Somewhere in Providencia

Esta isla del tesoro perdida y olvidada en el inmenso océano es para ti

Mes: agosto, 2018

El día que muera el amor

YO

Puedes escucharlo todos los días.

Se trata de un argumentario reiterativo. Una suerte de auto proclamación y reivindicación del YO como centro del universo. Reproducciones de discursos genéricos que ensalzan y transforman la persona que llevamos dentro en un producto de mercado más. Falsa libertad guiada como un rebaño.

¿Por cuanto te vendes?

“YO visto de manera diferente al resto. Soy mi marca personal.”

“YO soy especial. Me valgo por mi mismo y no necesito a nadie que me ayude.”

“YO recorro mi propio camino y no me ato a nadie.”

“YO no comprendo a la gente que vive en pareja. Se casa. Tiene hijos.”

“YO vivo mi propia vida.”

“YO valgo más que esas personas”

El YO como estandarte. El YO como escudo. El YO como espada. El YO como enemigo del TU, EL, NOSOTROS, VOSOTROS y ELLOS.

Llámalo como quieras.

Amor propio.

Onanismo.

Egoísmo.

YO = YO

Eliminar de la ecuación de la vida los factores ajenos al YO Lleva irremediablemente al patíbulo a aquello que implica algo más que el YO.

La muerte del amor.

“Por eso YO necesito de TI.”

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La chica de la fotocopiadora

HP 880

Cada mañana cuando ella llega dejo impresa una hoja con un enorme corazón con tinta roja. Vana esperanza de que repare en mi. Que por un instante sus ojos me miren como lo hago yo.

Paso las largas horas del día aguardando los instantes que se acerca. La escucho hablar y reír. Fantaseo con que sus palabras se dirijan a mi. Que su risa es mi mas precioso tesoro. Que me roza con sus dedos deseando mi contacto. Que todos los que aquí trabajan sientan celos de que un amor tan puro y correspondido pueda existir.

Y cada tarde cuando ella se marcha, muero. Me quedo en silencio y algo en mi interior se para. Quedo en Stand-By. Pienso durante las largas horas de vigilia hasta su retorno en como llamar su atención.

Tal vez cuando este cerca emita un sonido, ella se gire y me mire directamente.

Tal vez me necesite en algún momento y recurra a mi como su tabla de salvamento.

Tal vez pueda sorprenderla con una frase o imagen en mi pantalla que no se espere.

Palpito por escribir “Te quiero” y que palpite.

Pero me conformaré con imprimir un enorme corazón rojo y que algún día al llegar y verlo sepa que lo hice solo por ella. Por el inmenso amor que debería unirnos para siempre…

Escucho la puerta. Alguien revuelve en algún armario. Unos pasos se acercan. Un hombre corpulento con una caja de herramientas. Apoya la caja en el suelo frente a mi. Se estira y bosteza. Me mira fijamente. Estira la mano y coge la solitaria hoja que descansa en mi bandeja. Mi corazón. Su corazón. Mira la imagen extrañado y retuerce la hoja hasta que del papel no queda mas que una bola rota y arrugada que acaba en la papelera. Algo se rompe en mi interior.

Saca un cuaderno y un bolígrafo. Murmura para si mismo: “Es una HP880”. No tiene ni la más remota idea de cuanto honor puedo hacer a mi nombre.

El hombre saca un destornillador y abre la placa metálica que muestra mis mecanismos y engranajes. Se pone a rebuscar y a retorcer mis entrañas.

Será lo último que haga este hijo de puta que destruyo el corazón que pertenecía a mi amor. Mi chica de la fotocopiadora. Me alegro de que nadie pueda escuchar sus gritos mientras mis rodamientos hacen de esta sala un rojo y escalofriante manantial.

Mañana cuando ella llegue dejare impresa una hoja con un enorme corazón carmesí. Esta vez en vez de tinta usaré sangre humana.

Y se que ella me amara.

La fila más larga

puerta-infierno

Llego jadeante después de una larga carrera para posicionarme delante de un par de desconocidos. Paro en seco detrás de la hasta ahora última de la inmensa fila que serpentea hasta mas allá de un lejano horizonte que se insinúa tras la neblina. Ahora solo queda aguardar el turno. Esperar y avanzar poco a poco a través del yermo. Paso a paso. Como todo el resto de condenados.

Un anciano senil con un bastón.

Una mujer con un lujoso vestido y ataviada con resplandecientes joyas.

Un yonqui que a duras penas se tiene en pié y que emite ininteligibles vocablos.

Una adolescente embarazada.

Dos niños que juegan y gritan sin descanso intentando paliar el aburrimiento.

Una anciana rodeada de gatos que les habla cariñosamente.

Una pareja de treintañeros que se magrean como si no hubiera un mañana.

Una niñita sola que llora desconsoladamente por haber perdido a su familia en una patera en el mar.

Un empresario desahuciado que no aparta la mirada del smartphone ni un instante.

Una chica que perdió la pierna con una mina anti persona colocada cerca de la única fuente de agua potable de su pueblo.

Un violador reinsertado y reincidente.

Un padre de familia con su pareja de hijos que se lamentan por la muerte sorpresiva de la madre.

Un deportista de élite.

Una joven con un alto puesto en una enorme corporación que se sustenta sobre puestos cada vez mas difusos.

Un cura que jamás toco a uno de los monaguillos.

Escucho el romper de las olas. Se acerca mi turno. La mujer con cáncer de pecho que esta justo delante mio se detiene un instante para toser.

Perdona. – Me dice apoyando su mano en mi hombro mirándome un segundo con la mirada cristalina. Luego se gira. Da dos pasos hacia el borde del acantilado. Titubea unos instantes y salta hacia el mar de llamas que crepita al fondo.

Es mi turno.

No tengo nada que pensar.

Salto y me dejo arropar por la cálida sensación de el fuego abrasando hasta la última porción de mi carne. Por unos instantes mis oídos capturan el sonido de mis fluidos evaporándose como un siseo entre el crepitar de las llamas.

después el silencio.

Cenizas a las cenizas.

Polvo al polvo.