Somewhere in Providencia

Esta isla del tesoro perdida y olvidada en el inmenso océano es para ti

Categoría: Relato

El árbol sin estrella

Como cada año en estas fechas llegó el día de montar el árbol de Navidad. Bajamos al trastero a rebuscar las cajas con los adornos entre los cachivaches sin utilidad que almacenamos para reutilizar algún día que nunca llegará. Finalmente nos pusimos a colocar en familia bolas plateadas y cintas doradas sobre las ramas de plástico.

¿Alguien ha visto la estrella?

La caja estaba vacía y la vieja estrella de madera pintada de blanco era lo único que faltaba para coronar el colorido y brillante árbol de Navidad.

Nos miramos unos a otros con cara de interrogante, pero nadie parecía saber el posible paradero de la estrella.

-No os preocupéis por eso. ¡Aquí está mamá! Os traeré una estrella en menos de un minuto- Dijo mi madre colocándose unos guantes y dirigiéndose a la puerta del jardín con prisa.

Efectivamente en menos de un minuto estaba de vuelta con una cegadora estrella entre sus manos. Había dejado la escalera apoyada en la fachada y en la estrellada bóveda nocturna un hueco oscuro justo en mitad de la nebulosa bola de nieve azul.

—***—

¡Feliz Navidad a todos!

Esa voz sin sentido

Donde quiera que esté siempre escucho esa voz.

Un susurro suave y armonioso que me acompaña aún donde impera el silencio.

Agudo y a su vez tan grave como la violencia que oculta tras su aparente calma.

Fundiéndose con el viento entre los árboles.

Con el repicar de la lluvia.

Con los truenos que retumban en la distancia.

Con el cantar de los pájaros al atardecer.

Y con esos sonidos que no parecen existir que provienen de ti y de mi como un lenguaje desconocido que intuimos al cruzar nuestras miradas.

Manando de nuestro interior.

De nuestros corazones cuando laten pausados, en ese instante previo a bombear sangre con la energía que otorga el estar excitado.

Tan excitados.

Quisiera poder definirlo como una esperada llamada.

Como un grito mudo que nos hace mirar el lienzo del firmamento y sus estrellas esbozadas.

Siempre tan lejanas.

Buscando un origen incierto.

Un destino que irremediablemente nos aguarda.

Quisiera que lo entendieras.

Que pudieras explicarme el sentido de esa voz que resuena en mi cabeza.

Qué parece repetir una y otra vez:

«Haz lo que quieras».

Entradas al abismo

Recuerdo como miraba esos dos pozos oscuros esforzándome en vislumbrar algo en el fondo, donde las tinieblas son más densas y la luz desconocida.

Recuerdo caminar por el borde de los abismos. Aventurarme hasta donde la claridad del día se ensombrecía. Siempre imaginando lo qué se escondía allá donde no alcanzaba la vista.

Recuerdo no poder pensar en otra cosa. Consecuencia de la juventud y su inconsciente valentía. Llegar demasiado lejos, donde otros antes que yo cayeron, y caer y seguir cayendo a plomo en esos pozos negros sin fondo en un ciclo eterno.

Poema – Con ojos de górgona

Mira que me lo advirtieron
y aquí estoy perdido para siempre.
Por perseguir un sueño,
una utopía
de cabellos arremolinados
latentes de vida
y formas orgánicas
de movimientos serpenteantes.

Mira que fui advertido
por los oráculos,
y los viejos sabios,
y los parroquianos de taberna,
y los cuentos de niños
qué quitan el sueño
en las noches más oscuras
cuando las llamas se desvanecen
en volátiles hilos de humo.

Mira que fui ingenuo
por creer que esa magia no existía.
Por pensar que
esos cuerpos desgastados
y petrificados
serían cosa de algún pasado
lejano.

Tan lejano…

Y ahora aquí estoy
viendo tornarse mis huesos,
órganos, músculos y piel,
fría piedra inerte.
Y todo por mirar directamente
los ojos de la «Gorgona»
e intentar decir sin palabras
qué escapen de mis paralizados labios
un simple:

«Te necesito».

