Devoradores de sueños

por Bufón loco

Deja que te explique. Nosotros vivimos de los sueños. Nos alimentamos de los sueños. Devoramos sueños. Poco a poco. Degustando sus pequeños matices y el regusto de ensueño que dejan en el paladar. Comenzamos el festín con el primer lloro al abandonar el vientre de la madre, y seguimos durante años o décadas saciando nuestra hambre con las ideas involuntarias que nacen y mueren al abrigo de la noche.

No somos monstruos, entiéndeme. Con cada pequeño bocado dejamos un inapreciable vacío en el espécimen que va creciendo poco a poco, año tras año hasta que cuando ya no queda nada que rebañar, el plato se desecha y cae en el olvido. Ese largo proceso puede apreciarse en el cuerpo del sujeto. En cómo va marchitándose su piel, sus sentidos, sus órganos… En definitiva su vida. Nuestra alimentación genera equilibrio. Un equilibrio necesario en este mundo que sin nosotros caería en el más absoluto caos.

También es cierto que no somos infalibles. En ocasiones cometemos errores y nos dejamos llevar por los instintos primarios como el placer o la gula. Hay cierto tipo de persona cuya calidad y delicadeza de su mundo interior es tal, que nos es imposible controlar el impulso de devorar con ansia sus sueños. Estas personas quedan huecas antes de tiempo, y claro, una persona sin sueños es un recipiente vacío cuya existencia no tiene ningún tipo sentido. Llegado ese punto no nos queda otra opción que dar el pequeño empujón que necesita para llevar su vacía existencia a otro nivel: Un puente sobre un río, el piso cincuenta y dos de un rascacielos, una carcomida viga de un ático, lanzarse mar adentro, los gases de un tubo de escape, veneno… Lo mismo da, el resultado es el mismo. Un problema menos y el estómago lleno.

– Extracto del prólogo de «Teoría secreta del capitalismo»*

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*Como podrá adivinar el ávido lector, de existir dicho volumen, no hablaría en estos términos, aunque el significado de sus explicaciones vendría a ser el mismo. Cosas del maravilloso mundo en que habitamos.

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