Esperanza – 15 – La voz interior

por Bufón loco

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“Cuanto tiempo sin poder hablar abiertamente contigo. ¿Cuántos años han pasado? ¿Veinte? ¿Veintiuno? Me dolió que dejarás de hacerme caso después de todo lo que hice por ti. Dolió de verdad esa indiferencia. No he olvidado mi uno solo de los momentos a tu lado.

¿Recuerdas como cuando eras niño bajábamos al río a atrapar ranas?

Era tronchante ver como se retorcían con los rayos de sol concentrados con nuestra lupa. Ese fino hilo de humo y el olor a quemado. Es imposible olvidar el olor a muerto.

¿Y con los gatos callejeros?

¿Lo recuerdas?

Sus lastimosos maullidos cuando los despellejábamos vivos; lo tronchante que era cercenar sus cabezas y dejarlas empaladas en mitad de cualquier rotonda ¿Entendería quienquiera que lo viese nuestras obras de arte? Imagino sus caras de horror y repulsa; el arte, en su faceta más pura y visceral, a veces provoca ese tipo de reacciones.

¿Y quién se mantuvo a tu lado cuando te quedaste solo?

¿Quién te apoyó en aquellos momentos tan duros?

Tu familia no era capaz de comprenderte y yo te di las alas que necesitabas para emprender el vuelo. Bastó un simple empujón para animarte a rebanarles el cuello mientras dormían plácidamente. No emitieron ni un simple grito mientras tú reías a carcajadas ¿Existe algo más maravilloso que la risa que provoca la auténtica felicidad? Todavía hoy no se han hallado los restos, y en cuanto a ti… ¿Quién podía sospechar de un inocente niño de nueve años?

¡Que agradable es la sensación de saber que no se han perdido todos esos maravillosos recuerdos!

Aún no sé porque me echaste a un lado, pero ahora que volvemos a estar juntos dejemos a un lado las tontas rencillas del pasado y hagamos las paces. En estos difíciles momentos, tú me necesitas más que nunca, y yo estoy deseando ser de nuevo tu inseparable compañero de fatigas.

¿Solos en el espacio?

Sabes que a esa zorra no la necesitas más que para lo obvio. Un entretenimiento y como mucho, el receptáculo de tu progenie. Es un pelele movido por hilos atados a tus dedos que debería besar tus pies y hacer cuanto solicites.

¿Es ese desdén con que te ha hablado la forma de tratar a su nuevo dueño y señor?Tenemos que hacerla comprender que, en esta nave, o acepta nuestras normas o irremediablemente su vida pasará a ser un coctel de angustia y sufrimiento. Esa ramera tiene que aceptar su nueva condición de esclava… Eso, tu y yo sabemos perfectamente como hacerlo ¿Verdad?”