Acróstico – La flor del desierto

La frágil flor del desierto
Aguardaba en soledad

Fantaseaba bajo el sol
Lunas y estrellas
Orando por una visita
Reclamando una mirada

Desde tiempos inmemoriales
Esperaba enraizada entre la arena
Lamentando su suerte

Dicen que un ardiente día
El horizonte dibujó una figura
Silenciosa y serena
Inclinada por el peso de la vida
Encontró esa joya de la naturaleza
Rozándola con sus arrugadas manos
Todo terminó en un momento
Otra flor marchita por egoísmo

La casa del jardín de estrellas

Soñando universos

¿Recuerdas cómo llegamos a la casa del jardín de estrellas?

Noche tras noche, al cerrar los ojos, volábamos como golondrinas enamoradas siguiendo la estela de un astro olvidado. Dábamos piruetas acariciando la nada. Su materia oscura. El todo. Típica contradicción onírica que nos hacía repetir una y otra vez los encuentros.

Noche tras noche la misma senda.

Girábamos. Nos abrazábamos. Nos besábamos. Nos mareábamos viendo incontables y diminutos soles centrifugarse alrededor nuestro. Tú y yo éramos el epicentro del universo.

Y al finalizar una de las vueltas, y mientras las estrellas volvían a ocupar su descanso a millones de años luz de nuestra posición, nos dimos cuenta de que sin imaginarlo habíamos llegado a una nueva localización del vasto espacio.

En medio de la negrura, una preciosa casa de formas orgánicas nos daba la bienvenida con sus puertas abiertas. Un jardín de estrellas en flor en tal concentración a su alrededor que parecía la congregación de todas las luciérnagas del universo, invitaba a dirigir los pasos hacia el descanso que ofrecía su porche.

Y el sueño nos arrastró hacia allí como la traicionera corriente en las aguas profundas, y nos llenó de la misteriosa curiosidad que nace del descubrimiento de lo desconocido.

Y lo desconocido dejó de serlo cuando ella nos recibió con los brazos abiertos. La calidez de quien lo envuelve todo. La mismísima Diosa, que un día soñó todo y al despertar, su sueño se había materializado. Aunque luego se hundió en el olvido cuando descubrió que lo que había creado no tenía ningún interés y decidió seguir soñando otras realidades.

—Queridos, pasad y sentaos. Descansar del largo viaje que guía vuestro sueño —dijo señalando una mesa redonda de piedra labrada cubierta con un mantel de tupido musgo. A sus lados, había sillas de idéntico acabado. Las más cómodas en las que jamás nadie se había sentado.

Eso hicimos, y la mesa se llenó de las viandas más exóticas por cortesía de nuestra anfitriona. Platos procedentes de todos los rincones de un millón de universos llegaban sin interrupción para deleitarnos la vista, el olfato y el gusto, mientras el tiempo quedaba congelado en aquel refugio situado en el origen de la existencia.

Hablamos durante eternidades de todo tipo de temas y compartió con nosotros más conocimientos de los que podíamos soñar con asimilar. Su sola presencia nos hacía creer que disfrutaríamos para siempre de esa eternidad que parecía envolver todo. Sin embargo, todo terminó en un instante eones después con unas simples preguntas que la planteé:

—¿De verdad soñaste todo aquello que nos has contado?

¿Incluso este instante?

¿Esta misma pregunta?

Solo necesitaba un sí o un no por respuesta, y su respuesta fue el silencio. Un silencio que hizo que todo aquel universo de ensueño se desvaneciera, dejándome solo, flotando en el vacío.

Entonces lo comprendí.

¿De verdad soñé todo aquello que te he estado contando?

Contar historias. Hacerlas realidad. Soñar y hacer que se realice lo soñado. Crear universos. Poblarlos. Extinguirlos para moldear algo nuevo. Imaginar que lees esto. Que en realidad lo estés leyendo. Que te haga pensar y soñar. Que esos pensamientos y sueños se transformen en tus manos en otros universos e historias que repitan el ciclo.

