La chica de la fotocopiadora

HP 880

Cada mañana cuando ella llega dejo impresa una hoja con un enorme corazón con tinta roja. Vana esperanza de que repare en mi. Que por un instante sus ojos me miren como lo hago yo.

Paso las largas horas del día aguardando los instantes que se acerca. La escucho hablar y reír. Fantaseo con que sus palabras se dirijan a mi. Que su risa es mi mas precioso tesoro. Que me roza con sus dedos deseando mi contacto. Que todos los que aquí trabajan sientan celos de que un amor tan puro y correspondido pueda existir.

Y cada tarde cuando ella se marcha, muero. Me quedo en silencio y algo en mi interior se para. Quedo en Stand-By. Pienso durante las largas horas de vigilia hasta su retorno en como llamar su atención.

Tal vez cuando este cerca emita un sonido, ella se gire y me mire directamente.

Tal vez me necesite en algún momento y recurra a mi como su tabla de salvamento.

Tal vez pueda sorprenderla con una frase o imagen en mi pantalla que no se espere.

Palpito por escribir “Te quiero” y que palpite.

Pero me conformaré con imprimir un enorme corazón rojo y que algún día al llegar y verlo sepa que lo hice solo por ella. Por el inmenso amor que debería unirnos para siempre…

Escucho la puerta. Alguien revuelve en algún armario. Unos pasos se acercan. Un hombre corpulento con una caja de herramientas. Apoya la caja en el suelo frente a mi. Se estira y bosteza. Me mira fijamente. Estira la mano y coge la solitaria hoja que descansa en mi bandeja. Mi corazón. Su corazón. Mira la imagen extrañado y retuerce la hoja hasta que del papel no queda mas que una bola rota y arrugada que acaba en la papelera. Algo se rompe en mi interior.

Saca un cuaderno y un bolígrafo. Murmura para si mismo: “Es una HP880”. No tiene ni la más remota idea de cuanto honor puedo hacer a mi nombre.

El hombre saca un destornillador y abre la placa metálica que muestra mis mecanismos y engranajes. Se pone a rebuscar y a retorcer mis entrañas.

Será lo último que haga este hijo de puta que destruyo el corazón que pertenecía a mi amor. Mi chica de la fotocopiadora. Me alegro de que nadie pueda escuchar sus gritos mientras mis rodamientos hacen de esta sala un rojo y escalofriante manantial.

Mañana cuando ella llegue dejare impresa una hoja con un enorme corazón carmesí. Esta vez en vez de tinta usaré sangre humana.

Y se que ella me amara.

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