propio tiempo ajeno completamente al nuestro. Sin prisas; sin nada que hacer mas que descargar el lloro acumulado durante milenios de aguantarse. ¿Dejará algún día de lamentarse?

Llueve. Escucho el lejano sonido de una puerta cerrándose entre el repiqueteo de las incesantes gotas de lluvia. Seguramente se trate de algún vecino sacando a pasear a su mascota bajo la lluvia. Un fugaz paseo al parque de enfrente de casa para que haga sus necesidades y vuelta a casa no vaya a ser que pase una de las patrullas policiales y le pare. Le haga preguntas. Las preguntas siempre son incomodas en una situación como esta. ¿Lleva usted la documentación del animal encima? ¿Esta en regla? ¿Cuántas veces lo saca usted al día? ¿Cuál es su dirección? ¿tiene usted síntomas? Las preguntas generan miedo, impotencia y ansiedad. La historia de siempre desde que comenzó este interminable tormento.

Llueve. ¿Cuánto tiempo llevamos encerrados ya en casa? Tengo la amarga sensación de que las paredes se encogen día a día; hora a hora; minuto a minuto. Recuerdo aquellos primeros días en que pensábamos que pronto podríamos disfrutar de nuevo de libertad, pero el tiempo fue pasando y las medidas para paliar la plaga se hacían cada vez más contundentes. No parece haber un fin en el horizonte. ¿Dónde quedaron aquellos primeros atisbos de solidaridad en la población? Salíamos en masa a aplaudir desde las ventanas y terrazas a todos aquellos que luchaban incansables por contener la enfermedad; los que se exponían a la infección por todo el resto de nosotros. Médicos, enfermeros, trabajadores de la limpieza, cajeros y reponedores de supermercado… Era algo realmente bello el salir y escuchar el eco de los miles de aplausos en la distancia. Esa sensación de ánimo; de formar parte de algo grande; inmenso; inútil. Todos murieron. Poco a poco. Enfermaban y la enfermedad iba haciendo estragos en su organismo debilitado por la continua exposición a nuevos casos.

Llueve. Me vienen a la cabeza una y otra vez las escalofriantes imágenes que no dejaban de emitir los telediarios y los programas sensacionalistas. Esos fríos pasillos de hospital atestados de gente enferma por todos lados. Sentados en sillas, de pie, tumbados en el suelo tapándose con una manta. La enfermedad no hacía distinciones de color, religión u origen. Gente desesperada llorando, convulsionando y observando impotentes como cada rato iban llevándose en camillas a gente por la que no se podía hacer nada; directas al crematorio en bolsas opacas y negras.

Llueve. Las nubes grises que cubren el cielo no permiten que olvide los nubarrones negros saliendo de las chimeneas continuamente. Al menos es agua. Preciosa agua. Fuente de vida y no la ceniza que caía silenciosa aquellos días. Era como nieve grisácea que se acumulaba sobre todo lo que estuviese en la calle. Todo se veía como un filtro granulado de tonos grises apagados. Y aquel olor. ¿Quién es capaz de olvidar el olor a muerte? Ese olor capaz de impregnar todo. Salías a la calle y regresabas oliendo a muerte. Ni duchándote y restregando el cuerpo con jabón y perfume eras capaz de eliminar ese olor de las fosas nasales. Era como si quedara incrustado al hemisferio cerebral que procesa los olores. Aquel que olía la muerte ya no era capaz de olvidarla. Aún hoy, meses después de que aquellas medidas se suspendieran, soy capaz de rememorar ese olor. ¿Quién no es capaz?

Llueve y seguirá lloviendo sobre nuestra tumba. ¿Cuántos quedamos vivos? Hace tiempo que dejaron de dar datos oficiales. Supongo que ya ha dejado de importar. Los que vivimos o creemos que vivimos, salimos de casa únicamente para ir a recoger los víveres que nos suministra el ejercito cuando nos llega el turno asignado o a pasear al perro aquellos que tienen la suerte de tenerlo y cada vez es más absurdo, pues día a día desertan los militares; o mueren; nadie dice nada y a nadie importa. Asistimos en directo al ocaso de la humanidad mientras llueve. Llueve eternamente sin atisbos de que valla a escampar alguna vez, y si alguna vez lo hace seguramente no lo veremos.

