Un final cualquiera

por Bufón loco

El día que nos dimos cuenta que el mundo se iba a la mierda era ya demasiado tarde. Fue una triste tarde otoñal con hojas doradas cayendo entre la suave llovizna, cuándo los hongos nucleares comenzaron a crecer en todas direcciones arrasando ciudades, pueblos, campos y bosques.

Los que quedamos vivos en aquel primer momento solo podíamos imaginar ante el desolador y silencioso paisaje que quedó, los gritos desesperados de los millones de personas que murieron sin remedio en esos fatídicos e interminables minutos.

Qué suerte tuvieron.

Hoy ví impotente morir a mi hija pequeña. Su carne se pudrió mientras su frágil organismo alimentaba tumores que no paraban de extenderse y crecer en el interior. El próximo seré yo y mañana tú y pronto este planeta volverá a ser una inmensa roca inerte flotando en el vacío por obra y gracia de la especie más estúpida que jamás hábito el universo.

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