Me miré a mí mismo en el espejo de la soledad y vi el único y verdadero Dios: uno mismo. Dispuesto a crear una nueva existencia. Un nuevo universo. Una nueva historia. Un nuevo sueño…

Y descansar.

«Mayyuws Minh (Sin esperanza)» – Novela corta de ciencia ficción distópica ya publicada.

El futuro os espera

Pues lo dicho. Hoy ya está disponible mi nueva novela corta de ciencia ficción distópica titulada «Mayyuws Minh (Sin esperanza)». Mi libro numero 13

La sinopsis de la historia es la siguiente:

En el año 2114 la totalidad de la población terrestre vive en el interior de «Mayyuws Minh» una megalópolis abovedada. Allí, bajo la atenta supervisión de Adrastea casi todos gozan de puesto de trabajo y servicios de ocio para poder disfrutar del momento.
El día que a Vidar, un ingeniero informático, se le comunica el despido por motivos organizativos decide darse una fiesta de lujo con el importe del finiquito, durante la cual conoce a una joven recién salida del centro de formación llamada Danna que no acepta el rango y puesto de trabajo que se le ha asignado al finalizar los estudios.
A raíz de tal encuentro, ambos se ven envueltos en una serie de acontecimientos que les llevarán a conocer una realidad que nunca habían llegado a imaginar.

La cubierta que me he currado para la edición física.

Como oferta de lanzamiento, hasta el proximo miércoles dia 13 (Incluido) la edición en tapa blanda estará a tan solo 3,5€ y la edición kindle a 0,95€. Además si tienes suscripción a kindle unlimited puedes leerla gratis.

Espero que si os animais a haceros con una copia os guste esta historia cargada de aventuras en un futuro para nada descabellado. A mi desde luego me ha encantado escribirla.

Links (Si resides en otra zona, tambien estará en tu mercado de Amazon. Buscala sin más):

Amazon España: Mayyuws Minh (Sin esperanza)

Amazon general: Mayyuws Minh (Sin esperanza)

Descubridor de un nuevo mundo

Agujero negro

I

Huí.
Sé muy bien que huí.
Escapé una mañana para no regresar.
Con las manos amarradas en el volante.
El pie anclado en el acelerador.
El corazón atrás destrozado en medio de la calzada.
Despegue rumbo a lo desconocido.
Autopista de estrellas en el horizonte.
Y mi antiguo diminuto mundo detrás.
Haciéndose cada vez más pequeño en la distancia.

II

¿Cuánto tiempo puede alguien estar huyendo de su pasado?
¿Alguna vez los recuerdos se desvanecen para siempre?
Noche tras noche no dejaba de atormentarme arropado en pesadillas.
Despertaba empapado de sudor.
Gritando en la soledad de la enorme distancia recorrida.
No creía que tuviera otro futuro que empacho a base de lamerme las heridas que no iban a cicatrizar jamás.
Entonces lo vi.
Un enorme túnel negro que se retorcía como un gusano.
Un gusano que se alimentaba de personas como yo.
Sin nada que perder.

III

¿Que puedo perder?
El cosquilleo que ofrece lo desconocido se instaló en el interior de mi cerebro.
La neurona que dicta los impulsos se desperezó y grito.
Hazlo!
Y lo hice.

IV

El viaje fue un suspiro.
En un momento estaba en un lugar indeterminado del universo y en un pestañeo en otro exactamente igual.
¿El vacío parecía más cálido?
Tal vez aquí pueda iniciar una vida nueva.
Volver a los orígenes.
Aterricé en un campo infinito de hierba que se mecía con el viento como un mar.
Me bañé en sus olas.
Me quedé embobado viendo los dos soles que en el cielo jugaban con las nubes.
Cerré los ojos y dormí.
Aquella noche después de muchos años soñé.

