Otro anochecer

por Bufón loco

anochecer.

Mira desde el interior de su refugio como la luz del día se desvanece de la inmensidad helada.

Las sombras de las lejanas montañas van alargándose mientras el sol se oculta lentamente, dejando tras de sí nubes de espuma ardiendo con colores imposibles: Naranja, rojo, morado y azul profundo.  Graznidos lejanos dan las buenas noches. Saludan a la emergente primavera del infinito campo de estrellas que como cada día acompañan a una silenciosa y clara luna que sonríe. Nos sonríe.

Mira el exterior hasta que la oscuridad se torna absoluta. Hasta que duele como las largas noches de vigilia en la soledad de este páramo en el fin del mundo.

Regresa la mirada hacia la mesa iluminada por una triste y oscilante lámpara incandescente.

Ha llegado la hora de apilar cerillas hasta que el sueño lo cobije otra vez.

Trece años después de la primera vez.

-Inspirado en las imágenes e historia que se narran en un reportaje del diario «El País» sobre Slava, un meteorólogo del Ártico

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