Llueve. Al menos mientras espero el final puedo ver llover. Después de todo esta lluvia es lo único tangible que nos queda en este planeta que no nos echará de menos cuando la naturaleza siga su curso y conquiste lo que creímos haber conquistado en nuestros delirios de grandeza. Siempre me gustó el sonido de lluvia en ventana y hoy su melodía suena melancólica. Melancólica y perfecta para estos días decadentes en los que los muertos en vida solo podemos mirar a través de la ventana la lluvia caer.

Microcuento – Teletrabajo

¿Quien nos podría decir que nos mandaban a teletrabajar y no saldríamos a la calle nunca más?

—***—

Basado en hechos reales

El día que muera el amor

YO

Puedes escucharlo todos los días.

Se trata de un argumentario reiterativo. Una suerte de auto proclamación y reivindicación del YO como centro del universo. Reproducciones de discursos genéricos que ensalzan y transforman la persona que llevamos dentro en un producto de mercado más. Falsa libertad guiada como un rebaño.

¿Por cuanto te vendes?

“YO visto de manera diferente al resto. Soy mi marca personal.”

“YO soy especial. Me valgo por mi mismo y no necesito a nadie que me ayude.”

“YO recorro mi propio camino y no me ato a nadie.”

“YO no comprendo a la gente que vive en pareja. Se casa. Tiene hijos.”

“YO vivo mi propia vida.”

“YO valgo más que esas personas”

El YO como estandarte. El YO como escudo. El YO como espada. El YO como enemigo del TU, EL, NOSOTROS, VOSOTROS y ELLOS.

Llámalo como quieras.

Amor propio.

Onanismo.

Egoísmo.

YO = YO

Eliminar de la ecuación de la vida los factores ajenos al YO Lleva irremediablemente al patíbulo a aquello que implica algo más que el YO.

La muerte del amor.

“Por eso YO necesito de TI.”

___***___

El Tubo

Todos los días maldigo al que nos engañó con el tópico “el trabajo dignifica”. Un ser perverso y cruel que aplastó una existencia como animales en la búsqueda de la supervivencia sin más preocupaciones que acostarse con algo que llevarse al estómago. O vivíamos o moríamos según nuestras fortalezas. Un trato justo. Pero alguien decidió que era más digno levantarse cada día en una rutina interminable para hacer que unos pocos vivan como Reyes y otros supliquemos las migajas. El fuerte toca la campanilla y el débil se desvive para lamer sus botas por si se deja caer alguna moneda de hojalata de forma completamente casual. La muerte sin duda es más digna.

Esa cruel maquinaria esta tan bien engrasada que cualquiera que se desvíe de la ruta trazada es tratado como un paria. El sistema se ha interiorizado de tal forma que hasta el colectivo más inteligente, la mujer, que siempre se mantuvo al margen de esa vorágine que devora nuestras vidas poco a poco llegó a pensar que era un privilegio y luchó por unirse para tirar del arado. Lo consiguió y ahora ya no hay vuelta atrás. Son otros engranajes que giran tirados por los dientes de engranajes más poderosos y ya no existe el tiempo para hacer de lo natural algo normal.

Ya no se recuerda el día en que todos los niños se empezaron a fabricar en laboratorios.

¿Quieres un hijo?

Firmas una hipoteca y lo tienes de catálogo. Nosotros elegimos un niño rubio de pelo rizado y ojos grises. 49% genética mía y 51% de mi pareja. La quiero mucho e hice esa pequeña concesión. Ahora los dos nos vemos abocados a trabajar al menos cuarenta años sin descanso. La moratoria de pago en los préstamos de natalidad implican además de una enorme caida del estatus social, la retirada del retoño y traslado a una cadena de separación de residuos de por vida. Ellos te dan vida, ellos te la quitan, o al menos disponen de ella.

Todos los días me pierdo en estos triviales pensamientos cuando llego al Tubo. El medio de transporte del trabajador mundano de la central de energía solar de la luna, donde por turnos de veinticuatro horas se trabaja sin descanso.

Pero hoy al llegar algo era diferente. Una enorme congregación de trabajadores abarrotaba paralizada el acceso. Se veían en sus rostros reflejada la la sorpresa y la desesperación.

¡El Tubo había sufrido un problema técnico de difícil reparación!

Los altavoces en lugar de dar instrucciones para mantener el orden de entrada al transporte repetían sin cesar un mensaje insólito:

“Estimados trabajadores, se están realizando unas reparaciones en el Tubo que se estima se prolongarán por más de una semana. La compañía les otorga este periodo de vacaciones. Regresen a sus hogares y disfruten del tiempo libre. Muchísimas gracias por su comprensión.”