V

Lo primero que vi al despertar fue a ti.
Tu rostro mirándome fijamente con el reflejo de la curiosidad.
Tan claro.
Eras diferente y a la vez igual.
No te entendí pero tus ojos me dijeron todo.
Me ofreciste la mano.
La tomé.
Y juntos de la mano nos alejamos sin prisa a descubrir este nuevo mundo.

___***___

Re-subo este viaje de no retorno.

¡Espero qué lo disfrutéis!

La soledad de Jonás

CIUDAD FANTASMA

“Jonás abrió los ojos y a su alrededor solo vislumbró oscuridad. Intentó levantarse después de frotarse los ojos para eliminar los restos de legañas y sintió como sus extremidades respondían de mala manera por la falta de alimento de los últimos días. Se apoyó en una pared próxima con las manos y con un enorme esfuerzo logró ponerse en pie. Sintió un pinchazo en la sien tan potente que apretó los dientes y emitió un gruñido tan fuerte como sus escasas fuerzas le permitieron. Mientras el creciente dolor de cabeza le taladraba el cerebro, recordó entre brumas mentales el como había llegado a aquella situación.

Recordó como había encontrado abierto aquel escondido almacén en la vieja zona industrial al otro lado de una calle residencial al intentar huir del abrasador sol. Como había recorrido las desmoronadas estancias lenta y minuciosamente en busca de algo de alimento que llevarse a la boca. Como finalmente encontró en uno de los abandonados despachos, tras unas pilas de cajas, un pequeño armario minibar lleno de viejas botellas de bourbon, la mayoría de ellas con el precinto de garantía todavía puesto. ¡Aquella había sido una buena noche para emborracharse, recordar los buenos momentos y olvidar todo lo malo en la más absoluta soledad!

Avanzó lentamente y con mucho cuidado por la habitación, palpando todo a su alrededor para no tropezar con alguno de los destrozados muebles que lo rodeaban, aunque restos de escombros desperdigados por el suelo le hacían presentir que de un momento a otro caería golpeándose contra el suelo y no podría volver a levantarse. Esto último no ocurrió y finalmente localizó la puerta del despacho. Estaba abierta. Intentó recordar si al final con la borrachera la había cerrado, pero esa parte de la noche anterior había abandonado definitivamente su cabeza. En cualquier caso, poco importaba, ya que hacía semanas que no veía a nadie por la ciudad. Se paró en el umbral y notó la desagradable sensación de que todo a su alrededor giraba sin ningún control alrededor de su estómago. Instantes después se encontró agachado en una esquina vomitando bilis y los restos de alcohol que su cuerpo no había podido aun asimilar. Cuando se incorporó, se alejó trastabillando sin importarle haber dejado el suelo lleno del espeso fluido. Nadie acudiría para reprocharle nada, pues se encontraba solo en aquel lugar infernal.

Encontró la cinta que abría la persiana de una ventana próxima. Y durante unos instantes dudó si era conveniente dejar pasar la luz que probablemente le cegaría e incrementaría el ya de por sí horrible dolor que palpitaba en el interior del cráneo. Finalmente, agarró con fuerza la deshilachada cinta y tiró hacia abajo, dejando pasar una ingente cantidad de luz solar a través del cristal. El haz de luz dejaba ver el polvo que flotaba en el ambiente y alguna de sus partículas reflejaban la luz de tal manera que parecían aquel mágico “polvo de hadas” que hacía volar a los niños perdidos hacia Nunca Jamás. Observó a su alrededor y vio las botellas de whisky vacías amontonadas al lado de la chaqueta que había utilizado como lecho aquella noche, así como el vómito que había depositado segundos antes sobre la descolorida pared y suelo extendiéndose como una implacable marea. Sintió como se le revolvía el estómago de nuevo al ver la escena y antes de volver a vomitar, se alejó de aquel lugar que se le antojó que olía a alcohol, bilis y sudor.

