La fila más larga

por Bufón loco

Llego jadeante después de una larga carrera para posicionarme delante de un par de desconocidos. Paro en seco detrás de la hasta ahora última persona de la inmensa fila que serpentea hasta mas allá de un lejano horizonte que se insinúa tras la neblina. Ahora solo queda aguardar el turno. Esperar y avanzar poco a poco a través del yermo. Paso a paso. Como todo el resto de condenados.

Un anciano senil con un bastón.

Una mujer con un lujoso vestido y ataviada con resplandecientes joyas.

Un yonqui que a duras penas se tiene en pié y que emite ininteligibles vocablos.

Una adolescente embarazada.

Dos niños que juegan y gritan sin descanso intentando paliar el aburrimiento.

Una anciana rodeada de gatos que les habla cariñosamente.

Una pareja de treintañeros que se magrean como si no hubiera un mañana.

Una niñita sola que llora desconsoladamente por haber perdido a su familia en una patera en el mar.

Un empresario desahuciado que no aparta la mirada del smartphone ni un instante.

Una chica que perdió la pierna con una mina anti persona colocada cerca de la única fuente de agua potable de su pueblo.

Un violador reinsertado y reincidente.

Un padre de familia con su pareja de hijos que se lamentan por la muerte sorpresiva de la madre.

Un deportista de élite.

Una joven con un alto puesto en una enorme corporación que se sustenta sobre puestos cada vez mas difusos.

Un cura que jamás toco a uno de los monaguillos.

Escucho el romper de las olas. Se acerca mi turno. La mujer con cáncer de pecho que esta justo delante mio se detiene un instante para toser.

Perdona. – Me dice apoyando su mano en mi hombro mirándome un segundo con la mirada cristalina. Luego se gira. Da dos pasos hacia el borde del acantilado. Titubea unos instantes y salta hacia el mar de llamas que crepita al fondo.

Es mi turno.

No tengo nada que pensar.

Salto y me dejo arropar por la cálida sensación de el fuego abrasando hasta la última porción de mi carne. Por unos instantes mis oídos capturan el sonido de mis fluidos evaporándose como un siseo entre el crepitar de las llamas.

después el silencio.

Cenizas a las cenizas.

Polvo al polvo.

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Resubo esta historia que escribí inspirado en una larga cola que aguanté en el restaurante del IKEA un día de verano…

¡Espero que os guste!

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