El náufrago

por Bufón loco

Zarandeado por las olas llega hasta la blanca arena donde es depositado por la marea como un niño dormido.
Un cuerpo inconsciente que a duras penas logra que el oxígeno entre en sus pulmones.
Pero lo logra.
Expulsa instintivamente el agua salada que tapona el sistema respiratorio.
El pecho sube y baja acompasado.
Al principio sin freno.
Necesita respirar lo no respirado.
Se va calmando.
Sus hálitos son los de un niño plácidamente soñando.

El sol de mediodía calienta sus entumecidos brazos.
Sus piernas.
Sus manos.
Sus dedos reaccionan.
Se flexionan.

Sus pupilas se asoman por la rendija que dejan los párpados.
El mundo se va enfocando.
Un cielo azul.
Unas nubes blancas.
Gaviotas contra el cielo planeando en la distancia.
Y el incesante susurrar de las olas acariciando la arena.

Despierta

Los harapos empapados pegados a la piel hacen que sus movimientos sean calmados.
Le duelen los músculos por la violencia con la que las aguas le arrastraron.
Logra sentarse sobre la arena.
Mira su alrededor mareado.

¿Qué ha pasado?

Está en el paraíso.
No recuerda cómo ha llegado.
No recuerda la tormenta.
Ni la furia del mar golpeando.

No recuerda esa pequeña patera,
Ni el intento de cruzar un océano.
No recuerda a su familia,
Ni los gritos desesperados.

No recuerda sus cuerpos sin vida sobre las aguas flotando.

¿A cuál se agarró para ponerse a salvo?

Mira un horizonte que se oscurece en tonos rosas y anaranjados cuando el sol se va ocultando.
Sentado sobre la arena con la cúpula de estrellas allá arriba girando.
Pobre niño que soñó una nueva vida en un país lejano.

¿Esa es la vida que había soñado?

En cualquier caso…
Esa nueva vida ha comenzado.

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