¡Hágase la luz!

por Bufón loco

-¡Hágase la luz!- Y la luz se hizo entrando como una lluvia de flechas a través de las rendijas de la persiana recien levantada, bañando con su resplandor el cuerpo desnudo cubierto con sábanas de la mujer más bella y ardiente que jamás conocí.

Ella agarró la almohada y se tapó la cabeza riendo. -¡Maldito cabrón! ¿No tuviste suficiente con lo de anoche? Baja de nuevo eso-

Salté a su lado, aparte la almohada y la ligera sábana que la cubría. Antes de que se perfilaran sus rasgos ya había besado sus labios y abrazado su pálida piel.

Un último y terrorífico beso cuando contemplé atónito como su blanca piel se hacía jirones y su carne burbujeaba y se derretía como cera fundida al contacto con la luz directa del sol de mediodía.

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