Pequeña fábula de Minerva

por Bufón loco

Minerva

Sentada sobre un tocón en un bosque olvidado,
descansa Minerva de su madrugador paseo.
Los pies descalzos sobre hierba con perlas de rocío.
El murmullo de un riachuelo manando.
Chispean hojas de cobre, plata y oro.
Se mecen.
Danzan un último vals ante la inminente llegada del frío.
Tocan el suelo y descansan.

Desde lo alto de una vieja rama
un mochuelo la observa, la llama.

«No te duermas Minerva,
pues se acerca el alba.
No te duermas Minerva,
vive la mañana.
Escucha Minerva, el silencio romperse.
No dejes que el despertar del nuevo día
se lleve consigo los sueños,
las alegrías,
el resplandor de las estrellas,
su reflejo en las calmas aguas,
las caricias de la brisa,
el canto de los grillos,
el bostezo de los niños…»

El sol se asoma tímido entre las ramas.
El mochuelo cierra los ojos y sueña.
Minerva se despereza,
se pone de pie
y camina,
abrazando un nuevo día.