Aún resuenan esas palabras en mi cabeza como un eco.

“Regresen a sus hogares y disfruten del tiempo libre.”

“Regresen a sus hogares y disfruten del tiempo libre.”

“Regresen a sus hogares y disfruten del tiempo libre.”

¿Y que coño pretenden que hagamos en el tiempo libre?

___***___

Este relato, tiempo al tiempo, será (o es) tan terriblemente realista que acojona. Por suerte podéis tenerlo para siempre junto a doscientas bufonadas más en:

Autorretratos de un bufón loco

Además de conseguir un pedazo de libro por menos de lo que piensas, mis beneficios los donaré a la ONG Reforesta. Creo que es un buen trato 😉

La noche de las cuatro estaciones

Como en un enorme lienzo de colores pastel ella miraba inmóvil a través de la cristalera la silenciosa lluvia caer. Observaba cómo las doradas hojas se desprendían de las ramas mecidas por un suave viento e iban descendiendo en un tranquilo planeo que finalizaba al contacto con el suelo. Sus ojos color miel eran un espejo del otoño impasible que hacía su trabajo en el exterior. Albergaban lágrimas que no se decidian a comenzar su descenso mientras que sus ojos húmedos parecían dos bolas de cristal que guardaban en su interior la dolorosa tristeza de quién ha amado ciegamente, pero el destino ha hecho que todo termine, abriéndole los ojos a la cruel realidad.

El sol oculto tras las grises nubes que cubrían el cielo comenzó a retirarse en el invisible horizonte, dejando paso a una blanca y brillante luna y millones de estrellas que tampoco se dejarían ver esa noche en aquel lugar perdido en algún lugar de Providencia. El mundo se sumió en la más absoluta oscuridad y como conscientes de que la negrura las protegería de ser descubiertas, las lágrimas comenzaron a brotar iniciando así su furtivo descenso por sus blancas y suaves mejillas. Mientras lloraba como la lluvia incesante del exterior poco a poco su corazón se fue congelando como sumido en un aparente eterno invierno. Una lágrima sin rumbo llegó por azar a sus perfectos y carnosos labios pero estos detenidos en el tiempo dejaron que la salada encarnación de la tristeza se alojara en su boca hasta desaparecer dejando su amargo sabor.

El suelo tembló y en algún lugar del departamento una ventana mal cerrada se abrió, dejando entrar una fuerte ráfaga de viento que recorrió los pasillos, descendió las escaleras, atravesó el living e hizo que los oscuros y largos cabellos de la reina de hielo se acudieran como una pequeña barca en el centro de una tempestad. De entre los hilos de brillante azabache, un blanco espía que se ocultaba, casualmente se separó del grupo y se quedó cruzado ante su rostro, rozando suavemente su nariz como intentando dar consuelo a aquel bello ser qué le daba cobijo. Ella alzó su delicada mano adornada únicamente con un anillo de plata y lapislázuli con la intención de apartarla y seguir perdida en el infinito de la soledad, pero al ver el reflejo plateado de una cana fuera de su tiempo algo cambió en su interior. Las fuentes de sus ojos se secaron y como si repentinamente hubiera llegado la primavera, dos margaritas florecieron en la comisura de sus labios.

estaba en plena oscuridad pero en un instante una pequeña llama había comenzado a arder en su interior y su suave calor fue llenando poco a poco su cuerpo, haciendo que los recientes suspiros se fuesen tornando tranquila respiración. El Fénix renacia una vez más de su letargo entre las cenizas de un corazón roto. Y de esta manera sus ojos que habían comenzado a recuperar el brillo, se cerraron lentamente dando paso al reparador sueño.

La despertó el alegre cantar de un ave posado sobre la baranda de la terraza. El sol asomaba en el horizonte dejando escapar rayos de intensa luz por entre las pocas nubes que aún no habían sido arrastradas lejos por el viento otoñal. Un arco iris nacía de un charco cercano llenando de color una maravillosa mañana. la noche y el pasado habían quedado atrás dejando paso al día y el presente. El futuro se veía en ese instante colorido cómo ha de verse siempre.

Ella se despertó emitiendo un suave bostezo y al observar la escena que el nuevo amanecer había pintado tras la ventana sonrió radiante como queriendo competir con el alba. Y aquél día fue feliz.

