Esperanza – 17 – El sueño

por Bufón loco

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Esta noche tuve un sueño húmedo. Uno de esos sueños que parecen más reales que la realidad que nos rodea. Un sueño de esos de los que no quieres despertar. Ocurría en la Tierra, en algún momento indeterminado antes de la pandemia.

Afrodita está a mi lado. Viste con ropa ajustada y está realmente sexi.

Me da un pequeño beso en el cuello cerca del nacimiento de la oreja.

—Esto era un juego que tenía con mis amigos —dice susurrando.

—No sé cómo serian tus amigos, pero yo no soy de piedra, y desde que despertaste, mi ansia de ti ha ido creciendo… —La digo mientras observo sus carnosos y brillantes labios; tan pícaros.

—Ji, ji, ji.

Repite la jugada y a su contacto me estremezco. Reacciono besando sus labios. Un fugaz beso con la única intención de demostrar que voy en serio.

—¿A eso le llamas beso? —me dice con tono burlón. Ataca mi ego y yo que no soy de piedra agarro su cara y fusiono mis labios con los suyos. Su respuesta es tan clara como mi reacción. Nuestras lenguas se enlazan y comienzan a jugar mientras mis brazos por iniciativa acomodan a la diosa sobre mi regazo, su hábitat natural.

Dejan de existir las palabras. Existen únicamente besos y magreos. Mis manos acarician y agarran sus glúteos y no se detienen ahí; incursionan su cintura y sus perfectos pechos como realizando un ritual sagrado.

Ella en sintonía se amarra a mi cuello y entre profundas respiraciones y jadeos, sus oscilantes caderas otorgan vida a lo que no debía ser despertado.

Para el resto del universo este mágico momento no está ocurriendo; ni siquiera es relevante en su eterno vaivén. En silencio me arrastra a su cuarto. Cierra la puerta y de un empujón me tumba sobre su colchón. Se tumba sobre mí y continúa el segundo acto de la función.

En este punto cruzamos la frontera que va más allá de los simples besos. Ella sobre mí cabalgando y yo, sintiendo su cálida humedad fluyendo y resbalando. Los dedos de mi diestra horadando sus rincones secretos mientras la otra mano, silenciosa, no detiene las alabanzas a la divinidad de su tacto.

Finalmente estallamos.

Cae rendida sobré mí y apoya su cabeza sobre mi pecho. La arropo con un abrazo. Sincronizamos latidos y respiraciones mientras no ceso de besar sus cabellos.

Me mira a los ojos; su sonrisa continua ahí, tan linda y preciosa.

—Necesito más de ti —dice susurrando Afrodita. Me arqueo con avaricia para continuar bebiendo insaciable de su boca; tan rica y sabrosa.

Rodamos en la cama. Tiemblan las sábanas. Su suave piel es ahora la mía. Dejan de existir las caricias para dar paso al cuerpo a cuerpo; sin reglas; de mutuo acuerdo.

—Te quiero —dice, y yo en ese momento despierto en la realidad donde nada está saliendo según lo planeado.

“Hagamos que tus sueños sean realidad” —¡Déjame en paz! ¡Si no existieses esto no se estaría yendo a la mierda!