La puerta que daba al exterior estaba cerrada. Jonás agarro el pomo metálico y sintió cómo se quemaba la palma de su mano debido al mortal calor que despedía el sol. Giró el pomo y miró el exterior. Contempló cómo los edificios de aquel pequeño barrio obrero antes ocupados por innumerables familias, despedían una triste sensación de abandono y decadencia, mientras el vengador sol consumía cualquier resto de vida en las solitarias calles. Contempló el bulevar comercial que ya no tenía las colas de clientes que lo abarrotaban en los viejos tiempos. Levantó su vista hacia el cielo azul profundo, comprobando que estaba igualmente abandonado por las aves que antaño lo habían surcado sin ningún límite de espacio y que ninguna nube tapaba, aunque solo fuera por breves instantes la fulgurante estrella que lo alumbraba. “¿Cómo hemos llegado a esta situación?” se preguntó Jonás, aunque sabía sobradamente la respuesta. Se sabía desde hacía demasiado tiempo. Tanto, que si la humanidad hubiese querido se habrían podido tomar medidas para evitarla, el problema estuvo en que no se quiso. Regresó al interior del edificio para recoger la chaqueta que había utilizado esos últimos días para evitar que el sol le quemara. Y se lanzó al exterior en busca de algo de alimento.

Caminó despacio por las calles, para no echar a perder inútilmente las pocas fuerzas que le quedaban. Miró con añoranza las calles de aquel lugar que hasta hacía unos pocos meses había llamado hogar. Las jardineras vacías de plantas, las paradas de autobús y las bocas de metro sin ningún viajero y no pudo reprimir que unas lágrimas resbalaran por la mejilla al pasar por delante de la casa que tan buenos momentos le había hecho pasar con su amada Lucía.

Habían pasado tres días desde la última vez que había estado con ella. Encerrados en casa día y noche haciendo el amor, recordando los buenos tiempos y esperando el final que habían sufrido todos sus vecinos al acabarse la reserva de alimentos de la ciudad. Por suerte Jonás y Lucía tenían almacenadas una buena cantidad de latas de conserva en la despensa. Y dado que ambos eran conscientes de que aquello no duraría para siempre, habían decidido pasar los últimos momentos de su vida haciendo lo que mejor sabían hacer desde que se conocieron quince años atrás: Amarse. Pero ahora… Ahora Lucía yacía muerta sobre la herrumbrosa cama, alimentando a las ratas y cucarachas que seguramente sobrevivirían a aquella catástrofe que asolaba al planeta. ¿Por qué a escondidas Lucía había dejado de comer? Jonás ahora comprendía el sacrificio que su amor había realizado en pos de mantenerle a él con vida, aunque solo fuesen un par de días más. Pero él no lograba recuperarse del duro golpe que le había dado el destino, dejándolo abandonado a su suerte, completamente solo en un mundo en plena decadencia.

Mientras lloraba mirando su antigua vivienda, Jonás tomó una última decisión. “¿Merecía realmente la pena prolongar la existencia en un lugar donde la vida había sido condenada desde hacía tiempo? Tal vez las religiones no estaban tan equivocadas al proponer una alternativa a la desaparición total de cuerpo y alma. Tal vez un paraíso nos aguarda cuando la lógica nos dice que una vez muertos solo queda la existencia eterna como polvo inerte. Tal vez el profetizado Armagedón había llegado para llevar a todos a un nuevo lugar donde nuestro afán creador y autodestructivo no tuviese límites. Tal vez los sueños de los hombres continúen vagando en el espacio infinito por siempre, buscando el momento de reencarnarse en existencia terrenal. Tal vez…”

La hoja arrugada de un viejo diario pasó volando arrastrada por el viento y se detuvo a los pies de Jonás, interrumpiendo sus cavilaciones existenciales. Jonás se agachó, recogió y leyó el texto amarilleado y casi borrado por el sol. Se trataba de la portada del diario que daba la noticia de que todo había terminado y que los errores acumulados por el ser humano en los últimos años habían finalmente dado el fruto que todos conocían, pero nadie quería creer. La capa de ozono había sido finalmente destruida por los gases tóxicos, dejando pasar toda la potencia calorífica de la estrella que nos alumbraba y daba vida, en forma de destructores rayos ultravioletas. Jonás notó un fuerte dolor en el pecho al releer aquella terrible noticia y evocar las imágenes que habían dejado ver las pantallas de televisión en los últimos programas que se emitieron. Y su mano instintivamente apretó el papel hasta hacerlo una bola y lo arrojó lo más lejos que pudo hasta que golpeó contra la acera y rodó por el suelo llevado por el viento.

