A cobijo del ángel caído

por Bufón loco

Recuerdo esa grotesca sombra cobijándonos bajo sus oscuras alas. Tu y yo agarrándonos en un ardiente abrazo en el que nuestras manos no parecían conocer límites a la hora de traspasar líneas rojas. Besos de lava fundiéndose mientras las sierpes que son nuestras lenguas jugaban a retorcerse en océanos de fuego. El brillo de las ventanas al infierno que eran tus ojos y lo cautivador de su canto de sirena que llamaban a recorrer el oscuro sendero hacia los abismos del círculo del infierno de la lujuria.

Creo que aquel día fue el que traspasé los umbrales del Averno, busqué cobijo entre los infranqueables muros que son tus piernas y me alojé allí por la eternidad.

En aquellos momentos la estatua de quien dicen sufre por haber sido expulsado del paraíso, me pareció que se burlaba de su juez por haberle permitido atrapar mi alma y yo acompañé su risa, dejándome arrastrar a sus cálidos dominios sin oponer resistencia.

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