La calma

por Bufón loco

Son las siete y media de la mañana de un festivo cualquiera. El cielo cubierto con sábanas blancas. Los árboles pelados inmóviles. Las frías calles vacías. No existe aire que balancee ni una brizna de hierba. Y las aves que gustan cantar en las mañanas hace tiempo que emigraron. El mundo ahora parece estár en absoluta calma.

Una calma solo rota por el chasquido de un mechero y la tos seca de un anciano que fuma apoyado en una terraza mirando como perdido el horizonte de esa tranquilidad inamovible. Su mente viaja atrás en el tiempo. A los años en que fué feliz en la compañía de su esposa recientemente fallecida. Recuerda especialmente la risa y el brillo de sus ojos. El como sentados sobre un murete de piedra abrazados observaban a sus hijos correr entre la hierba. Era otro tipo de calma. Tan impregnada de vida.

No puede evitar que se escapen las lágrimas. Silenciosas y frías. Que intentan arrastrar la tristeza como las volutas de humo que se alejan y desvanecen con el pasado perdido. Mientras el cigarro se consume como su propia vida, con tanta calma…

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