___***___

Resubo la que oficialmente fué la primera entrada de este blog el 4 de Mayo del 2014, cuando aún estaba trabajando en Chile. Este texto revisado es uno de los incluidos en “Autorretratos de un bufón loco” (Junto a 200 más) ¡Espero que os guste!

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Fugaz recuerdo V

El día que ella se fue el mundo se silenció y solo quedo un incesante eco de súplica y desesperación.

Quedó en las cuatro paredes que nos cobijaban un agujero temporal paralizado en esa fatídica hora en que partió.

Un rastro de plumas blancas alejándose hacia la ventana abierta de par en par quedó como única prueba del vacío que dejó en aquel lugar.

Con ella se alejó también la luz. Y a la tenue llama de las velas vimos la felicidad marchitarse y el futuro tornarse oscuro. De un negro que dolía observar. Que obligaba a apartar la mirada y llorar.

Tenia nueve años y al día siguiente iba a cumplir diez. Se fué y se llevó consigo mi sonrisa y la alegría. La sonrisa y alegría del niño perdido que sigo siendo aún hoy.

Exactamente veinticinco años después desde su nube me las devolvió. Nació Minerva y desde entonces la alegría regresó al hueco que jamás debió haber abandonado aquel lejano y helado marzo en que falleció.

—***—

6 de Marzo, un punto de inflexión en mi vida. Un 6 de marzo perdí a mi Madre y un 6 de marzo nació mi hija Minerva. Este 6 de Marzo está publicado “Autorretratos de un bufón loco” tanto impreso como digital. Te animo a hacerte con él por muy poco y adentrarte en sus muchas páginas cargadas de historias y vivencias. Estoy seguro que te gustará.

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Microcuento – Campamento de verano

Eran días de verano.


–¡Vamos chicos, todos arriba! No me gustaría que llegásemos tarde–. Dijo el hombre mientras contaba mentalmente los niños que iban amontonándose en lo alto del carro; no quería dejar atrás a ninguno de los chiquillos. Partieron jugando, empujándose, cantando y riendo. No habrían ido tan felices si hubiesen sabido que donde se les aguardaba era el matadero.

Cruce de caminos

Ocurrió en el breve lapso de tiempo
Qué sucede en el cruce de caminos
De dos perfectos desconocidos
En direcciones opuestas

Le miraste a los ojos
El té devolvió la mirada
Ambos sonreísteis
Se sonrojaron vuestras mejillas

Hay quien lo llamará magia
y quién dirá que fue química
Destinos cruzados
Tonterías al fin de al cabo

Después de todo
Continuasteis vuestro camino
Como si nada hubiese pasado

La cascada del fin del mundo

El crucero al fin zarpó
Surcando una mar en calma
Dejando atrás estelas de plata
Y el pasado despidiéndonos
Apesumbrado para siempre
Desde los muelles

Un navío cargado de sueños
De deseos olvidados
De creencias increíbles
De verdades engañosas
De ilusiones
Fe
Y falta de ella

Comenzó un viaje al más allá
Hacia horizontes perfilados
Viaje de ánimas con ánimo
Y locos buscando cordura
O nadar en ella
Libres
De querer demostrar
Lo indemostrable
De creer

Ochenta y un días de viaje
Y sus oníricas noches
Nubes oceánicas
Violentas tormentas
Salvaje oleaje
Prados de estrellas
Camaleónicas lunas
Auroras boreales
Amaneceres cristalizados
Por un viento cada vez más frío
Que nos dejaba helados

Una tarde comenzó
A escucharse el ruido
Al principio un murmullo
Después atronador lamento
Al final un infierno sonoro

El viaje llegaba a su fin
Enfrente congeladas aguas
Caían por el borde del mundo
Hacia el vacío del universo
Tan desconocido y bello

Y así arremolinados en cubierta
Nos precipitamos hacia el infinito
Conocedores de una realidad encubierta
Por otras fuerzas
Sin testigos
Pero con nuestros sueños cumplidos

___***___

Los conspiranoicos me resultan gente entrañable. Capaces de creer lo que sea con tal de no aceptar está realidad. La teoría de la tierra plana es tan absurda que partir en un viaje para demostrarlo requiere una fe inquebrantable. Y el acto un cierto romanticismo. ¿Y si se hace realidad su sueño? Creo que soy el tipo de persona que desearía que estuviésemos todos equivocados. ¡Se iban a enterar esas manos negras que mueven los hilos del mundo!