Jonás se quitó la camiseta, zapatos, calcetines, pantalón y ropa interior. Apartó la ropa a un lado y tumbó su cuerpo desnudo en las ascuas que ahora formaban la calzada. Sintió cómo a velocidad de vértigo el calor del astro formaba llagas en todo su cuerpo y como el agua que lo formaba se evaporaba convirtiéndose en pequeñas volutas de vapor. Y a pesar de que el dolor y la tortura se le hacían insoportables, se prometió que no dejaría escapar ni un grito de dolor pues el mayor dolor ya lo había sufrido días antes, cuando Lucía lo abandonó para toda la eternidad. Miró al sol y notó como todo se volvía de un blanco intenso para tornarse instantes más tarde la más absoluta negrura. El último hombre sobre la tierra había muerto tal y como el primer hombre había llegado al mundo. Y con él, murió también el sueño de la humanidad, que se había prolongado ya muchos siglos.

Ahora sobre la marchita tierra solo existen resquicios de lo que había sido su especie dominante. Derruidos edificios que se tornarán polvo con el paso de los milenios. Oxidados vehículos de metal que se volverán polvo por la corrosión. Restos de papel provenientes de periódicos, libros y panfletos publicitarios que serán arrastrados por el viento hasta hacerse polvo por la implacable erosión. Ahora solo queda un recuerdo que se tornará polvo cuando nada de lo creado por el hombre en su existencia quede en pie…”

Jonás dejó de escribir y se levantó del escritorio. Echó una mirada hacia la cama donde dormía plácidamente Lucía y sin hacer ningún ruido se acercó y la dio un suave beso en la frente. Jonás volvió a la mesa, apagó la lamparita y enfiló hacia la cocina para comer algo. Las largas horas escribiendo con la tenue luz de la lamparita le habían dejado los ojos agotados. Abrió la nevera y sintió el suave frescor que emanaba de ella. Cogió un yogurt y se dirigió al sofá. — ¿Cómo puede mi amor dormir con el calor que hace? – se preguntó mientras encendía el televisor y ponía el canal internacional de noticias. Las noticias eran las de siempre. Guerra en Oriente Medio, hambre en África, pobreza y conflictos en Suramérica, ultra violencia en Norteamérica e indiferencia y atisbos del renacer del fascismo en Europa. Accidentes en la carretera. Estúpidas discusiones entre políticos. Violencia machista. Fútbol para mantenernos contentos y alejados de los problemas que nos rodean. Y para terminar una noticia que le hizo esbozar una sarcástica sonrisa – “Científicos estadounidenses confirman que este año el hielo de los polos se ha derretido al doble de velocidad que el año anterior por el efecto invernadero…”

___***___

Re-subo este relato  que quedó finalista en el «I Certamen literario monstruos de la razón» en la categoría de ciencia ficción y se publicó en una antología con finalistas y ganadores. Lo divertido del asunto es que por mi apellido, figuro el primero de los autores.

¡Disfrutarlo!

La estrella solitaria

Era difícil reparar en ella y ahora imposible encontrarla. Una estrella solitaria alejada de las demás constelaciones.

Justo en mitad de la nada.

Titilante en la distancia como haciendo una llamada a quien pudiese responderla. Cada día más tenue, hasta que esta noche su leve resplandor se extinguió. El minúsculo espacio del firmamento que ocupaba se tiñó de tinieblas.

Hoy, hace varios millones de años, un sol se apagó al otro lado del universo y nadie respondió a los rezos desesperados de aquellos a quienes bañaba con su luz y calor.